| Copyrights Leonel Delgado, mientras nadie bostique palabra. |
LAS DAMAS DEL CINE DE LOS NOVENTALas damas de la lista que ofrezco a continuación, a pesar de su unipolaridad cultural (anglosajonas, blancas), se destacaron en un medio ferozmente misógino, como lo ha sido el cine de la gran industria en los años noventa. Si alguna vez hubiese sido redactor de revista de modas, no vacilaría en colocarlas como paradigmas de la cultura popular de esta década, o como quiere la revista Vanidades, ponerlas a "Ellas en primer plano". El lector, la lectora, no deben olvidar, sin embargo, que ese cine superindustrializado que nos envían a provincias (enlatado junto a los cinemas multiplex) es sólo el cine más vendido del mundo y no necesariamente el mejor. También hay que destacar que algunos de nuestros críticos de cine, se han embobado por razones desconocidas, con los superhéroes masculinos, dedicando dos mil palabras semanales a destacar un músculo de Van Damme, por ejemplo. ¡Y ni una palabra sobre las reales estrellas! Inexplicable grosería. La historia del cine recuerda mejores tiempos para las estrellas femeninas, en que ellas reinaban y gobernaban. Mi lista es interesada: estas mujeres de alguna manera se han impuesto en la industria en esta década, a pesar de todo. Tampoco representan ellas "a todas las mujeres", su rango cultural está limitado por la misma industria, como ya sugerí. Pero constituyen, eso sí, patrones que gracias a su alta difusión en la cultura global, no se pueden eludir. Tampoco oculto que la mayor parte de estas mujeres (no todas) pertenecen al coro opalino e iridiscente de los "fantasmas de mi corazón". Pero en mi escogencia no me he guiado sólo por el olfato erótico, sino que he puesto cierta exigencia crítica, por lo que me considero una especie Tántalo medianamente machista, medianamente feminista: mientras me crece el hígado meloso de la pasión por las actrices, el ave crítica lo picotea. Están aquí pues ellas, las que otros dejaron en segundo plano, las damas de los noventa, con lugar y fecha de nacimiento entre paréntesis (datos siempre importantes, como se sabe), en un orden clasificatorio alfabético y vistas a través de (al menos) una película "noventera" consagratoria. Dejo para otra ocasión mi lista de "peorcitas", que también la tengo (y en la que figuran, entre otras, Julia Roberts, Demi Moore, Salma Hayeck, Sarah Michelle Gellar y Sharon Stone). Y lo siento por otras mejorcitas (como Cameron Díaz, Jennifffer López, Patrica Arquette, Angela Basset, Holly Hunter y Helen Hunt), sacadas de la lista gracias mi excesivo tantalismo y no a su falta de talento.
1. Cate Blanchet o la plenitudLo único realmente estrastosférico de Elízabeth (1998, dirigida por Shekar Kapur) es la actuación de Cate Blanchet (Melbourne, Australia, 14 de mayo de 1967). Elízabeth ofrece la fábula de una reina con agenda feminista, pero también es una película hinchada, vacía y con poco sentido de realpolitik histórico. Sin embargo, Blanchet brinda una filigrana de histrionismo, con plenitud de facultades que no abollan las aristas más toscas del guión. Así que en la película de la reina, Blanchet reina, y ese es otro asunto, porque ahí (en la industria y de cara a los públicos) la agenda feminista sí que amenaza con funcionar. Además de su pleno e intelectual talento, Blanchet no parece una actriz desbocada por mostrarse en exceso (apareció casi discreta en Pushing tin, 1999).
2. Kim Bassinger y la decadenciaBasssinger (Athens, Georgia, Estados Unidos, 8 de diciembre de 1953) fue reina erótica pop y semi-intelectualizada en los ochenta, y con el talento en entredicho. Cabrera Infante (también conocido como Cabrera Infame) llegó a despreciarla por sonsa. Con antecedentes como esos, demostró, sin embargo, ser la actriz perfecta para representar a una prostituta de la alcurnia hollywoodense, que a su vez representa a Veronica Lake, en una película impíamente escéptica y misógina: L.A. Confidential (1997, dirigida por Curtis Hanson). La maquinaria hollywoodense es pintada en sus entretelones más sórdidos en esta película; desde el "venadeo" periodístico hasta el tráfico de blancas estrellas falsas. Bassinger se ofrece devastada como parodiándose a sí misma, de cara al ya famoso público masculinista y caníbal.
3. Nicole Kidman o la neurosis fin de sigloNadie olvida (yo tampoco) esa confesión desafiante que Kidman (Honolulu, Hawai, 20 de junio de 1967) hace a su marido en Eyes wide shut (1999, dirigida por Stanley Kubrick). Fue así que la neurosis femenina fin de siglo entró en éxtasis histriónico. Lo que Kidman (la Sra. Harford en la película) confiesa, es que transgredió imaginariamente la línea trazada con sangre y ley, y que prestigia el matrimonio: deseó a otro hombre que no era su marido (y se lo confiesa a su marido de la realidad: Tom Cruise). Ese cruce alimenta las plurales historias de Eyes wide shut. Pero si a Cruise, Kubrick lo hace protagonizar una trama poliédrica, Kidman no puede más que trabajar con rostro y palabras (y unas cuantas tomas de su cuerpo). El resultado es excepcional: Kidman encarna la neurosis femenina clasemediera de fin de siglo, con un inocente pesimismo a cuestas y un aire perdido que no tuvo ninguna de las pacientes del Dr. Freud.
4. El triunfo de Jodie FosterJodie Foster (Los Angeles, California, Estados Unidos, 19 de noviembre de 1962), demostró en los 90 que nadie como ella puede hacerse la self made woman. Vencida a medias siempre (y por tanto sola), si de su icono cinematográfico se trata. Como la estudiante de agente FBI en El silencio de los inocentes (1991, dirigida por Jonathan Demme) recorrió la perversidad masculina (un asesino de muchachas con pocas pistas y muchos acertijos), decidida en su carácter hasta colindar con la temeridad. Las mismas particularidades que la consagraron en Contacto (1997, dirigida por Robert Zemekick), en la que el género cinematográfico de la mujer que lucha y sólo triunfa parcialmente, se viste de galas transespaciales. En esta película, caso excepcional en el cine norteamericano, la Dra. Arroway (Foster) se declara atea, desafiando la fe religiosa de sus competidores masculinos. Además, Foster inició con buen pie, en esta década, su carrera como directora cinematográfica.
5. La inocencia de Michelle PfeifferNo me emocionó en exceso la Gatubela que hizo Michelle Pfeiffer (Santa Ana, California, Estados Unidos, 29 de abril de 1957) para Batman Return (1992). Extrañaba la vena melodramática para la que parece estar dotada, incluso si de parodiar el melodrama se trata (como en Casada con la mafia, 1988). Recuerdo, no sé en que película, creo que en Los fabulosos Baker Boys (1989) haberla visto descalzarse en plena calle mientras caminaba solitaria y vencida, representando a una opaca cantante. Para esas emocionantes dulzuras ella se pinta sola. Por eso La edad de la inocencia (1993, dirigida por Martin Scorsese) sólo consagró una carrera de lento ascenso, que tropieza con lo estentóreo de los superhombres y dentro de los peligrosos meandros del melodrama. La fábula moral de La edad de la inocencia tiene de víctima propiciatoria a Pfeiffer, una mujer enamorada que ama a un hombre casado. Pero entiéndase que esta fábula está en manos de Scorsese, y que Pfeiffer es la actriz melodramática más inteligente de las últimas dos décadas.
6. Susan Sarandon y su aire de victoriaCon un rostro eluctante como el de Sarandon (Nueva York, Estados Unidos, 4 de octubre de 1946) no hay de otra, en un medio de tantas falsas y recicladas bellezas, que el desafío constante. Generalmente, a ella la pintan de empleada de bar o restaurante, y con un finísimo y desarrollado sentido común de mujer de clase baja. Este cliché fue adoptado, cuestionado y rebatido por Thelma y Luisa (1991, dirigida por Ridley Scott). Como se sabe Luisa propone a Thelma (Geena Davis) que se pasen un fin de semana por ahí, y todo acaba en un "road movie" con manifiesto feminista anárquico incluido, y en el que ya sin salida, el director propone una muerte heroica para las dos en el Cañón del Colorado. Así el sentido común de Sarandon conduce a desarmar los vicios y retóricas masculinos, desde el matrimonio hasta la delincuencia (que son reinos donde gobiernan los hombres). Pero también Sarandon combate otras retóricas, más bien "femeninas", como el maquillaje.
7. Vinessa Shaw o la breve enfermedadCon una brevísima aparición en Eyes wide shut, Vinessa Shaw (19 de julio de 1976, lugar desconocido) acrecienta las contradicciones entre agendas feministas y particularidades. Esta actriz jovensísima, aparece en esta lista como "promesa" cinematográfica pues reúne talento y singularidad iconográfica (no es demasiado bonita, y eso es clave para una buena actriz). En Eyes wide shut es la prostituta que seduce a Tom Cruise, sin llegar a consumar el acto sexual. Después se sabe que es portadora del virus HIV. Corporeizando esta inocencia ponzoñosa (pues Shaw da una nueva versión de la antigua prostituta inocente y de buen corazón), confirma que la particularidad de un sector de mujeres (las prostitutas) andan el fin de siglo, en una conversación silenciosa con la tragedia, no obstante los estados de bienestar primermundistas y los programas feministas. Por supuesto, Shaw no ha venido a preguntar quién cerrará esa grieta, sino a andarla histriónicamente, al filo del frío y la soledad.
8. Meryl Streep y el arte que duraNo debería figurar en esta lista. Es una pesada que en cada secuencia demuestra con el movimiento de sus manos lo genial de su talento. ¡Y lo ha hecho así por veinte años! A Streep (Summit, New Jersey, Estados Unidos, 22 de junio de 1949) se le ha acusado de camaleónica y maximalista, de boa y genio. Dicen que muchos directores se quedan pasmados con las soluciones histriónicas que les propone, y que ella acaba dirigiéndose sola. Lo cierto es que en Los puentes de Madison (1995, dirigida por Clint Eastwood) encarnó a una memorable ama de casa (recuérdese que las amas de casa casi nunca son memorables, excepto cuando fallan). Eastwood contribuyó a sintonizar el talento de Streep con el de una modélica ama de casa frustrada, algo entrada en carnes y con un corazón que a pesar de dormido rezumaba calor (y color). Resultado: una película que le sobraba media hora, y una entregada, apasionada e impecable (otra vez) Meryl Streep
9. Emma Thompson en su dominioEl punto fuerte de Thompson (Paddington, Londres, Inglaterra, 15 de abril de 1959) es el de las agendas de las revistas femeninas: alzarse de la fealdad. Al principio de Howard's End (1992, dirigida por James Ivory) uno se distrae en otras cosas y no en su cuello de jirafa y sus retóricas de dulce solterona. Poco después se percata de súbito que esta mujer tiene contra la pared al hombre fuerte de la película (¡y eso hace en casi todos sus filmes!). Es lo que se llama un dulce dominio, que lo puede conducir a uno incluso al matrimonio (como en efecto sucede con Anthony Hopkins en esta película). Pero Thompson representa algo más que una samaritana doblegando durezas masculinas. Es el ingreso de la mujer clase media en órdenes menos samaritanos y más aristocráticos. Una agenda que resumió ella misma en una película con guión propio: Sensatez y Sentimiento (1995) basado en la novela clásica de Jane Austen. Esa agenda que recomienda actuar con la tramoya tradicional, con la cabeza fría, y lista para advertir el momento de "empoderarse" (terrible anglicismo que han puesto de moda las feministas).
10. Uma Thurman y la belleza (¿o son lo mismo?)El cine los prefiere muertos, a veces. O medio muertos, como en Pulp fiction (1994, dirigida por Quentin Tarantino), donde el cuerpo de Uma Thurman (Boston, Massachusetts, Estados Unidos, 29 de abril de 1970) permanece dormido durante una larga secuencia, a causa de una sobredosis de heroína aspirada. Esta esbelta actriz, de apenas 24 años en el tiempo de Pulp fiction, representa una reconquista de la sensualidad, tal y como vino elaborándola ella misma desde finales de los ochenta (en películas como Las amistades peligrosas y Henry y June). Sin embargo, a mitad de los 90, la ironía y el vacío habían logrado triunfar, gracias al talento de Tarantino. Qué otra cosa son las acciones de John Travolta tratando de despertar el cuerpo dopado de Mia Wallace (Thurman), sino el análisis irónico del cuerpo bello pero vacío. Sin embargo, todo se vuelve benigno si uno piensa en la conmovedora elaboración actoral de Thurman sobre un personaje vencido, como el cartoné de que están hechas muchas otras estrellas, y no ella.
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