INSTITUTO DE PSICOLOGÍA GENÉRICA
IPsGe
PSICOLOGÍA Y AUTOGESTIÓN
por
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b
) La personalidad posesivac)
La personalidad cohesivad)
Segundo estadio posesivo y cohesivoe)
La personalidad independiente y la socializada5.
Conclusión.____________________
A fines de 1970 y durante el año siguiente, fuí invitado a colaborar en una revista sindical mexicana. En aquel tiempo, estaba recién desempacado de una experiencia semestral en Cuba donde fuí contratado como asesor del Vice-decanato de Investigaciones de la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Habana. Aquello había sido una experiencia de carácter medular y sísmica para mi personalidad. Aún estaba presente en mi la vorágine de situaciones en proceso de cambio, en donde emergían las contradicciones como la caña en los cañaverales. Todo había sido tan intenso que decidí posponer cualquier intento de llevar esas experiencias al papel, como habían sugerido varias amistades, hasta que una buena digestión reflexiva las diferenciara y ubicara en su correcta perspectiva.
Sin embargo, la invitación de la revista sindical (se trataba de la revista SOLIDARIDAD, órgano del Sindicato de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana) constituía un reto. En aquel entonces era la revista obrera de mayor calidad y difusión y de alcances internacionales, por lo que resultaba muy tentadora la oportunidad de comunicar algo de mi experiencia a los lectores que me ponía en suerte. Ellos, los lectores, pertenecían a la gama más amplia de posiciones progresistas, de ahí que me vi obligado a metabolizar mis conocimientos y bagaje experiencial en pos del planteamiento más fundamental posible. Lo vivido en Cuba no me hizo cavilar demasiado. Como psicólogo y como persona comprometida al servicio de mis congéneres, era inevitable plantear la
AUTOGESTION toda vez que, según pienso, en ella se resumen las metas y aspiraciones de una alta humanidad.El esfuerzo de articulista, en la medida de quien lo hizo, produjo tan sólo cuatro colaboraciones - una de ellas en dos entregas - y una quinta que nunca se envió al editor. A causa de esta dosificación - y no hay mal que por bien no venga - que rompió la continuidad temática al espaciar demasiado los artículos entre sí, y debido a la generosidad de los lectores interesados, se justificó su reunión en un pequeño volumen. La empresa que lo editó - Ciencia Internacional - surgió a raíz de los planteamientos expuestos que provocaron la inquietud entre algunos lectores y amistades, por vivir una experiencia autogestora dentro de los límites que la estructura socio-económicas establecía en México. En aquella edición se incluyó una "conferencia-diálogo" sobre el tema, con estudiantes de la entonces Facultad de Comercio y Administración de la UNAM porque, a instancias de un número satisfactoriamente plural de ellos, se hizo una obligación proveerlos con la versión escrita.
El éxito en ventas fué sorprendente. En dos años se agotaron los tres mil ejemplares a pesar de que se carecía, absolutamente, de un sistema comercial de distribución. Me refiero, naturalmente, a un éxito de interés intelectual por la autogestión porque, económicamente, las viscicitudes de la primera empresa autogestionaria mexicana la condujeron al estado de reposo en el que desde entonces se encuentra. Este hecho no fué sorpresa para quienes la integramos, dada la estructura legal que rige las actividades comerciales en donde se niega la propiedad social en favor de la propiedad privada.
Lo importante fué el interés despertado y mantenido durante dos años. Este interés fué más allá de la mera curiosidad. En 1973 el Colegio de Psicología de la Universidad Autónoma de Puebla decide regirse autogestionariamente. En 1974 la Escuela Popular de Arte de la misma universidad opta por la autogestión denominándola Gobierno Colectivo. En la Facultad de Psicología de la UNAM se discutió extensamente esta posibilidad desde 1973 cuya ápice alcanzó en 1977 la huelga de cinco meses de "autogobierno" de esa Facultad y que se prolongó en los Consejos y Comités de participación estudiantil, laboral y docente que le fueron impuestos al academicismo tradicional; y la historia la sigue fabricando la base estudiantil consciente. En ese año 1973 empieza la discusión sobre el mismo tema en la Universidad de Jalapa, Veracruz. En las escuelas preparatorias de estos Estados empiezan a discutir el tema e invitan a los "psicólogos militantes" que así se hacían llamar los de Puebla y otras entidades mexicanas que habían profundizado en la Psicología Genérica, para que les conferenciaran sobre el particular. Mucho de aquello fué generado por la lectura de "Psicología y Autogestión" y posteriormente profundizado por la lectura de textos de autores mas versados en el tema.
Mientras esto ocurría en la Psicología académica, los arquitectos de la UNAM habían tomado ventaja con su autogobierno. La Escuela Nacional de Antropología hacía otro tanto y la de Economía intentaba no quedarse atrás. La vinculación de los estudiantes autogestionarios con la población, hizo surgir colonias, barrios y hasta municipios autogestionarios que pronto fueron sometidos a los moldes de lo establecido por la fuerza... de su circunstancia.
En lo nacional, el gobierno mexicano, en este mismo período, vuelve a impulsar los ejidos colectivos y, a principios de 1974, abiertamente plantea sus proyectos de creación de empresas agro-industriales autogestionarias con asesoría yugoslava. Lo mismo proyecta para empresas turísticas.
En el ámbito internacional, después del aplastamiento de la "Primavera de Praga" se radicaliza la conciencia del mundo en cuanto a la definición del centralismo como otra forma de opresión. Posteriormente en una reunión en París en 1974 también llamada "Primavera de Praga" y que se convierte en movimiento europeo, se plantea la autogestión como la forma de estructura socialista para que esta sea realmente tal: socialista. En este mismo año el partido de la autogestión participa en las elecciones presidenciales en Francia con un número no esperado de electores y, posteriormente, en Octubre de ese año, se convoca una "asamblea socialista" que reúne a todos los partidos, grupos y personas de izquierda y se adopta la autogestión como el plan para el socialismo francés.
En América Latina, Perú responde al golpe fascista en Chile que derroca a la Unidad Popular y sus intentos democráticos, promulgando la ley y creando la primera empresa autogestionaria en Octubre de 1974. Posteriormente, la contra-revolución peruana llegará hasta el fascismo para destruirlo. En Panamá, el gobierno establece los "asentamientos campesinos" con una estructura autogestionaria implícita que debía avanzar hacia su cabal reconocimiento y modifica la estructura política del país de modo tal que se favorece el autogobierno a nivel municipal y de corregimiento, estableciendo las bases del "Poder Popular". En Cuba, tras quince años de centralismo revolucionario, el gobierno opta por elecciones democráticas directas a nivel municipal y regional y establece el poder popular constitucionalmente. Finalmente, el "eurocomunismo" surge como un nuevo intento de realización marxista: "la asociación de individuos autónomos".
Lo anterior lo escribíamos en 1975 poco antes de crear la UNIVERSIDAD ABIERTA DEL TERCER MUNDO en México con apoyo gubernamental, que consistió en todo un sistema autogestionario de "trabajo-aprendizaje"a nivel internacional. Las viscicitudes de la UATM hasta su desaparición son motivo de otro estudio en el Instituto de Psicología Genérica en donde laboramos desde 1992.
Con la intrepidez que exige este lance, quien utilice alguna hora de su única vida en la actividad de leer estas páginas que intentan contribuir a que el ser del hombre retome su dimensión genérica, motivado por la curiosidad propia de la especie; por su apetito de conocimientos o por simpatía recíproca, estará haciendo un trabajo tan auténticamente humano como lo es toda "actividad vital consciente y libre" que tiene por finalidad al propio ejecutor de la tarea y, en este sentido de apropiación, se convierte en coautor de la misma.
G. C. Cohen-DeGovia
Agosto 1992
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De entrada, parecería obvio que el tema de este artículo fuera uno sólo y no dos como propone el título. Sinembargo, hasta donde tenemos presente, Psicología y Autogestión son temas que siempre se han tratado separadamente o, en el mejor de los casos, en yuxtaposición. Cuando se plantea la autogestión, se hace en un contexto y desde un punto de partida socioeconómico y político. En estos casos, la persona y la ciencia que la tiene como objeto de estudio, se consideran como epifenómenos. Cuando se hacen planteamientos psicológicos, estos generalmente ocurren a partir de necesidades concretamente limitadas, en donde se piensa en una práctica profesional especializada para su solución. En estas circunstancias, se opera dentro de una realidad parcelada y se pierde el enfoque más significativo que enmarcaría la realidad global del ser humano.
No obstante lo anterior, cuando la psicología se eleva por encima de su anclaje tecnológico - aparatos, tests y estadísticas - a los que angustiosamente se aferran algunos colegas despistados en su afán de que se les reconozca como "verdaderos" científicos, es decir, como si fueran físicos y la ciencia del hombre encuadra su tarea en la dimensión que le corresponde, lo que implica una ruptura epistemológica con la traición física y química de la ciencia, y los psicólogos aceptan la responsabilidad que ello implica, entonces el planteamiento de sus metas cobra un giro por demás interesante: la producción de la vida de cada persona, la sociedad y la especie como práxis de apropiación que se sintetiza en la conciencia.
Por otro lado, cuando aquellos que favorecen la autogestión profundizan en su contenido, es decir, las personalidades de los campesinos, obreros e intelectuales, y dejan de "amasarlos" y "enclasarlos" debido a su incapacidad de hacer comprensible la situación en el sub-nivel socio político, en donde impera el pragmatismo más grosero y el simplismo de pensamiento, entonces sus metas aparecen como el categórico más deseable para la humanidad: seres humanos totalmente dueños de sus vidas, libres de imposiciones, miedos y dogmas.
De hecho, la ciencia del hombre - la Psicología - avala con sus descubrimientos experimentales y los productos de su observación metódica en todos los ámbitos de la vida humana: personal, grupal, comunitario, institucional y societal, los planteamientos socioeconómicos y políticos de la autogestión. A su vez, la autogestión provee el marco social para que el hombre que la psicología enfatiza, pueda realizarse.
Siendo esto así, como lo es, cabría interrogarse sobre el porqué no se han unificado ambos temas en uno solo y de mayor significación para la vida humana. Avanzando más allá de los porqués. Sería necesario problematizar la viabilidad de esta síntesis. Sin embargo, los límites de este artículo sólo nos permite hacer algunos señalamientos específicos para el sub-nivel de la base obrera y, por otro lado, algunos otros en torno a aquellos que, desde una posición privilegiada de poder, intentan implantar total o parcialmente, la autogestión. Con todo, no quisiera marginalizar las interrogantes si no salirles al paso aunque sea someramente.
Psicología y autogestión no se habían podido unificar debido a la diversidad de sus orígenes y, posteriormente, a la profundización de su separación en el proceso histórico que cubre el siglo XIX y el XX. Los planteamientos explícitos de autogestión surgen de las condiciones sociales reinantes en el siglo XIX y como producto de toda la historia del hombre en su lucha por liberarse de la opresión. La Psicología surge como producto del avance de las ciencias físicas y naturales a fines de ese siglo pero inmersa en una estructura social que inmediatamente le exige subordinarse a los intereses de la clase dominante. De este modo, la psicología ha debido realizar una doble lucha: por una parte, contra la tradición mecanicista de las ciencias físicas y naturales que le impidieron definir adecuadamente su objeto de estudio - el hombre - y le imprimieron la atomización de este en funciones detenidas en su particularidad (memoria, percepción, atención, etc.). Por otra parte, ha debido luchar contra su utilización de servidumbre para beneficio de quienes en sus respectivos momentos detentaban el poder social.
En tanto que los planteamientos autogestionarios han debido luchar por liberarse de las concepciones autárquicas y utópicas y contra la represión brutal cuando se ha puesto en práctica. Ambas, Sinembargo, han tenido un mismo y único enemigo común; la ignorancia poderosa que niega la libertad del hombre basada en su característica esencial; razón y conciencia y sólo la admite en los poderosos por razones celestiales y raciales.
La segunda guerra mundial marcó el momento de cambio histórico en la conciencia de la mayoría de los hombres. Se descubren a sí mismos los hoy llamados "países del tercer mundo". Se enteran que han sido expoliados y explotados y que, algunos, como los países de América latina, habían alcanzado una disfrazada independencia política pero seguían encadenados económicamente. Es el momento en que comprendemos nuestra situación pero carecemos de los medios para remediarla. Ciertamente no será el imperialismo quien nos los va a proveer. Debemos, pues, valernos por nosotros mismos y, de esta manera, surgen los brotes autogestionarios tanto en Europa como en Asia, en África y América latina y el Caribe. Estos hombres oprimidos se rebelan, luchan en todos los campos y, en ese accionar para sí mismos, empiezan a modelar un nuevo hombre. No es ya el ser esencialmente irracional del psicoanálisis, tampoco es el apéndice eficiente de la máquina del conductismo. Se trata precisamente de lo contrario. Es un hombre cada vez más consciente y que, por lo tanto, ha de poner las máquinas a su disposición. Esto implica una nueva Psicología del hombre total; una psicología que tenga como premisas básicas que el hombre es un ser que cambia, que se auto-construye, que se genera y engendra a sí mismo, es decir, una
Psicología Genérica. Aquí se funden psicología y autogestión y se convierten en la práxis y gnosis del ser pensante.La activación de todos y cada uno de los obreros y campesinos en los procesos de análisis y toma de decisión en aquellas situaciones laborales que los afectan y que, por tanto, son de su incumbencia directa, es un requisito indispensable de la autogestión. Pero el trabajador necesita aprender a responsabilizarse de la gestión y actuar consecuentemente. Por una parte, esto es un problema del modo de vida dependiente - enajenado - del cual deberá liberarse. Mas concretamente, es un problema de dependencia potencializado por los sistemas educativos tradicionales que enfatizan la obediencia y la disciplina - el control - dirían los psicólogos imperialistas. Por otra parte, es un problema específico del cómo se procede a la toma de decisiones colectivamente, problema que ya ha resuelto la psicología de los grupos y, utilizando una concepción más general, la Psicología Social.
Sinembargo, cuando se ha intentado la autogestión, este conocimiento no se ha puesto a disposición de los trabajadores. Al contrario, ha estado al servicio de los dirigentes quienes se han aprovechado de ellos para resolver situaciones difíciles y para un mejor éxito en sus operaciones. En los países explotados que aún viven procesos de reforma social - que no de revolución - y en donde se suceden múltiples intentos autogestionarios impuestos desde arriba, las dificultades encontradas indican que para que el obrero esté en disposición de aprender a gestionar su propio trabajo, tiene primero que vencer una actitud milenaria y justificada de desconfianza hacia la empresa que repentinamente es suya. Esta actitud no sólo ocurre en obreros de empresas privadas (que pueden tener una administración nacional-progresista) y en cuyo caso la pervivencia de la desconfianza se comprende, sino también a los obreros de cooperativas y de instituciones de beneficio social.
El sólo hecho de superar, aunque sea parcialmente, este extrañamiento entre trabajador y empresa es toda una conquista pues se trata de la condición básica de la autogestión misma, es decir, que el trabajador sienta la empresa suya, como en efecto lo es. Este punto que es clave, ha sido expoliado por los propietarios de empresas privadas y los psicólogos a su servicio, convirtiéndolo en lo contrario. Cuando se analiza lo que hacen éstos últimos, se pone en evidencia que crean una mayor dependencia del trabajador hacia la empresa; los hacen sentir que su vida pertenece a la empresa y que sin ella, sería tantísimo peor. La entrega del obrero es, entonces, total. Ya no sólo su fuerza de trabajo sino sus sentimientos están detentados.
En estos casos, a pesar de los disfraces conceptuales y demagógicos, en lugar de "equipos de trabajo" y "espíritu de grupo" y demás planteamientos sonoros, lo que realmente se ha producido es un aglutinamiento emocional del trabajador a la empresa. Se desdibujan sus personalidades y se sumergen en un sentimiento amorfo sobre la empresa que los engulle y gobierna. "Todo lo que soy se lo debo a la empresa", es el sentimiento que prevalece y proceden a enumerar una lista seriada de beneficios obtenidos. En resumen, una lista de "cosas" baratas, por las cuales pagan con su ser y su vida. Los trabajadores pueden afirmar que reconocen esto y, aún, agradecerlo!
Efectivamente, siempre ha parecido más cómodo que "otro" se haga cargo de uno mismo. La pasividad, la dependencia, en suma, la enajenación, constituye el obstáculo principal, desde el ángulo del trabajador. Es necesario señalar de inmediato que la autogestión es, precisamente, asumir y apropiarse de lo que se había abandonado en manos de otro. Y esto es difícil. Hay que estudiar, informarse, sentarse a discutir y analizar y tomar parte en las decisiones y sufrir las angustias del riesgo de malas decisiones. Todo esto, mientras se sigue trabajando en la propia especialidad.
Hacerse cargo de uno mismo y de la producción y de su destino es algo que los psicólogos sabemos bien que de, preferencia, se evade. Agréguese a ello el hacerse cargo, colectivamente, de los compañeros de trabajo, de los destinos de la producción y de los riesgos de las malas decisiones para que el panorama se haga sumamente pesado. En este punto es donde se separan los hombres de personalidad más auto-construída (madura, dicen algunos psicólogos) de aquellos hombres de personalidad enajenada.
Por su parte, quienes desde una posición de poder, político o administrativo, intentan hacer funcionar la autogestión, total o parcialmente, han demostrado caer en dos actitudes que traicionan sus mejores intenciones.
En el caso del poder político, los dirigentes han demostrado una lamentable carencia de conocimientos reales sobre el ser humano. Toda vez que su concepción del hombre se ha formado a raíz de su propia experiencia en el quehacer público, esta idea de hombre resulta por demás sobrepolitizada. Según ellos, el hombre es un miembro del partido, en el mejor de los casos, o candidato a tal: disciplinado, obediente, asiduo participante de las marchas, mítines y manifestaciones públicas; provisto de un lenguaje ad hoc, con el cual debe difundir la "realidad" aún en los momentos de intimidad conyugal o arrullar al bebé con la marcha del partido.
Ahora bien, una vez en el poder, le dan a la población los frutos de su experiencia política en forma de arengas y, con ello, pretenden que la gente se asuma. Cuando esto no ocurre, y no puede ocurrir porque afortunadamente la población no ha vivido esas experiencias deformadoras, entonces los dirigentes deciden que "aún no está preparada" y proceden a enquistarse en el poder.
Desde otro ángulo, los que tienen poder administrativo (que son los de más conflictos) cuando intentan modificar la organización interna de una empresa o institución para favorecer la integración de los trabajadores a los procesos de toma de decisiones, generalmente caen en el paternalismo cuando se enfrentan a las demandas irracionales de los trabajadores quienes sienten las modificaciones de la organización como dádivas y, entonces, se comportan caprichosamente traicionando sus propios intereses y obligando, según los administradores, a retomar el poder.
En ambos casos, políticos y administradores, retienen forzosamente, es decir, detentan lo que no les es propio: el poder de decisión sobre la colectividad. La detentación es, sin lugar a dudas, el obstáculo que impide la realización humana desde el punto de ubicación del ejercicio del poder.
Para lograr un hombre verdaderamente libre, este se tiene que producir, autoconstruír en colectividades autogestoras. Para ello, se tiene que superar la enajenación y la detentación y su dialéctica. Y el mismo proceso de superación es, a través de la apropiación de sus circunstancias, es decir, la objetivación; la humanización del hombre.
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LA IMPORTANCIA DEL DESEMPEÑO DE MÚLTIPLES TAREAS PARA LA AUTOCONSTRUCCIÓN DE LA PERSONALIDAD
Las metas de la autogestión para las personas, consisten en que cada una pueda asumir a plenitud varias y diversas tareas simultáneamente y en los momentos en que su grupo, comunidad, institución o país lo requieran. En una sola frase, se trata de la formación de: "individuos autónomos asociados". Estos propósitos se oponen de una manera radical a la práctica todavía vigente de la llamada especialización, en donde las potencialidades múltiples que son inherentes al ser humano, se ven impedidas de aflorar o, en su caso, resultan mutiladas.
El punto de partida de los planteamientos actuales sobre la polivalencia laboral se encuentra en Marx quien busca redimir al "... trabajador aislado... baldado por la repetición perpetua de una sola e idéntica operación trivial", sustituyéndolo por el "individuo plenamente desarrollado apto para diversos trabajos, listo para encarar cualquier cambio de producción, y para el cual, las diferentes funciones técnicas y sociales que desempeña, no son sino otras tantas formas de dar rienda suelta a sus propios poderes naturales y a los que ha adquirido. (1).
Posteriormente, y tratando de realizar estas ideas, Lenin declaraba su aspiración de que cualquier panadero podía dirigir el Estado desde su panadería. Mas recientemente, M. Pecujlic (2) trata de establecer que el propio desarrollo tecnológico contribuye a la formación del "obrero colectivo", es decir, al desarrollo del trabajador integral que reúna, en su persona, los elementos manuales e intelectuales de la tarea. Por su parte, H. Lefebre propone el rescate de la cotidianeidad mediante la autogestión. (3).
Ciertamente que el deseo de que cada ser humano se despliegue en forma de abanico y ponga en juego su total potencialidad, descubriendo e inventando nuevas posibilidades para su colectividad y, por tanto, para sí mismo, es propio tan solo de personas profunda y esencialmente humanistas. Sinembargo tanto el "sentido común" como nuestra experiencia cotidiana parecen poner en entredicho estos buenos deseos. ¿Acaso no ha sido un éxito rotundo el sistema industrial de producción por partes y en serie? y, siendo este el caso ¿no es mejor funcionar mediante equipos de personas en donde cada una está especializada en uno de los aspectos que se requieren para producir el todo? de lo contrario, ¿ acaso no sería caer en lo que señala el viejo proverbio de "aprendiz de todo y oficial de nada" ? Además, es incuestionable el desarrollo y complicación de los procesos industriales actuales al grado que resulta imposible que una persona domine todos los aspectos de la producción de un sólo aspecto, mucho menos que pueda agregado al trabajo manual, dominar la gestión administrativa y económica de la empresa y, todavía peor, cargar con los asuntos del Estado. En resumen, parecería obvio que existieran límites a las posibilidades del hombre individual que han sido sobrepasados por la complejidad de la vida moderna y que, por lo tanto los buenos deseos de los mejores humanistas se vean reducidos a tales.
Quienes así piensan son presa flagrante del "individualismo " más torpe. Sencillamente confunden autogestión con autarcia, es decir, una supuesta condición de bastarse uno a sí mismo, de subsistir por sí, sin necesidad de otro para su subsistencia y desarrollo, con lo cual sólo ponen de manifiesto tanto su enajenación a la ideología burguesa liberal nunca realizada por imposible, como su ignorancia de los conocimientos que las distintas ciencias han producido sobre el hombre, particularmente la Psicología, en donde se descubre la naturaleza inherentemente social de cada persona. Pero, antes de concluir adjetivando conceptos sobre conceptos, concedamos el beneficio de la duda e interroguemos a la ciencia de síntesis - la Psicología - para saber si puede aportar algo en la dilucidación de estos planteamientos.
Primero es el modo de ser y después, el ser. Efectivamente, contra la creencia popular, la Psicología ha demostrado que el modo de producir su vida determina las limitaciones de unos hombres - la mayoría - tanto como las realizaciones y la trascendencia de otros - la minoría -.
El ser de la especie humana es, por naturaleza, un ser sociocultural. Esto quiere decir que, a diferencia de los otros animales que tienen sus respuestas preestablecidas (instintos) el hombre tiene que aprender (aspecto cultural) de otros hombres (aspecto social) e inventar sus propias respuestas al medio en el que está inmerso. Dicho de una manera concreta la especie humana y cada persona en particular, tiene que producir su vida. Cada uno de nosotros, necesariamente, tenemos que engendrar y generar constantemente nuestros cuerpos, nuestros conocimientos y nuestras motivaciones desde la fecundación hasta y aún después de la muerte, a través de nuestros descendientes y las obras que hayamos producido.
Las investigaciones psicológicas han demostrado también que no es posible la vida humana en ausencia de otros hombres. Desde las investigaciones sobre los llamados niños lobos (4), pasando por los casos de personas que han vivido encerradas en sótanos, hasta el estudio sobre el efecto del aislamiento de los cosmonautas en las naves espaciales, se sabe que los seres humanos se necesitan mutuamente si es que han de subsistir y desarrollarse. De esto se infiere, entonces, que la vida social es una condición que necesariamente se debe dar para que la posibilidad humana ocurra. Por el contrario, si se vive desde chico con lobos, se animaliza el niño al grado que ya no será posible humanizarlo posteriormente. En este mismo orden de ideas, si a un adulto se le encierra en aislamiento durante algún tiempo, su personalidad se verá mutilada empobreciéndose a una velocidad de días y horas lo que costó años en formarse y desarrollarse.
De lo asentado arriba se puede apreciar que, la condición social es esencial de y para el hombre. De ella dependerá si un ser se desarrollará como humano y el grado de desarrollo que tendrá. "Dime con quién andas y te diré quién eres"; este refrán expresa con exactitud los límites que imponen a la personalidad las relaciones que mantiene. Si nos relacionamos con un grupo de gente positiva, constantemente estaremos estimulados a superarnos para estar a tono con ellos. Lo que ellos nos comunican nos reporta conocimientos que amplían nuestras motivaciones y nos hacen actuar. En tanto que si nos reunimos con gente de personalidad menos construida, nuestro propio desarrollo no rebasará esos límites.
El modo de producir nuestra vida, es decir, nuestra Personalidad, resume los aspectos mencionados. Por un lado están los Medios de producción de la vida: el cuerpo, los conocimientos y las motivaciones, que son los aspectos que necesitan crecer, desarrollarse y madurar constantemente estructurando al YO y, por el otro, se encuentran las Relaciones vitales: familiares; educativas; laborales; amistosas y cívicas; y las sexuales o amorosas, que son las relaciones interpersonales que establecemos y dentro de las cuales vivimos, que estimulan o limitan las posibilidades de nuestro crecimiento y desarrollo y que estructuran al OTRO. La conjugación de ambos aspectos (YO-OTRO) acontece como Conciencia Recíproca, Allelon (del griego; pronombre personal que significa "uno de otro".) que se expresa en el proceso mismo de producción de nuestras vidas, es decir, nuestra Conducta.
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Ontogénesis autogestionaria.
El modo inicial de producción de la vida en la infancia, ocurre con la dotación corporal que a cada cual aporta la especie. Esta dotación, lejos de limitarse a las posibilidades mecánicas de la musculatura y a los movimientos viscerales que cumplen funciones fisiológicas vegetativas, aporta una "tendencia primaria mas fuerte que el hambre y anterior a la sexualidad" que se ha denominado vinculación afectiva (5). El infante humano y algunas otras crías de animales superiores, establecen un nexo para con los adultos de su especie que los rodean y que les resulta vital para su desarrollo posterior. De esta manera, la dependencia del bebé para con sus padres no debe comprenderse como debida a su inutilidad, es decir, una dependencia pasiva si no que en ella se descubre una vinculación activa de tipo emocional que deberé realizarse adecuadamente para que el desarrollo ulterior ocurra positivamente. Este es el modo aglutinado de producir la vida o personalidad aglutinada. El infante, ciertamente, no tiene conciencia de sí mismo si no que, en el proceso de crecer y vincularse, va adquiriendo conciencia, primero de quienes lo rodean. Como señaló j. Bleger (6), el infante no tiene Yo, es pura relación.
Al parecer, todos entendemos esto con claridad cuando nos referimos a los infantes pero ¿sería ilegítimo concebir a los adultos produciendo su vida aglutinadamente? ¿No sería una lamentable extensión de lo descubierto por la Psicología Genética en sus estudios de la infancia humana a una porción de la realidad en donde no es aplicable? Por otra parte, ¿acaso no abundan adultos que carecen de conciencia de lo que son y que viven de acuerdo y en dependencia de lo que los otros le señalan? ¿Acaso no observamos en estos adultos graves dificultades para tomar decisiones al grado que dan la impresión de ser incapaces de ello, dejándose guiar por el criterio de otros? Pensamos que no hay ilegitimidad en la concepción de un modo de vida aglutinado en demasiados adultos; se trata de que su personalidad no ha cambiado cualitativamente. En estas personas se han sucedido cambios cuantitativos tales como el crecimiento, desarrollo y maduración de sus cuerpos e, incluso, la acumulación de información sobre la realidad pero, es frecuente encontrar que su corporeidad está deformada según el tipo de trabajo que realicen y sus conocimientos - si es que se pueden llamar tales - no van más allá de una primaria mal hecha, en el mejor de los casos, y sus motivaciones se encuentran limitadas a la búsqueda de los satisfactores biológicos - comer, beber, sexuar - y algún otro símbolo de la sociedad de consumo: un radio de transistores o un televisor para perderse en la masificación.
El retraso cultural de estos adultos aglutinados - el hombre masa de Ortega y Gasset o el hombre mediocre de José Ingenieros - tan sólo les permite la realización de una tarea a la vez, por lo general, de tipo manual, aprendida a través de la repetición constante y bajo la supervisión estricta de otros. Por cierto, este es el panorama que la Psicología Conductista considera ideal, particularmente para los países de nuestro Tercer Mundo, para mantenernos adocenados y que los imperialistas puedan continuar explotándonos a su antojo. Esta es la única función real de la Psicología Conductista puesto que, "como ciencia, en el mejor de los casos, es una trivialidad" (7).
De los adultos de personalidad aglutinada no se pueden esperar iniciativas; viven y mueren dentro de una categoría laboral generalmente denominada peón o mozo y, las mujeres, labores domésticas. Más aún, si se les pide que realicen dos tareas o que aprendan una nueva, reaccionan con agresividad debido a la frustración que les producen sus intentos fallidos.
¿Cómo llegaron a esta triste situación la mayoría de adultos de personalidad aglutinada que hay en el mundo? La respuesta a esta interrogante ha sido demostrada de manera casi absoluta por todas las investigaciones que al respecto se han hecho: la imposibilidad de dar el salto cualitativo en el modo de producir sus vidas, su personalidad, se debe a las relaciones en que han estado inmersos en el transcurso de sus vidas. Analizando estas relaciones desde el sub-nivel más amplio al sub-nivel más específico de integración humana, se destaca que viven sumergidos en una estructura social que no ha creado las condiciones para que sus instituciones y comunidades que la conforman, puedan contribuir a la construcción de la personalidad de quienes las integran si no al revés, las instituciones, empresas y comunidades están organizadas de manera tal que sólo promueven el desarrollo de una minoría de seres humanos. La enorme mayoría de los hombres dependen y se aglutinan bajo estos privilegiados mientras sobreviven, en sus grupos familiares y barrios de una manera que difícilmente se puede llamar humana. Ahí pasan su vida y, como enfatiza la Psicología, la parte más importante de ella: la infancia y la niñez, porque son las edades en donde la formación de la personalidad puede o no dar margen para la estructuración de modos superiores de producir la vida.
En estas comunidades, barrios y calles, púdicamente llamados humildes, hay falta de alimentos y demás condiciones sanitarias necesarias para un desarrollo corporal adecuado, no hay estímulos para un desarrollo de conocimientos, pues las necesidades biológicas obligan a la búsqueda de su satisfacción inmediata, de donde resulta que ir a la escuela es un lujo que no se pueden permitir y, finalmente, las motivaciones se ven limitadas a las del nivel biológico, que es el animal. Las relaciones interpersonales son con personas que se encuentran en la misma situación, de ahí que no se pueda romper este círculo vicioso.
En resumen, el primer estadio del desarrollo de la personalidad, el modo aglutinado de producir la vida es, todavía, la forma de vivir de millones de adultos y se corresponde a la casi imposibilidad de que participen en la gestión tanto de sus actividades laborales como de sus otras circunstancias. La causa de este atraso se ha precisado en las relaciones detentantes en que se encuentran las que, al impedirle desempeñar múltiples tareas desde chicos y responsabilizarse de las mismas, han impedido la autoconstrucción de sus personalidades como las requiere una sociedad para su diferenciación y desarrollo.
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Examinemos ahora el segundo estadio del desarrollo de la personalidad. Este ocurre durante el período en que va diferenciándose el niño de las relaciones en que se encontraba inmerso con personas y cosas hasta la afirmación inicial de su propia identidad, es decir, cuando forma su conciencia de sí mismo. Para lograrlo, el niño tiene que poner en juego sus recursos vitales: su cuerpo, sus experiencias acumuladas y sus motivaciones. Tiene que caminar, oler saborear y, en general, entrar en contacto físico directo con cuanto le rodea. De esta manera, y sólo así, va teniendo la sensación de los objetos y recíprocamente, de sí mismo como realizador de la acción. Repitiendo innumerables veces el mismo acto, se va precisando la diferencia entre el objeto (persona o cosa) y él, acumulándose su experiencia y estimulándose a seguir repitiéndola o cesar de ello. Por esta razón, no es extraño ver a los niños insistir, de una manera aparentemente insensata, en la realización de un mismo acto. Lo que están haciendo es conocer al mundo y conocerse a sí mismos.
Como les consta a los padres, durante este período los niños son muy "egoístas" y es frecuente oírlos reprochar a sus hijos porque "quieren todo para sí y no les dejan nada a sus hermanitos". Efectivamente, el niño necesita poseer todo cuanto le rodea, como forma de poseerse a sí mismo. Si no manipula las cosas, si los objetos no obedecen a su voluntad - tal como hacer aparecer y desaparecer un cochecito bajo un mueble; o hacer aparecer a la madre mediante el llanto - entonces no habrá manera de que logre su autonomía basada en un conocimiento inicial de sí mismo, puesto que no podrá hacer la diferencia entre el mundo y él. Este es el modo posesivo de producir la vida.
Como podrá apreciarse, es necesario que el estadio aglutinado se haya cumplido adecuadamente, es decir, que las relaciones del bebé con sus padres hayan permitido una vinculación efectiva en la que la exploración del mundo se pueda realizar y, consecuentemente, se desarrollaran las potencialidades sensoriales del niño para que pudiera pasar al estadio posesivo en donde desarrollara su autonomía. En el pequeño ser humano el modo posesivo de producir su vida es normal y necesario pero, en el adulto no significa otra cosa mas que una detención en la construcción de la personalidad. Y no deja de asombrar los millones de adultos que sólo han podido construir su personalidad hasta el estadio posesivo. Estos adultos son lo que poseen y sólo poseyendo pueden ser. Ellos son su vestimenta; su habitación; su reloj; sus alhajas; su automóvil; su televisor; su cuenta bancaria; su mujer o su hombre. En el mundo laboral, ellos son los especialistas clásicos, que se apropian de manera absoluta de su función al grado que se convierten en ella, es decir, la encarnan. No es difícil, de esta manera, reconocer aún desde lejos a un burócrata: camina como tal; viste como tal; habla como tal. Lo mismo se puede señalar para los profesionales y obreros calificados quienes estructuran, dentro de sus respectivos gremios, jerarquías inamovibles en donde cada quien sólo puede y debe ejecutar su tarea, cuidándose de no invadir campos ajenos en consecuencia, se cae en el "no-me-toquismo", en donde las delimitaciones de funciones son tan rígidas que se astilla el proceso laboral y cada especialista convierte su "ser-función" en una Barataria *(isla gobernada por Sancho Panza en "Don Quijote de la Mancha").
Y no se trata de que éstos hombres estereotipados en el modo posesivo de producir sus vidas se rehusen a asumir otras tareas, es que psicológicamente no pueden asumirlas porque un crecimiento de responsabilidad presupone un desarrollo y cambio en la personalidad y esta se encuentra fijada en la necesidad de afirmarse posesivamente, como un YO, a expensas de los OTROS, que tanto objetivamente como en la interioridad de cada persona los conforman. Ciertamente que la estructura social o, dicho de otra manera, la forma en que está organizada la sociedad capitalista de rapiña, al amenazarlos perennemente con hacerlos desaparecer como personas, es decir, reducirlos a un modo aglutinado de vivir, convirtiéndolos en algo amorfo, obliga a los seres que en ella viven a esforzarse por subsistir posesivamente. Es interesante mencionar una de las ideas más comunes en este medio social: "Hay que ser o llegar a ser alguien", como si quien lo pensara y dice no lo fuera desde el momento mismo en que puede pensarlo y decirlo. Y es que la amenaza al viviente de ésta especie alcanza, en esta sociedad hasta lo esencial: su calidad de Ser pensante, es decir, que pierden la conciencia de que por el sólo hecho de ser de ésta especie, por definición, son alguien y no algo.
El poseer, para poseerse a sí mismo, es el signo de la lucha por la subsistencia psicológica dentro del sistema social capitalista. Ya en el siglo pasado (XVIII), cuando Marx encabezaba la lucha contra la propiedad privada, señaló las consecuencias que para las personas significaba este sistema: "la propiedad privada nos ha vuelto tan tontos y tan limitados, que un objeto sólo es nuestro cuando lo tenemos, cuando existe pues, para nosotros como capital; cuando es inmediatamente poseído, comido, bebido, llevado sobre nuestro cuerpo, habitado por nosotros, etc.; en una palabra, cuando es utilizado por nosotros..." (1).
Este panorama personal de prácticamente la otra mitad de los adultos del mundo, está determinado por la estructura social en que vivimos y que ha empujado la irracionalidad de la posesión a su consecuencia digestiva: Ser es consumir.
Hasta aquí hemos recorrido dos estadios del desarrollo infantil y hemos visto como es posible que esos modos de producir la vida se estabilicen, prolongándose hasta la edad adulta, debido a la estructura social que permite tan solo, una acumulación cuantitativa de los medios de vida de las personas pero impide el cambio cualitativo de la personalidad.
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Hay un tercer estadio en el desarrollo en la niñez, que ocurre una vez que el niño adquiere una conciencia parcial de sí mismo a través de la posesión. Durante ese proceso posesivo y, con mayor énfasis después, el niño empieza a ubicarse dentro de su grupo familiar como un miembro. De esta manera el niño va ampliando su autoconciencia al descubrir, como parte intrínseca de sí a los otros que lo conforman. Es así como va descubriéndose múltiple al hacer suya la personalidad de los otros: primero le bastaba ponerse los zapatos del papá o mamá para convertirse en ellos. Posteriormente, ya no requerirá los disfraces sino que sabrá comprender a sus familiares y ponerse de su lado durante alguna argumentación familiar o, en su ausencia asumir la función que ellos realizaban. Esta gradual modelación de la realidad social de su psiquismo constituye, y se expresa, un sentimiento de pertenencia - que no es otra cosa que la vinculación afectiva más diferenciada y acorde con el desarrollo -. Desde los 7 u 8 años de edad hasta la pubertad, los niños se tornan más hacendosos y serviciales; se preocupan por sus hermanitos y sus padres y, en fin por su familia toda. Ya no son tanto Juan o María sino Pérez y De la O. La ocupación en favor del bienestar de su grupo se convierte en su actividad principal. Sienten al grupo familiar como a sí mismo, de tal manera que lo que le ocurra al grupo - bueno o malo - les ocurre a ellos. Dicho en forma sofisticada, han internalizado al grupo en su propio ser y, simultáneamente, el grupo los ha aceptado como miembros con su propio valor. Aquí es donde se hace claro lo que antes había permanecido encubierto y difícil de precisar: el carácter recíproco de la conciencia de sí. El YO, que tanto enfatizó la psicología mecanicista, se puede comprender ahora como lo que es: El "Allelon", la conciencia recíproca de YO y OTRO que son inseparables y que revelan la naturaleza esencialmente social de cada persona. Esto que se observa con claridad en este estadio es lo que llevó a los observadores, desde la antigüedad, a señalarla como la edad en que se llega al "uso de la razón". Al modo de producir la vida en este estadio lo denominamos Cohesivo.
Desgraciadamente existe tan solo una pequeña proporción de adultos de Personalidad Cohesiva en el mundo. Se trata de gentes que, a través de esfuerzos personales considerables, han logrado aprovecharse de los pequeños resquicios que hay en la estructura social actual, para alcanzar este modo superior de desarrollo. Estas personalidades tienen como ocupación vital a sus grupos, su empresa o institución, su comunidad o su país. Los observamos activos en varias tareas técnicas y sociales; son, por ejemplo, ingenieros o maestros o psicólogos; miembros del comité de mejoras de su comunidad; jugadores en algún equipo deportivo; activos políticamente; además de responsables trabajadores de su especialidad y, toda esta participación la realizan de muy alta calidad. Es decir, se trata de gentes desarrolladas física, cultural y motivacionalmente, que han puesto a sus relaciones a tono con ello. Generalmente son profesionales o autodidactas muy superados con ideas claras sobre las situaciones colectivas que viven y son capaces de actuar para apoyarlas o intentar cambiarlas.
Lo que los demás acostumbran señalar de ellos como asombroso e inaudito, es la sencillez con que viven o lo "pobres" que murieron, implicando que a estas personalidades no les faltaron oportunidades de enriquecerse pero las desecharon voluntariamente. Este es un señalamiento forzoso en una sociedad en donde los valores de más jerarquía consisten en la posesión. Y es que se trata, realmente, de una imposibilidad psicológica para estas personalidades dejar de ser lo que son. Sólo enfermando - viviendo un proceso de regresión en su personalidad - podrían ellos llegar a la posesión de objetos como sentido de su actividad vital.
Resulta muy estimulante comprobar como esa pequeña porción de seres humanos de personalidad cohesiva, va aumentando a grandes números a medida que avanza la putrefacción de la estructura capitalista. La bancarrota del sistema de la propiedad privada producida tanto por las contradicciones internas del propio sistema como por el despertar esforzado de los pueblos oprimidos a partir de los años sesenta y como consecuencia de la guerra del Viet Nam, los movimientos pacifistas del mundo, los movimientos estudiantiles y los movimientos de liberación nacional, se ha estado creando una nueva situación política en el mundo, y con ella ciertamente, un nuevo hombre que, en luchando por su libertad se apropia de su circunstancia.
En el otro extremo de la nueva situación mundial se encuentran los movimientos juveniles en los países imperialistas y del segundo mundo, tipificados como movimientos "hippes". Los jóvenes de estos movimientos - excluyendo los casos aberrantes - rechazan la posesión como sentido de la vida y afirman el amor, es decir, la pertenencia a la especie humana como principal razón de ser. Esto, naturalmente, no significa irresponsabilidad como lo pintan las campañas propagandísticas de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y otras organizaciones difusoras de la ideología de los enquistados en la estructura de la posesión; ni hipersensualidad como lo claman los mercaderes de las "zonas rosas" y los "jet sets" del mundo. Todo lo contrario se necesita un grado de desarrollo personal superior para tomar conciencia y renunciar al falso desarrollo económico que fue definido por Ernesto Guevara - el Che - como el desarrollo del subdesarrollo, dejando de ser un consumidor para convertirse en productor de humanidad
Hasta aquí los tres estadios normales del desarrollo en la infancia que son perpetuados por la estructura social en los modos de producción de la vida de los adultos del mundo actual.
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Segundo Estadio Posesivo y Cohesivo
Cuando se llega a la adolescencia, que es el período de rápido crecimiento, se reinicia un nuevo proceso de posesividad en el púber necesario para apropiarse de sus nuevos medios de vida: Su nuevo cuerpo y sensaciones; sus nuevas experiencias y sus nuevas motivaciones y poner a tono con ellos tanto las relaciones que mantienen como las nuevas que tienen que establecer. Este segundo proceso posesivo, en las sociedades capitalistas, generalmente se estabiliza y se prolonga durante toda la vida convirtiéndose en el estereotipo de la mayoría de sus habitantes. Finalmente, aquellos que ya como jóvenes. Logran romper las cadenas del consumo evolucionan a un modo cohesivo de vivir.
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La personalidad Independiente y la Socializada
Sobre los logros alcanzados en el modo cohesivo de producir la vida, se pueden vislumbrar otros dos modos en el devenir de la personalidad: el modo de vida independiente y el socializado. Sin embargo, hasta donde llegan nuestros conocimientos, no se ha detectado a ningún viviente de esta especie que haya logrado auto-construirse tan por encima de las relaciones sociales que lo detentan. Nos atrevemos a dudar, aún, de que el Che Guevara haya logrado construirse una personalidad independiente, aunque no podemos negar que es buen candidato a ese elogio. En él encontramos muchas de las características propias de tan alto nivel de desarrollo personal y puede servirnos, a los fines de este artículo, para ejemplificar la importancia del desempeño de múltiples tareas en la autoconstrucción de la personalidad.
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En síntesis, a la realización de múltiples tareas en las que la persona asume la responsabilidad de ellas, se corresponde un mayor desarrollo personal. Lo inverso también es lo cierto, pues se trata en realidad de una sola y la misma cosa: Las múltiples potencialidades del ser humano liberadas en el proceso mismo de producción de su vida.
A nuestra manera de ver, la Psicología responde afirmativamente a las proposiciones de la autogestión. Sien embargo, admite que el hombre actual - las personalidades aglutinadas y posesivas - es un pobre inicio para asumir las responsabilidades que implica el propio gobierno en todos los sub-niveles humanos de integración: grupal; comunal; institucional y social. No obstante, y simultáneamente, la Psicología que surge a partir del hombre del Tercer Mundo - la Psicología Genérica - descubre y plantea la autogestión como la forma de lograr la humanización a la vez que la meta de una alta humanidad. La práxis desalienadora que ya se ha iniciado en las luchas de liberación, debe ampliarse a todos los subniveles de integración del hombre y en todos los momentos de la vida: en la familia, en la educación, en el trabajo, entre las amistades y en las relaciones amorosas en donde todavía la mujer sigue siendo objeto sexual principalmente y no la personalidad que realmente es. Esta no es una alternativa más si no que, como lo ponen de manifiesto las investigaciones psicológicas, es la única alternativa del viviente de esta especie.
La tarea de la Psicología Genérica es doble: demostrar como tales las falsas afirmaciones de quienes buscan mantener el status quo de la sociedad invocando supuestas limitaciones humanas o inventando imaginarias condiciones animales del hombre y, por otra parte, elaborar las técnicas que instrumenten la autogestión en todos los sub-niveles de integración humana. En cierto sentido, y sólo por cuanto revela la falta de autoconstrucción de la personalidad, tendemos a coincidir con W. Reich, quien pretende la "reestructuración socialista del hombre", es decir, "terminar con los estados neuróticos como cosa previa al surgimiento de una ética socialista, cooperativista, autogestionaria." Resulta obvia la limitación psicoanalítica de los planteamientos reichianos. La revolución social no puede esperar a la psicoanalítica. Lo que hay que comprender es que el hombre no ha sido preformado ni existe de una vez para siempre, si no que a pesar de ser detentado por la estructura social que algunos forjan y sostienen para su beneficio, el hombre actúa y se transforma tanto como especie, como sociedad y persona Esta es la Psicología que conoce al hombre como ser genérico, es decir, como ser que se produce a sí mismo y al otro hombre y, en produciéndose como tales superan, no sólo los estados neuróticos, si no que destruyen las condiciones detentantes que los causan.
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