Sadelas
Las nóminas clasistas
Manuel C. Martínez M.
04 nov. 04
Tradicionalmente, para la ordenación nominal del alumnado escolariego y de los demás centros educativos, en general y modernamente se sigue echando manos del apellido de las personas para *nombrarlas* en primer lugar e interesadamente por aquel.
Bueno, esa ordenación fue montada ventajista e históricamente con el fin de identificar el abolengo o pertenencia clasista y familiar de cada individuo en cuestión, un procedimiento de vieja data rayana todavía en los más apartados confines de la medievidad.
En estos tiempos bolivarianos, podría empezarse por cambiar esa ordenación alfabética de apellidos en las escuelas, y comenzar a listar y citar a los niños por sus nombres de pila en primer lugar seguidos del apellido correspondiente.
Proponemos, pues, que las listas se hagan y alfabeticen a partir de los correspondientes nombres de cada quien Otro vehículo para ir cambiando el presente método clasificatorio y ordinativo podría partir de la cedulación identificatoria.
Recordemos que a través de los apellidos las familias oligárquicas han incrustado en sus apelativos una plusvalía moral que automáticamente excluye a todo ciudadano que no responda a los apellidos de los connotados oligarcas o de las rancias familias en espacio y tiempo considerados.
Cada vez que algún ciudadano se identifica y cita su apellido está enviando el mensaje de su ascendencia familiar y revelándole al interlocutor de cual familia procede, su condición social, su grado de pobreza o riqueza, su alcurnia o plebellaje.
Semejantes nóminas, cuya utilidad y funcionalidad ha sido principalmente la discriminación social de cara al reparto de la riqueza, de las oportunidades profesionales y burocráticas así como de la exclusión de las mayorías en beneficio sesgado de las minorías, debe ser urgentemente reemplazadas por las configuradas con el método de listas donde el apellido vaya después del nombre de cada quien. En vez de. Pérez, Juan; que sea: Juan Pérez. Por supuesto, la clasificación alfabética acostumbrada seguirá vigente, por lo que obviamente, Pedro precederá a Ricardo, y este a Tomás.
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