Este rito del fuego nuevo muy probablemente tenga su origen en Irlanda, ya que en la leyenda de San Patricio se deduce que, por lo menos desde el siglo VI. Sin embargo la bendición del fuego nuevo aparece en Roma por primera vez en un Ordo del siglo XII.
Originalmente se obtenía el fuego de las lámparas usadas desde el jueves santo, que se mantenían ocultas en algún punto oculto del templo; otras órdenes requerían que se guardara del viernes santo. En el siglo IX se sabe que lo obtenían de un pedernal. Este uso, al parecer galicano, se impuso primero en los suburbios de Roma y luego también en la liturgia papal. Dado que el obtener el fuego de un pedernal requería a veces largas tentativas, era preferible hacerlo en el atrio de la Iglesia, costumbre que permanece hasta nuestros días juntamente con la oración de bendición.
SIGUIENTE