GEOGRAFÍA POLÍTICA
INTRODUCCIÓN
Geografía política, subdisciplina de la
geografía, en concreto de la geografía
humana, que estudia tanto las
consecuencias de los diferentes
acontecimientos políticos en el mundo,
como la influencia del medio físico en
la evolución política. Sus principales
objetivos se pueden resumir en las
relaciones entre población, Estado y
territorio. La geografía política se
estructura, convencionalmente, en tres
niveles de estudio, a fin de facilitar
el análisis. El Estado actúa como pivote
central de la investigación que se
centra en el modo en que se expresan y
se relacionan las fuerzas del conflicto,
del consenso, de la cohesión y de la
desintegración en un territorio. Por
encima del Estado se hallan las
relaciones internacionales o
geopolíticas, que supone el estudio
tanto de los procesos y relaciones
geoestratégicas y geoeconómicas como su
plasmación en el espacio. El tercer
nivel se halla por debajo del Estado y
es el de la geografía política de las
poblaciones, que hace referencia a los
procesos, conflictos y estrategias que
operan dentro y entre las comunidades
locales, así como a las relaciones de
poder entre las comunidades locales y el
Estado.
DESARROLLO HISTÓRICO
Los orígenes de la geografía política se
hallan en los de la propia geografía
humana, como instrumento del
colonialismo y de la expansión
económica. Así pues, los primeros
geógrafos políticos se centraron
principalmente en las consecuencias
políticas y militares de la relación
entre la geografía física, los
territorios y el poder del Estado. En
particular, tuvo una estrecha conexión
con la geografía regional —centrada en
las características físicas, económicas,
sociales y culturales propias de cada
región— y con el determinismo, que
enfatizaba la influencia del medio
ambiente sobre las actividades del ser
humano. Esta asociación encontró su
expresión en el trabajo del geógrafo
alemán Friedrich Ratzel, quien, en 1897,
desarrolló una teoría orgánica del
Estado, basada en el concepto de
Lebensraum (espacio vital), y la idea de
que el carácter y densidad de un volk
(pueblo) estaba unido, indisolublemente,
a una zona concreta, o raum. Ligó, de
forma explícita, la evolución cultural
de una nación, con su expansión
territorial, idea que más tarde se
emplearía para proporcionar una
legitimación académica al expansionismo
del Tercer Reich alemán, durante la
década de 1930.
El concepto de región y el de
determinismo geográfico influyeron
también, de forma notable, sobre el
geógrafo británico Halford John
Mackinder. Su teoría del poder político
mundial, expuesta por vez primera en
1904, se basaba en el concepto del
‘pivote geopolítico de la historia’.
Manifestó que la era del poder marítimo
estaba llegando a su fin y que las
potencias terrestres se hallaban en
ascenso. En concreto, pensaba que quien
controlase el corazón de Euroasia
dominaría el mundo. Esta perspectiva
ejerció gran influencia durante la
Guerra fría, apuntalando el pensamiento
militar sobre la creación en Europa
central de una zona colchón entre el
Este y el Oeste.
A fines de la década de 1930, no
obstante, el determinismo sufrió un gran
descrédito en el seno de los círculos
académicos de la geografía. Se debió, en
parte, a la ausencia de rigor
intelectual en las teorías de algunos de
sus defensores más destacados, como la
geógrafa estadounidense Ellen Semple,
así como por la naturaleza racista de
algunas de sus conclusiones. A finales
de la década de 1950, la geografía
regional también estaba sometida a
crítica. Una nueva generación de
geógrafos, deseosos de transformar la
disciplina en una auténtica ciencia
centrada en la formulación de teorías y
leyes universales y en el análisis
cuantitativo de los datos, fueron
particularmente críticos en el énfasis
dado a la unicidad de las regiones y a
la descripción, y no al análisis. La
estrecha relación de la geografía
política con el determinismo geográfico
y la geografía regional supuso su
entrada en declive durante el periodo
posterior a la II Guerra Mundial. La
Guerra fría reforzó esta tendencia.
En 1968, el influyente geógrafo
anglo-estadounidense Brian Berry
describió la geografía política como “un
moribundo brazo de un río estancado”.
Aunque en otras áreas de la geografía
humana existían una serie de nuevas
corrientes, como el análisis espacial
cuantitativo o los estudios de
comportamiento y el estructuralismo
marxista (opuesto a la geografía
política), que estimulaban la
investigación, éstas eran ignoradas por
la geografía política, cuyo principal
punto de referencia seguía siendo la
región. Así pues, gran parte de los
estudios de geografía política de este
periodo eran meramente descriptivos, sin
intentar apenas establecer
generalizaciones a partir de los datos
obtenidos. No fue hasta finales de la
década de 1970 cuando algunos geógrafos
comenzaron a manifestar que la geografía
política no estaba agonizando, sino que
de hecho tenía un prometedor futuro.
MÉTODOS DE INVESTIGACIÓN
En los primeros pasos de la geografía
política, las principales técnicas de
investigación eran la observación, la
clasificación y el trazado de una
detallada cartografía descriptiva. En la
actualidad, el uso de mapas todavía es
importante; de hecho están considerados
como los documentos básicos de la
geografía política, puesto que las
fronteras que muestran —por ejemplo, las
fronteras nacionales, las aguas
territoriales, la configuración de la
Unión Europea o las circunscripciones
electorales— son la expresión espacial
de procesos políticos en todos sus
niveles. No obstante, los geógrafos
políticos emplean una amplia gama de
medios, procedentes, en muchos casos, de
otras disciplinas, como la sociología o
psicología, en los que se incluyen el
análisis cuantitativo de datos
estadísticos o las encuestas y
entrevistas. Los temas objeto de estudio
son muy variados: cuestiones
electorales, fronteras marítimas y
control de los recursos oceánicos, la
territorialidad y el papel de los
procesos políticos en la estratificación
social. Los medios informáticos, como
los Sistemas de Información Geográfica
(SIG) son empleados, cada vez más, para
análisis detallados de datos. Los SIG
son bases de datos especializadas en las
que toda la información está unida a un
sistema de referencia espacial y que
integran diversos tipos de información,
como imágenes aéreas y de satélites, y
censos e información electoral
(circunscripciones electorales y
gráficos de votos). Los SIG se pueden
emplear para analizar, por ejemplo, los
cambios en la estructura espacial de la
tendencia del voto.
TENDENCIAS ACTUALES
Desde finales de la década de 1970, la
geografía política experimentó un
renacimiento y hoy día puede ser
definida, con justicia, como una de las
subdisciplinas más dinámicas de la
geografía. Este resurgimiento estuvo
sostenido por la aparición, en 1982, de
la revista Political Geography Quaterly
(desde 1992, Political Geography). Su
editor, el geógrafo británico Peter
Taylor, ha sido una destacada figura en
el reciente resurgimiento de la
geografía política. Este crecimiento ha
estado asociado, en gran medida, a la
adopción, por parte de geógrafos
políticos, de pautas asumidas con
anterioridad en otras áreas de la
geografía humana, como el análisis
espacial cuantitativo, los análisis de
comportamientos y de percepción y el
estructuralismo marxista. No obstante,
la vitalidad e importancia actual de
esta subdisciplina se halla, también, en
estrecha relación con los cambios
políticos acaecidos a todos los niveles
en las últimas décadas. Más obvio ha
sido el impacto del fin de la Guerra
fría, que ha supuesto el nacimiento de
unas nuevas relaciones geopolíticas y el
desarrollo de un nuevo orden mundial,
todavía mal definido.
La rama de la geografía política
especializada en el Estado también está
sufriendo cambios, todavía no plenamente
entendidos, consecuencia, en parte, de
la desaparición de las antiguas
relaciones internacionales. Por un lado,
existen fuerzas centrípetas que tienden
a la unión de estados en unidades
geopolíticas más amplias, como la Unión
Europea. Por otro, hay fuerzas
centrífugas, en especial el auge de los
nacionalismos, que amenazan la
integridad territorial de estados
existentes desde hace tiempo, o que los
han destrozado, como es el caso de la
Unión Soviética, la antigua Yugoslavia y
Checoslovaquia. Estos procesos políticos
en el nivel de la estructura estatal se
expresan de diferentes modos, según los
países. En el Reino Unido, por ejemplo,
se ha producido en los últimos 20 años
una polarización política territorial
que ha originado un profundo cambio en
las tendencias de voto. Esta
polarización alcanzó su punto más alto
el 1 de mayo de 1997 en las elecciones
generales: el Partido Conservador, el
gobernante antes de las elecciones,
quedó sin presencia parlamentaria en
Escocia, País de Gales y en la mayoría
de las ciudades más grandes de
Inglaterra.
En el nivel de las comunidades, el
desarrollo político se refleja en la
pautas cambiantes de los conflictos
intra e intercomunitarios y de su
coordinación, por un lado, y en las
relaciones fluctuantes entre las
comunidades locales y el Estado central,
especialmente en el auge de la política
de descentralización.
El desarrollo de nuevas corrientes de
investigación, como el muy reciente
interés por los movimientos sociales y
las luchas políticas que van más allá
del estudio del nacionalismo, con su
explícita base territorial, ha
contribuido de forma importante al
desarrollo del resurgimiento de la
geografía política.
En los últimos años, se ha producido un
creciente interés por la geografía del
medio ambiente, también denominada
política verde o política ecológica, que
incluye el análisis geopolítico de los
movimientos conservacionistas del medio
ambiente y la capacidad de las
instituciones políticas existentes,
tanto a nivel estatal como a niveles más
reducidos, para hacer frente, de forma
competente, a los problemas
medioambientales actuales y futuros.
La geografía política ha ampliado el
campo de acción de la tradicional
ciencia política, al reconocer que el
ejercicio del poder no es exclusivo del
Estado, sino que es una actividad de la
vida cotidiana. Esto ha originado que
los temas de la geografía política se
hayan superpuesto, de forma creciente, a
los de otras subdisciplinas de la
geografía humana, como la geografía
económica y la geografía urbana, y en
particular a los contenidos de la
geografía cultural y social. Aunque la
geografía política contemporánea
conserva muchos de sus campos
tradicionales, la expansión de la
disciplina sobre otras áreas próximas es
parte de un proceso general dentro de la
geografía humana, que implica, por un
lado, la pérdida de nitidez de las
fronteras entre las antiguas áreas de
estudio mucho más diferenciadas y, por
otro, un desarrollo de corrientes
multidisciplinares.
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