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de Sandra Alaniz |
Sentía frío
y ese dolor que le atravesaba el pecho. “Una película, si es
una película. Que extraño sueño”.
7am.Sonó
el despertador. En su estado somnoliente le pareció que no era el
pip pip convencional, sino uno mas espaciado. Tomó el control remoto
que estaba en la mesa de luz, encendió el televisor y puso el noticiero
de las siete. “Ultimo
momento: fue liberado el joven que fuera secuestrado el martes pasado en
Ramos Mejía. Sus familiares pagaron 30.000 dólares por su
rescate”.
-Siempre la misma historia-
pensó- robos, secuestro, muertes, sólo cambian los personajes.
Éste tubo suerte -.
Apagó el televisor
y meditó por un instante si salía a correr. Al fin se decidió.
Se lavó, se puso el jogging las zapatillas, tomó medio vaso
de leche y se fue a correr. Era una linda mañana de mediados de
Octubre, apenas comenzada la primavera. Pero sobre todo era lunes. Le gustaba
los lunes, el comienzo de la semana, lleno de expectativas. Caminó
las diez cuadras hasta el parque, se encontró con Juan y Lucía
una pareja sexagenaria que salía a caminar por las mañanas
desde hacía quince años.
- Buenos días
Josefina - la saludaron.
- Buenas- contestó.
Corrió durante
treinta minutos y regresó trotando, ya eran las 8:05. Se bañó,
mientras lo hacía pensó que vestiría. Decidió
ponerse una falda marrón, la camisa a rayas en tonos cremas, las
sandalias color tostado que comprara la semana pasada y el bolso marrón
tejido en hilo con asa de madera. Se vistió, se maquilló
con buen gusto y partió a trabajar. A las 8:45 tomó el subte.
Siempre subía en el segundo vagón. Reconoció a varios
pasajeros, rostros que veía a diario. Se sentó frente a una
señora que llevaba a su hija en la falda, esta tendría unos
tres años. La observó durante unos minutos y pensó
en el día en que ella fuera mamá. Cayó en la cuenta
que hacía dos años que no estaba en pareja desde que rompiera
con Ivan. Aveces salía con Lucas, pero no era nada serio. A las
9:00 llegó a la agencia. Saludó a Carla y a Vanesa, Pablo
no había llegado aún. Hacía un año que Pablo
trabajaba con ella. Desde que se conocieron sintieron una mutua atracción.
Él la había invitado a salir mas de una vez, pero ella siempre
lo rechazaba. Era el recuerdo de Ivan y el temor a un nuevo fracaso. Pero
el retraso de su llegada y el sentimiento maternal que le despertara la
niña en el tren la hizo sentirse sola. A las 9:30 sonó el
teléfono.
- ¿ Josefina?.
Soy yo Pablo -.
- ¡Pablo! ¿Dónde
estás, qué pasó?-.
- Un accidente en la
autopista, estoy llegando en quince minutos -.
- Bien -.
La llegada de él
la alegró por demás. Reconoció que Pablo le interesaba
mas de lo que ella creía.
- Es hora de rehacer
mi vida- se dijo- Hoy lo invito a cenar -.
El resto del día
lo pasaron trabajando en la campaña publicitaria de un nuevo jabón
en polvo.
Minutos antes de retirarse
de la agencia lo invitó.
-¿Cenamos?-.
Su pregunta lo tomó
por sorpresa.
- Nada me gustaría
mas- le respondió.
- En mi casa a las
ocho -.
- Llevo el vino- dijo
él.
A las 5:30 dejó
la agencia y se dirigió a su casa. Primero debería pasar
por el supermercado para comprar lo que hiciera falta para la cena. Prepararía
pasta rellena con salsa de camarones. Sabía que a Pablo le gustaba
la pasta y los mariscos. Eran la 6:00 cuando entró al supermercado.
Se dirigió al fondo de este donde estaban las verduras, luego fue
hasta la góndola de las pastas; sorrentinos sería lo mejor.
Lo último que
puso en el canasto fueron los camarones. Una vez comprobado que no faltaba
nada se dirigió a las cajas. Se sentía feliz, como hacía
mucho tiempo no lo era.
- Es la primavera-
se dijo.
Los gritos en la entrada
la regresaron de su abstracción y ese dolor que le atravesaba el
pecho.
7pm.El
noticiero, la misma historia una y otra vez, sólo que con personajes
diferentes. “Ultimo
momento: la rehén que fuera baleada en el intento de robo del supermercado
Sur, murió a los quince minutos de haber ingresado al hospital”.
No, no era el pi, pi
convencional, sino uno mas espaciado como pip, pip, piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiip.
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