Operas "El Barbero" y "La Calisto" conquistan Londres
03:35 PM Londres.-Dos óperas muy
distintas, la siempre popular "El Barbero de Sevilla" y la mucho
más desconocida "La Calisto", hacen estos días las delicias del
público aficionado en Londres.
"La Calisto" es un "dramma per musica" del compositor italiano
Francesco Cavalli (1602-1676), estrenado en 1651 y rescatado ahora
para un público moderno.
La puesta en escena, del británico David Alden, que ha montado ya
otras óperas del barroco como "Ariodante", "L'Incoronazione di
Poppea" o "Il ritorno d' Ulisse in Patria", es una extravagancia
posmodernista.
La historia que cuenta está inspirada muy libremente en las
Metamorfosis de Ovidio y cuenta la disparatada historia de la
seducción de la ninfa Calisto por Júpiter, adúltero impenitente
que ha de disfrazarse de Diana para conquistarla.
Cuando Calisto finalmente sucumbe al padre de los dioses del
olimpo, se descubre el engaño de que ha sido objeto, y Juno, la
celosa esposa que sospechó desde el primer momento de Júpiter,
transforma a la ninfa en una osa.
El prólogo de la ópera es ya como un aperitivo de lo que vendrá
después: la Eternidad aparece como un personaje de cómic gigantón
con un reloj en la tripa junto a un proyector de cine, a lo que
seguirán luego un camaleón gigante que repta por el escenario con
un vaso de champán sobre el dorso como en una imagen del peor
Dalí.
Hay otros elementos surrealistas, combinados con una estética muy
de los años sesenta con elementos del pop y del Op Art o arte
óptico, palmeras artificiales, ninfas vestidas con ajustados
trajes de piel de leopardo y todos los colores chillones que uno
quiera.
¿Quién iba a tomarse en serio a estas alturas el mundo de los
dioses del olimpo, una pandilla entregada a la lascivia y otras
pasiones de los humanos? Así que no es sorprendente que la primera
aparición de Júpiter sea como ángel vengador, con un par de alas
negras pegadas al abrigo y portando una ametralladora.
Acompañado siempre por un Mercurio todo él dorado y con las
pequeñas alas en la cabeza en lugar de en los tobillos, el padre
de los dioses se despojará poco después del abrigo para iniciar su
conquista amorosa y se quedará en esmoquin mientras la ninfa le
dispara una flecha de Cupido directamente al corazón.
Diana es representada con un traje negro y una media luna de luces
encendidas sobre la cabeza, un fauno lleva su miembro viril bien
visible sobre un manto de piel de oveja y el dios Pan aparece con
sus patas de cabrito mientras que Silvano es un Pegaso que no deja
de agitar sus alas.
Si los decorados de Paul Steinberg pueden parecer excesivos a los
puristas, musicalmente, esta producción, dirigida por Ivor Bolton
al frente del Monteverde Continuo Ensemble e integrantes de la
Orchestra of the Age of Enlightenment es una auténtica maravilla.
La soprano británica Sally Matthews, que en el papel de Calisto no
sólo canta sino que debe además bailar, tiene una voz bellísima, y
lo mismo cabe decir del contratenor norteamericano Lawrence Zazzo
(Endimión), mientras que el resto del reparto - Umberto Chiummo
(Júpiter), Véronique Gens (Eternidad y Juno) o Markus Werba
(Mercurio)- es todo él de alto nivel.
Pera quien no se atreva con el barroco, pese a las innegables
bellezas de la música de Cavalli, puede acercarse a la English
National Opera para ver un delicioso "Barbero", que ofrece la
particularidad de que el "Figaro qua, Figaro la" está traducido, y
además con gran ingenio, al inglés.
La puesta en escena del veterano Jonathan Miller, que confiere una
atmósfera de commedia dell'arte veneciana a esa ópera ambientada
originalmente en Sevilla, resulta tan fresca ahora como en su
estreno en ese mismo coliseo 1986, reseñó Efe.
Las voces, empezando por la jovencísima mezzosoprano Anna
Grevelius (Rosina) y siguiendo por Garry Magee (Figaro), John
Tessier (Almaviva) o Andrew Shore (Bartolo), y la dirección de
Rory Macdonald, sólo pueden calificarse de excelentes.
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