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. “Mística Ciudad de Dios” CAPÍTULO XVI
LA RESURRECCIÓN DE UNA CAUSA. << Si en el siglo XVIII la influencia negativa de Benedicto XIV sobre la Causa de la M. Ágreda fue grande, la de León XIII no fue menor en la época que siguió a su glorioso pontificado. La drástica medida de León XIII pesaba sobre la memoria de la M. Ágreda como una pesada losa sepulcral. Todo el mundo pensaba que el proceso de beatificación de la M. Ágreda estaba enterrado para siempre, y sin esperanza de resurrección. Realmente esta Causa, estaba resultando la más conflictiva de toda la historia hagiográfica de España, y quizá del mundo entero. Por este motivo, el desánimo colectivo era tal, que nadie se atrevía a tomar iniciativas nuevas para la rehabilitación de la mística soriana. Pero la Providencia del Señor dispone que las causas justas, aunque sean probadas por la tardanza histórica, nunca pierdan la posibilidad de triunfar. Y esto parece que estaba reservado también a la Causa de Sor María de Jesús. Fue un hecho insólito que puede considerarse – con justicia – como un verdadero milagro de resurrección histórica, el súbito interés que la Causa de la M. Ágreda conoció en el siglo XX. La verdad padece, mas no perece. El traslado del cuerpo de la M. Ágreda << Como fecha inicial de todo cuanto de positivo y esperanzador ha acontecido en la segunda mitad del siglo XX se ha de considerar el traslado del cuerpo de Sor María de Jesús. He aquí cómo sucedieron las cosas. El 28 de mayo de 1909 la Comunidad solicitó del Cardenal Vives y Tutó – Prefecto de la Congregación de Ritos – la licencia para trasladar los restos de la M. Ágreda de la primitiva tumba donde había sido sepultada, a la tribuna o coro donde – en vida – había desarrollado su vida de piedad Detrás de la gestión del Monasterio estaba la dinámica personalidad del Obispo de Tarazona Mons. D. Santiago Ozcoidi Udave. Junto a él estaba como ferviente admirador de Sor María, el capellán del Monasterio, D. Eduardo Royo. El traslado se realizó en forma solemne. Se extrajo el cuerpo de Sor Maria de Jesús de la cripta en que yacía. Esta exhumación resultó un hecho simbólico y anticipador de la rehabilitación de la concepcionista agredeña. Una Causa que prácticamente estaba muerta, empezó a revivir. El traslado tuvo repercusión en Roma. Fue en aquella ocasión cuando el P. Postulador de la Orden, P. M. Paolini – sin que mediara todavía petición alguna referente a la tramitación de la Causa – se anticipó a comunicar a la M. Abadesa una noticia bastante secreta. Para fines del mismo año se esperaba la conclusión de la Causa de Escoto. Terminada esta Causa, el P. Paolini pondría inmediatamente manos a la obra para desbloquear la de la M. Ágreda. Esta noticia confidencial del P. Postulador es – en la documentación del Monasterio de Ágreda – la primera referencia a una posible reanudación del proceso después de 1886. Desgraciadamente, las gestiones en favor de la beatificación de Escoto no prosperaron, y la M. Ágreda hubo de esperar a tiempos mejores. El Año Mariano de 1954 << Fue necesario transcurriera un lapso de tiempo de casi medio siglo para que de los rescoldos del traslado saltara una chispa de esperanza para la reanudación de la Causa. Esta chispa no vino de España, sino de la región americana evangelizada – en vida – por la Sor Maria de Jesús. Un grupo de seglares católicos empezó a actuar con gran decisión. Su protagonista principal era James A. Carrico, seglar, padre de siete hijos. Desde su ciudad de South Bend (Indiana) se había adelantado a su propio Prelado a ponerse en contacto epistolar con el Monasterio de Ágreda. En su primera misiva pedía ya información sobre el estado de la Causa, deseando saber si los obispos españoles habían tomado alguna decisión para superar el decreto de silencio. El grupo de seglares de los EE.UU. de América habían lanzado ya numerosas iniciativas para crear un ambiente adecuado a la reanudación del proceso. Editaron pequeñas biografías; publicaron artículos en la revista mariana The Age of Mary; organizaron actuaciones teatrales; promovieron ediciones parciales de la MCD. Animado por un celo envidiable, pero desconocedor de los verdaderos cauces para una actuación eficaz, Carneo llegó a escribir al Jefe del Estado español, Francisco Franco 6, y al Nuncio de S. 5. Mons. Antonjutti. Fue el Nuncio el que le orientó hacia el Postulador General OFM. El entusiasmo de los seglares americanos encontró una respuesta de franca simpatía en el nuevo Postulador General – P. Antonio Cairoli, OFM – que desde 1953 se había hecho cargo de las causas de canonización de su Orden. Este franciscano de la Provincia de Asís había de ser el Postulador que con más entusiasmo abrazara la causa de la M. Ágreda, desde el decreto de silencio de León XIII. La iniciativa americana se vio favorecida por las singulares circunstancias del año mariano de 1954. Aquel extraordinario jubileo provocó un fervor mariano extraordinario en toda la Iglesia Católica. En octubre de aquel año peregrinaba a Ágreda, el arzobispo de Santa Fe (Nuevo México) Mons. Edwin B. Byrne. Le acompañaba su canciller Mons. Ottavio A. Caggiola. Visitaron el Monasterio y pudieron contemplar con devoción el original de la MCD. Estas halagüeñas circunstancias animaron al Sr. Carneo a entablar una intensa actividad epistolar con todas las personas interesadas en el asunto. El 21 de marzo de 1956 escribió una carta al Arzobispo Byrne que resultó providencial. El Arzobispo encargó a su canciller Mons. Ottavio Caggiola, tomara contacto con el Postulador de la Causa, P. Fortunato Scipione. Por su parte escribió a Pío XII una petición para que se procediera al levantamiento del decreto de silencio. Entretanto, Carrico se había puesto en contacto con numerosas personalidades del mundo mariológico internacional, entre ellos el P. Roschini, al que se le tenía por el mayor teólogo mariano contemporáneo. Lleno de celo por la glorificación de Sor Maria se convirtió en el animador de grupos de agredistas llamados The Ágredas (los Ágredas) y otros movimientos parecidos, e intervino en la publicación de un número monográfico de The Age of Mary, sobre la M. Ágreda. Las actividades del fervoroso agredista empezaron a dar su fruto en las relaciones con la Santa Sede, y la Postulación General de los PP. Franciscanos. Gracias a sus gestiones, se obtuvo de la Congregación de Ritos, el nihil obstat para publicar la Vida de la M. María de Jesús 2 También la jerarquía católica de los EE UU. se movió. El obispo de South Bend – la diócesis de Carrico – Mons. John S. Sabo realizó en el verano de aquel mismo año un viaje a Roma, y aprovechó la ocasión para tener una entrevista con el Postulador. Todo ello culminó en la obtención del nihil obstat (1961) para una oración en que se pedía la beatificación de la M. Ágreda 14 Estos resultados tan halagüeños animaron a Carrico a pensar en una activa colaboración americano–hispana para promover la Causa. Una fecha importante en esta carrera de calentamiento de los organismos romanos fue la celebración de la tercera conferencia sobre Sor María preparada el mismo año de 1961 (3 de septiembre) por el Arzobispo Byrne. En ella se tomó la decisión de pedir a los obispos de América escribieran al Ordinario de Ágreda, para que, a su vez, decidiera a los obispos españoles a solicitar de la Congregación de Ritos la reapertura de la Causa. El primero en dar cumplimiento a la sugerencia fue Byrne, obispo de Nuevo Méjico. Un paso notable a este entusiasmo de los devotos americanos de la Madre fue la tramitación del nihil obstat para la traducción inglesa de la MCD. Roma se mueve << Otro centro romano positivamente afectado por el fervor de los agredistas americanos fue la Postulación General de los PP. Franciscanos. Gracias a la intensa correspondencia epistolar de Carrico con el Postulador puede decirse que en la historia de la Causa se abrió una época nueva. El personaje romano más sensible fue el P. Cairoli. Siempre se mostró favorable a las gestiones de los católicos norteamericanos. Movido, sin duda por el entusiasmo de los americanos, en carta del 6 de junio de 1961 animó a la Abadesa de Ágreda a dar los oportunos pasos para interesar al Obispo de Burgo de Osma. Se trataba de iniciar los contactos entre el Ordinario y el Postulador. Sobre la base de las aspiraciones del Obispo, el Postulador actuaría personalmente ante la Sagrada Congregación, y tantearía el ambiente para una reanudación. Por su parte, creía que lo más urgente era un buen trabajo de tipo doctrinal l8 Mirando más lejos, el 19.07.196 1 escribió a Carrico adelantándole que sería favorable a la formación de una comisión para el estudio del caso. Pensando siempre en la necesidad del trabajo teológico, el P. Cairoli tomó decididamente la iniciativa y el 14 de abril de 1962 encargó el estudio doctrinal sobre la Madre a un buen teólogo de Roma. Una vez realizado este trabajo informaría al Ordinario de Ágreda para señalarle los pasos oportunos para avanzar en la reapertura Y, como la primera sesión del concilio estaba para cerrarse, el P. Cairoli piensa que cuando en septiembre del año siguiente se reanuden las sesiones, podría pedir la intervención del episcopado español a favor de la Causa2. En enero de 1963 Cairoli vuelve sobre el tema en carta al Mons. John S. Sabo. Ha tenido una entrevista con el Card. Larraona, Prefecto de la Congregación de Rito, y se ha mostrado muy favorable a la Causa 22 El 21 de mayo de 1963 escribe Cairoli a Carrico que el trabajo teológico continúa en serio, pero desgraciadamente este ritmo iba a sufrir un fuerte revés a causa de la sobrecarga impuesta por el Concilio a los teólogos que intervenían en él como peritos. El “ilustre teólogo” encargado del estudio, se vio imposibilitado de trabajar en el tema por sus obligaciones en el Concilio, y suspendió su colaboración Se acercaba también el III Centenario de la muerte de la Ven. Para celebrarlo dignamente, la Provincia Franciscana de Cantabria tomó la decisión de colaborar a las conmemoraciones centenarias con la edición critica de la MCD 25 Se formó la junta organizadora 26 Se emprendió un trabajo serio, y para 1970 estaba ya listo el texto crítico de la MCD 27 En este momento surgió una diversidad de opiniones entre la comisión editorial de la MCD y la Postulación. El P. Cairoli hubiera querido que la Comisión del Centenario hubiese colaborado con la Postulación, de modo que todo confluyera hacia la aceleración del Proceso. La Comisión prefirió limitar su actuación sólo a la edición crítica. Al mismo tiempo, desde los EE.UU. Canjeo escribía a Ágreda lanzando un verdadero SOS. No estaba contento con la lentitud con que marchaban las cosas. El Postulador le respondía dando – también él – largas al asunto, basándose en que la Causa era difícil y había que esperar. Estas lentitudes movieron a los agredistas americanos a poner su confianza, una vez más, en España. Para ellos era de suma importancia la colaboración española. Se diría que depositaban en la Península sus mejores esperanzas. El Consejo Americano de la Mística Ciudad de Dios conjuraba a toda España a que asumiera el liderazgo en la promoción de la Causa de la M. Ágreda a la que llamaban “La flor más hermosa de España y de América”. Estando así las cosas tiene lugar en Madrid el Capítulo General de los PP. Franciscanos. El ambiente agredista se caldeó un poco por la noticia positiva de la aprobación de los escritos de Duns Escoto (4 de mayo de 1972). Un año más tarde, el 21 de abril la M. Abadesa de Ágreda dirige al P. Manuel Vázquez Costa, Ministro Provincial de la Provincia de Santiago y Presidente de la Conferencia, un voto para que el Capitulo se interese por la Causa, y pida a la Santa Sede su reanudación. En el Capítulo está presente el P. Cairoli que apoya calurosamente la propuesta. El Capítulo aprueba un decreto en que se pide la gestión respectiva ante Roma. El día 20 de junio, en sesión presidida por el Cardenal Vicente Enrique y Tarancón, el Capítulo elevó a la Santa Sede, una petición que solicitaba se levantara el decreto de silencio, y se pudiera continuar estudiando la Causa. Interviene la Congregación para la Doctrina de la Fe << La Santa Sede respondió con rapidez a la petición del Capítulo General. La Congregación de los Santos que recibió la solicitud del Capítulo General, la transmitió por medio del Prefecto de la misma – Card. Raimondi – a la Secretaría de Estado acompañada de una información sobre el estado de la Causa. El Card. Villot, Secretario de Estado, respondió el 03.10.1973 al Card. Raimondi aconsejándole solicitara el parecer del Santo Oficio. Raimondi le respondía el 9 del mismo aceptando la indicación. El 11 del mismo mes de octubre el Cardenal Raimondi, se dirigía al Santo Oficio parta solicitar su parecer sobre la Causa de la M. Ágreda. Es así como el Santo Oficio entraba en escena en la Causa de la M. Ágreda después de casi dos siglos de silencio Cursada la solicitud del Card. Raimondi a la Congregación de la Doctrina de la Fe, ésta respondió el 27 de octubre de 1973. El Card. Raimondi, en carta del 31 de octubre de 1973, ponía todo en conocimiento de la Secretaría de Estado. El tenor de la carta es de gran importancia. Se refuerza la afirmación de que no han sido las tesis escotistas las que han llevado a la condenación de la MCD. Teniendo en cuenta los informes de la Congregación para la Doctrina de la Fe no sería oportuno reanudar la Causa. Pero se abre una puerta de esperanza al sugerirse que los Postuladores puedan ofrecer “argumentos satisfactorios” es decir: una respuesta convincente a los reparos de la Congregación para la Doctrina de la Fe. La respuesta definitiva de la Secretaría de Estado no era tan optimista. Con la documentación del Santo Oficio a la vista, el Card. Villot dio una respuesta tajante, declarando que la Causa estaba en una situación que equivalía a un “Reponatur” definitivo. La Orden Franciscana acató la decisión romana, pero optó por continuar la tarea de la rehabilitación de la M. Ágreda, por el único camino practicable: el estudio doctrinal serio para responder a las objeciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Fue la ocasión oportuna para que la Provincia de Cantabria encomendara al P. Mendía, el trabajo histórico–teológico que respondiera a las exigencias de Roma. Seis largos años le ocupó al P. Mendía la investigación exhaustiva del tema. El P. Mendía Vice–Postulador de la Causa << El P. Mendía asumió no sólo el encargo de estudiar los aspectos doctrinales discutidos de la Venerable, sino también el oficio de Vice–Postulador, que ejerció durante 10 años (1973–1983). En este crucial decenio, el sabio y virtuoso franciscano fue el alma de toda la Causa. La sintonía con el P. Cairoli fue completa. Ya el 15 de julio de 1980 escribía a Carrico que el estudio del P. Mendía, una vez revisado por dos mariólogos, iba a ser impreso y presentado a las autoridades romanas. Además del trabajo doctrinal, el P. Mendía organizó también un plan complementario de recogida de firmas, después de una consulta al Postulador sobre la oportunidad de una campaña El P. Cairoli le animó muy calurosamente a emprender esta gestión4. Los primeros en responder debían ser todos los Provinciales OFM de España, y los capuchinos. Entretanto el P. Mendía, al cabo de 6 años terminó su trabajo, y entregó en Roma tres copias de todo el dossier. Ante el impresionante estudio del P. Mendía, el P. Cairoli vio los cielos abiertos. El mismo año 1982 encargó a dos teólogos de Roma el estudio de esta monografía. En cuanto estuvieran elaborados estos votos, tenía la intención de acudir al Santo Padre a pedirle la reanudación de la Causa. El Obispo de Soria se interesó también por el trabajo del P. Mendía y le pidió un resumen del mismo. Los católicos americanos, por su parte, no se explicaban la lentitud de todos estos trabajos romanos. Precisamente cuando el P. Mendía estaba concluyendo su estudio, Carrico escribía el 11.2.1979 desde los EE UU. extrañado de la frialdad que creía advertir en los PP. Franciscanos respecto de la Causa. El P. Cairoli no cesaba de sugerir nuevas gestiones. Sobre todo, recomendaba se hiciera una campaña para que los Cardenales y Obispos de España escribieran al Santo Padre en el mismo sentido. Toda la propaganda debería estar liderada por el Ordinario de Osma. El P. Mendía se trasladó a Soria en abril de 1980, decidido a terminar la campaña de las peticiones, cuyo resultado entregaría al Obispo de Burgo de Osma. Por mayo de 1980 la recogida de firmas debió de estar muy adelantada. Cuando todo estuvo finalizado, se remitió todo el dossier al P. Postulador General El P. Mendía tenía en este momento la impresión de haber concluido su obra, y se sintió feliz. En la satisfacción de haber cumplido su tarea quiso conocer la obra llevada a cabo por otro gran agredista, el P. Serafin del Sagrado Corazón, pasionista. A este efecto pidió a la biblioteca de Ágreda la obra fundamental de este gran defensor de la Venerable para leerla y empaparse de su doctrinan. También en Roma iban bien las cosas. El P. Mendía escribió el 13 de octubre de 1980 ofreciéndose a buscar una solución para la financiación económica de la Causa en su etapa primera. La gestión ante la Conferencia Episcopal Española << Quedaba otra importante gestión a realizar: la petición de la Conferencia Episcopal Española a las autoridades romanas. El P. Mendía, se puso una vez más a la obra y realizó una decisiva intervención ante el Secretario de la Conferencia Episcopal Española Mons. Jesús Iribarren. Personalmente le entregó la solicitud el 1 de octubre de 1981, para que se procediera a semejante decisión. El 23 del mismo mes recibía la respuesta de Madrid. Iribarren era del parecer que, antes de proceder a la consulta oficial del episcopado era menester clarificar una cuestión: las reservas de la Santa Sede contra la M. Ágreda ¿eran sólo “circunstanciales” debidas a cuestiones de Escuela, o eran de validez permanente? Clarificada esta cuestión, tocaría a la Diócesis de Osma proceder a solicitar la declaración del Episcopado. Ante esta respuesta del Secretario de la CEE, el P. Mendía escribe al Mons. Cardenal urgiéndole a que, antes del 5 de noviembre solicite de la CEE la petición a la Santa Sede, exponiendo personalmente las razones en que se funda tal petición 6 El Obispo es más prudente. Cree prematura una intervención ante la CEE, y piensa en que la visita ad limina le dará la oportunidad de pulsar la opinión de las Congregaciones romanas interesadas en el asunto En medio de esta compleja situación, una nueva intervención ante la CEE complica la cuestión. El 3 de noviembre del año 1981, la Curia General OFM – con ocasión del VIII Centenario del nacimiento de San Francisco – dirigió al Cardenal Merchán, Presidente de la Conferencia Episcopal Española, una carta en la que se le pedía elevara una súplica a la Santa Sede en favor de la continuación de la Causa de la M. Ágreda 58 Entonces decidió ponerse en comunicación con la Nunciatura de Madrid el 5 de enero de 1982. Ya había tenido ocasión de tratar del asunto con Mons. Innocenti el 16 de diciembre de 1981. El Nuncio realizó las gestiones oportunas en Roma y dio una respuesta tajante al perplejo obispo de Osma: “Parece conveniente desistir de la reanudación de esa Causa”. La cosa era muy delicada, y el Obispo pensó que lo mejor era esperar a la consulta que realizaría personalmente con las autoridades romanas cuando su visita ad limina. Mons. Cardenal – obispo de Burgo de Osma – aprovechó la oportunidad de la Visita para visitar al P. Postulador OFM, el cual le prometió acudir al Cardenal Palazzini, Prefecto de la Congregación de los Santos, y presentarle, ya impreso, el estudio del P. Mendía De los contactos con los Prefectos de las Congregaciones interesadas sacó la impresión de que eran contrarios a levantar el decreto del silencio. Ante las insistencias del Obispo, los jefes de los dicasterios respectivos le aconsejaron empezara a trabajar por la Congregación de los Santos, y de allá pasaran a la Congregación para la Doctrina de la Fe, por medio de la Orden Franciscana. El 20 de abril de 1982 el Obispo de Soria se entrevistó con el Mons. J. Hamer, OP. Confió al Sr. Obispo que si tenía razones serias para reabrir la Causa, podía dirigir una petición oficial a la Congregación de los Santos. Si la Congregación procedía a solicitar de la Congregación para la Doctrina de la fe e respectivo nihil obstat, se interesaría por el caso. El Mons. Hamer estaba convencido de que no era imposible reexaminar la cuestión, pues la Congregación de la Fe nunca había prohibido formalmente la causa de la beatificación sino que simplemente había un acuerdo para que la Congregación de los Santos no actuara sin una consulta previa con la Congregación de la Fe. El obispo quedó sumergido en un mar de dudas. El 29 de abril escribía al P. Mendía sus impresiones. En Roma todo quedó en manos del P. Postulador, el cual prometió actuar ante el Cardenal Palazzini, publicar el estudio del P. Mendía, y solicitar la reapertura 62 De Roma no sacó nada en limpio el Obispo de Osma–Soria sobre lo que debía responder al Secretario de la CEE. El 8 de mayo volvía a la carga el P. Mendía en carta al Sr. Obispo de Osma insistiendo en que las razones contra la Causa eran meramente coyunturales 63 El Mons. Cardenal escribió una carta cortés al P. Mendía describiéndole con cierta decepción la verdadera situación 64 El Obispo no tuvo valor para cursar a la CEE la petición de la tramitación de la Causa. Las cosas estaban por demás confusas. Mons. Iribarren había tenido la percepción más realista sobre el punto esencial de las dificultades. Mientras no se aclarara el verdadero nudo del problema, no se podía avanzar. Y el nudo consistía en clarificar la fuerza de las objeciones romanas. Esta nueva situación resultó una dura cruz para el buen P. Mendía. Había trabajado denodadamente. Cuando creía haber alcanzado la meta, veía que su obra había sido sólo la de un precursor: Había sido un verdadero anticipador y preparador de los caminos. Pero, como a Moisés, le llegó la muerte antes de ver el triunfo de sus desvelos. El 1/2/1983 moría santamente en Zarauz (Guipúzcoa), dejando una estela de méritos para la reanudación de la Causa. Su muerte trajo una ralentización de la Causa. Los volúmenes de su decisiva aportación doctrinal, enviados a Roma – en total un centenar – quedaron arrumbados en los archivos 65 En 1985 murió también el dinámico y benemérito de la Causa, P. Antonio Cairoli. Al P. Cairoli le había sucedido en el cargo el catalán P. Juan Folguera 66 Éste ignoraba el punto en que se encontraba la Causa, y no era tan entusiasta de la misma. Se abría un futuro de incertidumbre para el proceso de la M. Ágreda. Un nuevo comienzo. El Año Mariano de 1987–1988 << Cuando todo parecía haber fracasado, amaneció de nuevo la luz de la esperanza. El nuevo comienzo tuvo lugar a raíz de una petición dirigida desde Ágreda al nuevo Postulador P. Juan Folguera. El autor del presente trabajo, estando predicando la novena de la Inmaculada en el Monasterio de Ágreda, en 1985, el mismo día de la Inmaculada, elevó al P. Postulador una petición personal para que reiniciara la Causa de la Venerable. La M. Abadesa – M. Asunción de Pablo – apoyó, por su parte, esta petición. El P. Folguera respondió el 19 de diciembre, sin mostrar particular interés por el asunto. Se le veía muy escéptico ante las exiguas probabilidades de éxito. Por eso recomendó que las gestiones las asumiera la Diócesis de Osma, toda vez que – tras los cambios introducidos por el Vaticano II – los Ordinarios del lugar tenían cada vez más importancia en la tramitación de las Causas de canonización. Pero ya el mismo año se presentó a la Postulación un plan provisional de estudios técnicos que prepararan la reapertura. El año 1986 era de Visita ad limina para el Obispado de Osma–Soria. El Mons. José Diéguez aprovechó dicha visita para tomar un contacto personal con las autoridades romanas interesadas en la Causa. Habló durante dos horas con el P. Postulador, el cual le recomendó entregara un ejemplar de la MCD al Papa. Visitó también al Cardenal Palazzini, Prefecto de la Congregación de los Santos. El Cardenal pidió le entregaran el estudio del P. Mendía, a él, o al P. Macca. El día 9 de abril de 1988 se tuvo un encuentro importante entre el P. Cariaco Rupérez – Vice–Postulador de la Causa acompañado del P. Artola – y el P. Folguera. De aquel encuentro surgió la iniciativa de publicar una hoja informativa que salió por primera vez en mayo de aquel mismo año de 1988. La reacción del pueblo de Ágreda y de cuantos esperaban desde siglos la continuación de la Causa de la Venerable fue inmediata. Todos se llenaron de esperanza. Movidas por esta reacción popular, las MM. Concepcionistas de Ágreda gestionaron el traslado de los restos de la Venerable de la tribuna donde se hallaban expuestas, al cuerpo de la iglesia conventual. La Congregación para las Causas de los Santos accedió a esta traslación en documento del 25 de febrero de 1989. El Ordinario de la Diócesis dio el correspondiente decreto de ejecución el 11 de mayo de 1989. En conformidad con todo lo precedente, el día 20 de mayo de 1989 se procedió al traslado según las detalladas instrucciones dadas por la Congregación para las Causas de los Santos el día 9 de marzo de 1989. Este mismo año se envió al P. Postulador un plan operativo para realizar el estudio doctrinal para reiniciar la Causa. A raíz del traslado de los restos de Sor María de Jesús de Ágreda, el Sr. Obispo de Osma –Soria, Mons. B. Rodríguez dirigió al Prefecto de la Congregación de los Santos una nueva petición. Aprovechando la oportunidad del V Centenario de la fundación de la Orden de la Purísima Concepción preguntaba al Dicasterio de los Santos si en la Causa de la Venerable sor María de Jesús de Ágreda, existía un verdadero y definitivo reponatur, o si sería lícito responder a las grandes objeciones que en su tiempo opusiera a la Causa el Santo Oficio, por medio de una nueva y exhaustiva documentación, que iluminara el verdadero alcance de las afirmaciones de la Venerable entonces reprobadas. El Cardenal Angelo Felici respondió al Sr. Obispo de Soria con fecha del 6 de octubre de 1989 que no había ningún inconveniente en que se siga recogiendo documentación y disponiendo estudios mediante los cuales puede levantarse el reponatur que, en su tiempo, fue impuesto a la Causa en cuestión. El 27 de enero de 1990 hubo cambio de Relator General en la Congregación de los Santos. Para tal puesto fue nombrado el P. Ambrosio Eszer, OP. Para la M. Ágreda el 20 de abril de 1990 se asignó como relator el P. Gumpel, 5. 1. A la Congregación de las Causas de los Santos le presentó la Postulación General OFM un documentado estudio en tres volúmenes sobre la MÍSTICA CIUDAD DE DIOS. El relator tenía concluido su trabajo el 2 de noviembre del mismo año de 1990. Su conclusión era positiva y pedía que se preparara una breve Positio con los datos esenciales de la ida de la Venerable, de los Procesos ya realizados, y la lista de las dificultades presentadas contra la MCD Entretanto en la Congregación de los Santos tenía lugar un acontecimiento importante. El 23 de noviembre de 1990 se tuvo el congreso peculiar sobre el culto inmemorial, y las virtudes heroicas de Juan Escoto. Esta vez su causa iba a triunfar. La Positio pedida por el P. Gumpel para la M. Ágreda estaba lista ya en 1991. Con este trabajo a la vista, el relator decidió pedir al Ordinario del lugar de Burgo de Osma algunos dictámenes sobre todo lo relacionado con la Causa de la Ven. M. María de Jesús de Ágreda, pero antes de que los teólogos consultores terminaran su trabajo, el P. Gumpel fue jubilado. En su lugar entró de relator el P. Ols, OP. Como relator quedó el Mons. José Luís Gutiérrez. El estudio de la petición de reapertura tardó mucho tiempo. Por fin el censor señalado por al Congregación entregó su trabajo concluido el 21 de abril de 1995. Este estudio trataba de responder a la documentación que el Obispado de Burgo de Osma había procurado a la Congregación de los Santos para la reapertura, especialmente en el libro DICTAMEN HISTÓRICO–TEOLÓGICO SOBRE LA MÍSTICA CIUDAD DE DIOS. El Censor de la Congregación de los Santos, emprendió su trabajo con un espíritu bastante polémico. No se limitó a examinar el contenido del DICTAMEN, sino que procedió a una nueva lectura de la MCD. Y así, de entrada, encontró nuevos y graves errores incluso en la misma doctrina trinitaria de la M. Ágreda. Cosa que ningún censor de los siglos precedentes había objetado como grave error, el censor halló en la obra de la M. Ágreda nada menos que el triteismo. A este primer grave error seguían otros. En la Eclesiología, se anotaba la doctrina de María como Cabeza de la Iglesia Apostólica. En la teología de la Eucaristía se rechazaba la doctrina de la carne eucarística de María. A todo ello añadían las proposiciones sobre las revelaciones. Además de esto, según el censor Dios habría ordenado a los fieles creer, bajo pena de incurrir en su indignación en esta vida y en la otra. La doctrina sobre las revelaciones privadas, debe ser calificada de herética. Añadía un reparo que pasó literalmente a la carta de la Congregación de la Doctrina de la fe: “La obra presenta una figura de María en contraste con el dato bíblico y magisterial”. El estudio crítico no realizó análisis alguno histórico sobre las graves tergiversaciones metodológicas de la Censura de Sorbona. Tampoco sometió a discusión alguna el Judicium de Benedicto XIV. El censor ignora la correspondencia de Tencin, y acepta como de valor indiscutible su deficiente uso de las fuentes que hemos criticado en el Cap. IX. El resultado final de semejante trabajo no podía menos de ser demoledor: 1– No hay ninguna probabilidad de que la Congregación para al Doctrina de la Fe cambie su actitud negativa; 2– Tal actitud está más que justificada y la aprobación de la Mística Ciudad de Dios es doctrinalmente “improponibile”. 3– En consecuencia, se debe observar el perpetuo silencio impuesto a la causa por Clemente XIV y confirmado por León XIII y Pablo VI. Ante un sesgo tan negativo de las cosas, se solicitó una audiencia al Prefecto de la Congregación de la Fe que tuvo lugar el 13 de mayo de 1995. La Congregación de la fe estaba enterada del voto contrario emitido en el seno de la Congregación de los Santos contra la MCD. En la cita audiencia se informó al Cardenal Ratzinger del estado de la Causa de la M. Ágreda. Se le entregó un memorial. El Cardenal se mostró complaciente. Se adelantó a comunicar que pronto se daría un cambio importante en la Congregación de los Santos, pues el Prefecto rebasaba ya los 75 años. Ratzinger insistió en que la Congregación de los Santos debía solicitar el nihil obstat para la reapertura. En los días sucesivos acontecieron hechos nuevos. La Congregación de los Santos hizo suyas las conclusiones del censor, y el Prefecto dio un juicio duramente negativo sobre el estudio presentado por el Ordinario de Osma–Soria, y rechazó la petición del Obispo sobre la reapertura de la Causa, Efectivamente, el 29 de mayo de 1995, el Cardenal Angelo Felici comunico a Mons. Braulio Rodríguez, que “una vez examinados los documentos [...] esta Congregación no ha encontrado elementos nuevos que permitan dar por superado el “Reponatur” definitivo, confirmado el 7 de noviembre de 1973”. Esto suponía una ratificación del decreto de silencio de Clemente XIV y León XIII. Fue un reponatur que no se esperaba en el nuevo clima creado en Roma bajo Pablo VI en estas materias. Además, la actuación del Prefecto de los Santos había incumplido el acuerdo en vigor entre su Dicasterio y la Congregación de la Fe de que ninguna de ellas actuaría sin consultarse previamente. A la Congregación de la Doctrina de la Fe no le agradó el dictamen de ortodoxia emitido por la Congregación de los Santos sobre la MCD. Se había creado así un malestar entre las dos Congregaciones. Para salir del impasse, de la Congregación de la Fe salió la sugerencia de que el Postulador de los PP. Franciscanos recurriera al Santo Padre para un nuevo estudio de todo el conflicto doctrinal provocado por la MCD. El recurso al Papa << El documento de la Congregación de los Santos del 29 de mayo provocó, como reacción, un nuevo plan de actuación, de parte de los interesados en la Causa de la M. Ágreda. El 21 de junio se reunieron en la Casa Española de Montserrat, el Cardenal Suquía, el cesante Obispo de Osma, y varias otras personalidades, para analizar la nueva situación. Allí se tomó la decisión de elevar una instancia al Cardenal Ratzinger y al Papa sobre la necesidad de entrar a fondo en el examen de la Causa de la M. Ágreda. Se entregaría un documento al Prefecto de la Congregación de la Fe, y otra al santo Padre. Como actor de la Causa intervendría el Postulador OFM. A éste le tocaría recurrir al Santo Padre. La Postulación OFM aceptó la sugerencia, y el P. Juan Folguera OFM elevó al Papa una petición solicitando su intervención personal en tan complicado asunto. El 25 de septiembre de 1995 firmaba en su lecho de muerte” – en Barcelona – el recurso al Papa. Entre las razones que avalaban la reapertura mencionaba el documento, el acto de justicia que supondría dicha reapertura para con la Ven. Madre Ágreda, con sus hijas – las concepcionistas de Ágreda – y con el pueblo cristiano que la venera como santa. Por tal motivo le pedía se considerara la posibilidad de emprender el tantas veces interrumpido estudio sistemático de la Mística Ciudad de Dios. La gestión del Postulador tuvo su efecto. El Santo Padre, por medio de la Secretaría de Estado, encargó a la Congregación para la Doctrina de la Fe, con fecha del 8 de enero de 1996, procediera, silo creía oportuno, a un nuevo examen de la MCD con el fin de comprobar si, a la luz de las recientes aportaciones de las ciencias histórico–teológicas, se podían aclarar las reservas doctrinales que habían surgido contra la misma en el pasado. La Congregación para la Doctrina de la Fe tomó muy a pecho la tarea encomendada por el Santo Padre. El 23 de febrero procedió a nombrar un relator para hacerse cargo de todo el material que obraba en el archivo de la Congregación sobre la M. Ágreda. Aclarado este punto, en junio de aquel mismo año se procedió a la selección de las personalidades que podían entrar a formar parte de la Comisión. En noviembre del mismo año estaba ya formada la Comisión. Dada la seriedad de las decisiones tomadas, cundió en los círculos agredistas un gran optimismo. Se pensaba que era llegada la hora de que se diera una solución definitiva al caso de la M. Ágreda. La Comisión procedió con todo rigor a elaborar los votos solicitados por la Congregación de la Doctrina para la Fe. Entregados los textos al Dicasterio doctrinal de la Iglesia, el mismo relator que trabajó para clarificar las cosas, fue encargado de elaborar la síntesis de los votos. Evaluado este estudio por la Congregación de la Fe, estableció unas conclusiones que el Prefecto de la Congregación entregó a la Secretaría de Estado. El 19 de febrero de 1999 dicha Secretaría, por medio de Mons. Pedro López Quintana, comunicó estas conclusiones, al Postulador General OFM, P. Luca di Rosa, de la Provincia franciscana de Nápoles, en los siguientes términos: “La Congregación para la Doctrina de la Fe, en su sesión ordinaria del octubre pasado, ha llegado a la conclusión de que no se puede afirmar que se hallen presentes verdaderos errores doctrinales y herejías en el citado libro. Sin embargo, la presentación que se hace en dicha obra de la figura de la Madre de Dios contrasta con la que nos ofrece la Sagrada Escritura y no es compatible con la mariología desarrollada por el Vaticano II”. Y su conclusión es que: “aun reconociendo las adquisiciones realizadas, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha decidido no conceder el “nihil obstat” para la prosecución de la causa de beatificación, teniendo en cuenta que una eventual prosecución de la causa comportaría una implícita aprobación del libro en cuestión y una indirecta promoción suya”. Perplejidades << Desde que el 19 de febrero de 1999 se conoció el contenido de la carta de la Secretaría de Estado se advirtió que la respuesta de la Congregación para la Doctrina era de una hermenéutica difícil. Si la MCD estaba exenta de todo error ¿cómo se la podía acusar de incompatibilidad con la Mariología de la Escritura y del Vaticano II? Evidentemente, tenía que tratarse de una incompatibilidad débil, pues si fuera el caso de una incompatibilidad fuerte, no estaría exenta de error. También era de difícil hermenéutica el veto a la reapertura por la negación del nihil obstat a la Causa. Si no había errores doctrinales ¿cómo negar la reapertura de la Causa por cosas ajenas a la ortodoxia, pues lo esencial para la Secretaría de Estado era la aclaración de las dificultades doctrinales? Estas dificultades hermenéuticas conducían a preguntas más serias y de fondo. La primera de tocaba la cuestión del nihil obstat que se negaba. En efecto, la Secretaría de Estado sólo había hablado de estudiar las cuestiones doctrinales conflictivas de la MCD. Esta primera lectura crítica dejaba en el ánimo la persuasión de que la respuesta de la Congregación de la Fe no se había atenido estrictamente a la tarea que el Santo Padre – a través de la Secretaría de Estado – le confiara el 8 de enero de 1996. Todo esto es tanto más extraño cuanto que el Santo Oficio nunca había intervenido en tiempos pasados prohibiendo la tramitación de la causa de beatificación de la M. Ágreda. Lo afirmó claramente el Mons. Hamer en 1982. La respuesta de febrero de 1999 rompía esa línea al imponerse – de parte de la Congregación de la Fe – un veto a la reanudación de la Causa de la M. Ágreda. Para tomar semejante decisión, la Congregación para la Doctrina de la Fe tuvo que tener razones muy poderosas. Pero, sobre todo, tuvo que tener unas atribuciones adecuadas para intervenir en un asunto reservado al Papa desde el decreto del silencio perpetuo. Mas el examen de los hechos no demuestra la existencia de unos poderes especiales para actuar en esa línea. En efecto el estado de la Causa en 1999 era de una avocación clara a la jurisdicción personal del Papa en cuanto a su continuación. Es cosa sabida que – tanto Clemente XIV como León XIII – asumieron personalmente la decisión de suspender la Causa. Ahora bien, en la carta de la Secretaría de Estado del 8 de enero de 1996 no se otorgaban poderes especiales para pronunciarse sobre el levantamiento de tal decreto, sino que solamente se le encomendaba a la Congregación de la Fe la tarea de esclarecer la verdad sobre las reservas doctrinales que en tiempos pasados se levantaron contra la MCD. La carta de la Secretaría Estado, lo mismo que la petición del Postulador de la Causa, habían tenido una finalidad bien concreta y definida: aclarar definitivamente el problema doctrinal de la MCD. Habiendo sido desde siempre ese el principal motivo de las diversas suspensiones de la Causa, aclarado este punto, todo quedaba expedito para la reapertura. Siempre se vio en el pasado una conexión esencial entre la ortodoxia de la MCD y la continuación de la Causa. Para la Secretaría de Estado, pedir una clarificación de ortodoxia incluía implícitamente el nihil obstat, pues sólo ese reparo impedía desde 1773 la prosecución ad ulteriora. La Secretaría de Estado no pidió ni sugirió la concesión explícita de un nihil obstat. La Congregación para la Doctrina de la Fe, sin embargo, esperaba que la Secretaría de Estado hubiera hecho una referencia al nihil obstat. Por eso, en el texto entregado a la Comisión especial que había de realizar el estudio encargado por la Secretaría de Estado, la Congregación de la Fe insinuaba que la petición de la Secretaría de Estado incluía la solicitud implícita de un nihil obstat. Por eso en las cuestiones que se formularon a la Comisión, después de la pregunta sobre la ortodoxia, se incluía otra sobre si procedía conceder el nihil obstat. La Congregación de la Fe daba a este punto tanta o más importancia que a la clarificación de la ortodoxia. La verdad es que la casi totalidad de la Comisión no tocó el tema del nihil obstat, pues creían que se incluían en la exclusión de los errores doctrinales. La mayoría de los miembros de la Comisión pensaba que – resuelta la cuestión de dichos errores – quedaba cumplida su misión, y la concesión de la reapertura era la consecuencia natural. La Congregación para la Doctrina de la Fe dio una respuesta ambigua, si no contradictoria, a la carta de la Secretaría de Estado. En ella se pedía únicamente la clarificación de la cuestión doctrinal. Este era el problema crucial en el asunto. La Congregación de la Fe no respondió exactamente a lo que le pedía la Secretaría de Estado. Tras una declaración de ausencia de errores, la respuesta de la Congregación de la Fe introdujo un segundo párrafo cuyo contenido no entraba en el programa de trabajo señalado por la Secretaría de Estado. No hubo, pues, sintonía entre ambos Dicasterios. ¿Qué era lo que estaba sucediendo en todo esto? He aquí nuestra hipótesis. La Congregación de la Fe tenía sus intereses, distintos de la Secretaría de Estado, en el asunto de la M. Ágreda. Tanto o más que la cuestión de la reapertura de la Causa le interesaba componer las divergencias pendientes con la Congregación de los Santos en el caso de la M. Ágreda. Como ya se ha expuesto, desde 1995, había una cierta tensión entre ambos dicasterios por la intervención imprudente de la Congregación de los Santos que contravenía el acuerdo de una actuación conjunta. De ahí que la opción que tomó la Congregación de la fe, en su respuesta a la Secretaría de Estado, fuera ambigua. En una primera parte afirmó claramente que en la MCD no había errores doctrinales. Esto era un golpe fuerte para la postura de la Congregación de los Santos que se había excedido en las acusaciones de tipo doctrinal contra la MCD. Mas no podía dejar desautorizada en toda la línea a la Congregación de los Santos. Por eso en una segunda parte – que es también doctrinal – se da razón a la Congregación de los Santos negando el nihil obstat para la reapertura de la Causa, que era lo que más interesaba a dicha Congregación. De ahí surgieron las complicaciones. Si la Congregación de la Fe hubiera respondido escuetamente a lo que le pedía la Secretaría de Estado, la Santa Sede habría podido proceder a levantar el decreto de silencio, y dejar el camino expedito para la reapertura de la Causa, que era lo que pedía la Orden Franciscana, y era lo que pretendía la consulta de la Secretaría de Estado. Mas la Secretaría se encontró con una respuesta doble y ambigua, que le ataba las manos. Se declaraba a la MCD exenta de errores, pero se negaba el nihil obstat para la prosecución de la Causa. La Congregación de la Fe había respondido una cosa distinta de la que se le había pedido. En realidad de verdad no quiso dirimir la cuestión de la reapertura que derivaba sencillamente de la declaración de ortodoxia. Ante esta toma de posición tan neta de la Congregación de la Fe contra la reapertura, la Secretaría de Estado dio marcha atrás de su primer intento, se limitó a transmitir el voto de la Congregación de la Doctrina de la. Ahí quedó estancado todo. Se hizo la paz entre las dos Congregaciones, pero se condenó a la inocente M. Ágreda. En realidad de verdad la situación creada con la respuesta de la Congregación de los Santos y la Congregación de la Fe muy nefasta. Primero fue la Congregación de los Santos la que se había negado a conceder la reapertura (1995). La Congregación de Fe secundó la misma postura en 1999. Lo que sucedió en 1999 fue algo bien trágico. Era la tercera vez que la Santa Sede pronunciaba un juicio de suspensión sobre la Causa de la M. Ágreda. La primera fue la de Clemente XIV (1773). Luego vino la de León XIII (1886). La tercera la pronunciaba la Congregación de la Fe precedida de la Congregación de los Santos. La Causa de la M. Ágreda sufría así tres muertes históricas. Eran los tres días del sepulcro. En el Cristianismo, la muerte se supera en la resurrección. No se desanimaron los devotos de la Venerable con esta conclusión francamente decepcionante. Bien es verdad que se absolvía definitivamente a la MCD de toda acusación de errores doctrinales. Pero la Congregación para la Doctrina de la Fe cargaba pesadamente la mano sobre la M. Ágreda negando el nihil obstat para la reanudación de su Causa. Los interesados en la causa de la M. Ágreda aceptaron con toda sumisión la decisión de la Congregación de la Fe. Parecía que todavía no era llegada la hora de la rehabilitación de la autora de la MCD. Pero no quedaron con los brazos cruzados. Estaban convencidos de que era necesario responder a las nuevas objeciones que había formulado la Congregación de la Doctrina de la Fe. A este efecto, los días 2–6 de agosto de 1999 tuvo lugar el Congreso “La Madre Ágreda, una mujer del siglo XXI”, organizado por la Universidad Internacional Alfonso VIII. En dicho Congreso se estudiaron los temas más conflictivos señalados por la respuesta de la Congregación de la Doctrina de la Fe, tales como la técnica interpretativa de los textos del NT de la venerable, la coherencia de su Mariología con las enseñanzas del Vaticano II. En el gran Año Santo del 2000 se intentó nuevamente neutralizar los efectos negativos de la carta de la Congregación de la Fe. A fines de junio el Cardenal Suquía79 tuvo una larga entrevista con el Cardenal Ratzinger con el fin de suavizar los términos de su carta. En la entrevista manifestó el Prefecto de la Congregación de la Fe algunas razones que le movieron a dar la negativa, pero sugería una gestión ante la Congregación de los Santos. Pero Ratzinger parecía decidido a mantener su postura. Entretanto, los estudiosos de al M. Ágreda prepararon otro Congreso – organizado por la misma universidad y la diócesis Osma/Soria – y celebrado en Ágreda del 6 al 10 de agosto de 2001 con el doble tema: “El papel de Sor María de Jesús de Ágreda en el barroco español”. Nuevamente se estudiaron los temas relacionados con los valores religiosos y humanos de Sor María de Jesús. Clarificadas las reservas de la Santa Sede, el Obispo de Osma–Soria Mons. Francisco Pérez realizó el 20 de mayo del 2002 una nueva gestión ante la Congregación de los Santos. En una audiencia con el Cardenal Saraiva le entregó un memorial, en que se le pedía la concesión del nihil obstat y la reapertura de la Causa. Entregó en la Congregación todo el material de estudios realizados en torno a la figura de la M. Ágreda en los Congresos de 1999 y 2001. A pesar de las sugerencias del Cardenal Ratzinger al Card. Suquía, se vio que la Congregación de los Santos no tenía atribución alguna para levantar el nihil obstat negado por la Congregación de la Fe. Fue una gestión completamente inútil. La Congregación de los Santos no se sentía facultada para actuar en una línea distinta de la marcada por la Congregación de la Fe en la carta del 19 de febrero de 1999. Con ocasión del IV Centenario del nacimiento de la Venerable (1602–2002) se volvió al esfuerzo doctrinal por dispar las reservas puestas por la Congregación de la Fe. En septiembre del 2002 se tuvo en Soria la LIX Semana Mariológica Española. En ella se estudiaron en forma monográfica todos los aspectos mariológicos de la M. Ágreda, ya que siempre fue problema para la Causa, la doctrina sobre la Virgen. Con esta Semana quedaba cerrado el ciclo de estudios teológicos necesarios para que se pusieran en claro los puntos señalados por la Secretaría de Estado de S. S. como puntos oscuros que impedían la reapertura de la Causa. Todo este material ha sido entregado a la Santa Sede, y se espera una repuesta a dichos estudios. Sesquicentenario de la Inmaculada << En 2004, el sesquicentenario de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción trajo algunos cambios, en un principio imperceptibles, en la situación creada por la carta del 19 de febrero de 1999. Ya el 31 de mayo de aquel año un agredista dirigió al Papa una carta personal para que en el año de la Inmaculada procediera a dar un paso decidido en orden a la reapertura Causa de la M. Ágreda Pasaron los meses en una aparente inactividad, pero cuando se acercaba la fiesta de la Inmaculada, surgió en Roma un inexplicable interés por hacer algo a favor de la M. Ágreda. El 3 de diciembre se tuvo un encuentro con el Prefecto de la Congregación de los Santos, Cardenal Saraiva Martins. Más importancia tuvo la audiencia concedida por el Cardenal Ratzinger el 6 de diciembre de 2004, antevíspera de la Inmaculada. En ella se presentó al Cardenal todo el dossier de las actividades desarrolladas desde 1999 en orden a clarificar las reservas de la Congregación de la Fe contra la M. Ágreda. El Cardenal acogió con benignidad el memorial que se le presentó junto con el material de los Congresos y Semanas de estudios que se habían organizado en los últimos 5 años. Dio curso oficial a la petición y protocolizó todo el dossier que se le había entregado. En la misma audiencia se mostró dispuesto a intervenir eficazmente para que la Causa se reabriera. El 7 de diciembre, víspera de la Inmaculada, el Obispo de Osma–Soria, Mons. Vicente Jiménez dirigió personalmente al Papa una carta en que se le pedía con insistencia actuara en favor de la Causa de la M. Ágreda. Así quedó la Causa de la M. Ágreda en los días de la clausura del año sesquicentenario de la Inmaculada.
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