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CONTINUACION-2:
Aceptemos que
en el análisis trabajamos primordialmente
con el mundo mental interno, y con todas
las repercusiones que el Yo hace en el exterior, y, que
este último, tiene en el interior; de tal
manera que no se trata de cambiar la realidad externa, sino que el
sujeto pueda manejarla dentro de sí mismo, con todo lo traumático como
lo placentero en su realidad psíquica interna. Ocurre que la realidad
externa, los sueños, y la fantasía inconsciente, todas las cuales son
diferentes, se interrelacionan y forman un conjunto en la realidad
interna, la que a la vez puede construir una creencia como sentido y
sentimiento profundo y luego como conocimiento de aquella realidad
interna, que mueve al Yo en su comportamiento. Lo que sí ocurre, es
que la valoración (sobre o sub) que el analista puede dar a la
realidad externa, puede estar supeditada por la contraidentificación
con partes de la vivencia, que el analista hace de aquella; en que
pueden presentarse dicotomías, desviaciones o parcializaciones
transitorias o permanentes, no deseables para la objetividad
requerida.
Aquí
intervienen las creencias y valores de cada uno de los participantes
(analista-analizado) en el mundo complejo consciente e inconciente, en
los espacios mentales, en la valoración de los objetos y/o vínculos.
De esto se
deduce también la necesidad de un tercer observador, que supervise y
dé una mayor objetividad al acto de observación, y a la vez, valide la
misma. Todo esto también es necesario llevarlo a las academias, a las
universidades e instituciones que hacen parte de la cultura, además de
las de salud.
¿Qué
tienen que ver estos aspectos con la cultura?
La
pregunta nos lleva a pensar que el analista puede
ubicarse en el psicoanálisis clásico
tradicional o en el moderno innovador, el cual busca una rápida
adaptación y una solución más práctica, utilizando enfoques distintos
en los que se incluye todo lo sociocultural y científico que abarcan
las neurociencias; de ahí que la elasticidad técnica sobrevenga, y que
se prohijen también las psicoterapias con orientación psicoanalítica.
Existe sí,
una proliferación de los que se llaman analistas, provenientes estos
de los sectores lacanianos, como un nuevo psicoanálisis considerado
por algunos, mejor que el tradicional. Ocurre a la vez, que los
analistas tenemos la actitud de aislamiento por nuestra práctica y por
la dedicación al estudio permanente; así también la realidad
sociocultural, las demandas de los recursos económicos, son factores
que inciden en la aplicación del psicoanálisis. ¿Estaremos en una
realidad psíquica caleidoscópica?, ¿será todo esto el producto de la
herencia del siglo XIX y XX, con toda su cosmovisión?
Pienso que
el análisis del siglo XXI sigue en desarrollo, no tanto de modelos
sino de la comprensión del ser en el mundo, del sí mismo, en un
continuo incierto, en un oír, escuchar y acompañar, más allá de Eco,
Narciso, Edipo y Tiresias; este último omnipotente y omnisapiente que
deja en sus descendientes la herencia de sus cualidades, de deber, de
descubrir y de conocer; de tal manera, es el consejero y adivino
universal que predice la muerte de los tres anteriores. Aceptemos el
mito, pero superémoslo, saliéndonos de él.
Para
cambiar entendamos que, tanto el proceso analítico como el proceso
creativo, se ubican en una témporo-espacialidad distinta; en uno y
otro, pasado, presente y futuro, se revelan como un nuevo acontecer;
permitámonos pasar por la angustia, la crisis, el caos y la confusión
para poder integrarnos y diferenciarnos el uno del otro. Entre más
amplio y libre sea el campo creativo del hombre, más posibilidades
tendrá de deshacerse de las huellas genéticas que le han marcado.
Los
cambios en el siglo XX fueron a diferentes niveles, filosóficos,
sociales, políticos, económicos, religiosos, de valores, del manejo de
la sexualidad, de la soledad y de la angustia de la pareja y familia,
de los valores y de la ética de la misma psicopatología observándose
más los casos fronterizos, las adicciones, la depresión, las
psicopatías; así mismo se encuentra un cambio en el saber y el
conocimiento, como también en el aprender y en la búsqueda de
verdades, para un saber y un conocer, con tendencias objetivas y
positivas aceptando toda la intersubjetividad.
En la
actualidad, nuestro discurso tiende a referirse más a la democracia, a
la globalización, a las tecnologías, a la informática, al consumo, a
la defensa de la identidad y de la inter e intra subjetividad del
hombre, y a la investigación del mismo en forma multidisciplinaria.
Sin
embargo, lo que emerge, nuevamente, es el tanatos, tanto en el mundo
interno como en el externo, amenazando nuestra identidad y nuestra
supervivencia; ese tanatos no solamente aliena y aísla al sujeto
volviéndolo intolerante, sino que inunda a todo lo imaginario; la
sexualidad se ha desafectizado con la consecuente sensación de hastío
y de vacío; el proyecto de vida es hoy, porque el ayer ya pasó y el
futuro se da por hecho, por lo tanto lo importante es la inmediatez.
Los mismos
conceptos de globalización socioeconómicopolítica implican tocar con
las ideologías, con los valores, con la cultura, con las diferencias,
acabando con estas últimas. Incluso el sujeto se ve comprometido a
tener que aceptar grandes frustraciones, si es que desea preservar sus
principios, normas y reglas de conducta; la flexibilidad se vuelve una
necesidad, y de ahí la tendencia a aceptar paradojas y
superficialidades, predominio de imágenes que también pueden cambiar;
de ahí también el pluralismo, la ambigüedad, la incertidumbre, lo
heterólogo. Todo esto no significa que tengamos que aceptar cualquier
interpretación, o cualquier esquema de diferenciación para pensar
desde nuestro propio espacio mental. Toda esta perspectiva pertenece a
la sociología de la cultura actual, y al humanismo, más que al
psicoanálisis; sin embargo, este no puede ignorar hechos, y sí, más
bien, entrar a elaborar el análisis de los mismos.
Los
psicoanalistas estamos preocupados por encontrar las raíces que nos
unen, aceptando a la vezque el psicoanálisis, como toda ciencia, está
abocadoa transformaciones y evoluciones en las propias teorías, sin
descontar los paradigmas institucionales, olos individuales que han
tenido logros de poder administrativo, o porque han calado el
entendimiento y subjetivismo íntimo de grupos. El no tener en cuenta
estas disciplinas y no integrarlas con otras, es correr el grave
peligro de caer en la autodestrucción, aniquilándose al ser humano en
su comprensión y en la de los demás. Esta es la perspectiva del
psicoanálisis como un método más del conocimiento para el siglo XXI.
Las
crisis actuales se refieren a los grandes cambios por la tecnología,
por la explosión demográfica y de los medios de comunicación, por la
carencia de recursos, por el cambio de paradigmas y de los
pensamientos científicos que se refieren al mundo mecanicista lineal,
al dinámico continuo y cambiante, complejo
y caótico.
La crisis
abarca la percepción consciente y la repercusión inconciente, en las
tendencias libidinales y tanáticas.
La crisis
del psicoanálisis está más en los psicoanalistas, en su entorno y en
las necesidades de supervivencia.
Esto
ocurre, en parte, por una saturación de modelos postfreudianos que
actúan como explosión de ideas, las cuales el tiempo se encargará de
tamizarlas e integrarlas en redes operativas y de mayor comprensión
integral, cuerpo-mente.

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