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De Interés

La Burocracia Cultural
Autor: Felipe Ponce y Camilo López

 

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o hace mucho, el diario El Mundo anunciaba con bombos y platillos que el próximo Ministro de Estado para la Cultura sería nada menos que José Antonio Abreu, ex ministro de Cultura de Carlos Andrés Pérez. Para el sector cultura que ya conoce su tipo de gestión, estas son noticias desalentadoras, por no decir aterradoras. Preparando el terreno, la burocracia de la cultura, liderada por elementos dentro del CONAC que son fieles a este personaje, está colocando piezas claves de este acaudalado gerente de la cultura venezolana.

Antecedentes culturales

Pocas personas en el ambiente cultural venezolano, o incluso en el político, han tenido tanto instinto de supervivencia como “el maestro Abreu”. Durante 30 años ha venido consolidando su red de influencias, el Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles. Esto le ha valido que a lo largo de toda su existencia, no haya habido un solo gobierno, tanto de la IV República como el actual, o ente privado alguno, nacional o internacional, que no haya dado gigantescas sumas de dinero para este proyecto. Actualmente, este sistema de orquestas cuenta con más recursos que muchos ministerios de la república.

José Antonio Abreu es conocido por sus nexos con la ultra reaccionaria secta católica Opus Dei y es, por lo tanto, un aliado más de la oligarquía venezolana. Fue Ministro de Cultura del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez y el 12 de Abril de 2002 estaba en la “toma de posesión” del efímero dictador (y también miembro del Opus Dei) Pedro Carmona Estanga, gobierno en el cuál tenía ofrecido el Ministerio de Cultura, como consta en videos. Esto, por supuesto, no le impidió que el 14 de Abril de ese mismo año hiciera cola frente al Palacio de Miraflores para saludar al Presidente Chávez y felicitarlo por su regreso. Igualmente, a la par que enviaba músicos de sus orquestas a tocar en los actos de la oposición ahora envía una de sus orquestas a Cuba, para brindarle un concierto al comandante Fidel Castro.

Una política anti-obrera férrea ha caracterizado su sistema de orquestas, cuyos trabajadores no cuentan con muchos de los beneficios otorgados por la Ley Orgánica del Trabajo. Cualquier intento de reivindicación, desde el justo reclamo por las meras prestaciones sociales hasta iniciativas de organización sindical, ha sido perseguido y aplastado sin misericordia.

La burocracia prepara el camino para un golpe mortal

Durante las últimas semanas la burocracia, y en particular la asociada al sector cultura, ha estado llevando adelante una supuesta limpieza de los entes gubernamentales. En la mayoría de los casos, se trata de simples pugnas entre los cogollos de los partidos (incluidos los que se reclaman bolivarianos) y que sólo afectan a los trabajadores del sector público. En el caso particular del sector cultura, se ha tratado de una despiadada persecución de cualquiera que apoye y defienda el proceso bolivariano y adverse la candidatura de Abreu para el cargo de Ministro de Estado para la Cultura. En varias fundaciones culturales, como el Teatro Teresa Carreño, la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas (OSMC) y ahora la Orquesta Filarmónica Nacional (OFN), se trata de aplastar las iniciativas revolucionarias y desmoralizar a los compatriotas que se resisten a que el sector cultura pase completamente a manos de la reacción.

En el caso del Teatro Teresa Carreño, la mayoría de los trabajadores bolivarianos han sido echados o acosados a tal punto que se han visto obligados a renunciar. Entre la burocracia y los sectores reformistas que hacen vida dentro del movimiento bolivariano, están conjurándose para “recuperar” estos espacios para la contrarrevolución, pero especialmente para que no se investiguen las denuncias de irregularidades que se han venido haciendo, no en la prensa burguesa, sino de sectores que creen firmemente en el llamado que hizo el presidente Chávez a combatir la corrupción.

La OFN es ahora blanco de los ataques de la burocracia de la cultural debido a la revancha jurada por la minoría escuálida por el avance bolivariano que han tenido los trabajadores de esta fundación en el último período.

La Cultura es del pueblo; el presupuesto es de las orquestas
Autor: José Roberto Duque

 

Se supone que cuando un pueblo entra en Revolución todo comienza a ser cuestionado, reinterpretado, reinventado y, si se salva de la liquidación por sus méritos y valores genuinos, refundado. Todo lo que aspira a mantenerse en pie (instituciones, figuras públicas, dinámicas de trabajo y vida, etcétera) debe pasar por una especie de filtro social llamado relegitimación. Se supone también que, llegado el momento de relegitimarlo todo, o al menos de ponerlo todo bajo cuestionamiento, la primera entidad que debe someterse a ese análisis del ojo del pueblo es esa que llamamos cultura. Si lo cultural y lo económico permanecen inalterables ya va siendo hora de cuestionar también el nombre que se le ha dado al proceso: ¿es revolucionaria la indulgencia con que se ha tratado el tema Cultura en estos años?.

Sin necesidad de forzarse a responder en estos pocos párrafos a esa pregunta, resulta al menos sospechosa la forma en que se ha querido mantener un sistema de privilegios que se traduce en una afrenta inverosímil al pueblo hacedor de cultura. Sin ir más lejos en esta introducción, es preciso detenerse a pensar (por ahora sólo a pensarlo) por qué el Estado invierte tantos millardos de bolívares en el mantenimiento de un sistema denominado orquestas sinfónicas y organizaciones afines, difusoras de la música académica, aporte de la cultura europea. Nuestros respetos y admiración a Brahms, Mozart, Beethoven y al espíritu universal que engendró la música de estos genios, pero si quedamos en que estamos en una revolución que ha de darle su justo valor a la creación del pueblo, a la herencia social de nuestros creadores de la tierra profunda, ¿por qué los cultores de los tambores de Curiepe tienen que desayunarse un tornillo, mientras las orquestas reproductoras de una música que no es nuestra ni de esta época (es decir, absolutamente extraña a nosotros como pueblo) reciben una cantidad de dinero que ya quisieran para sí el sistema de salud, el sector vivienda o los niños de la calle?.

No hemos traído por los pelos la reflexión ni está suspendida en el aire. Hay cifras concretas que desenmascaran esta verdad insólita. Aquí van varias, junto con otros datos de interés.
“El Maestro Abreu” sigue siendo llamado El Maestro Abreu, y lo que molesta no es el título sino que el tipo lo ejerce en forma de poder absoluto: “sus” orquestas sinfónicas (regalo de las administraciones Caldera y CAP en las que fue ministro y presidente del CONAC) son intocables.
El año pasado, “sus” orquestas (FESNOJIV) recibieron del Estado 48 millardos de bolívares. Poca cosa para orquestas tan prestigiosas, diría cualquiera. El problema es que el CONAC le otorgó ese mismo año, a más de dos mil quinientas agrupaciones artísticas y culturales (teatro, danza, música popular, etc.), la suma de 47 millardos.

No es el Estado la única fuente de ingresos del andamiaje orquestal del "Maestro". FESNOJIV es un proyecto financiado por… Hay que decirlo: por el Ministerio de Salud y Desarrollo Social. Ustedes saben: la música, el desarrollo, la salud. Elementos afines entre sí.
Preciso es dejar de lado por un momento a las orquestas de “El Maestro”, no vaya a ser que se piense que es algo personal contra él. También sucede que el Estado, a través de otras vías, les asigna recursos a otras orquestas y agrupaciones de ese género, y la sumatoria, según ciertos documentos públicos que ya son objeto de la curiosidad de unos cuantos, anda muy por encima de los 100 millardos. Sólo la Filarmónica Nacional, la Sinfónica Venezuela y la Sinfónica Municipal, por mencionar tres de las cinco fundaciones orquestales que funcionan en Caracas (y del montón que hay en el país) sumán 20 millardos de presupuesto otorgado por diversas entidades estatales.
En 1997, el BID aprobó 8 millones de dólares para las orquestas juveniles en Venezuela. El año pasado BANESCO decidió otorgar 3 millardos para la dotación del sistema de "El Maestro". Los ejemplos podrían seguir.

A todas estas, para cumplir con el requisito de que la cultura debe ser “para el pueblo”, las orquestas del “Maestro” dan conciertos gratis.
Y ¿será que el pueblo necesita que le muestren “gratismente” una forma de cultura casi vacía de contenido para nosotros, gracias a las inversiones multimillonarias a favor de un “Maestro” y un “Sistema” que se llevan en los cachos más de la mitad del presupuesto para la Cultura de este país?.

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