Sadelas
La causa del del caos
Manuel C. Martínez M.
Pareciera que el *flogisto* también cambia de ropaje. Las categorías del espacio y el tiempo han sido fundamentadamente cuestionadas por el relativismo einsteiniano. Es que tenemos ahora un espacio curvo tetradimensional, como mínimo.
Recordemos que Albert Einstein intuía que Dios no podía dejar al azar la organización de un vasto universo compuesto de cuerpos materiales de variopinta presentación, muy ordenaditos, armonizados con una casi absoluta constancia periódica y espacial, y universo al que se le habían descubierto mil leyes de comportamiento más menos viables, más o menos convincentes dentro de los parámetros de la cientificidad moderna.
En la actualidad, para nadie es un secreto que los cuerpos macro y microscópicos responden a determinadísimas configuraciones intrínsecas de partes, unas más simples y otras más complejas, que guardan entre sí relaciones de enlaces y rechazos. Si entre ellas no aparece un regulador que motorice sus interacciones no habría garantía de ninguna neguentropización, los cuerpos se deformarían cual líquido o gas de morfología dependiente.
Hasta ahora, según la Física aceptada por la mayoría de sus especialistas, la interacción de los cuerpos conocidos está gobernada por las leyes de gravedad para los casos de móviles lentos, y por las poderosas y fuertes fuerzas moleculares y subatómicas para los veloces. Alta velocidad de recorrido y elevada fuerza de enlace parecieran andar de la mano.
Hoy estamos hipotetizando que buena parte del azaroso movimiento de todos los cuerpos heliocéntricos no sólo dependen de la energía radiante solar, sino que por la atracción gravitacional terrestre que determina la fisiología y morfología de cada uno de esos cuerpos, según cada posición angular que estos van adoptando en la medida que van creciendo y *viviendo*. Por ejemplo, la caída de las barajas a partir de un paquete de ellas debida y previamente ordenadas, dependerá de sus caídas individuales que están condicionadas, a su vez, por sus respectivos roces con el aire circundante y por la densidad misma de cada una de dichas barajas, cuestión esta que en sí misma representa una distribución no menos azarosa.
Las moléculas gaseosas, como sabemos, tienden a subir indeteniblemente hasta una altura que viene dada por sus respectivas propiedades químicas. En su ascenso van tropezando erráticamente según la posición que también van guardando angularmente respecto de la Tierra. La salida del feto por la desembocadura uterina hasta instalarse en la vagina depende en cada instante de la fuerza de gravedad y la masa corporal de dicho feto, pero también de la dinámica que la madre ejerce durante día y noche.
Las ramas de una planta van saliendo y acomodándose sobre el tallo según la dirección que van adoptando a partir de su brote y su ubicación respecto del Sol.
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