La liturgia pascual no lo conocía aún a principios del siglo VIII, sin embargo, para los distritos fuera de Roma, fue el Papa Zózimo (417-18), se según el Liber Pontificalis, quien autorizó la bendición del Cirio Pascual. Los ritos de preparación del cirio están inspirados, según parece, en el Pontifical de Poitiers del siglo X y también Visigótico.
Cinco llagas lleva el Cirio en forma de cruz, estas se realizan con un punzón en surcos de arriba abajo y de derecha a izquierda. Con el mismo punzón se inscriben las letras de la eternidad de la revelación: el Alpha y el Omega, en recuerdo al pasaje de Apocalipsis 1,8. Entre ellas se graban las cuatro cifras del año, el tiempo pasajero. Como imagen del Señor en su gloriosa resurrección, se enciende el Cirio, símbolo del Salvador que vendrá un día "apareciendo visiblemente y también nosotros apareceremos con Él gloriosamente(Col. 3,4)".
Levantada ya la columna de luz del cirio, se forma a hora la procesión a la Iglesia a oscuras. Cada una de las paradas con su correspondiente antífona simbolizan la propagación de la luz y alegría pascuales que invaden la Iglesia entera.
Haciendo un breve paréntesis
a esto, debemos decir que alrededor de la Edad Media, no era el Cirio propiamente
dicho el que entraba al templo, sino una modesta caña coronada por
tres velas, ya que la elaboración del cirio y su tamaño llegó
a tal grado de grandiosidad, que, por consiguiente, no permitía su
fácil manejo. Ejemplo de esto es que en Inglaterra alrededor de 1557
llegó a pesar 300 libras. En Sevilla por mucho tiempo pesó
1000 libras y un procesional de Salisbury de 1517 relata que el cirio mida
36 pies.
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