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LA NOTA
Colorado se
había empeñado en que el documento llegue al mismo tiempo
al correo electrónico del departamento central de policía,
de la municipalidad y de tres diarios capitalinos. Sabía que los
intentos de localizar el origen de este mensaje serían decepcionantes
ya que los había enviado desde una de esas direcciones de e-mail
gratuitas de un servidor búlgaro dado de baja inmediatamente. El,
que supo ser un hacker en su adolescencia, para su equipo de trabajo actual
sólo era el especialista en comunicaciones. "El secreto es"
decía Colorado "...usar trucos simples, para los asuntos complejos
y soluciones complejas para los problemas simples... ¡Nunca falla!".
La nota tenía
una cuidada composición, con una introducción acerca del
ordenamiento del tránsito en las grandes metrópolis, citando
una nutrida bibliografía. A continuación describía
las faltas cometidas más asiduamente, según las propias estadísticas
policiales y municipales, que evidenciaban un crecimiento alarmante. También
había sido misión del hacker el facilitar el acceso a las
fuentes gubernamentales de documentos y cifras oficiales y "extraoficiales
reales". El informe, puntillosamente redactado por Negro, comentaba las
soluciones utilizadas en otras capitales del mundo. Se había esmerado
en plantear algunas de notable color local, incluyendo las modificaciones
requeridas en la legislación y legisladores. Graficó cada
punto con ejemplos, evitando el dejar espacio para las malas interpretaciones.
Puso énfasis en reseñar las consecuencias de los desórdenes
del tránsito en la salud mental, las actividades sociales y laborales,
adjuntando un cálculo de sus costos económicos.
Antes de enviarlo,
el equipo había revisado el manuscrito y al llegar a este punto
se les ocurrió imaginarse qué pensarían del escrito
sus destinatarios. "Seguro que van a creer que se trata del trabajo monógráfico
de un obsesivo con los deberes cívicos exaltados" arriesgó
Celeste. "No, no... se parece más al prospecto de discurso de
un candidato de la oposición", aseguró Alba, y rió
porque siempre la tildaban de oficialista. Cobalto dijo en tono jocoso:
"Tiene toda la pinta de de un proyecto de ley de una comisión
de diputados".
Por eso Blanco,
jefe del equipo, quiso darle al mensaje un final filoso, con tono amenazante.
No escondía
cierta razón de alarma, ya que daba un plan de plazos para que se
comenzaran a vivenciar y se consolidaran defininitivamente las reformas
y medidas solicitadas. A manera de postdata, agregó "si no se evidenciara
intención de cumplimiento en los términos previstos, comenzará
el accionar de Fuerza Urbana".
LA ACTITUD
La seriedad
del ánalisis y las conclusiones a las que se llegaron fueron distintas
en cada uno de los destinos de la misiva. La preocupación de la
esfera gubernamental se centró en la inseguridad de las comunicaciones,
ya que no sólo les había sido imposible detectar su origen,
sino que reconocieron que ciertos datos manifestados, eran confidenciales
y parte de informes que sólo eran accesibles en un circuito de alta
protección informática.
En el ámbito
policial, el prurito lo ocasionaba el tono sedicioso con que finalizaba
la comunicación, por lo que dispusieron reforzar, inmediatamente
y por el plazo de diez días corridos, la vigilancia en las áreas
consideradas como críticas, sin tener en cuenta que la fecha prevista
para la supuesta reacción era recién en dos semanas.
Por su parte
los respectivos comités editoriales de los diarios decidieron la
no transcripción de la misiva, ante el riesgo de ser embanderados
en la causa de esta entidad desconocida, ya que los comentarios que se
originaron en la redacción estaban a favor de Fuerza Urbana y, ante
la eventual aparición de violencia, correrían el riesgo de
ser acusados luego de hacer apología del delito.
Sólo
una periodista en uno de los diarios quedó oficialmente encargado
de seguir las pistas de F.U. e investigar de qué, quién o
quiénes se trataba.
El ANALISIS
La extensa
nota firmada con el seudónimo de Fuerza Urbana, contenía
indicios para pensar que no se trataba del ideario de un individuo, sino
que impresionaba ser el accionar de una organización o un movimiento
de ideología militarista.
No parecía
una improvisación ni un desafío con la única intención
de amedrentar. En el texto subyacía vocación docente, con
una tendencia a incentivar la conciencia ciudadana.
Martina Ares
fue la encargada de la investigación, pero antes de comenzar las
averiguaciones prefirió analizar el petitorio, desmenuzando su contenido
en la búsqueda de datos que la guiaran hacia algún norte.
Prácticamente
era un tratado de seguridad vial, ¡aburrido...!, que promovía
una humanización de los conductores particulares y peatones, pero
que descargaba su fusta sobre el transporte urbano de pasajeros, las camionetas
y los camiones de reparto o flete.
La razón
de este ensañamiento se basaba en la idea de que, al tratarse de
profesionales en su actividad -manejar-, debían ser el ejemplo en
el tránsito. Variar la legislación, era un peldaño
esencial para que se pudieran cumplir algunas de estas ¨sugerencias¨.
Proponía
entre otros ejemplos, que el utilizar métodos manuales o luminosos
para la señalización de ciertas maniobras como doblar, estacionar
o detenerse, deberían considerarse obligatorias y punibles su incumplimiento.
La tan común
detención en doble fila, con el agravante del abandono transitorio
del vehículo, sería pasible de sanciones, tanto más
graves cuanto mayor la obstrucción al tránsito: camiones
en carga o descarga a deshora, que no sólo obstaculizan con su portentosa
silueta, sino con los cajones apilados; maniobras de entrar el acoplado
al galpón o volquetes a la vera de obras en construcción
.
La sucesión
de explicaciones, solicitudes y ejemplos, hablaban a las claras de un profundo
conocimiento de la problemática de la conducción vial, que
cualquiera con algunos días paseando por la ciudad podría
constatar.
La casi obsesiva
referencia de exigir controles vehiculares y de los conductores del transporte
público, con el requerimiento de exámenes psico-físicos
semestrales, en serio, fueron una de las razones que motivaron a la periodista
a iniciar su búsqueda de pistas en la Sociedad de Taxis y Remises
de la Gran Urbe, esperando que hubieran recibido mensajes amenazantes anónimos
o con seudónimo.
EL ENTE
La organización
de esta fuerza comunitaria, había comenzado más de un año
antes, después de una serie de accidentes sufridos por peatones,
que había movilizado a la prensa y a parte de la sociedad.
Se fueron
juntando algunos grupos de profesionales que tenían poco en común
salvo la preocupación por disminuir el caos urbano.
Habían
logrado, sin levantar mucha polvareda, llegar a colegios, universidades
y clubes, instruyendo acerca de seguridad vial y protección ciudadana,
haciendo crecer el círculo de interesados y dispuestos a colaborar
en un plan más contundente en pro de la salud del tránsito
metropolitano.
Se organizaron
en distintos agrupamientos tácticos: el primogénito era el
educacional, siendo también el más importante para seguir
creciendo en adeptos y colaboradores. El siguiente grupo en comenzar su
actividad fue el de investigaciones, volcado a adquirir la información
local y mundial acerca de las posibilidades de corregir errores, erradicar
algunos delitos y promover la seguridad; contaban con apoyo informático
y personal capaz de conseguir datos e información oficial y extraoficial.
Un bando con
contactos políticos y económico supo iniciar la recaudación
de fondos para permitir cierta libertad de movimiento y la creación
del próximo agrupamiento: el técnico, encargado de la elaboración
de recursos para favorecer el control y equipamiento de Fuerza Urbana.
Para esta
altura de los acontecimientos, esta asociación ya ostentaba su nombre,
tenía un jefe que era elegido de entre los líderes de los
distintos grupos. No había un número fijo de cabecillas en
cada agrupamiento, y era renovable periódicamente, según
la actividad y condiciones de cada uno, y hasta el momento no habían
surgido problemas acerca de las decisiones de los caudillos.
Pero también
existían dos corrientes de pensamiento contrapuesto: los que proponían
ser una fuerza autónoma, con actividad paralela a la oficial, con
la confesa intención de desplazar a la policía de su accionar
en el tránsito y los que tendían a engarzar los recursos
propios con los de la municipalidad y de la policia.
Esta ya notable
divergencia estaba retrasando la formación de un nuevo grupo, que
los más subversivos denominaban de ataque, los moderados llamaban
comando y los oficialistas consideraban no debería tener nombre...
ni existencia.
Se planteó
entonces efectuar un acercamiento subliminal con las autoridades, que resultó
frustante por las trabas e incompatibilidades políticas para hacer
reformas. Esto decidió a favor del accionar independiente, pero
con la clara conciencia de que la esencia de la agrupación era la
seguridad de los ciudadanos, de a pie o conductores, por lo que todas las
conductas debían propender a proteger a la sociedad por sobre el
individuo, pero sin riesgo físico de nadie.
Se hicieron
los cálculos y se trazó un plan de acción, que tenía
su día D en la jornada que se envió el mensaje.
EL PLAZO
El período
de quince días dado como plazo iba ser un tiempo de calma chicha
para Fuerza Urbana, ya que no quedaba nada por preparar. Ya estaba todo
ensayado, las posiciones tomadas, la convicción y la infraestructura
en condiciones ideales.
Sabían
que no se corregiría ni una palabra de una sola ordenanza municipal
o de un código policial, no se movería un papel ni parpadearía
a distinto ritmo algún semáforo, pero a pesar de ello habían
dejado abierto un canal de comunicación a través de una página
internacional de la Web, donde podrían proponer alternativas oficiales
a los puntos propuestos por Fuerza Urbana.
Al quinto
día de haber enviado la nota apareció una respuesta de parte
de la municipalidad agradeciendo el interés e informando que el
gobierno de la ciudad tenía su propia planificación que ya
estaba en marcha; la policía no se dió por enterada.
La única
persona que se mantuvo en actividad en relación con el tema de Fuerza
Urbana fue Martina, que siguió investigando el contacto de una asociación
anónima, que había invitado a todos los choferes de taxis
y remises a unas jornadas de capacitación a realizarse en un club,
pero que previamente debían confirmar el número de interesados
para la determinar la fecha y horario. En el club le informaron que la
reunión no se había llevado a cabo, ya que nadie había
llamado para interesarse del tema. El alquiler del lugar había sido
contratado a través de una cooperadora de un colegio, que a la vez
había sido sede de cursos para niños y adolescentes. Estos
también habían sido organizados por un grupo anónimo,
que tuvo mucho éxito y los recordaban muy afectuosamente, porque
además de instrucción vial habían provisto a la escuela
de pasamanos y una bajada para discapacitados. Todo había sido pagado
en efectivo una vez realizadas las obras, sin rastros de cheques ni facturas.
Pero a través de la empresa fabricante de los pasamanos, supo que
colocaron protecciones o pasamanos en por lo menos diez escuelas, usando
el mismo estilo de pago y por intermedio de la cooperadora de la escuela.
Los contactos
eran fantasmas, sin nombre, sin domicilio, amigos de conocidos de algún
miembro de la cooperadora, de un maestro...
A Martina
no le cabían dudas de que esta actividad docente, condecía
perfectamente con el tenor de la nota de F.U., pero debía encontrar
algo más antes del término planteado en el documento.
El siguiente
paso fue contactarse con algunos de los que habían asistido a las
charlas para determinar si dejaban alguna dirección o teléfono
para consultas, y recién en la tercera entrevista obtuvo el botín:
un número de fax. Escribió un mensaje que creyó ni
muy serio ni informal, "Estamos interesados en recibir clases. Somos un
emprendimiento barrial con un auditorio predominantemente juvenil. Contactarse
con Martina Ares de lunes a viernes de 19 a 22 hs. al 4983-4726. Desde
ya, muchas gracias".
La respuesta
fue casi inmediata: le llegó un fax esa misma tarde a la redacción,
desde donde había enviado el suyo, y decía: "Estimada Martina:
Tu periódico no es de carácter barrial y en su staff hay
varios integrantes que no se ablandan al primer herbor. De cualquier manera
te cuento que toda la información que se vuelca en los cursos está
en el contenido de la nota enviada a esa redacción. Asimismo te
comento que las clases están suspendidas hasta el día 15
del mes, después de lo cual te haremos llegar las novedades". Rubricaba
el fax un logotipo de Fuerza Urbana. La pista desapareció por completo
al constatar que el número de fax pertenecía a un locutorio
público, que enviaba los mensajes a un teléfono cifrado en
clave.
EL ATAQUE
El día
previo al plazo previsto, Martina recibió en su contestador telefónico
un escueto mensaje que mencionaba dos horarios y dos direcciones, adviertiéndole
que debía concurrir sola o con un fotógrafo, pero no informar
a nadie más.
El día
15 comenzó a las tres de la tarde para F.U. su accionar. Se desarrollaba
contemporáneamente en tres puntos diferentes de la ciudad, cambiando
de lugar cada quince minutos. En realidad entraba en escena un nuevo comando
en ese lapso, y el relevado descansaba una hora para luego tener una nueva
actuación en otro sitio.
Era quince
el número de componentes de cada grupo comando, rotando su accionar
en vigilancia, castigo y documentación. Tres del total de quince
comandos, guiaban grúa y camioneta; seis tenían motocicletas
y los otros seis trabajaban de a pie o en bicicleta. Todos estaban uniformados
con ropa de jogging color gris topo, zapatillas para correr, mochila, riñonera
y lentes espejados sin patillas sino con un elástico para evitar
que se cayeran durante el operativo.
Todos estaban
munidos de pintura en aerosol, pequeñas ampolletas con estracto
de olor extremadamente desagradable, spray lacrimógeno, panfletos
informativos, una videograbadora y una mezcla de engrampadora y etiquetadora
con la que dejaban la marca de F.U.
El grupo no
motorizado se encargaba de recordar a los dueños de coches detenidos
frente a garages, rampas para discapacitados, en doble fila o con otra
infracción que incomodara a los transeúntes, que estaban
cometiendo un delito, pintando la luneta delantera de manera tal que impidiera
la visión y por ende la conducción o instilado la sustancia
odorífera en el tapizado del vehículo, firmando todas sus
obras con una chapa con las siglas F.U.
Los motociclistas
eran los encargados de seguir a los que ignoraban a los semáforos
con luz roja, esperaban que se detuvieran y aplicaban el mismo tratamiento,
pero con pintura roja.
Las grúas
trabajaban con los autos que a simple vista no estaban en condiciones de
transitar: sin luces de giro o de freno, con neumáticos lisos o
sin la patente reglamentaria. Los llevaban a una playa de estacionamiento
vacía, donde con herramientas que tenían dentro de la camioneta,
desarmaban los coches, imposibilitando su vuelta a la circulación
sin arreglarlos antes.
Cada comando
sólo obró en tres oportunidades, llegando a las siete y media
de la tarde al lugar de reunión previamente definido. Ninguno había
tenido ninguna dificultad en cumplir su misión, ni había
habido violencia incontrolable en los enfrentamientos con los dueños
de los vehículos. La sorpresa, rapidez y número fueron elementos
disuasivos y en una sola oportunidad utilizaron el gas lacrimógeno
con un chofer de taxi, policía retirado, que intentó sacar
su arma.
Después
de ver algunas de las filmaciones que documentaron su accionar, completaron
el plan del día, enviando mensajes a los mismos destinos que en
la primera oportunidad.
A las ocho
y media discutieron los detalles de la actuación de la siguiente
jornada, mucho más peligrosa que esta, ya que obviamente los esperaría
una reacción.
Ensayaron
los cambios de uniforme, las entradas y salidas de la acción, chequearon
el equipo y se fueron a descansar.
LA REACCION
Eran las nueve
de la noche del dia D cuando Martina Ares elaboraba su artículo
a partir de lo visto durante el día y con algunos datos que dejó
F.U. en su contestador, recibiendo un rato después fotografías
recién reveladas.
El escrito
de Martina ponía en antecedentes a la población acerca de
esta fuerza cívica que estaba actuando en defensa de la seguridad
urbana, que tenía un número considerable de adeptos pero
que no fue escuchada en su primer aviso a la comunidad, porque los que
recibieron su mensaje decidieron no comunicarlo. Detallaba el accionar
calculado y medido para llamar la atención y aunque era una forma
de ponerse en contra a un porcentaje de la población, de alguna
manera había que empezar a ordenar el cada vez más caótico
tránsito. Eligió para graficar un auto cruzando con luz roja
y después con el vidrio pintado y etiquetado por Fuerza Urbana;
para terminar puso la dirección donde podían encontrar los
vehículos secuestrados.
Fue el único
artículo periodístico con tono evidentemente favorable que
apareció en la prensa local, ya que en los demás primaban
las quejas de los damnificados y la calificación de hecho vandálico.
Se contraponía a la de merecido punitorio, término utilizado
por Martina en su comentario.
El director
editorial de su diario reprendió severamente a la periodista por
la irresponsabilidad de haber enviado a publicar un artículo tan
polémico sin siquiera comentarlo con alguien de mayor experiencia.
Por un momento Martina pensó que este tipo de actitud le podía
costar el trabajo y por seguro un cierre de puertas generalizado a la hora
de buscar otro empleo.
Se disculpó
como pudo, pero el director estaba más interesado en saber como
había conseguido la información del lugar donde estaban los
vehículos que en la excusa.
Cuando le
explicó, la reprimenda inicial trocó en una sarta de halagos
y le exigió que consiguiera una entrevista con algún miembro
de F. U., advirtiéndole que le mostrara el texto antes de publicarlo.
La televisión
mostró los videos filmados por F.U. que fueron enviados anónimamente,
pero sus comentarios no fueron favorables para ¨ese ejército
de incivilizados¨.
La respuesta
oficial fue reforzar la vigilancia en todos los sectores atacados por los
extremistas, con órdenes de reprimir ante una mínima actitud
de violencia.
Pero la opinión
pública estaba dividida en aquellos que consideraban el hecho como
detestable, los que los apoyaban incondicionalmente y los que no le daban
importancia, pensando que se trataba de una especie de travesura juvenil.
Los líderes
de la F.U. habían esperado una reacción algo más a
su favor, por lo menos el primer día, ya que posiblemente los días
subsiguientes surgirían hechos de violencia, generados por la represión.
Recibieron
un fax de Martina que solicitaba una entrevista con alguno de los caudillos
del grupo para aclarar algunas de las razones que motivaron su actuación.
Discutieron
si esto sería una decisión conveniente y concluyeron que
informar a la población siempre favorecería su posición,
eligiendo a Lacre como el interlocutor de la periodista. Se citaron en
un café ese mismo día (16) a las 15 hs., dos horas antes
de la puesta en marcha de la segunda embestida de sus fuerzas. Aquí
pactaron el anonimato de los miembros de la fuerza a cambio de facilitarle
a Martina todo el material y prácticamente la exclusiva cobertura
de sus actividades, siempre y cuando respetara los tiempos de la organización.
EL DIA DESPUES
Que todo el
mundo los esperara en las calles, hizo más fácil el segundo
día de actividades.
Entraba en
acción el equipo técnico encargado de modificar el plan de
semáforos de la hora de regreso de los millares de coches desde
el centro a los barrios periféricos y al conurbano. Ese caos que
a diario enloquecía a conductores y conducidos antes de su regreso
al hogar. Alargar algunos segundos la luz verde en determinadas avenidas
y variar el ritmo de luces según el control de una cámara
colocado estratégicamente en cruces muy transitados permitiría
una mayor fluidez del tránsito. El control de los semáforos
se efectúa mediante computadoras conectadas en red, por lo que fue
necesario apoderarse de un equipo, desactivar el resto de la red a través
de un virus que por dos horas repetiría en pantalla una secuencia
del día anterior a la misma hora, mientras que desde la central
copada, se ponía en marcha la planificación de las luces
según el criterio de los ingenieros de F.U.
Entretanto
otro grupo se encargaba de la base de datos del tribunal de faltas, detectando
a los reincidentes que a pesar de tener faltas graves, habían sido
sobreseídos por los jueces, elaborando una lista con todos los datos
de los conductores, vehículos y miembros de la justicia, que habría
de ser un delicioso banquete para la voraz Martina.
Un tercer
grupo sí estaba en la calle con uniformes semejantes a los de prefectura,
con camiones originales de las fuerzas armadas comprados en un remate y
reciclados, en la vecindad del puerto controlando la emisión de
gases a los vehículos detenidos por el semáforo, colocándole
en la luneta trasera donde en letras decía vehículo controlado,
pero con un código de barras controlable con un lector laser distinguían
a aquellos con niveles elevados de tóxicos. La estadística
de este control fue enviada inmediatamente al centro de comando para que
pudiera ser publicada en algún matutino el día siguiente.
Al final del
día no hubieron quejas por parte de los conductores ni de los transeúntes,
pero después del noticiero de las 22 hs. donde pasaron los videos
de la actuación de los tres equipos, los entes oficiales elevaron
sus protestas en tono mucho más ofensiva que los de la jornada anterior.
Martina para
ese entonces había transformado el centro de la F.U. en una sucursal
de la editorial enviando por e-mail su artículo al diario, con todos
los datos rescatados por los equipos ¨subversivos¨.
Enviaron un
petitorio, por tercera vez al gobierno de la ciudad y a la policía,
pero esta vez ofreciendo la posibilidad de una interacción cooperativa,
reservándose los controles vehicular para el equipo técnico
de F.U.
Sorprendentemente
después de la salida del periódico donde Martina publicó
los resultados de los operativos, destacando la corrupción del sistema,
recibieron una respuesta negociadora por parte del sector oficial.
Como resultado
de esa reunión multifacética, se inició la reforma
del control y legislación del tránsito vehicular, según
los lineamientos de Fuerza Urbana.
EPILOGO
Como resultado
de los controles efectuados en un estudiado organigrama desarrollado en
el transcurso de tres meses, con un bajo costo para los contribuyentes,
que se recuperaría luego en el ahorro de gastos de seguros, de costos
sanitarios etc., se dió de baja a un tercio del parque automotor,
la mayor parte en forma definitiva. Se detectaron alteraciones psicofísicas
que imposibilitaban ejercer la función de chofer profesional en
un treinta por ciento de los taxistas, un cuarenta y ocho por ciento de
los camioneros y fleteros y un cincuenta y dos por ciento de los conductores
de colectivos de corta, mediana y larga distancia. De los habilitados por
el examen de salud, cerca del veinte por ciento no aprobaron el examen
teórico de la actualización de la legislación vial.
En menos de
cien dias el transporte público de pasajeros se había purgado
de tal manera que era imposible trasladarse sin un vehículo particular.
Los piquetes de los inhabilitados, detenían el tránsito de
una manera tan metódica y organizada como había actuado Fuerza
Urbana.
La contratación
de urgencia de extranjeros desocupados que cumplían con las condiciones
de salud y capacitación, determinaron la aparición de núcleos
sediciosos xenofóbicos que atacaban a pedradas a los vehículos
conducidos por inmigrantes, hiriendo a pasajeros y peatones.
Las enormes
dificultades para trasladarse, motivaron una deserción laboral llamativa
con una baja importante en el comercio, turismo e industria.
El centésimo
día luego de la puesta en marcha del proyecto de seguridad vial,
se decretó, por razones de necesidad y urgencia, volver al régimen
anterior.