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El periodista debe tener siempre amor por la verdad
  Jenny Zuñiga Mourao Periodista Escritora peruana politica, elecciones presidenciales Alejandro Toledo Manrique Lima Perú  
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TITULO DEL LIBRO: "

YO CONOCÍ AL MONSTRUO POR DENTRO

".

Autora:

Jenny Zuñiga Mourao.

Edición: Julio Verde del Campo. Impresión Lima-Perú. Marzo de 2006. Libro Ensayos Sobre La Oligarquía Peruana ¡ALÓ! PRESIDENTE
- ¡Aló!

- Jenny, te habla Alejandro Toledo. - jPRESIDENTEEEEE! - ¿Cómo estás Jenny?, ¡Cuánto tiempo...! - Estoy bien, me va bien. ¿Y usted como está? - Bien... - Lo felicito. Logró su objetivo. Es Presidente de todos los peruanos. Fue por su perseverancia. Es un ejemplo para todos, especialmente para los dueños de nada. - Sí, y por eso te llamo... para agradecerte porque apostaste por mí, cuando nadie creía en mí, y nadie daba ni un sol por mí. - Sí, Presidente, sí recuerdo. - Soy Presidente, también, gracias a tu trabajo, porque apostaste por mí, a cambio de nada. - Gracias, Presidente. - Jenny, ¿recuerdas?, tantos desvelos, tantos viajes, nadie nos daba nada. - Sí Presidente, lo recuerdo muy bien. - Nadie daba nada por nosotros, tú apostaste por mí, y por eso quiero  agradecerte ahora. - Gracias, Presidente. Sin olvidar que siempre trataba de aconsejarlo, ingenuamente, le dije: - ¿Le puedo dar un consejo? -Sí, dime, me respondió. - Ayer lo vi en televisión. Estaba en Cabana, su pueblo, lo vi llorar y conmoverse ante la pobreza. Regresó después de muchos años. La imagen difundida por este hecho fue singular, y de gran proyección, por emitirse a través de la televisión. Por esa misma razón, este acto debe repetirlo durante todo su gobierno, viajar a todos los pueblos por donde pasamos a ofrecer y prometer, durante la campaña. Debe regresar y agradecerles, pero también debe llevarles cumplidos los ofrecimientos; vaya con las manos llenas. Este pueblo herido, hasta de muerte, también apostó por usted, y debe ser agradecido. - Sí, lo haré, me respondió emocionado. - ¿Le puedo dar otro consejito? - Sí, respondió. - Dígale al Vicepresidente, Raúl Diez Canseco, que deje de hacerse prensa como si fuera el Presidente; el presidente de la República es usted, y no él. No es  posible que le permitan hacerse más publicidad que a usted. - Sí, lo haré. Te lo prometo. Estoy rodeado de chupamedias y ayayeros que no estuvieron en el principio. Yo me voy a desprender de ellos; son unos convenidos, yo saldré de ellos y te llamaré. - Muy bien, Presidente. Le deseo lo mejor. Y conociendo que casi nunca cumplía sus promesas, me arriesgué a responderle, sin ningún interés. - No se preocupe por mí, estoy bien y tengo trabajo; es más, tengo un buen sueldo. (Tengo que agradecer, ya que conseguí un trabajo gracias a la mano que me extendió Roxana Cueva a través de un amigo muy querido, Fernando Valencia, también periodista. Eran tiempos difíciles, Toledo había preferido abandonarnos, así que ese apoyo jamás lo olvidaré). - ¿Dónde trabajas ahora? -En el CTAR Callao.  -¿Qué es el CTAR Callao? - Ya lo sabrá. Es un lugar desde donde se realizan obras con mucho dinero, gracias a Aduanas. - Ok. Jenny, gracias por tu trabajo, quería reconocértelo.  -Gracias, señor Presidente. Fue un diálogo conmovedor y no puedo negarlo, me sentí emocionada, como si un miembro de mi propia familia hubiera obtenido el grado más alto en su vida, y que sin duda, por ese mismo afecto, él se había molestado en llamarme y hacérmelo saber. Su llamada y ese reconocimiento me han permitido irrogarme este valor, resaltado por el mismo presidente de la República. Por eso, es que me animé a escribir mis memorias, que es la misma agenda de la campaña política presidencial, en la cual tuve un carácter protagónico y pude reconocer que en sus inicios sólo primaban las ganas locas de cambiar al presidente de la República. Me tomé en serio el hecho de ayudar, a través de mi carrera periodística y experiencia en campañas políticas, a este cholo rebelde, que con su mirada me expresaba que quería ser Presidente y cambiar el destino de todos los peruanos. Yo debería, nuevamente enfrascarme en algunas de las estrategias de Keller y un poco de la idiosincrasia de nuestro país. Con ello, logramos una mixtura perfecta. Al equipo de la campaña lo caracterizaba la pobreza, ¿cómo no poder estar identificados con esta misma realidad, que aqueja hasta la actualidad a millones de compatriotas, especialmente a los del Perú profundo?

Entonces, ¿cómo teníamos que dudar, si vimos que todo empezaba con el sueño de un hombre, que aprendió a modular su voz para sorprender o sentirse más importante cuando hablaba?, ¡y era maestro en ESAN! Cómo no creer en una campaña que empezó sin dinero, con un grupo minúsculo de grandes amigos, como Papa Noel, el Mellizo, Cucho, Armandina, Iván Arroyo, Lucho Gómez, Rochi Venegas y Rosi Guzmán.
Tal vez me olvide de otros nombres, como también algunos de estos se transformaron, a pesar de no ocupar grandes cargos. Seguramente me estoy olvidando, de aquellos que no tenían nombre, pero que viajaron por todo el Perú pintando los cerros y las paredes, como Toledo quería: de rojo bandera. Su llamada se produjo un día cualquiera, de los que en esa época vivía, trabajando, tratando de olvidar que estuve metida en el sueño de alguien. Pensaba que estaba fuera de todo. A pesar de eso, todos los recuerdos se habían quedado sumergidos en mi memoria. Pero nada hacía presagiar que el actual Presidente, podría empezar a hacer uso de su poder y solicitar que me llamen a mi celular; jamás lo hubiera imaginado.
Me habló su chofer. Ellos habían entrado a palacio, y el Presidente le solicitó que se comunicara conmigo. Así, el chofer estableció el contacto, se presentó y me dijo textualmente:
-Señora, usted no me conoce pero yo sí la conozco, a través de lo que me comenta el presidente de la República; habla maravillas de usted, dice que usted lo ayudó cuando no era nadie, que trabajó a su lado, desde los inicios, con pocas personas, pero que usted trabajó con desvelo, en su labor como periodista. No podía creer lo que me decía esa voz. Al inicio, pensé que se trataba de una broma, así que le dije, por favor ¿quién me toma el pelo? Y el mismo chofer me volvió a decir, soy el chofer del presidente de la República, y ésta no es una broma... Le dije que no podía ser, pues estaba viendo, por la televisión, al mismo Presidente entrando a Palacio de Gobierno. -Sí, señora, estamos en el patio de palacio de gobierno, y en este momento el Presidente se va a comunicar con usted, dijo el chofer. Me quedé atónita, pues veía por la televisión, como el Presidente bajaba las gradas de palacio, se introdujo a su carro, y dio inicio a la conversación de agradecimiento que jamás hubiera esperado en mi vida. Detalles como éste, sin duda, inspiran a escribir lo vivido, lo bueno, lo mejor que se compartió en la primera campaña, y claro, también lo malo y lo ingrato: gracias, señor Presidente. Yo viví su logro, el mismo día que ganara las elecciones del 2001, ya estábamos muy alejados; vi la transmisión del anuncio y como lo celebró con sus nuevos amigos, casi todos desconocidos, especialmente para mí. Obviamente, también había otros conocidos que seguramente estuvieron festejando al chino en su primer mandato, cuando ganara las elecciones. Si buscáramos en los archivos de la televisión, encontraríamos que son los mismos los que estratégicamente rodean a los presidentes en nuestro país, a veces no directamente, pero sí, a través de sus recomendados o testaferros. Estaba muy emocionada. Tenía a mi hija de 3 años, en brazos, y se me cayeron las lágrimas, era emocionante. Y cómo no sentirlo así, si habíamos trabajado duro casi 4 años, habíamos sembrado la semilla necesaria para cosechar, no importaba que yo estuviera lejos. Habíamos logrado vender un presidente al pueblo peruano, como lo diría el marquetero Borrini. Toledo se había convertido en Presidente. Para eso trabajamos a su lado, tanto tiempo, y sin descanso. Y aunque estuviera lejos, sentí que era un logro también de nosotros y de mi familia, y que hoy lo veíamos festejar, a través de la televisión. Desde aquella mañana, tuve la impresión que todos mis amaneceres eran diferentes, como él lo había pregonado, un nuevo amanecer, siempre lo decía.
-¡Toledo es presidente!... y sentía que diciéndolo, lo hacía real, palpable y que era un logro alcanzado también por mí. Y presagiaba que habría muchas personas interesadas en que jamás me acerque a él, ni siquiera para saludarlo. Muchos se encargarían luego de alejarme, con infundios y mentiras. Más tarde, el tiempo me dio la razón: una de estas personas sería la congresista Doris Sánchez Pinedo, tal vez la más interesada.
-¡Toledo es presidente!... y lo demás no importaba. Claro, diariamente me había convertido en una investigadora de sus errores y fallas, en sus mínimos movimientos. Curiosamente, cuando abría los diarios percibía, por sus declaraciones, a dónde quería llegar, si estaba de acuerdo o en contra, con alguna actitud de sus ministros. A través de los medios de comunicación, he aprendido a conocerlo un poco más y así a leer entrelíneas sus intenciones. Claro, también a través de la televisión cada día he conocido a un ayayero nuevo, como él mismo les ha denominado. Sólo me recuerdan episodios pasados, como cuando daban su vida por subir a los estrados, en los mítines, a pesar que no era del gusto del candidato y él me solicitaba impedir que suban.

Siempre tuve confianza en sus cartas bajo la mesa. Toledo no es tonto. Se deja guiar sólo hasta donde quiere. Se llena de información, espera la crisis, la ve desarrollarse, observa quienes ayudan y quienes no y después sanciona, sale a cortar cabezas o a dar espaldarazos, públicamente. Aunque, en el seno de los fundadores, sabíamos que este espaldarazo público sólo tendría la duración de una semana más al lado de él.
Bueno, sin más ni más, Toledo es presidente, y todo lo que pudiera estar pasando o pasara, yo solamente lo vería desde el balcón, como el tiempo lo ha querido.
A pesar de ello, me siento orgullosa de la experiencia vivida, por el antes y por el después, y por la limpieza con la que relataré las memorias que viví, al lado del candidato presidencial más variopinto de todas las épocas.

 USANDO A LOS MÁS CHOLITOS Sin duda, una campaña, al inicio, convoca a muy poca gente. A Perú Posible llegaron, primero, los que menos tenían; pude ver a los cuñados y al esposo de una hermana de Toledo, a un tal Mellizo, a un joven de Huánuco llamado Retis, a un cocinero del restaurant Costa Verde, a quien le decíamos el Cholón. La mayoría se acercaba porque no tenían trabajo y veía en el cholo la alternativa creíble para obtenerlo, en el futuro gobierno.