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el Estado checo. Tiene asignado un n�mero y est� prohibido cortarlo o podarlo. Las casas tampoco pueden ser modificadas sin previa autorizaci�n. Shimanova nos cuenta que el hombre de Hradec Kralov� que las posee las utiliza como casas de descanso, durante los fines de semana o las vacaciones.

Nos marchamos de Krinice satisfechos y alegres. S�lo nos queda despejar una duda: �Por qu� tantos habitantes de esta comarca se marcharon de aqu�? �Por qu� a Chile, pa�s que hasta el d�a de hoy suena remoto y desconocido?

El p�rroco de Broumov, Norbert Jan Zeman ensaya esa noche una explicaci�n. Lo sorprendemos en su iglesia, reunido con un grupo de fieles. Flota en el ambiente el aire de la disidencia silenciosa, llevada durante a�os como una cruz. "En esta zona hubo mucho hambre y pobreza en algunas �pocas del siglo pasado y muchos prefirieron marcharse. En esta zona de Europa, la vida no ha sido especialmente f�cil. Las guerras, el hambre y la represi�n han hecho que muchos se marcharan", dice el cura.

Norbert Jan Zeman es, en cierto modo, un h�roe local, al igual que Jana Hr�bkov�, que pasa por ser una de sus m�s cercanas colaboradoras. Zeman lleg� a Broumov castigado por cinco a�os despu�s de leer una homil�a que molest� al r�gimen comunista. Como la Iglesia estaba tutelada por el Estado, �ste no mostr� ning�n inter�s en facilitarle su labor. Zeman es el p�rroco de cinco pueblos de la comarca. La mayor�a de los sacerdotes son muy ancianos y, pese a que han superado la edad preceptiva, no pueden retirarse, ya que dejar�an sus comunidades abandonadas.

Las Biblias de su parroquia se pueden contar con los dedos de la mano. Reci�n ahora, tras la pac�fica revoluci�n de noviembre, la gente comienza a volver a las iglesias. Antes, quien entraba en un recinto religioso era visto como un individuo peligroso. En Broumov tambi�n tuvieron su peque�a revoluci�n en noviembre de 1989. Cuando se conocieron las noticias de Praga, cuando los estudiantes repletaron la amplia avenida que conduce al Castillo, tambi�n hubo manifestaciones en Broumov.

El primer d�a, tres personas -el cura, el librero y un agricultor de la zona- se plantaron en la plaza, bajo el monumento levantado a las v�ctimas del c�lera en el siglo XIX, y comenzaron a llamar a las gentes del pueblo. Poco a poco, mujeres y hombres, j�venes y viejos se sumaron a los solitarios manifestantes. As�, durante dos semanas, desafiaron pac�ficamente al poder.

El r�gimen comunista se desmoron� como un pan de mantequilla puesto al sol. La polic�a pidi� disculpas, p�blicamente, a los estudiantes que hab�a apaleado pocos d�as antes. Los jerarcas del antiguo r�gimen fueron defenestrados. Se convoc� a los disidentes a formar Gobierno. Todo cambi� con una rapidez inimaginable y en menos de dos meses Vaclav Havel, el dramaturgo "maldito" cuyas obras no se pod�an ver en Praga m�s que en teatros clandestinos, se convirti� en presidente de la Rep�blica.
En mayo de 1989, cuando Zeman quiso organizar una procesi�n con motivo de Corpus Christi, el funcionario comunista que le concedi� permiso para marchar con sus feligreses alrededor de la Iglesia fue destituido. Ahora, despu�s de "su" revoluci�n, el p�rroco ha organizado una gran procesi�n que llegar�  hasta un santuario situado en Polonia. El p�rroco est� feliz. Su iglesia est� llena de feligreses, hambrientos de fe.

-�A qu� atribuye usted este entusiasmo con la Iglesia?- preguntamos.

-Si en Occidente hubiesen tenido que sosportar cuarenta a�os de comunismo, tambi�n estar�an entusiasmados.

M�s all�  de esta cuesti�n, este cura -Norbert Josef Zeman- es esencialmente similar a sus colegas de las poblaciones de Chile, de las villas miserias de Argentina, de los suburbios de Ciudad de M�xico o de las aldeas de Nicaragua. Y el motivo de su desesperaci�n tiene aqu� el nombre de comunismo, como el de los que viven en otras latitudes tiene el nombre de pobreza, de injusticia o de represi�n.
El p�rroco de Broumov, Norbert Josef Zeman, junto a Jana Hrabkova y una monja del claustro local, en el exterior de su parroquia en marzo de 1990. Detr�s, una imagen de la virgen. Los cat�licos de Broumov eran fervientemente marianos y conectaban perfectamente con la fuerza de esta fe en Cestochowa (Polonia), sitio que se encuentra a un centenar de kil�metros de la comarca checa
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