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Psicoanálisis y cultura

    

CONTINUACION-3:

        El hombre de hoy tiene temor a los procesos largos y costosos. Actualmente todo se quiere rápido.

De ahí viene la búsqueda de alternativas, la proliferación de terapias en medicina como también en otras actividades que requieren solución. Todo tiende a computadorizado. Así se construye el "rapidismo" y el "ya", pasando por el "facilismo" superficial y antiético llegando al descenso en la calidad y profundidad del servicio científico. Así, se crea la fórmula: trabajo rápido, igual a más producción y beneficio económico.

La demanda por el psicoanálisis existe, pero la sociedad en este momento está atrapada por los medios de comunicación, los que satisfacen necesidades y fantasías a través de la imagen, de la magia y la omnipotencia a través de la actuación.

Los cambios obvios de nuestra témporo-espacialidad sociocultural, tendremos que compartirlos en nuestro discurso con otras disciplinas como filosofía, epistemología, arte, sociología, cibernética y complejidad, entre otras; ellas nos podrán ayudar a la comprensión de las crisis y cambios de nuestro tiempo, pero no por esto tendremos que volvernos expertos en esas disciplinas. La misma ingeniería genética que nos ubica en la clonación, nos abre puertas de investigación como interrogación del ser humano en su estructura y funcionamiento objetivo. Fácil sería negar, y ser indiferente a todos estos hechos. Lo que sí debemos es ser taxativos en que tanto el discurso filosófico epistémico, semiótico de significados y sentidos simbólicos, como el científico cuántico y el genético, son muy distintos al discurso psicoanalítico; esto es obvio y bien conocido. Lo que ocurre es que el hombre diferencia e indiferencia, significa y resignifica, vela, devela y revela, prohíbe y permite; aquí quiero hacer referencia a la gran prohibición del contacto entre los seres humanos, entre los espacios mentales, físicos y modélicos, desde el externo hasta el más interno, del self. Ocurre que las barreras o límites de los espacios se marcan, para convertir al sujeto en el animal instintivo sexual genital, sin la significación ni el sentido de vínculos afectivos, puesto que lo contrario significaría la fragmentación de su self; de ahí la disociación y las defensasaislacionistas y todos los mecanismos en los que el tanatos predomina.

De todas maneras, los analistas del nuevo milenio debemos enfrentarnos a los duelos y pérdidas diversas, entre ellas los propios paradigmas biológicos y psicológicos. Los esquemas referenciales se ven abocados a la desidealización y a la idealización correspondiente, inclusive a las propias vivencias personales del pasar del tiempo, al cambio de valores, a las perspectivas y desligaciones, y a lo llamado "imaginario sociocultural", a la realidad externa intrusiva etc.; todo lo cual implica un forcejeo entre cambio, represión, inercia y sublimación o creación.

Así mismo, el tiempo personal y el sociocultural cambian, y por ende el histórico, vislumbrándose ya no muy lejos el fin de la individualidad, la que se ha protegido desde su fortaleza psíquica, ignorando al otro o a los otros, con desconsideración, con indiferencia; las diferencias obvias del presente y del futuro operan al mismo tiempo para perpetuar los modelos, y los ideales psicosociales del pasado, con la diferencia de no quedar sin piso; así se copan o rellenan vacíos; el ideal del Yo o el Yo ideal tratan de fusionarse para un fin, la coexistencia del self, del Yo, del Narciso, de Eco y más allá, superando el mítico Edipo o desafiando el vaticinio de Tiresias. Aquí surge la pregunta ¿quién de los cuatro es más poderoso? Cada cual opera y predomina según la debilidad del otro.

En este nuevo milenio podemos afirmar que la violencia social siempre ha existido en la historia, pero actualmente nos ubica en una angustia existencial originada en la evolución tecnológica y la multiplicidad de informaciones, llegando a sentirnos incompletos y desamparados en la transitoriedad; todo esto afecta nuestro narcisismo; a la vez los psicoanalistas nos enfrentamos a la multiplicidad de modelos, los que nos invaden con las corrientes teóricas; además, toda esta problemática afecta las instituciones psicoanalíticas y el ejercicio de la profesión; más cuando se esperan "curas rápidas, alivio inmediato de síntomas" y "una consecuente multiplicidad de ofertas terapéuticas"; todo esto proviene de nuestra cultura de la inmediatez y facilismo.

Aceptemos que estamos ante una nueva cultura, una nueva sociedad y que nuestros instrumentos psicoanalíticos son más individuales e intervienen directamente en el mundo interno y no en el externo; sin embargo, es con nuestra empatía, y una comprensión global del ser en este mundo, que podremos ayudar a modificar y aprender de nosotros mismos, sin negar que "todo... está en movimiento" y por lo tanto todo cambia.

Hoy día la facilitación de la sexualidad y la resolución de la represión no es la meta de los psicoanalistas sino más bien es el encuentro, la aceptación y armonía del sí mismo (self). Aceptemos que la sexualidad ahora está mas usada como una droga de alivios de conflictos, sin búsqueda de relaciones estructurantes. Más bien el objetivo sería la vinculación en una relación estructurante del objeto del self para ser capaz de instalar y mantener un sentimiento de existencia y de pertenencia en una relación con el otro; así mismo se podría llegar a la creatividad como una posible esperanza de solución a todas nuestras ansiedades.

De una u otra forma, nuestro destino es vivir de nuestras propias preguntas, buscar nuevas respuestas y crear nuevas posibilidades con un frente continuo y con la puerta abierta a lo que nos prodigaron Freud y sus seguidores, no como único camino, sino como el que hemos elegido, si bien con incertidumbres, caos, confusiones, y, también con la posibilidad de movimiento, firmeza, constancia y delicadeza, respetando lo interno y lo externo propio y ajeno, los diversos contactos discursivos, más allá y más acá de la prohibición, pero sin el tanatos destructivo que aniquila lo descubierto por temor a perecer.

He aquí la posibilidad creativa que se realiza con la liberación de nuestra potencialidad genética, con la preservación o conservación de los objetos del self, que nos sirven de base para nuevos espacios y construcciones dentro de la misma estructura.

Los psicoanalistas contemporáneos convergen en la aplicación del encuadre, la regla de abstinencia, la interpretación, las relaciones objetales, el inconciente, y el proceso de concientización. Desde otro punto de vista, se pueden clasificar los "intersubjetivistas" (psicología del Yo, psicología del self) y los que podríamos llamar los que hacen énfasis en "lo procesal" propiamente dicho analítico.

Todo esto, es una mera simplificación muy parcializada de la complejidad del pensamiento teórico técnico de las diferentes áreas analíticas, Europa, Norte y Suramérica y Asia, puesto que existe en el pensamiento analítico tradiciones, deseos de romperlas y traer nuevos aportes y también de buscar psicoanálisis y psicoanalistas ideales; a la vez existen una serie de mezclas, interrelaciones de modelos; todo esto producto de la cultura del análisis. Aquí es necesario hacer énfasis en las tendencias de los que reexaminan la contratransferencia y los que no lo hacen, porque estos últimos lo consideran una interferencia perturbadora. Es necesario diferenciar lo que se comprende como contratransferencia y empatía, esta es la que emerge a través de la experiencia con el otro como una expresión inconsciente dentro del pathos; en este caso es factible la manifestación de las contratransferencias conflictualizadas o no, según se presenten las contraidentificaciones proyectivas. El peligro en la técnica, es cómo el analista puede interactuar, y hacer énfasis en el contexto sociocultural y de la realidad, apartándose del mundo mental que se está investigando.

Los intersubjetivistas se apoyan en el mecanismo de la identificación proyectiva para la proyección del espacio interpersonal, pero rechazan el concepto kleiniano de instinto de muerte, y desestiman lo extra "transferencial, el material relacional a favor de un momento mutuamente creado"; sin embargo, dentro de este pensamiento, paciente y analista, como sujeto y objeto, forman un "tercer objeto, supuesto imaginario subjetivo".

Los intersubjetivistas se apartan del análisis interpersonal, destacando el "aquí ahora", y se alejan del postulado de los psicólogos del self en la forma de self objeto

Cien años de aplicación técnica del psicoanálisis en distintos campos: individual, grupal, familiar, etc., nos ha permitido continuar la investigación del campo mental y adaptar la técnica. Sin embargo, queda como punto referencial la clásica depurada, proveniente de los desarrollos freudianos y postfreudianos. 

Pienso que el psicoanálisis no radica ni en la horizontalidad de la columna vertebral ni en la presencia o encuentro de cinco veces por semana del analista y el analizado. Lo fundamental está en la modulación del proceso analítico, en el cual básicamente operan los procesos diádicos de transferencia-contratransferencia, con un diálogo sui géneris que no se da sino con la aplicación de la asociación libre, atención flotante y emergentes interpretativos.

No se trata de adaptar la técnica a la sociedad, ni esta a la primera. Lo mejor es hacer lo que conocemos y creemos aceptando que otras técnicas pueden "ayudar", "apoyar" y "aliviar" el dolor mental sin necesidad de investigar profundamente el inconsciente.

Las técnicas activas, puntuales y conductuales tocan objetivos en la superficie. Se aprende sin comprender, sin cambios o transformaciones estructurales y sistémicos.

¿Qué hacer? La respuesta es no entrar en desviaciones ni en modificaciones provenientes de la inercia, ni en el facilísimo para seguir una corriente complaciente con el afuera. Por el contrario, es necesario ser creativos, analizando e interpretando las encrucijadas laberínticas del inconsciente en la transferencia contratransferencia, afectadas por la realidad y la cultura, y en las que se observan las resistencias y contraresistencias.

También podríamos negar y preguntarnos: ¿no es mejor crear algo nuevo con mejores condiciones  adaptadas a la realidad socioeconómica? Es así como entramos en la inercia y en la muerte de nuestro quehacer analítico y no en el proceso analítico que implica tolerar la frustración, continuar la investigación, construir, interpretar, tener la vivencia contratransferencial sin caer en la destrucción del otro diferente.

En síntesis, podemos decir que cada analista se identifica con los modelos que le son más afines objetiva o subjetivamente, o le son más comprensibles, buscando su identidad personal. Por otra parte, el paciente es investigado desde esos diferentes vértices o modelos de comprensión que le permiten investigar, con el optimismo, el espacio mental del otro y comunicarse con él, en forma inconsciente para llevarlo a una expresión verbal. Divergencias y convergencias existen, así como ventajas y desventajas, tradiciones y nuevas ideas, preocupaciones y restricciones, énfasis particulares, identidades distintas, y en fin una serie de conceptualizaciones que parten de Freud y que podríamos afirmar vuelven a Freud.

Otro punto a considerar, es el entender del funcionamiento mental con el conocimiento de las neurociencias y la teoría de la complejidad, y a la vez, poder utilizar el lenguaje de esta última teoría de la no-linealidad, que corresponde a otro aporte de la cultura de la ciencia actual. Esta posibilidad de utilizar un discurso así, en los fenómenos de la clínica psicoanalítica, nos da otra manera de comprensión sin apartarnos de los postulados básicos psicoanalíticos. 

 

 

    

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