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051203

Carpe Diem

Yo, y mis
lombrices

Luis Figueroa

Acabo de reunirme con un experto en “facilitación, predicción y estrategia”; y entre otras cosas hablamos de la representatividad sectorial. 

En busca de quién representa qué, o a quiénes, yo lamenté la creencia popular de que, por ejemplo, como yo escribo una columna semanal y fui jefe de una sección de Opinión y de otra de Economía, entonces yo “represento” a la Prensa. 

Sentadas a la mesa había otras personas que tienen intereses en los campos de la ecología y del desarrollo comunitario; y creo que ninguno de los dos estaría confortable si le atribuyeran la representatividad de los sectores a los que parecen “pertenecer” circunstancialmente, y en determinado contexto.

Yo tuve intereses en la orquideología y en la astronomía; pero si alguien me preguntara, yo afirmaría sin temor a dudas que no represento a los cazadores de orquídeas, ni a los observadores de estrellas.  Trabajo en una universidad, pero jamás pretendería representarla.

La Prensa, como los orquideólogos y los astrónomos, o las universidades, involucran a miles de personas con diferentes valores y opiniones, a las que uno no puede pretender que representa colectivamente.  Uno no puede atribuirse, con legitimidad, facultades semejantes.

Podría, claro, si el mandato fuera expreso y por consenso.  Dos, o mil personas podrían facultar a alguien para que represente sus puntos de vista sobre tal, o cual cuestión en determinado momento.  Pero ese mandato no podría ser extendido a todo, todo el tiempo, a menos que los representados renunciaran a su libertad y a su responsabilidad.

Es un hecho que muchas personas compartimos valores y opiniones.  Como columnista, por ejemplo, me da mucho gusto cuando los lectores me escriben para comentar que en esto, o en aquello he servido como portavoz de sus puntos de vista y de sus aspiraciones.  A veces los animo a que escriban en las secciones de cartas de los lectores, y en ocasiones he tenido éxito.

También es un hecho que con otras personas uno no comparte ni un ápice.  Pero en general, lo que ocurre es que hay cosas que tenemos en común, y cosas que no.  Yo soy feliz cuando algún lector comparte conmigo la pasión por la libertad; aunque no compartamos otros puntos de vista.  Lo que se respeta y se aprecia, en todo caso, es la sinceridad y la consistencia.

El punto de estas reflexiones es que los miembros de un sector, o de una organización pueden tener opiniones muy diferentes sobre un mismo tema; y que no es razonable confundir los puntos de vista de uno, o varios de sus miembros, con los de todos sus integrantes, o con una “opinión colectiva”. 

En ese sentido “la Prensa” no puede opinar.  Opinamos unos y opinan otros.  Y entre todos podemos enriquecer, o no el “gran diálogo nacional”; pero para que un periodista pudiera “representar” mi opinión, como individuo, aquel tendría que preguntarme primero.  Sin descontar, claro, que podemos compartir valores, y tener opiniones en común. 

Los antiguos monarcas solían hablar en plural, quizás porque si El estado soy yo; ¿por qué no podría yo, ser nosotros?  De esa cuenta, Luis XIV de Francia podía decir: “Nosotros, opinamos que”…y salirse con la suya.  Empero, este Luis no se sentiría cómodo hablando en plural, ni siquiera en representación de sus lombrices, única forma en que yo podría decir nosotros, sin necesidad de consultar a mis representadas.

Con demasiada frecuencia el “gran diálogo nacional” se hace entre personas que dicen representar sectores.  Algunas veces hasta hipostasiando a esas colectividades o grupos. Y he ahí el punto vulnerable de los “diálogos intersectoriales”.

En todo caso, el éxito de la pretendida representatividad sólo puede darse (y eso es bastante) a nivel de los valores que realmente compartimos las personas individuales involucradas.   Si los acuerdos son por consenso, aunque se limiten a lo que es verdaderamente común a todos, aquellos acuerdos son más sólidos que si son extendidos y negociados, con ánimos de abultar el paquete. 

Las columnas que hicieron necesaria esta aclaracion son:

Por la vida y Boca para hablar


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