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Menudo Crack Fue
lo más grande que tuvo el equipo de la franja roja. De aquellos que ya no
aparecen más porque el tiempo avanza, el mundo también y para ser como él, el
fútbol tendría que ser menos mercantil, más de carne y hueso y, por tanto,
una forma de vivir más espontánea y sencilla. El pequeño hombre que conversa
con nosotros no hubiera sido futbolista si fuese nuestro contemporáneo. Tiene
una mirada muy vivaz y ese lenguaje propio de los criollos de antaño que nos
resulta tan simpático que parece uno de esos personajes creados por el ameno
Ricardo Palma y revestidos de picardía sana. Un don que el buen Tito Drago
conserva intacto. "Jugué hasta los 42 años -evoca- y pude haber seguido un tiempo más, te juro. Me fui porque me di cuenta de que el fútbol se venía abajo. No hay semilleros, no hay estructura. Por eso me alejé. Mira, yo me divertí mucho en el fútbol. Hice de todo, hasta de árbitro y en el extranjero. Estábamos con el Municipal en un cuadrangular en Ecuador y jugamos el preliminar y para el partido de fondo entre Quito y Guayaquil no había árbitro porque al designado le habían volado un ojo. Así que hablaron conmigo. Perfecto, dije, me vestí junto con Felandro y Allen que también jugaban en el Muni, para hacer la terna. Cuarenta mil personas en el estadio y yo dirigiendo. Eso sí, yo reuní a los jugadores en el centro del campo antes de empezar y les dije: "Miren, pórtense bien y déjense de andar metiendo patadas porque a la primera que pase, me voy y se quedan solos con toda esta gente que les va a sacar la michi. Al final sacamos adelante el partido, se portaron bien los negritos". Tiene pinta de gloria de la 'U', habla como si fuera una leyenda del Alianza, pero tiene la solvencia de quien ha asegurado su carrera en Cristal. No jugó en ninguno de ellos pero guarda el perfil del limeño promedio de antaño: Hablar fluido, una interjección de picardía entre frase y frase y una educación perceptible durante la charla, sutilezas que hoy escasean entre nuestros futbolistas. Es Tito Drago, un hombre entero pese a los años. Un deleite del buen conversar. Un jugador que nunca más se repetirá. por Carlos Univazo |