MICRO ECONOMÍA
INTRODUCCIÓN
Microeconomía, disciplina de la economía
cuyo objetivo es el estudio del
comportamiento individual de los agentes
económicos, principalmente las empresas
y los consumidores. La economía se
define como la ciencia que estudia la
asignación de recursos escasos entre
distintas actividades. En otras
palabras, las personas tienen diversos
objetivos, desde la satisfacción de
necesidades primarias como alimentarse,
vestirse y protegerse de la intemperie,
hasta necesidades más sofisticadas de
tipo material, estético y espiritual.
Sin embargo, los recursos disponibles
para lograr estos objetivos están
limitados por la disponibilidad de
factores de producción (trabajo, capital
y materias primas). La microeconomía
estudia cómo se asignan estos recursos
para satisfacer objetivos diferentes. Se
diferencia de la macroeconomía en que
ésta se ocupa de estudiar hasta qué
punto los recursos disponibles están
plenamente utilizados, cómo crecen con
el tiempo y otros temas relacionados con
éstos. Pero no siempre es posible trazar
una clara línea distintiva entre micro y
macroeconomía. Por ejemplo, es frecuente
que los diferentes puntos de vista
macroeconómicos de distintas escuelas de
pensamiento económico se deban a los
diferentes supuestos que hacen en el
contexto microeconómico. Éste sería el
caso de las distintas perspectivas que
se tienen sobre el papel que desempeñan
los tipos de interés a la hora de
regular el nivel de actividad económica
—tema macroeconómico en su fundamento y
esencia— que reflejan las diferentes
opiniones sobre los motivos para
demandar dinero, cuyo estudio es parte
de la microeconomía.
COMPONENTES DE LA MICROECONOMÍA
Los
componentes clave de la microeconomía
son aquellos que se utilizan para
describir: 1) la forma en que los
individuos o las familias (economías
domésticas) determinan su demanda de
bienes y servicios; 2) la forma en que
las empresas deciden qué y cuántos
bienes y servicios producirán, y con qué
combinación de factores productivos; y
3) la forma en que los mercados
relacionan la oferta y la demanda. Estos
tres componentes de la microeconomía
pueden sintetizarse de esta manera en
demanda, oferta y equilibrio del
mercado. Otras subáreas importantes de
la microeconomía son la economía del
bienestar y las finanzas públicas.
Los
conceptos fundamentales para analizar la
demanda, la oferta y el equilibrio del
mercado son la elección racional y la
optimización. La microeconomía parte de
una serie de supuestos simplificadores
relativos al comportamiento de los
agentes económicos; se sabe que estos
supuestos son restrictivos y, por lo
tanto, sólo válidos de modo parcial,
pero se piensa que son suficientemente
precisos para poder realizar
predicciones exactas sobre el
comportamiento de productores y
consumidores. Por ejemplo, la teoría de
la demanda del consumidor parte del
supuesto de que los usuarios son
racionales en tanto en cuanto pretenden
maximizar su utilidad. La elección
óptima del consumidor será entonces
aquella que, entre las distintas
opciones posibles, le permita obtener la
mayor utilidad. Éstas dependen de su
poder adquisitivo (que viene dado por
sus ingresos y sus posibilidades de
endeudamiento) y de los precios de los
bienes y servicios disponibles. Dada la
información sobre estos elementos, la
elección que maximiza la utilidad del
consumidor depende de sus preferencias,
es decir, de la valoración subjetiva que
el consumidor realiza sobre la utilidad
total que le reportarán distintas
combinaciones de bienes y servicios.
DEMANDA
La
teoría microeconómica de la demanda del
consumidor intenta mostrar, partiendo de
una serie de supuestos psicológicos,
cómo varía la decisión maximizadora de
la utilidad por parte del consumidor al
modificar algunos de los factores
determinantes de esta elección, es
decir, al cambiar su poder adquisitivo,
el precio de los bienes y servicios
disponibles y sus gustos o preferencias.
Por ejemplo, la teoría permite realizar
predicciones sobre la sensibilidad de la
demanda ante variaciones de los precios
de un producto o de otros sustitutivos
en función de las distintas
características de los diferentes bienes
o de la situación del consumidor. La
explicación de los determinantes y
propiedades de las distintas demandas es
una de las deducciones teóricas que
pueden hacerse a partir de supuestos
sencillos sobre el comportamiento del
consumidor. La teoría básica también
explica algunos fenómenos paradójicos
como por qué, en algunos casos, la
demanda no es inversamente proporcional
a los precios relativos o por qué los
diamantes, que tienen menor importancia
vital que el agua, son mucho más caros.
El
individuo no es, por supuesto, un mero
consumidor. Para poder tener poder
adquisitivo con la obtención de ingresos
tiene que vender su capacidad de
trabajo. Por lo tanto, una de las
primeras elecciones que tiene que
realizar es entre los ingresos que
quiere obtener y la cantidad de tiempo
de ocio o descanso que quiere disfrutar.
Estará realizando una elección óptima
cuando el promedio de la utilidad
marginal entre ingresos y ocio sea igual
al precio relativo, es decir, al
salario. La teoría permite explicar por
qué, cuando aumentan los salarios, unas
veces aumenta la oferta de trabajo y
otras disminuye. De igual forma, el
consumidor tiene que escoger entre
consumir ahora o hacerlo en el futuro,
ya que si se abstiene de consumir en el
presente para poder invertir tendrá más
posibilidades de consumo en el futuro.
Este tema es analizado por la teoría
microeconómica de la elección
intertemporal, que está relacionada con
los problemas relativos al riesgo,
elemento que deberá tener en cuenta el
consumidor a la hora de tomar sus
decisiones sobre consumo y ahorro, así
como en todas en las que intervenga este
factor. Por lo tanto, parte de la teoría
microeconómica se ocupa de analizar la
elección óptima en condiciones de
incertidumbre, que está relacionada con
la teoría de juegos y tiene múltiples
aplicaciones prácticas, por ejemplo, en
el caso de las primas de seguros.
OFERTA
La
teoría de la demanda, que alcanza un
elevado grado de sofisticación, es mucho
más satisfactoria y práctica que la
teoría de la oferta. Esta última
pretende explicar el comportamiento de
los agentes económicos que actúan como
productores, especialmente las empresas,
análisis que requiere la aplicación de
la teoría de la empresa. En ésta, el
supuesto fundamental —que corresponde a
la hipótesis de la teoría de la demanda
en cuanto a que el consumidor pretende
maximizar su utilidad— consiste en que
las empresas desean rentabilizar lo más
posible sus beneficios o ganancias. Pero
este supuesto simplificador tiene una
aplicación menos práctica que en el caso
de la demanda. Ello se debe en parte a
que las empresas están controladas por
gestores cuyos objetivos pueden no
limitarse a querer maximizar los
beneficios de la empresa. Los gestores o
directivos pueden tener otro tipo de
objetivos, como maximizar sus primas y
salarios, o aumentar su poder y su
prestigio. Estos objetivos pueden
depender del tamaño de la empresa, de
sus propiedades y de la rentabilidad de
sus actividades aunque, a largo plazo,
el poder potencial de los accionistas
pueda implicar que la empresa sí se
comporta como predice el modelo de la
maximización de beneficios. Sin embargo,
incluso si se acepta este modelo, siguen
existiendo múltiples obstáculos para
utilizar algún otro que explique cómo se
determina la oferta de un determinado
producto. A corto plazo, dada la
capacidad de producción, el supuesto de
maximización de beneficios permite
formular una serie de previsiones sobre
la cantidad producida por la empresa y
su demanda de factores productivos, al
menos en condiciones de competencia
perfecta. Se puede hacer una serie de
consideraciones razonables sobre la
relación general entre las variaciones
de los factores de producción y la
alteración resultante de la cantidad
producida. Estos supuestos tecnológicos,
representados mediante “funciones de
producción”, corresponden a los
realizados en la teoría de la demanda
relativos a la relación entre consumo y
utilidad marginal del consumidor.
Partiendo de unos supuestos genéricos
concernientes a las funciones de
producción, se puede deducir cómo
variarán los costes medios y marginales
cuando se modifique la producción, y por
tanto se puede establecer cuál es la
cantidad que hay que producir para
obtener los mayores beneficios y cuál es
la combinación óptima de factores de
producción.
Por lo tanto, los modelos de oferta a
corto plazo, que suponen la
contrapartida de los modelos de demanda
antes descritos, no debieran presentar
demasiados problemas. La teoría de la
oferta también proporciona una base
sólida para realizar predicciones a
corto plazo sobre la variación de la
demanda de factores de producción en
función de los cambios en los precios
relativos de éstos. Al mismo tiempo,
buena parte de la teoría se encarga de
analizar cómo negocian las empresas con
sus empleados y cómo las prácticas
laborales dependen de los salarios
relativos, sin tener que analizar
complejas hipótesis sobre la moral del
empresario o el mayor valor de la mano
de obra cuando se realizan programas de
formación profesional. Las teorías que
analizan estos dos últimos temas, como
la teoría del trabajador “interno y
externo”, permiten explicar por qué, por
ejemplo, la mano de obra desempleada no
logra —salvo en los trabajos menos
cualificados— convencer a los
empresarios para que les contraten por
un salario menor, ya que esto implicaría
despedir a los trabajadores actuales.
Éste es otro ejemplo de cómo la
microeconomía se fundamenta en algunos
temas macroeconómicos.
Aunque la base teórica de los modelos
explicativos de la oferta a corto plazo
es satisfactoria y permite explicar y
predecir con relativa fiabilidad el
comportamiento a corto plazo de las
empresas, las explicaciones de los
determinantes de la oferta a largo plazo
no tienen una base teórica tan válida.
Esto se debe a las posibilidades de
cambiar la capacidad productiva, la
dificultad para realizar supuestos
adecuados sobre las economías de escala
y los cambios tecnológicos y la
arbitrariedad del periodo elegido para
realizar el análisis, que debe ser
superior a la etapa en la que se pueda
considerar que la capacidad instalada es
más o menos fija (aunque este concepto
tampoco es tan evidente como pudiera
parecer a primera vista). Al unificar
los modelos de la teoría del consumidor
con los relativos a la compañía
derivados a su vez de la teoría de la
empresa se pueden construir tipos
ilustrativos del funcionamiento del
mercado. Éstos —a pesar de los supuestos
simplificadores en que se basan—
permiten realizar predicciones bastante
confiables sobre la reacción de la
oferta y demanda ante cambios en
cualquiera de los factores
determinantes. Esta rama de la
microeconomía se denomina “estática
comparativa”. Así, por ejemplo, se
pueden hacer predicciones con alto grado
de precisión sobre el efecto que tendrá
un cambio en las preferencias de los
consumidores o en la tecnología
disponible sobre la demanda, la oferta y
la producción de equilibrio, pero sólo
en un marco de competencia perfecta.
Aunque el modelo de la empresa en
condiciones de competencia perfecta es
el punto de partida de la teoría
microeconómica de la oferta, se suele
aceptar que los mercados no son
competitivos de forma perfecta, sino que
tienen unas características de
competencia imperfecta. Éstas pueden ser
condiciones de monopolio, en la que un
único productor domina todo el mercado.
En otros casos éste puede ser un
oligopolio, es decir, estar controlado
por un numero determinado de empresas. O
puede tener toda otra serie de
características que hacen que sea un
mercado de competencia imperfecta, como
por ejemplo cuando los consumidores no
tienen información sobre los precios y
calidades de los distintos productos, ya
que, en principio, la competencia
perfecta requiere que todos los
compradores tengan datos exactos sobre
los precios que marcan los distintos
fabricantes. Es evidente que nunca se
dispone de toda la información excepto
en pequeños mercados locales. Por otra
parte, los consumidores pueden ser
fieles a un producto concreto por
razones de proximidad, costumbre,
confianza o calidad, lo que genera
mercados imperfectos para el artículo en
cuestión.
EQUILIBRIO DEL MERCADO
El
tercer tema microeconómico por
excelencia es el del equilibrio del
mercado, o cómo actúa y se comporta éste
para lograr el equilibrio entre oferta y
demanda, en función del grado de
competencia existente. Este análisis es
sencillo en el caso del monopolio puro,
pero es poco común. Por ejemplo, la
oferta de electricidad en una región
suele estar monopolizada por una única
empresa. Pero siempre hay cierta
competencia debida a los productos
sustitutivos —gas o petróleo— que puede
limitar el comportamiento maximizador de
beneficios del monopolista, sobre todo a
largo plazo. Cuando existen muy pocos
productores dominando el mercado —el
caso del oligopolio— la teoría tiene que
apoyarse en la teoría de juegos.
No
hace falta decir que la microeconomía
constituye la base de cualquier rama de
la economía. Por ejemplo, cuando se
analiza el efecto que tiene un impuesto
en la teoría de las finanzas públicas
habrá que decidir qué modelo
microeconómico se utiliza para mostrar
cómo afecta este impuesto a la oferta, a
la demanda y a los precios, y por tanto
cuánto se podrá ingresar gracias a ese
impuesto o cómo afectará a la oferta de
factores de producción. Así, un impuesto
sobre la renta puede reducir la oferta
de trabajo y un impuesto sobre los
beneficios puede disminuir la demanda de
inversión. De igual forma, las
principales tesis de la economía del
bienestar se fundamentan en supuestos
relativos al funcionamiento de los
mercados.
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