Hay recuerdos imborrables, así
como pasiones desenfrenadas. Cómo olvidar, aquella tarde veraniega de 1,973,
cuando ingresé de la mano de mi “viejo” al Coloso José Díaz. Sólo tenía 8 años y
la lluvia de papel picado y el interminable sonar de las campanas de la
entusiasta hinchada, me dieron la bienvenida. ¿Qué tal pasión por un equipo de
fútbol?, me dije. Y no era para menos, ya había sido alertado por los acuciosos
comentarios de mi padre, eterno hincha edil, desde la década del '50. Cerraba
los ojos e imaginaba la técnica del maestro Tito Drago, la habilidad de Vides
Mosquera, los pases del cerebral “Caricho” Guzmán y efectividad del zurdo “Loco”
Seminario, tremendo puntero carrilero.
Aquel día en pleno gobierno del general José Velasco Alvarado, las filigranas
sobre el gramado de juego de Hugo Sotil, eran celebradas a rabiar por la
fanaticada de la “escoba”. “El Cholo”, que estaba a víspera de viajar a España
para enrolarse al Barcelona, hizo gatear Humberto Horacio Ballesteros. ¿Cómo
entender la pasión edil?. Nadie se lo explica. Pero la comprendí, desde aquella
tarde. Siempre con el equipo en las buenas y en las malas. En el ’78, cuando se
disputó la permanencia en primera con el Cienciano en Chincha. Golazo de
“palomita” del argentino Marzona, tras pase genial del “cocoliche” German Leguía
que recién asomaba. O en los ’80, cuando después de tres partidos definitorios
con la “U”, Franco Navarro, Eduardo Malasquez. J.J. Sato, la “Bruja” Bonelli,
bajo la batuta del recordado Marcos Calderón, llevaron al equipo a una Copa
Libertadores. Ahora, desde hace cuatro años, la Academia, lucha por el ascenso
en la segunda. Cada domingo, el jolgorio de los jóvenes y adultos de la tercera
edad, fieles hasta la muerte, lucen gorros o camisetas con la franja roja en el
pecho y se confunden en la “Banda del Basurero”. Una pasión edil, desde el
minuto inicial hasta el final. Todos se van afónicos y abrazados. No importa si
ganó o perdió, pero igual se reencontrarán otra ves en la “Cancha de Los Muertos”
para alentar al “Echa Muni”. Pasaran, los días, los meses y los años, pero esa
pasión edil seguirá siempre latente y morirá, tal vez, cuando nuestro corazón,
deje de latir al compás del bombo.
Jorge Choy
Redactor de la sección Policial del diario La República