|
|
|
|
Un amor que nunca muere
No lo creía, nadie podía creerlo. El
“Muni” ya no estaría durante 2001 en el llamado fútbol rentado. Había
empatado a un gol con Alianza Atlético de Sullana, cuando más se requería del
triunfo. De esa manera, murió la ilusión de la fiel “Banda del Basurero”
–su barra– y de la leal hinchada. El sueño Me convertí en hincha del “Muni” en 1977, semanas antes de cumplir nueve años, y el primer partido que vi fue frente al Defensor Lima. En el primer tiempo ganábamos 2 a 0, pero al final el encuentro terminó 3 a 2 en nuestra contra. Descendimos al último lugar de la tabla, colista absoluto del torneo. Sin embargo, igual me enamoré de “La Academia”. Durante mi etapa escolar, en el Maristas San
Juan, fui el único hincha edil en mi salón; pero eso nunca me amilanó, por el
contrario. Además, en el colegio, como lo dice Alfredo Bryce en Un mundo para
Julius, “también había muchos hinchas del Municipal”. En mis 25 años como consecuente seguidor de “La Franja Roja”, que acude al estadio cada semana, en cualquier lugar del Perú, nunca sentí tanta tristeza como ese domingo. El árbitro marcó el final del partido y el inicio de nuestra pesadilla. Aquel día la tribuna de oriente quedó muda. Nadie habló. Sólo sentía brotar mis lágrimas, a la vez que observaba los ojos enrojecidos de los demás. En ese momento, descubrí que aquel que aseguró que llorar era cosa de mujeres dijo una gran mentira. Vi a hinchas jóvenes abrazar a aquellos que peinan canas. A madres consolando a esposos e hijos, y a los más pequeños, que intentaban comprender el porqué del llanto de los mayores. El Callao y los hinchas del Sport Boys, que asistieron a alentar a su equipo, guardaron respetuoso silencio ante el dolor del amigo, quizá en recuerdo de lo que les sucedió años atrás. En ese momento de tristeza, rememoré las historias que mi abuelo me contaba respecto al “baile” y los triunfos de “La Academia” sobre equipos importantes de Sudamérica como Boca Juniors, River y Racing, de Argentina; Peñarol, de Uruguay; así como Colo Colo y Santiago Morning, de Chile, y me pregunté: ¿cuándo cambió todo? Recuerdo que llegué al Miguel Grau al mediodía, una hora antes del partido, y aprecié cómo la “Banda del Basurero” se juntó poco a poco. Sus integrantes llegaron del Cercado de Lima, el Callao, San Borja, San Isidro, Surco, La Victoria, Comas, San Juan de Miraflores, San Juan de Lurigancho y otros distritos de la capital; incluso acudieron hinchas que llegaron a Lima desde Huancayo, Chiclayo y otros lugares del país. Ingresamos en el estadio, copamos la tribuna de oriente y alentamos, igual que siempre, todo el partido. No paramos de cantar, aplaudir y repetir con gran entusiasmo el viejo grito de batalla: “¡Echa ‘Muni!‘”. Desde la tribuna, la hinchada hizo lo que correspondía; pero en la cancha no ocurrió lo mismo con los jugadores. Nos adelantaron en el marcador y el colombiano Nilson Álvarez empató. Tuvimos más de 30 minutos para ganar el partido, pero no se pudo. La franja roja de nuestra camiseta se convirtió
en una franja de sangre, nuestra sangre. El descenso fue el corolario de una
campaña pésima. El Deportivo Municipal, con 67 años de existencia, escribió una parte muy importante de la historia futbolística del Perú. Fue fundado el 27 de julio de 1935 por Ángel Pisani, con la participación de empleados y obreros de la sección de Baja Policía de la Municipalidad de Lima. “La Academia” fue campeón en 1938, 1940,
1943 y 1950. Obtuvo, además, el subcampeonato en 1939, 1941, 1942, 1944, 1945,
1946, 1947, 1951 y 1981. Debido a su jerarquía, era el club que salvaba las añoradas temporadas internacionales, recordándose el triunfo en Lima sobre Boca por 2 a 1. Es más, fue el cuadro que en 1948 representó al Perú en la Copa de Campeones, predecesora de la Copa Libertadores, y se le consideró el mejor equipo del Pacífico. En ese torneo, le ganó al local Colo Colo por 3 a 1; goleó al Emelec, de Ecuador, por 4 a 0; y por 3 a 0, al Litoral, de Bolivia, cayendo con el posterior campeón: Vasco da Gama, de Brasil. Ya en 1967, Municipal perdió la categoría, pero, de la mano de Hugo “Cholo” Sotil, volvió a primera división al año siguiente, entre el júbilo de los miles de hinchas que siguieron al equipo semana a semana, abarrotando las instalaciones del estadio San Martín de Porres. Desde esa época hasta la actualidad, Deportivo
Municipal desarrolló campañas realmente irregulares; aunque en 1981 clasificó
para participar en la Copa Libertadores, tras jugar tres partidos con su
tradicional rival: Universitario. Con posterioridad, logró el título del denominado Campeonato Intermedio, para clasificar al torneo Conmebol. Empero, sin razón aparente, la dirigencia de entonces prefirió otorgarle tal privilegio al Sporting Cristal. Formaron parte de ese equipo, entre otros: Nolberto Solano, Roberto Arrelucea, Jesús Purizaga y Carlos Cáceda. En adelante, no hay mucho que decir, salvo
recordar aquel partido en que venció en 1998 al Platense de Argentina por 3 a
2, con estadio lleno, y el triunfo, este año, por 1 a 0 sobre Deportes Iquique,
de Chile. Ahora, la realidad es distinta. El “Muni” seguirá por tercer año consecutivo en la Segunda División. La diferencia es que la hinchada busca alternativas de solución a la crisis institucional en que se encuentra el club para, de no mediar inconveniente, asumir las riendas de la institución y, cual ave Fénix, lograr que “La Franja Roja” vuelva a competir en la división de honor. Durante todos estos años me pregunté: ¿cuál es el sentimiento que me une a este club: el amor o la pasión? Y la respuesta es simple: el amor, porque la pasión pasa con los años; en cambio, el amor, pese a los malos momentos, siempre crece. Nunca vi al “Muni” ser campeón nacional. Sólo
he sentido frustración tras frustración, pero no importa. “La Academia”
jugará mañana sábado su último encuentro del campeonato 2002. No hay ninguna
opción, pero al igual que toda la hinchada aguardo que llegue la hora para
acudir al estadio a ver y alentar a un grande, al más grande. ¡Aguante, “La
Academia”! |