Sadelas

 Sociedad Amigos de la Salud

El Antikeynesianismo

Manuel C. Martínez M.

Debe seguir llamándonos a reflexión cómo una estrategia política coyuntural referida a la ruina económica de la Europa involucrada en la Segunda Guerra Mundial hizo  historia en su oportunidad, hace ½ siglo, obtuvo rango de  teoría económica y todavía, hoy,   se presta para que los epígonos del decadente sistema capitalista cuasiglobalizado echen mano de ella para darle empleo a sus ociosos inventarios representados por  la riqueza excedentaria que los productores de la misma no alcanzan a consumir con sus deficientes pagas. 

 Y sobre esa base, para el caso venezolano, decimos: Los efectos de un ocasional excedente monetario o de sobreliquidez en manos asalariadas tiene,  en verdad, un inminente efecto alcista de precios, pero, para una economía gerenciable por *empresarios verdaderos*, muy capitalistamente animados por el lucro de la explotación industrial burguesa, que no pillos ni saqueadores del Estado, NI FINANCIADOS POR EL ESTADO mismo para su simple enriquecimiento personal o familiar, o de sus amigotes, entonces, a mediano y largo plazos los  efectos de esos excedentes deben ser  positivos en tanto y cuanto esos verdaderos empresarios harían las adaptaciones correspondientes de cara al aumento del volumen físico y premonetario de su oferta. Al final de cuentas la sobreliquidez inicial  perderá   fuerza. 

E insistimos: Una reevaluación gradual del poder adquisitivo del bolívar o una mejora de su  paridad frente al devaluado dólar, según lo venimos recomendando los *Defensores del bolívar*, y  reevaluación perfectamente soportada por toda la reserva de dólares que cuantifican las Reservas Internacionales conjuntamente con los sobreingresos de petrodólares, se traduciría en  incrementos de la liquidez de compra de los empresarios y, principalmente, de los trabajadores ordinarios así como de los beneficiarios de los subsidios y de las moderadas subvenciones gubernamentales. A esto doy en denominarlo: el antikeynesianismo. 

Repito: en consecuencia y en contra de la conseja tradicional e interesada, a manera de  un keynesianismo invertido: es en salarios,   en la cancelación de los Pasivos laborales,  como parte intrínseca de la Deuda Interna, hacia donde debe volcarse cualquier excedente de reservas que deriven de acumulaciones de dólares más allá de las exigencias  mínimo-máximas internacionales, amén de usar buena parte de ella para la cancelación parcial de la Deuda Externa que es, si a ver vamos la principal razón de ser de dichas reservas, y a menor deuda, menores reservas.

Esa Deuda Externa es expresión permanente de la política keynesiana, la que a título de supuestas ayudas han pretendido equiparar las circunstancias de aquella Europa con la carencia de capital originario en estos países de escasa preocupación industrial, y es lógico inferir que el pago de esta deuda con rebaja del capital principal de Perogrullo nos garantizaría excedentes presupuestarios que entonces se dedicarían al  proyectado desarrollo endógeno venezolano que lleva adelante el Presidente Hugo Chávez, un desarrollo endógenos que personalmente  he considerado una continuación  de la vieja política puntofijista en tanto y  cuanto no es con empresarios dueños o condueños de esas empresas como  saldremos de este pernicioso sistema burgués. Ahí está esa Europa, 50 años después debatiéndose en acomodos y reacomodos de nunca acabar a pesar de haber recibido todos los auxilios financieros que el capital internacional invirtió en sus países miembros. 

Y es que, en contra de la propuesta keynesiana, el verdadero motor de la economía de cualquier país es el poder de compra del consumidor, ya que seguimos desconociendo aún la existencia de algún empresario que haya invertido  una unidad monetaria  sin la garantía previa de  una demanda económicamente rentable y efectiva. Pero, la conseja burguesa e interesada en el saqueo de los dineros de países naturalmente ricos, gracias a sus reservas mineropetroleras o agrícolas, ha  vendido   marcando   al empresario privado como protagonista principal, al asalariado como un simple despilfarrador, y al Estado como un fiel y keynesiano financista proempresarial dedicado a las obras de mayor envergadura que el capitalista utiliza  como plataforma técnica, y de paso con todos los escamoteos tributarios que caracterizan la gran empresa, y  cuyo mando y control efectivo de la Economía Nacional traspasa los recintos de los galpones y oficinas privadas hasta llegar a los propios centros del Poder Político; es así, innegablemente así.   

Definitivamente, debemos ir erradicando de nuestra economía la perversa y obsoleta política keynesiana, que sólo está indicada para momentos emergenciales, de posguerra, de poscalamidades en general, pero en Venezuela, por ahora,  las empresas están allí con todas sus instalaciones semicociosas, con los parques industriales que les regaló el Estado, con las carreteras que, por cierto, debería  ser costeada por  los industriales del automóvil, y no por el Estado; esto es otra lacra de conseja económica keynesiana que hemos estado malaplicando: acondicionarle, por ejemplo,  a General Motors, a Ford Motor  C., y a otras afines las vías que requieren sus mercancías transportistas. Esta política del costeo de las llamadas obras de infraestructura carreteril, por parte del Estado, es la gran estrategia que utiliza el Imperio para distraerle a los estados neocoloniales sus recursos que bien podrían destinarse a fines *más endógenos* como mejoras en los salarios absolutos y relativos (mejor paridad cambiaria), la educación, la salud, la mejor alimentación. 

Las carreteras o vías de comunicación no tienen la importancia económica que el burguesismo industrial le viene asignando en su oscurantista literatura económica  keynesiana. Ocurre que: Dado un tiempo de viaje, en burro, por ejemplo, tan pronto llega la primera carga el día lunes, pongamos  por caso, el día martes llegará el otro y así encadenadamente se garantizaría  la continuidad y oportunidad del sumistro mercantil, tal como nos llega la luz solar que lo hace a la lenta (lenta, he dicho) velocidad de ocho minutos por cada envío de su radiante energético. 

Y ocurre que el monto en dólares que dispone Venezuela, si bien es una variable, permanece como una constante cuando la distribuimos en varias aplicaciones. En vez de estar en esa Banca Externa, como lo afirma con sobrada razón el Presidente Chávez, las Reservas las  podemos desviar parcialmente hacia otros depositarios, como serían los asalariados, los acreedores internos del Estado, la banca criolla, y si esta última es estatal mucho mejor, cosas así. 

  

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