Crónica del 1 de mayo de 1958,
cuando asumió Castello y se inició el primer
gobierno constitucional de Río Negro
El 1 de mayo de 1958 el abogado viedmense
Edgardo Stéfano Nazario Castello asumió como
primer gobernador constitucional de Río Negro.
La conmemoración del cincuentenario de aquella
fecha justifica una crónica, que intenta la
reconstrucción de los hechos de esa jornada. Un
día histórico que no debe ser olvidado.
Se respiraba un natural clima de nerviosismo y
ansiedad en la sala del teatro Argentino de
Viedma en las primeras horas de la mañana del 1
de mayo de 1958. Por el mes de octubre de 1957
se habían producido algunas modificaciones en el
salón de la calle San Martín, que durante cinco
décadas había cobijado tantas pasiones de
celuloide, veladas teatrales y de canto lírico.
Se conservaban el escenario y los palcos
laterales, pero ya no estaban las butacas.
Eran las 9,50 cuando el presidente de la
Legislatura, el diputado Juan Stábile, abrió las
deliberaciones, estaban presentes los
legisladores Ricardo N. Aguirre, Agustín
Beveraggi, Norman P. Campbell, Héctor A.
Casamiquela, Herberto S. Castello, José Concetti,
Nicolás Costanzo, Elías Chucair, Agustín
Esteban, Jorge R. Frum, Andrés García Crespo,
Farid Marón, Héctor J. Mehdi, Rodolfo Oroza,
Ignacio Piñero, Julio R. Rajneri, Carlos Ruiz,
Manuel R. Salgado, Juan Carlos Tassara y Egberto
Vichich. Ausentes, con el correspondiente aviso,
los diputados Alberto Rionegro y Mario R.
Viecens.
El primer punto del orden del día fue la
aprobación de la convocatoria a la sesión
especial de juramento del Gobernador, prevista
para las 13,30 de ese mismo día.
También se aprobó el reglamento interno
provisorio y se tomó juramento a los dos
secretarios de la Legislatura: Armando Pedro
Ramón del Rosario García y Oscar Aldo Liccardi.
Se levantó la sesión a las 10, 50.
Casi todos los presentes se dirigieron a sus
hogares, muchos querían escuchar por radio -a
través de la cadena nacional y por la sintonía
de las poderosas El Mundo, Belgrano y Splendid-
la transmisión de la asunción del presidente de
la Nación, Arturo Frondizi, allá en Buenos
Aires. Las calles de la flamante capital
provisoria de la provincia quedaron desiertas en
el mediodía de sol, pero los viedmenses se
preparaban para los actos de la tarde, ansiosos
de un protagonismo que se merecían, porque lo
anhelaban desde muchos años antes.
La sesión especial: Ese 1 de mayo, como ocurre
siempre en esa fecha, era un día feriado en todo
el país por la celebración del Día del Trabajo.
El almuerzo fue breve en muchas mesas
familiares. A las 13,30 comenzaron a llenarse
los palcos para el público e invitados
especiales en el teatro Argentino (la gente lo
llamaba así, recién tiempo después se
incorporaría popularmente el nombre de
Legislatura) y quienes no conseguían ubicación
se situaban sobre la vereda de la calle San
Martín.
A las 14 el presidente del cuerpo, diputado
Stábile, abrió la sesión especial, y de
inmediato se designaron las comisiones de
legisladores que acompañarían al gobernador
electo en su recorrido desde la Casa de Gobierno
hasta el estrado del recinto. La comisión de
exterior (para la calle) la formaron Campbell,
Chucair y Oroza; la de interior (en el mismo
edificio) Marón, Tassara y García Crespo.
Sobre la calle San Martín, entre la esquina con
Belgrano y la puerta misma del teatro, estaban
formados efectivos del Ejército Argentino
(Distrito Militar Río Negro, con asiento en
Viedma) y de la Policía de la provincia de Río
Negro.
Eran casi las 14,15 cuando Castello, acompañado
por los legisladores de la comisión de exterior
y varios de sus colaboradores, aún sin designar
en los cargos que les corresponderían, pasaron
revista a esa formación. Serio y formal lucía
Castello, con un impecable terno oscuro, camisa
blanca y corbata azul con pintas. Una profunda
emoción lo dominaba en aquel instante en que
marchaba hacia la historia, pero apenas la
dejaba traslucir en un ligero movimiento
nervioso de sus manos.
Juramento y discurso :Un cerrado aplauso y
algunos vítores acompañaron el ingreso de
Edgardo Castello al recinto parlamentario. Su
mirada vivaz se dirigió un instante hacia el
palco en donde estaban ubicados su esposa Amelia
Entraigas y sus hijos Edgardo, Susana y Arturo,
saludó con una ligera sonrisa a varios de sus
amigos más íntimos (compañeros de largas charlas
en el café Costa Rica y de trasnoches en el club
Social de Patagones) y se dirigió con paso
seguro hacia el sitio de honor que, por voluntad
del pueblo de su provincia, le correspondía
asumir en aquel momento trascendente.
"Juro por Dios y por la Patria desempeñar leal y
patrióticamente el cargo de gobernador de la
provincia de Río Negro, cumplir y hacer cumplir
la Constitución y las leyes que en su
consecuencia se dicten. Si así no lo hiciere
Dios y la Patria me lo demanden" dijo Castello,
con voz clara y firme, de pie, ante el
presidente Stábile, con su mano derecha apenas
apoyada sobre la mesa principal. Los aplausos
recorrieron el salón y continuaron hasta el
exterior, en donde el público escuchaba el acto
por los altavoces especialmente colocados.
El gobernador, ya investido del cargo, fue
invitado a leer su discurso inaugural y así, de
pie ante todos los presentes, comenzó diciendo:
"He querido que el primer acto que realizo como
gobernador de Río Negro lo constituya mi
homenaje a la Legislatura de la provincia, que
simboliza la soberanía del pueblo. Lo hago con
unción de ciudadano, con el respeto que merece
al gobernante y con entera fe en su trayectoria
al servicio de las grandes esperanzas
populares".
Siguió diciendo: "Gravita en mi espíritu el
concepto severo del insigne honor que me ha
discernido el pueblo al llevarme al sitial aún
intocado del Gobierno constitucional de Río
Negro, pero más todavía actúa sobre mi ánimo la
conciencia de las grandes y graves
responsabilidades que ello comporta".
Agregó Castello: "Afirmo que pondré todo mi
empeño en el cumplimiento de mi trascendente
cometido. No habrá de faltarme fervor y quisiera
que siempre me acompañaren fuerzas y luces
suficientes para conseguirlo. Anhelo, como
suprema compensación moral, que al término de mi
mandato pueda decirse que fui digno del
compromiso que, libre y categóricamente, he
contraído con el pueblo de mi provincia". En ese
punto todos los asistentes estallaron en un
aplauso, como rúbrica a la aspiración moral de
ese hombre que estaba allí, de pie, jugando su
honor personal por el bienestar de todos sus
comprovincianos.
Avanzó en su lectura el primer gobernador
constitucional: "Advierto que es ésta una hora
histórica. Histórica para Río Negro que al fin
se incorpora con sus instituciones republicanas
a la vida política del país, e histórica para la
Nación, porque hoy, restablecido el estado de
derecho mediante el ejercicio integral de la
soberanía popular, retoma el camino de sus
tradiciones democráticas, con la inalterable
voluntad de que ningún evento haya de apartarla
del mismo, para realizar, en armonía fecunda,
los superiores destinos de la argentinidad".
Hubo una nueva interrupción por aplausos de la
concurrencia y el presidente de la Legislatura,
Stábile, invitó a Castello para que siguiera su
discurso sentado. Aquella pieza oratoria
contenía una serie de precisas definiciones
sobre los objetivos que se proponía el flamante
gobernador. Debe comprenderse que en esa hora
liminar todo estaba por hacerse y cada una de
las aseveraciones de Castello implicaba un
desafío de realización.
Habían transcurrido pocos meses del acalorado
debate en torno a la capital, en el marco de la
Convención Constituyente que sesionó en ese
mismo ámbito entre noviembre y diciembre de
1957. No ignoraba el gobernador que había
heridas abiertas y recelos acerca de la actitud
que pudiera asumir, por su doble condición de
jefe del Ejecutivo y nativo de la ciudad elegida
como capital provisoria.
Para quien quisiera escuchar dijo entonces
Castello: "El centro político de la provincia es
su capital, pero no para que alrededor de ésta
gire toda aquella, sino para que el Gobierno se
sienta igualmente próximo a cualquier punto de
la misma".
Hacia la Casa de Gobierno: Eran las 15 cuando
Edgardo Castello concluyó la lectura de su
mensaje. Le llevó casi media hora avanzar hasta
la puerta, entre el efusivo abrazo de amigos y
vecinos. Después, acompañado por el obispo José
Borgatti y otras autoridades, caminó hacia la
Casa de Gobierno. Allí lo esperaba otra multitud
y una vez en el interior tomó juramento y puso
en funciones a los miembros de su gabinete.
En esta cuestión Castello puso en práctica su
claro pensamiento integrador y distribuyó los
principales cargos entre hombres con
antecedentes y orígenes en las distintas
regiones de la amplia geografía rionegrina.
De esta manera, José Basail, de General Roca,
asumió el Ministerio de Gobierno; René
Casamiquela, de Ingeniero Jacobacci, ocupó la
cartera de Asuntos Sociales; César Argentino
Obregón, de Cinco Saltos, el ministerio de
Economía y Francisco Muñoz, de San Antonio
Oeste, fue designado en la Secretaría General.
Al terminar esta ceremonia, como la gente
requería su presencia y su palabra, salió al
balcón del primer piso de la sede del Ejecutivo
y desde allí improvisó un discurso, en el que
reiteró su compromiso moral. El pueblo de Viedma
festejó hasta la noche, con corrillos en las
calles y animadas reuniones en casas de las
familias más tradicionales. Un nuevo tiempo
estaba empezando aquel 1 de mayo de 1958.
Fuente:
Diario Noticias de la Costa
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