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de
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Ha logrado
huir de su cuarto con barrotes. Allí está la pared gris,
brumosa. La niebla la envuelve, es un fantasma de largos cabellos. Lo sabe,
deberá apagarse para no perderse. Manos frías nacen de su
cuerpo. Sigue con furor, con rabia. La pierna le duele, algo la sorprende;
del otro lado vienen voces, son niños en ronda. También ella
fue niña. Camina con dificultad, casi se arrastra.
-Debo llegar
al final, debo llegar...
La alondra
canta muy lejos. Tenía pájaros en su casa de Concordia, pero
una tarde abrió la jaula.
-¡A
volar!.
Llueve del
otro lado, arrecia el viento, alguien tortura los recuerdos. Su padre grita
desde la cárcel:
-Te traerán
aquí si te escapas, has ahogado a tu hijo.
Dos enfermeros
sorpresivamente lo toman por los brazos.
-Al cuarto
de los tigres no, por favor!.
-Irás
al cuarto de los ángeles, te agradará.
Y la pared
sigue allí, larga, muy larga. La veo a través de los barrotes.
-Algún
día saldré.
Todo blanco,
todo negro, sin cantos, sin pájaros, sin vida.