El Evangelio Eterno de Joaquín da Fiore

En la vida del beato calabrés Joaquín da Fiore pueden distinguirse tres períodos:

a) El joven señor, que habiendo nacido probablemente en Celico, hacia 1130, sin tomar los hábitos hace un peregrinaje a Tierra Santa (Constantinopla y Jerusalén) y regresando a su patria comienza el apostolado de la predicación;

b) El fraile cisterciense que convertido en abad se consagra a la meditación y el comentario de las Sagradas Escrituras: hacia 1155 fue aceptado en el monasterio cisterciense de Sambucina, y después en el de Corazzo, donde tomó los hábitos, y en 1177, fue electo abad;

c) El reformador que pone en acción una parte de sus ideas, fundando una nueva orden religiosa más severa que la cisterciense a la que pertenecía: en 1191, fundó el monasterio de San Giovanni in Fiori. La regla que dio a sus monjes fue más rígida que la de los cistercienses, siendo reconocida por Celestino III.

Joaquín da Fiore no fue un reformador, sino un místico. Fue comparado con Abelardo, porque como aquél creyó poder obrar con escritos, sino con las obras, y también acometió un estudio intenso de la Biblia; pero contrariamente, Joaquín fue más la penumbra de la visión que la claridad del entendimiento.

No fue un filósofo, sino un profeta, aunque las pocas profecías que se le atribuyeron no fueran demasiado extraordinarias ni hablaban de tiempos ultraterrenos. De hecho, era inferior a los antiguos profetas. No tenía sus poderosas fantasías, con alegorías y visiones que anticipaban el futuro. No poseía el don de la inspiración profética ni el secreto de la elocuencia, por eso se contentaba con interpretar las profecías de los demás.

Era más bien un pesado comentador escolástico. Su interpretación de la Biblia, según el gusto de su tiempo, estaba llena de sutiles razonamientos que influían sobre los intelectos. No resulta inverosímil que fueran ávidamente creídas las previsiones de un hombre eminente, quien por la piedad y la doctrina juntas fue consagrado abad, y seguidamente devino en fundador o renovador de una orden religiosa.

Si bien muchas obras figuran a su nombre, sólo tres son reconocidas auténticas por la mayoría: "Concordia dell'autentico e nuovo Testamento", "Commento all'Apocalisse", y "Salterio delle dieci corde". Son falsos algunos libros que se le atribuyeron, como los "Vaticinia Pontificum", de gran celebridad en la Edad Media, y los comentarios a las profecías de Cirilo, Merlín y la Sibila Eritrea.

Joaquín no mezclaba jamás lo sagrado y lo profano, no reconocía autoridad fuera de la Biblia. En la "Concordia..." habiendo comparado a Jesucristo con Salomón, hijo predilecto de David, equipara a Federico II con Absalón, hijo rebelde de David. Para todos los joaquinistas, Federico II era tenido como el Anticristo, o al menos uno de sus precursores. Joaquín da Fiore habría profetizado su nacimiento de Constanza, esposa de Eduardo VI, quien sería el futuro y más peligroso enemigo de la Iglesia.

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En su exégesis de las Sagradas Escrituras, Joaquín elaboró una interpretación de la historia como un ascenso en tres edades sucesivas, cada una de ellas presidida por una de las personas de la Trinidad. la primera edad era la del Padre, o de la Ley, la segunda la del Hijo, o del Evangelio, la tercera, la del Espíritu. La primera había sido de temor y servidumbre, la segunda de fe y sumisión filial, la tercera sería de amor, alegría y libertad.

Cada edad había sido precedida de un período de incubación: en la primera edad desde Adán hasta Abraham, en la segunda desde Elías hasta Jesucristo, en la tercera, desde San Benito y estaba cerca a su fin cuando Joaquín compuso sus obras. Según San Mateo, entre Cristo y Abraham se contaban 42 generaciones, por lo tanto, el período entre Cristo y el cumplimiento de la tercera edad también debería ser de 42 generaciones. Considerando cada generación como un lapso de 30 años, situó la culminación de la historia humana entre los años 1200 y 1260.

Joaquín da Fiore murió en 1202, pero sus enseñanzas no serían olvidadas. Tanto en vida como después de su muerte, gozó de fama como profeta.

Su espíritu profético fue recordado en tiempos cercanos a su muerte por Dante Alighieri, quien en el Canto XII del Paraíso de "La Divina Comedia" hace proclamar a San Buenaventura:

"..y aquí a mi lado / el calabrés Joaquín / de espíritu profético dotado..".

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Su influencia y seguidores

Joaquín da Fiore poseía muchos puntos comunes con Francisco de Asís: espíritu de penitencia, fortaleza de carácter, amor a la soledad, el don de la profecía, alejamiento de las cosas mundanas, oposición a los poderosos y opresores de los pueblos.

Su biógrafo y discípulo Luca Campano, cuando lo conoció se maravilló de que un hombre de tanta fama vistiera hábitos viejos y raídos y mantuviera un espíritu fuerte y digno frente a los poderosos: a Ricardo Corazón de León le dijo francamente que su cruzada no llegaría a ningún resultado. Según Joaquín, porque en el plan divino todos los pueblos están destinados a la conversión (incluso los hebreos y musulmanes) no son lícitos el desprecio, la persecución y la violencia por motivos religiosos: "Repone tu espada en la vaina. De hecho, no se debe combatir así por la verdad, más bien con la oración y el ayuno".

Ya en vida de San Francisco de Asís, se habían manifestado dos tendencias en la orden por él creada: una a imitación de Jesucristo quería practicar la pobreza absoluta viviendo únicamente de la mendicidad y el trabajo manual; la segunda apuntaba a una pobreza relativa.

Por una bula de 1230, el Papa Gregorio IX declaró que el testamento de Francisco de Asís no obligaba a los integrantes de su orden; que el dinero, aunque les estuviera prohibido podía ser aceptado y administrado para sus necesidades, y que también podían hacer uso de otras cosas necesarias, como los conventos, libros, etc. Inocencio IV en 1245, con su bula añadió a los frailes el permiso de poder recurrir al nuncio apostólico para declarar otras cosas que les fueran necesarias, y dispuso que sus bienes fueran propiedad de la Santa Sede.

La corriente franciscana más rígida no aceptaría esas disposiciones, al ser partidarios de una observancia literal de las reglas. Eran una minoría y encabezados por fray Angel Clareno, y luego por fray Ubertino da Casale, llamáronse a sí mismos "espirituales". Cuando se negaron a aceptar las innovaciones que les impusieron, tomaron las profecías de Joaquín da Fiore, las editaron y comentaron.

Incluso idearon profecías que atribuyeron a Joaquín, que incluso acabarían teniendo más notoriedad que las auténticas. Adaptaron la escatología joaquinista, para ser considerados la nueva orden que, reemplazando a la Iglesia Romana, debía conducir a la humanidad hacia las glorias de la edad del Espíritu.

La cuestión se convirtió en preocupante para la jerarquía eclesiástica, al afirmarse en el seno de los espirituales las corrientes joaquinistas, que con Juan de Parma, general de la orden desde 1247 a 1257, prevalecieron sobre la misma.

El concilio lateranense del 1215 ya había condenado las afirmaciones trinitarias de Joaquín da Fiore; y Alejandro IV, en una carta de 1255 al obispo de París anunció la condena contra "L'introduttorio all'Evangelo eterno" de Gerardo de Borgo Sandonnino, donde éste afirmaba que Joaquín da Fiore había predicado que el evangelio eterno, anunciador de la tercera edad de la humanidad, sería anunciado por el ángel del sexto sello del Apocalipsis, el cual -según su visión- era Francisco de Asís, quien llevaba los estigmas de Jesucristo. Por eso, la orden franciscana sería la encargada de predicar el fin del mundo y de la iglesia, siendo fijado como límite el año 1260.

El decreto de Alejandro IV, dado en Agnani, octubre de 1255 d.C., si bien no condenaba expresamente las doctrinas joaquinistas, intervenía oportunamente contra ellas. Juan de Parma, general de la orden franciscana fue enjuiciado, y su sucesor, San Buenaventura, salvó la unidad de la orden, frenando el progreso de los espirituales. Fueron perseguidos, dispersados y encarcelados. Luego enviados a misionar a tierras lejanas.

Mas tarde, su desgracia creció con la fundación de la secta de los frailes apostólicos, por Gerardo Segarelli en Parma hacia el año 1260, quien había vendido todos sus bienes y comenzado a predicar la pobreza y penitencia según el espíritu joaquinista. Esperaba que ese año se iniciaría la era del Espíritu Santo. Sus seguidores se esparcieron por otras regiones de Italia, siendo perseguidos a partir de 1286. En 1300, Segarelli fue quemado vivo por la Inquisición bajo el cargo de herejía.

Basada en:

ALIGHIERI, Dante, "La Divina Comedia", Ed. Sopena, dos tomos, Buenos Aires, 1942.

http://www.santiebeati.it/dettaglio/47825

http://www.emigrati.it/Radici/Gioacchino.asp

http://www.centrostudigioachimiti.it/Benvenuti/Benvenuti.asp

http://www.gioacchino.it/vita.htm

http://www.gioacchino.it/tempi.htm

http://www.medievando.com/ricerche/gioacchino_da_fiore_nacque_a_cel.htm

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