La
gama marrón et noir dada con profusión en la pintura
de vanguardia francesa, debe su existencia a este proceso biológico.
Los negros- según comenta Plinio y todos conocemos- buscaban el
óxido de plomo para extraer el minio de este metal;-metal
al que no concedían valencias-más tarde pintaban
sus cuerpos para hermosearlos con este color. De esta manera atraían
donjuanescamente al sexo preferido.
Yo
creo haber hablado de como el hallazgo pictórico debe su existencia
a profusas llamadas del sexo a la inteligencia.
Enojosas
preocupaciones-muy elogiables por otra parte-surgidas alrededor
de los inquietantes dibujos rupestres, han confundido el horizonte
del espectador hasta la hipérbole, obligando a cada ensayista
al contrabandeo de su comentario.
Culto
totémico, magia, estudio: he aquí tres vocablos
encerrados en si mismo, sobre los cuales, como sobre una diana
imaginaria, han circundado sus tiroteos miopes sagitarios.
Por
encima y por debajo de estas apreciaciones el hombre primitivo
tenía de sus pinturas, a más de un valor utilitario-totemismo,
magia, estudio-un natural sentimiento del adorno. La mano del
nómada que había conocido el amor, la amistad, el
odio, que había cogido el arco y había dardeado
a fugitivos animales, necesitaba de una como retórica para
sumergirse indolente en su mundo circundante. Al sub-conocimiento
de que la cueva fuese más su morada cuanto mayor fuera
la expresión que su mano le diese, deben su existencia
los dibujos rupestres.
Los
tatuajes de los salvajes se deben a que ellos buscaban su expresión
en si mismo; los dibujos rupestres se deben a que el hombre primitivo
buscaba su expresión en lo circundante.
Es
curioso observar como cambia la faz histórica de este problema.
a medida que la pintura se independiza cobrando sus esencias,
el hombre, subconscientemente, la rehabilita. Los
nómadas crearon sus dibujos para ornamentar sus moradas,
dándole a la gruta su máxima expresión, intentando
la decoración fuera del ser. Su mundo conocido fue la cueva;
la pintura fue para ellos , muy a medias, un hallazgo. Con el
renacimiento italiano surgen las verdaderas esencias pictóricas.
El cuadro-Rafael, el Tintoretto, etc.-tiene en si mismo su expresión;
es, como Aristóteles diría-un poema.
Más
tarde, justificando a la pintura en si misma, surge el Museo,
moderno hallazgo que dintela reverente este mundo conocido que
se llama la Pintura.
Un
artículo de Fernández Mazas para la Revista
"Gaceta de Galicia", núm. 2, pág. 11 Vigo,
1 de septiembre de 1929 |