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Escríbenos !!!
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Había una vez, un gurú
que vivía con sus seguidores en ashram en la India.
Una vez por día, al caer
el sol, el gurú se reunía con sus discípulos y predicaba.
Un día, apareció en el
ashram un hermoso gato que seguía al gurú por dondequiera que él fuera.
Resultó que cada vez que
el gurú predicaba, el gato se paseaba permanentemente por entre los discípulos,
distrayendo su atención de la charla del maestro.
Por eso, un día, el
maestro tomó la decisión de que cinco minutos antes de empezar cada charla,
ataran al gato para que no interrumpiera.
Pasó el tiempo, hasta que
un día el gurú murió.
El discípulo más viejo
se transformó en el nuevo guía espiritual del ashram.
Cinco minutos antes de su
primera prédica, mandó a atar al gato.
Sus ayudantes tardaron
veinte minutos en encontrar al gato, para poder atarlo...
Pasó el tiempo, hasta que
un día murió el gato.
El nuevo gurú mandó que
consiguieran otro gato para poder atarlo.
Lo que sucede es que,
como siempre, de una pauta realmente útil en ciertas circunstancias, se ha
hecho una generalización absurda...
de Jorge Bucay
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