Lectura 5.
Temas éticos y sociales.
Capturado por Paola Maricela García Trujillo, CI 402.
Febrero 2003.
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Riesgos de la Tecnología de Punta.
Uno de los principales
propósitos de crear software “inteligente” es compartir experiencia y
librar a la gente de la constante necesidad de recurrir a expertos
humanos: médicos, abogados, contadores, ingenieros y otros profesionistas
del conocimiento, de cuya experiencia dependemos para cuidar nuestra
salud, finanzas y bienestar general. Con la integración del conocimiento
al software, ahora podemos realizar un número cada vez mayor de tareas
para las que dependíamos de especialistas. Por ejemplo, mucha gente usa
software para escribir sus propios testamentos en lugar de ir con un
abogado; un número cada vez mayor de ciudadanos usa sistemas expertos en
impuestos para planear sus finanzas y preparar su declaración de
impuestos; y algunas personas usan sistemas expertos en medicina para
diagnosticar enfermedades.
Cada vez hay una mayor disponibilidad
de programas expertos, eso es evidente; sin embargo, esta dependencia
creciente hacia la inteligencia de las máquinas plantea nuevos
interrogantes legales y éticos: ¿Quién es legalmente responsable del
asesoramiento de un programa? ¿Se necesita el juicio de un experto para
interpretar un programa? ¿La experiencia contenida en la máquina reemplaza
o sólo complementa la de un experto “real”? ¿Cómo sabemos si los
“expertos” que alimentan los sistemas expertos son verdaderamente lo que
dicen ser?
Estas cuestiones legales no están
completamente reguladas por las leyes actuales. Aunque es ilegal que las
personas se digan profesionales autorizados si no tienen las
acreditaciones correspondientes, a cualquiera se le permite usar el SE que
desee y dar asesoría con base en la salida del sistema. En realidad,
cualquier persona, sin importar sus títulos, puede crear un sistema
experto, aún en medicina. Y las leyes no prohíben a la gente usar SE
médicos para auto diagnosticarse o SE legales para defenderse. Los
resultados pueden provocar serios daños o pérdidas financieras. La
creciente auto-dependencia puede representar un problema. La experiencia
que tenemos literalmente al alcance de la mano da una falsa impresión de
que cualquier decisión que la computadora señale como correcta es la única
que debemos aceptar. Aunque la salida sea la decisión óptima en la mayor
parte de los casos, un solo error sería perjudicial.
Considere el caso de la “camilla
inteligente”. El ejército de Estados Unidos contrató a una empresa
especializada en inteligencia artificial médica para que creara este
programa a principios de los años noventa. El sistema aprovechó la
experiencia de médicos y otro personal relacionado para producir un SE que
se instalaría en una computadora pequeña conectada a camillas en lugar de
combate. Se suponía que el sistema ayudaría a los médicos de unidades de
combate a diagnosticar con rapidez a soldados heridos en el campo de
batalla, capturando datos del perfil médico que describían las heridas del
soldado, tras lo cual el sistema diagnosticaría y recomendaría el
tratamiento para el paciente.
La razón por la que no ha oído sobre la
“camilla inteligente” es que poco antes de que fuera puesto en
funcionamiento el dispositivo, la empresa decidió renunciar al lucrativo
contrato por miedo a las demandas. Los ejecutivos dijeron que la pequeña
compañía no podía costear juicios largos y costosos si un soldado o su
familia demandaban a los creadores del sistema si argumentaban que éste
hizo un mal diagnóstico y, por tanto, perjudicó al paciente.
¿Quién tiene la culpa cuando se toma
una decisión equivocada por usar un SE? Hay cuatro partes involucradas en
la creación y uso de SE: los expertos que proporcionan el conocimiento,
los ingenieros del conocimiento que construyen el sistema, el profesional
que lo usa y la persona afectada por la decisión. El mal funcionamiento se
debe a cualquiera de estas posibilidades: los expertos habrían
proporcionado conocimiento equivocado, el ingeniero del conocimiento
habría construido mal el SE, el usuario lo habría usado de manera
incorrecta y la persona afectada habría proporcionado datos equivocados.
Como sucede con otras nuevas
tecnologías, las leyes aún no han considerado todas estas circunstancias.
En algún momento, un individuo u organización afectada por usar un SE
podría demandar al fabricante y probablemente ganaría el caso, porque los
juzgados hasta ahora han responsabilizado a los creadores de programas de
computadora fallidos. Además, como los SE contienen información de
expertos los fabricantes pueden ser demandados también por procedimientos
ilegales, de la misma manera en que se demandada a expertos humanos, como
un médico. Éste es un ejemplo de que lo legal no siempre va al día en
cuanto a avances tecnológicos.