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Referirnos
al tema "psicoanálisis y cultura" nos lleva a una macrovisión, pues
estos términos abarcan un amplio campo de conceptualizaciones el cual
es difícil de concretizar en forma más específica. A la vez esta
temática nos ubica específicamente en las relaciones del psicoanálisis
y la cultura puesto que ese "y" nos indica una dirección; sin embargo,
definamos qué entendemos por cultura, y a qué cultura nos referimos
cuando estamos haciendo esta relación. El Diccionario de la Real Real
Academia Española, define "cultura" como un cultivo o un culto, y al
resultado de "cultivar los conocimientos humanos, y
afinarse por medio del ejercicio las
facultades intelectuales..."; a la
vez es "el conjunto de modos de vida, costumbres, conocimientos y
grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época
social". Estas definiciones nos remiten también indefectiblemente a la
historia de las sociedades. Es evidente que la misma ciencia, el arte
o el conocimiento en general, tienen su desarrollo gracias a una
interacción de hechos ocurridos dentro del proceso histórico; de ahí
que la cultura actual del inicio del siglo XXI, está siendo
influenciada por todos los acontecimientos y descubrimientos desde
mucho antes del siglo XX, y a través de este último.
De todas
formas, civilización y cultura se sintetizan en la historia del hombre
y en sus épocas. Sin embargo, desde un punto de vista general, la
civilización se refiere al conjunto de ideas y costumbres que forman y
caracterizan el grado de adelanto, organización, educación,
convivencia y armonía de un pueblo; en suma es el saber convivir
respetando derechos y deberes civiles.
Por lo
tanto, un pueblo puede ser muy civilizado y poco culto. De una u otra
manera, la cultura promueve el desarrollo de la civilización. Por su
parte, una gran información no implica cultura ni civilización.
Cultura significa también ser conscientes de nuestra propia historia,
de la historia de la humanidad y de la de nosotros mismos.
Dentro del
contexto del psicoanálisis podemos afirmar que una es la cultura del
paciente, otra la del analista, otra la del "afuera en general" y otra
la que se refiere al psicoanálisis en el desarrollo del conocimiento
humano; todas ellas pueden analizarse individualmente o en sus
interrelaciones e influencias mutuas. De una u otra forma "Eros"
(amor), "Gnosos Logos" (Conocimiento - Discurso), "Ergón" (trabajo),
son los pilares que sostienen las culturas y civilizaciones a través
de todos los tiempos.
Entendamos que el descubrimiento de América (siglo XV) fue
multideterminado por diversos factores: territoriales,
socioeconómicos, políticos, religiosos; la Inquisición, la expulsión
de judíos de España; también bloqueo del Medio Oriente por los turcos,
la deuda de la corona española al califato de Egipto, guerras
europeas, papados de los Borgia; además, conocimiento de la brújula,
de la esfericidad de la Tierra y posición de las estrellas, paso al
oriente por el cabo de la Buena Esperanza, intereses de comerciantes y
navegantes italianos para pasar al oriente, etc. Así mismo, conocemos
que en el siglo XVI fue la Conquista de América, el XVII y XVIII los
del inicio de la libertad socioeconómica y el auge del renacimiento, y
el siglo XIX lo fue de la razón y de las leyes físico-químicas así
como las sociales; el siglo XX es el de los grandes descubrimientos
científicos y tecnológicos, el desarrollo
económico, a la par de las guerras en los diferentes continentes,
lucha de la sociedad de consumo (producciónoferta, compra-venta), y el
gran aporte de los descubrimientos freudianos del inconsciente. ¿Cuál
será el futuro, el devenir del
hombre y la sociedad y su cultura en el siglo XXI? Pienso que podría
ser una predominancia de la conciencia de ser conscientes del
inconsciente, a los niveles individual y especialmente, colectivo.
Sabemos que en los tres últimos siglos tuvieron lugar las revoluciones
(revolución francesa, americana, bolchevique, industrial, tecnológica
e informática) explosiones de las
sociedades carentes y en conflicto, en donde no se contempló el mundo
inconsciente; toca ahora la integración de fuerzas, de sistemas y de
mundos, en la interrelación
individuo-sociedad-cultura; trabajo-producción; amor-odio;
construcción-destrucción; creatividadviolencia, para que lo positivo
predomine sobre lo negativo,
responsabilizándonos del futuro, es decir, que
la
envidia, codicia, voracidad, posesividad, avaricia y las fuerzas
destructivas sean superadas y poder dar otra dimensión y otra
posibilidad al ser humano, respetando diferencias étnicas ideológicas
y sobre todo su naturaleza.
Para
esto hay que educar o manejar tendencias sin caer en idealismos del
superhombre omnipotente sin conflicto;
esta posibilidad es la que nos dejó Freud.
De
acuerdo con las probabilidades históricas, muy posiblemente en este
siglo XXI se harán nuevos descubrimientos
científicos del mundo externo e interno;
sin embargo, los hallazgos freudianos permanecerán como
realidades metodológicas del psiquismo
humano que se relacionan con la cultura.
Algunos,
quizás muy pocos, hemos vivido los cambios en el psicoanálisis desde
el punto de vista teórico, técnico y clínico, en los últimos 50 años;
sin embargo, todos hemos estudiado esta disciplina desde su gestación
y nacimiento hasta nuestros días. Aquí se presenta un punto a debatir:
¿Es el psicoanálisis una ciencia, o es una disciplina? y, ¿pertenece
el psicoanálisis a las ciencias naturales o a las sociales o la
interrelación de las dos?; ¿estamos frente a lo que, en las últimas
décadas, la ciencia cuántica, nos trae en su investigación con la
teoría de la complejidad y caos en los sistemas no lineales? ¿O estas
últimas teorías, de las cuales se afianzan las neurociencias, son sólo
maneras o modos de comprender y enriquecer los modelos psicológicos?
Aceptemos
que todavía existe una dicotomía entre cuerpo y mente
(materia-psiquis), a pesar de que ya hay puentes entre uno y otro,
algunos de los cuales son meras analogías o metáforas.
Entendamos
que en la cultura actual se han desarrollado en forma muy rápida todas
las comunicaciones, las microondas, la informática, la pantalla chica
y grande, que producen una explosión de imágenes y nos ponen
continuamente en una velocidad de tiempo inmediato; todo se vuelve más
rápido, más pequeño y al mismo tiempo imaginariamente "más grande" o
más intenso.
La
cultura del psicoanálisis estuvo en su apogeo a mediados del siglo XX;
precedió a este auge la cultura de la tecnología electrónica, la
genética, la bioquímica, las neurociencias, a la comprensión del psico-soma,
y con estas a la psicofarmacología; a la vez, el mismo psicoanálisis
ha abierto las puertas a la psicología cognitiva, la cual, para
algunos analistas, se aleja del análisis y para otros es un puente más
de comprensión, entre cuerpo-mente y/o cerebro-mente. Esa es la
cultura de occidente, la que también está siendo influenciada por la
de oriente; sin embargo, en la primera los personajes míticos Edipo,
Narciso, Eco y Tiresias son los que predominan y actúan en una forma u
otra. Ocurre sí, que en la actualidad puede haber predominancia de los
tres últimos, más aún cuando el primero, Edipo, se ve actuado
constantemente en la realidad
externa con la violencia o la destrucción; el segundo y el tercero
(Narciso, Eco) se ven estimulados por la realidad socializada o
culturizada, manejada por un
control remoto para aparecer o desaparecer la imagen en el exterior
con sus consecuente efectos; así se construye la virtualidad y al
mismo tiempo la dependencia de la máquina, y, a la vez, el tiempo que
sobreviene es el de aislacionismo y soledad. En otras palabras la
cultura de la imagen está influenciando los estados psíquicos en
general.
Pensemos
solamente un ejemplo de nuestra vida citadina: el martes 21 de marzo
del año 2000, debido a la violencia de la guerra en nuestro territorio
colombiano, hubo un corte de energía eléctrica aproximadamente de diez
horas; obviamente hubo congestión, confusión, caos, vacíos,
ansiedades, incumplimientos, caídas de sistemas, y más tarde por la
noche, carencia de la imagen de televisión, lo cual produjo
frustraciones que se manejaron indistintamente de acuerdo con cada
familia, pareja o persona, muchas de las cuales recurrieron a la
comunicación telefónica para no vivir esa gran privación que nuestra
cultura de hoy nos ubica en las relaciones interpersonales, en la
negación de la realidad y en las transiciones entre el narcisismo y
las relaciones objetales, entre los diferentes niveles de tolerancia
de la angustia o la transición entre la posición esquizoparanoide y la
depresiva, o en los diferentes estados psíquicos.
Un
paciente ese día al llegar tarde dijo: "Llego tarde por que el apagón
ocasionado por las voladuras de las torres nos tiene vaciados,
maltratados; es una tristeza; esta guerra no tiene cómo acabarse";
luego hizo alusión a las frustraciones y depresión en su vida
profesional, por falta de trabajo como arquitecto. ¿Qué podríamos
pensar de este material? ¿Acaso es sólo la guerra interna y sus
frustraciones de su mundo psíquico las que operan con las resistencias
para llegar tarde y sentirse así?. La respuesta no puede
parcializarse, tiene que ver obviamente con lo interno (respuesta
psíquica violenta interna, depresión) y con lo externo (impedimentos
de cumplir a su hora de costumbre; las
frustraciones, su depresión por la falta
de trabajo), están de acorde con la realidad externa, pues no hay
contratos laborales y el resultado es de sentimientos depresivos y
carencias. El analista aquí no puede dirigirse a interpretar
resistencias, masoquismo y tanatos interno, e identificaciones
proyectivas. De tal forma, su contención, el esperar, el tolerar, el
acompañar en estos momentos críticos, puede ser que le permitan al
analizado encontrar dentro de él esto mismo que recibe.
Otro
paciente al día siguiente al apagón se refirió a cómo le había hecho
falta la televisión para ver los noticieros, pero a la vez, se daba
cuenta que había tenido un espacio con luz de velas para dialogar con
su familia, comentar sobre la situación de la realidad y
también "había pensado cómo en las guerras
europeas o en las nacionales a finales de siglo o a principios, antes
de llegar la energía eléctrica al país, la gente tenía que acomodarse,
leer y estudiar a la luz del farol y de la vela; la oscuridad le había
hecho pensar más del pasado y de lo interno"; la realidad frustrante
le había podido despertar fantasías, y al mismo tiempo ubicarlo para
una nueva adaptación.
A pesar de
que todo esto es así, no podemos dejar de pensar el impacto e
inundación de ataques externos que producen inseguridades al Yo, el
cual se mueve y funciona en el afuera externo real.
Fue
así que en ese día hubo pacientes que no fueron al análisis, otros
llegaron tarde e hicieron alusión a sus ansiedades por la guerra; los
que acudieron al otro día relataron sus diferentes manejos a las
carencias por el corte de energía eléctrica. He ahí la realidad y la
cultura dentro de la situación analítica. Realidad de robos, atracos,
secuestros y asesinatos, que están
llegando al diván. ¿Cómo manejar esta situación?; la respuesta está en
ver cómo el analizado maneja su integridad y cómo busca la posibilidad
de no ubicarse témporo-espacialmente en medio del conflicto bélico.
Conocemos
de algunos analizados que han acudido a la emigración de esta realidad
en conflicto socioeconómico y cultural, otros han suspendido la
terapia y otros han acudido a la dependencia de empleos que les da
cierta subsistencia y estabilidad. Por todo esto, no necesariamente
tenemos que negar las realidades externas negativas y destructivas; lo
que sí es importante tener en cuenta, es la posibilidad de cambiar lo
internamente malfuncionante con reparaciones y creaciones que le den
factibilidad al ser humano de construir o reconstruir un mundo mejor.
Los
psicoanalistas no nos salvamos de estas ansiedades, de los conflictos
bélicos de la realidad externa, y de las crisis que también se
presentan, ni tampoco podemos ignorar todo lo psicopático y
esquizoparanoide del entorno sociocultural. De todas formas, uno es el
ser cultural, y otro el que persistentemente, en medio de la guerra,
sigue trabajando psicoanalíticamente para ayudar al otro, no sin ser
afectado por esa cultura de la guerra sociopolítica-económica, con la
militarización correspondiente, la cual esperamos se detenga entre
otros factores, por la solución de conflictos psico afectivos y de la
misma realidad de carencias y explosión de demandas. Es imposible
negar que años atrás nuestra sociedad vive contaminaciones
psicopáticas y sadomasoquistas que han perturbado los principios
morales y éticos. Los analistas tenemos que responder con los límites
de la ética, y con ello en la terapia analítica con el encuadre en una
cultura malsana, la que también puede afectar el quehacer analítico.
De todo
esto surge la pregunta: ¿A cuál cultura nos podemos referir?; cuando
lo hacemos con el psicoanálisis, ¿lo hacemos a la misma cultura de
éste? Recordemos que en cien años ha habido diferentes innovadores de
teorías o modelos pasando por Hartmann, Malher, Kohut, Klein, Meltzer,
Bion, Kernberg, Lacan, Winnicott, Fairbairn, Balint, entre otros
tantos, los actuales postkleinianos, los modelos de convergencia, los
modelos que integran la teoría de la complejidad y el caos, o los que
correlacionan unos u otros modelos; todos ellos convergen en la
clínica, en la cultura del diván, pero con divergencias técnicas en la
instrumentación del encuadre, las interpretaciones, la aceptación o no
de la empatía o la intuición como un instrumento más, en el uso
técnico, y así también en el manejo de la transferencia-contratransferencia.
 
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