Sadelas
(Sociedad Amigos de la Salud)
Dios, riqueza y subliminalidad
Manuel C. Martínez M.
Con Dios suele asociarse el amor por encima de cualesquiera otras categorías humanas de positiva influencia conductual en la vida de los seres humanos.
Con la riqueza material producida por los trabajadores está asociada la solución de casi todos lo problemas que viene confrontando el hombre desde su remota etapa tribual, desde cuando la comunidad colectiva y primitiva devino en sociedades mercantiles de dudoso equilibrio estable.
La subliminalidad es un término tomado en préstamo de la Química, según el cual se rompe sorpresivamente la transición de los conocidos y generalizados estados físicos: sólido, líquido y gaseoso. El alcanfor, por ejemplo, no es licuable, sino que de sólido para *mágicamente* al estado gaseoso.
De resultas, Dios se nos aparece subliminalmente bueno, bondadoso, comprensivo, pacienzudo, equilibrado, sensitivo, cariñoso, generoso, placentero, satisfactorio, defensor, protector, etc.. Asimismo, la riqueza material se nos presenta como una inmenso cúmulo de potencialidades para salir del hueco de la pobreza, para ganar amigos, para dar por resueltas nuestras primeras y básicas necesidades económicas, para emprender cuanta empresa o industria se nos antoje, para enfrentar enemigos, para evadir castigos por merecidos que los tengamos y para gobernar, controlar, someter y hasta aplastar a quienes en libros aparezcan con menos riqueza que la nuestra, independientemente de que esos *minusválidos* alberguen más méritos extramateriales que nosotros mismos.
Consecuencialmente, quienes controlen el mensaje religioso y este esté dirigido hasta por ministros de dudosa conducta social, y quienes acumulen riquezas, a pesar de ser cuestionables, están subliminalmente protegidos por esa carga prefabricada de aspectos positivos en sí mismos. Por eso es tan difícil combatir la riqueza del patrono, por explotador que se nos presente, por eso, tan difícil dudar de las influencias divinas y extrasensoriales, cubiertas como se hallan de tanta carga positiva en favor ora de los explotadores del trabajo ajeno, ora de los administradores religiosos de cualquier índole.
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