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INSCÍBTE SEGUNDO CONGRESO INTERNO DE DERECHO
 

MACROECONOMÍA

  INTRODUCCIÓN

Macroeconomía, rama de la economía especializada en el análisis de variables agregadas, como la producción nacional total, la renta, el desempleo, la balanza de pagos y la tasa de inflación. La diferencia principal con la microeconomía es que ésta se encarga de estudiar la composición de la producción así como los determinantes de la oferta y demanda de bienes y servicios, cómo se intercambian en los mercados y cómo se determinan sus precios relativos.

En macroeconomía es crucial tener claro el concepto de producto nacional, o renta nacional, es decir, lo que se conoce como producto nacional bruto (PNB), que mide en términos monetarios lo que se produce en un país, es decir, la producción final, que se tiene que corresponder, por definición, con la demanda final. Es importante evitar la doble contabilidad de la producción, es decir, no se debe contabilizar la producción de bienes intermedios porque aparecerían dos veces: como bienes intermedios y como parte del valor de los bienes finales. Sin embargo, existen distintas interpretaciones de los acuerdos internacionales relativos a lo que se puede considerar como bien intermedio y sobre lo que se considera actividad productiva. Pero estas diferentes interpretaciones requieren un análisis muy específico que queda muy lejos de lo que supone adoptar resoluciones sobre política económica y el núcleo de la teoría macroeconómica. Ésta se centra en estudiar la composición del PNB, con independencia de los convenios internacionales y su interpretación, y del análisis de los determinantes de la estabilidad económica, así como de las relaciones entre variables agregadas.

El PNB “potencial” en determinado momento depende de la cantidad de factores de producción disponibles —trabajo y capital— y de la tecnología. Estos tres elementos cambian con el tiempo; el análisis de su modificación a largo plazo constituye el núcleo de una rama de la macroeconomía conocida como teoría del crecimiento. Pero, para un momento concreto, en un análisis estático en el que el capital, la formación profesional, la formación de la mano de obra y la tecnología están dados, la producción “corriente” dependerá de la utilización del capital y de la mano de obra disponibles. Así, esta producción podrá ser inferior a la potencial si existe desempleo o subutilización del capital disponible.

  TEORÍA KEYNESIANA Y DESEMPLEO

Desaprovechar o utilizar por debajo de sus posibilidades la mano de obra causa problemas sociales, por lo que la teoría macroeconómica se ha centrado en estudiar las causas y consecuencias del desempleo. Hasta la publicación en 1936 de La teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero, de John Maynard Keynes, la explicación clásica de las causas del paro o desempleo afirmaba que éste se debía a estructuras rígidas en el mercado de trabajo que impedían que los salarios bajaran hasta el nivel de “equilibrio”. La idea que subyace en este modelo afirma que cuando existe desempleo masivo en el mercado de trabajo, la disponibilidad de los trabajadores sin empleo debe reducir los salarios hasta el punto de que algunos no estarían dispuestos a trabajar (por lo que se reduciría la oferta de mano de obra) y que las empresas estarían dispuestas a aumentar su plantilla a medida que el menor coste a pagar (el salario) hiciera rentable la contratación. Sin embargo, si existe rigidez o inflexibilidad que impida que los salarios caigan hasta ese punto en el que la oferta y la demanda se igualen, el desempleo no se reducirá. Entre éstas se pueden citar, por ejemplo, la acción de un sindicato que obliga a imponer un salario mínimo, o la legislación que obliga a que exista dicha remuneración.

La principal innovación de Keynes consistió en afirmar que el desempleo puede deberse a una insuficiencia de la demanda y no a un desequilibrio en el mercado de trabajo. Esta insuficiencia se puede producir porque la inversión planeada (la inversión que quisieran realizar los empresarios) es menor que el ahorro disponible. Éste constituye una “salida” de dinero del flujo circular de la renta, creada mediante la producción de bienes y servicios y utilizada para comprar esos mismos bienes y servicios. Esta salida de ingresos reduce el nivel de demanda agregada. La inversión real (también llamada formación de capital), que es la que permite producir maquinaria, fábricas o viviendas, tiene el efecto contrario —supone una entrada de dinero en el flujo circular de la renta— por lo que tiende a incrementar la demanda total de bienes y servicios.

En los primeros modelos “clásicos” sobre desempleo, como el antes descrito, no se tenía en cuenta la posible insuficiencia de la demanda agregada en el mercado de bienes y servicios. Se pensaba que cualquier diferencia entre el ahorro planeado y la inversión planeada se eliminaría mediante un ajuste de los tipos de interés. Por ejemplo, si el ahorro planeado era superior a la inversión planeada los tipos de interés disminuirían. Además, esto reduciría la oferta de ahorro y al mismo tiempo aumentaría la demanda de inversión porque las empresas estarían dispuestas a endeudarse con menores costes para comprar maquinaria u oficinas. En otras palabras, las variaciones de los tipos de interés serían la fuerza que equilibraría el mercado de bienes, al igual que las variaciones de, por ejemplo, el precio de las manzanas serían la fuerza que equilibraría la oferta y demanda de este producto.

Por el contrario, el modelo keynesiano subraya la importancia de las variaciones en el nivel de producción y empleo como movimientos equilibradores que permitirían igualar la inversión y el ahorro, determinándose así el nivel de equilibrio de la renta nacional total y de la producción nacional. Pero éste no tiene por qué corresponderse con el punto en que la oferta de trabajo es igual a la demanda. Es más, según Keynes, una disminución de los salarios en esta situación no ayudaría a reducir el desempleo por toda una serie de razones que expuso, fundamentalmente, en el capítulo 19 de La teoría general. Por supuesto, Keynes no fue el primer economista que señaló como causa del desempleo la insuficiencia de la demanda agregada en el mercado de bienes. Como él mismo reconocía, Thomas Robert Malthus y otros economistas ya habían apuntado hacia este tipo de causas. Además, al mismo tiempo que Keynes publicaba su obra, y de manera independiente, el gran economista polaco, Michal Kalecki, divulgaba una teoría señalando las mismas razones.

La “revolución keynesiana” implica que, en la terminología macroeconómica, el “mercado de bienes” estaría en una situación de equilibrio de “subempleo” al no permitir el equilibrio del mercado de trabajo. Por lo tanto, en este último, los empresarios no contratan a los trabajadores que necesitarían para maximizar beneficios si hubiera suficiente demanda en el mercado de bienes. Durante los siguientes años los macroeconomistas analizaron conceptos como “equilibrio de subempleo”, o “demanda de trabajo limitada”.

Durante las últimas décadas la teoría de Keynes ha sido perfeccionada. Por ejemplo, aunque se sigue discrepando sobre la relevancia de la rigidez de los salarios, se han logrado importantes adelantos en cuanto a la explicación de las causas de esta rigidez sin tener que recurrir al argumento de los sindicatos o de la reglamentación gubernamental del salario mínimo. Al principio parecía difícil reconciliar la noción de rigidez de salarios con el supuesto económico clásico según el cual las personas intentan maximizar su utilidad, que implicaría, en teoría, que estarían dispuestas a aceptar un salario menor con tal de poder trabajar. Sin embargo, al ampliarse el número de variables analizadas y tener en cuenta otras como la maximización a largo plazo del bienestar, la lealtad, el orgullo y otro tipo de variables sociológicas y psicológicas, se ha podido reconciliar el desequilibrio en el mercado de trabajo con los supuestos clásicos del comportamiento maximizador.

Otro importante aspecto de la moderna teoría macroeconómica parte de la importancia que Keynes otorgaba al efecto de la incertidumbre sobre el comportamiento económico. Se trata de analizar la información asimétrica para explicar el desempleo agregado, utilizando también algunos de los elementos de la teoría de juegos. Por ejemplo, las empresas contratarían más mano de obra si supieran con seguridad que el resto de las empresas iba a hacer lo mismo, de forma que el consiguiente aumento de los salarios pagados permitiría aumentar la demanda agregada de la economía y, por tanto, la demanda de sus productos. Al no existir ningún mecanismo que permita tomar este tipo de decisiones colectivas favorables para todos, el resultado es un equilibrio de subempleo que comparte algunas características de la situación del “dilema del prisionero”, en la que cada empresa individual decide, de forma egoísta, asegurarse sus propios beneficios, a pesar de que si se pusiese en común la información y se tomaran en conjunto las decisiones se podrían asegurar mayores beneficios para todos. Otras teorías sobre el mercado de trabajo —como la teoría del trabajador “interior-exterior”, que subraya el conflicto de intereses entre los trabajadores en paro y los empleados con poder para negociar sus salarios— permiten mejorar la comprensión sobre su funcionamiento.

El énfasis del keynesianismo en la demanda como determinante clave del nivel de producción a corto plazo permitió avanzar en otras áreas de la macroeconomía. En parte se pudo iniciar el desarrollo de la contabilidad nacional y de conceptos tales como el gasto total en consumo, en formación de capital (producción de maquinaria, fábricas), en consumo público y en exportaciones e importaciones, que constituyen los elementos clave que componen la “demanda final” agregada (en contraposición con la demanda de bienes intermedios) de la economía. El planteamiento keynesiano también permitió realizar el análisis de los determinantes de estos elementos clave de la demanda final, al desarrollar, por ejemplo, la teoría de la demanda agregada de consumo y sus relaciones con los niveles de ingresos, así como su dependencia de los tipos de interés existentes.

  OFERTA MONETARIA

Esta dependencia del consumo de los tipos de interés es, en especial, relevante por el papel que desempeñan los tipos como determinantes del equilibrio del “mercado de bienes”. Por lo tanto, la teoría monetaria es una parte esencial de la teoría macroeconómica, pero también es origen de algunas de las discrepancias más importantes entre los economistas. Según la visión keynesiana, el tipo de interés es, en esencia, una variable monetaria cuya función principal en un mundo de incertidumbre se limita a equilibrar la oferta y demanda de dinero y no a equilibrar la inversión y el ahorro planeados. Esta interpretación de la función del dinero permite analizar las variaciones en los deseos de tener dinero líquido dependiendo del tipo de interés y, por lo tanto, determina la velocidad de circulación monetaria. Esto subraya la importancia de los determinantes a corto plazo de los tipos de interés que contrasta con la visión clásica según la cual, a largo plazo, los tipos de interés dependen de las fuerzas “reales” de la productividad y el ahorro. Este último planteamiento se ajustaba de modo perfecto al modelo clásico del mercado de trabajo, en el que el nivel de empleo dependía de las fuerzas reales: el deseo de los individuos de sacrificar su tiempo libre a cambio de obtener ingresos (determinante de la oferta de trabajo) y de la productividad del trabajo (determinante de la demanda de mano de obra). El planteamiento keynesiano que afirma que los tipos de interés son un fenómeno monetario reflejaba el interés de Keynes por el corto plazo; la mayoría de los economistas están de acuerdo en que, a largo plazo, el tipo de interés medio —descontada la inflación y los impuestos— tiende a aproximarse a la tasa de retorno real a largo plazo de los activos financieros.

Por el contrario, y partiendo del supuesto de que la demanda de dinero dependa de la riqueza —y el dinero es una forma más de obtenerla—, se ha defendido que un aumento de la oferta de dinero reducirá los tipos de interés, lo que, a su vez, estimulará la inversión y, por tanto, la demanda agregada. Por lo tanto, una forma alternativa para reducir el desempleo consiste en aumentar la oferta monetaria. Sin embargo, y aunque existen diferentes explicaciones —como suele suceder en economía— sobre los efectos del dinero, casi todos los defensores del monetarismo están de acuerdo en que los efectos de estos métodos para incrementar la producción sólo serían efectivos de modo transitorio, sobre todo porque un aumento de la oferta monetaria, sin otras variaciones, provocaría un incremento de la inflación. Algunas escuelas de pensamiento económico, en particular las que postulan las “expectativas racionales”, llegan incluso a afirmar que la población se daría cuenta de la interdependencia entre oferta monetaria y nivel general de precios, lo que provocaría que los intentos de reducir el desempleo mediante el aumento de la oferta de dinero no serían efectivos ni siquiera a corto plazo.

  INFLACIÓN

La teoría monetaria también está relacionada con otro elemento clave de la macroeconomía, la inflación. Durante varias décadas tras la II Guerra Mundial se aceptaban dos tipos de teorías de la inflación: de demanda y de costos. Esta última destaca como principal causa de la inflación el excesivo aumento de los salarios en relación con el incremento de la productividad, mientras que la primera teoría achaca la inflación al exceso de demanda en el mercado de bienes. Este exceso de demanda suele producirse por un crecimiento excesivo de la oferta monetaria. Un concepto esencial de la teoría de la inflación desde mediados de la década de 1950 es la denominada “curva de Phillips”, que relaciona el nivel de desempleo con la tasa de inflación. La curva sugiere que un menor desempleo presionará al alza los salarios, permaneciendo todo lo demás igual. Si se acepta que puede existir una relación estable entre empleo e inflación, la sociedad deberá elegir entre varias combinaciones de tasa de inflación y nivel de desempleo. Sin embargo, muchos economistas dudan de que exista esta posibilidad de intercambiar empleo por inflación y, afirman que, de ser posible, la curva de Phillips se desplazaría de tal forma que la mayor inflación no se vería acompañada por un menor desempleo y que, para poder disminuir la tasa de desempleo por debajo de la “tasa natural” habría que aceptar continuos aumentos de la inflación. Otros economistas dudan de que exista una relación estable entre nivel de desempleo y demandas de salarios reales y, por tanto, dudan que exista una “tasa natural de desempleo”. También hay muchos que defienden que esta tasa natural de paro existe, pero que varía con el tiempo.

  OTROS FACTORES

 Los macroeconomistas también se ocupan de analizar, como ya se ha señalado, los determinantes principales de la demanda final, como la inversión “real”, que se diferencia de la inversión en activos financieros, la cual sólo afecta de forma indirecta al nivel de demanda de la economía. Otro componente clave de la demanda final es el gasto público y el alcance de la política fiscal como instrumento estabilizador de la economía en un contexto de pleno empleo sin inflación, marco de análisis fundamental en macroeconomía. Para completar el estudio de los principales componentes de la demanda agregada la macroeconomía debe tener en cuenta los factores de equilibrio externo, es decir, el saldo entre exportaciones e importaciones y los determinantes de éstas, sobre todo los tipos de cambio. Las exportaciones estimulan la demanda de forma análoga a la que se produce en la formación de capital. Las importaciones constituyen una salida de rentas, porque satisfacen la demanda nacional sin generar renta que se pueda reciclar para crear más demanda.

 TEORÍAS MODERNAS

Las teorías que estudian cómo operan los determinantes de la demanda final total son la base de los modelos macroeconómicos de la economía que se utilizan para realizar previsiones económicas sobre la producción, el empleo y las demás variables macroeconómicas. Durante los últimos años estas previsiones no se han verificado, por lo que el estudio de las causas de los errores ha permitido redefinir y revisar los modelos y las teorías. Por ejemplo, ahora se presta mucha más atención al papel del crédito al consumo y de la riqueza acumulada para estudiar el comportamiento del gasto y ahorro de los consumidores, así como la importancia de las expectativas de futuro. Por supuesto, es posible que alguno de los cambios efectuados en los modelos conduzca a nuevos errores, pero sólo podrá determinarse a través del tiempo. Sin duda los modelos macroeconómicos seguirán siendo revisados, al igual que se continuarán analizando las causas de los errores en las predicciones. El hecho de que la teoría pueda evolucionar hasta un punto en que se logren hacer previsiones económicas más o menos fiables es algo que quizá no se podrá saber con absoluta certeza. Es posible que algunas de las preguntas que se planteen los economistas continúen sin respuesta.

 

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GUILLERMO SABBAGH

   

 

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