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Carpe Diem

¡Por la vida!
Luis Figueroa

Aquellos que se pasan la vida pidiendo que el gobierno intervenga en esto y que intervenga en lo otro.  Esos que creen que las personas no somos capaces de tomar nuestras propias decisiones y que necesitamos que políticos y funcionarios guíen nuestras vidas.  Los que creen que el gobierno tiene la obligación de educar, esos son los que tienen la culpa de que el estado se meta hasta en la cama.

Sólo en el contexto de un estado de bienestar es que se justifica (sin que sea legítimo) que políticos y funcionarios crean que están facultados para promover políticas y reglamentaciones que tienen que ver con la vida privada de las personas.

Una de esas piezas reguladoras es la Ley de Acceso Universal y Equitativo  de Servicios de Planificación Familiar; un churro legislativo que ha alborotado a los cachurecos y que los tiene gritando ¡Aborto!, a modo de Pedro gritando que ahí viene el lobo.

La legislación citada es invasora de la esfera de acción privada y de la libertad de las personas individuales, de las familias y de las asociaciones privadas voluntarias de servicios que se ocupan de temas de salud.   Ese es el talón de Aquiles de la regulación citada.

Políticos y funcionarios no tienen legitimidad para inmiscuirse en la vida privada de las personas, ni para obligar a entidades privadas a hacer algo que va contra sus principios; pero oponerse a que la población tenga información y acceso a métodos anticonceptivos es medieval, perverso e irresponsable.

Es un hecho de que decenas de niños, adolescentes y adultos andan por ahí teniendo relaciones sexuales sin el menor cuidado; y es un hecho que el simple uso de un condón evitaría que, aquellas prácticas concluyeran en enfermedades, en muertes y en hijos no deseados.

¿Podrá el estado dar métodos anticonceptivos a menores de edad? Yo digo que no debería metérselos en los bolsillos; pero si toleramos que en algunas escuelas se les enseñe a los niños que el REMHI es confiable, o que la teoría del diseño inteligente no es creacionismo, ¿por qué no vamos a aceptar que a los estudiantes se les amplíe su espectro de conocimiento en cuanto a formas de evitar una tragedia en sus vidas?

Yo no se de la tradición evangélica; pero en la iglesia católica existe una vieja y poderosa corriente que enseña que la capacidad sexual de las personas es parte de su naturaleza animal, o inferior. 

De acuerdo con esta forma de pensar, la capacidad sexual de las personas, independientemente de qué la motive, o de cómo sea ejercida –y no sólo su abuso– es pecaminosa y depravada. 

Esta, y no otra, es la razón por la cual los cachurecos se oponen tanto a la regulación citada.  Durante siglos, la iglesia católica ha enseñado que la sexualidad es mala; y que sólo la necesidad de evitar que se extinga la especie humana le da al sexo un carácter de mal necesario.  Para ellos, sólo la procreación puede, con ciertas precauciones, justificar la práctica del sexo.  Eso explica por que es que liberar a las personas para que puedan disfrutar del sexo, sin temer por su potencialidad reproductiva, es motivo de anatema para los más fundamentalistas de ellos. 

Si no me cree, lea usted la encíclica
Humanae Vitae.  De su lectura resulta obvio que, para aquella organización, la visión de montones de pobres encadenados a las necesidades de sus niños no deseados, las multitudes de jóvenes envejeciendo prematuramente mientras luchan contra el hambre, y las miles de mujeres que quedan a merced de abortistas incompetentes, son situaciones mas aceptables que poner condones y píldoras a disposición de quienes quieran, y sepan como usarlas con responsabilidad.

El sexo, que puede ser la mayor expresión del amor como fuente de felicidad y que es un placer, no debería ser una fuente de agonía sólo porque así dicen unos que lo quiere Dios.

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