Residuos del fuego

�Ah c�mo pesa esta capa invisible
que del cuello cuelga, ancla de nav�o!.
�Cu�n pl�cidamente duerme la palabra quemante
en los labios cobardes, esperando!.

C�mo apestan las gentes cochinas
y soeces de esta ciudad sin ra�z.
C�mo duele el nombre, la piel, la voz
del ser que se desvanece.

Transpiran manos en viaje sordo
de una raz�n doblada y vac�a,
y los rostros de los ni�os de la fatiga
nos sacan la lengua blasfemando.

Bebe del c�liz, hermano,
luego incita tu propio v�mito a escondidas.
S�lo as� entrar�s a la casa mayor
sin dejar el calzado a la puerta.

�Sabes t�, alma vieja,
besar con labios sucios
esta familia de cuerpos
inanimados?.

�Sabes t�, mano amiga,
tocar la piel del infierno
con la virtud de ayer?.

�Qu� sabes, cuerpo oscuro,
de los juegos de anta�o?.
Que eres cuerpo y te mueves,
si quieres. S�lo eso sabes.

Pero pasan los d�as
y las horas sollozan por segundo
las penas de un pasado,
�ay un pasado que ha muerto!.

Y yo le beso,,
le arropo contra fr�o,
contra otros, contra m�,
de modo que la tierra
sepa mi angustia
sin moverse o hablar.

Pero m�s all� de la Nada,
m�s ac� del todo
quedo as�,
�escapando, escapando!.

Y corro los bosques,
los pueblos, las calles,
verdad fugaz;
y cansado y jadeante
estoy tan cerca del olvido
que ya no me recuerdo.

�Y todo esto en grises!,
�y todo esto en lutos!,
�y todo esto que no es
pero que siento tan dentro!.

�Ay alma, vete ya!,
huye pronto mientras duermo
a las sombras de un refugio mejor,
que afuera llueve,
tiritan los adentros
y ya la hoguera se extingue.
Destellos ocultos

Tengo un dolor en la boca
de besar en vano.
All� es el tedio de la sangre
que sube, sube hasta la infamia.

Silencios innumerables,
instantes humillados de soledad.
Cr�neo de amigo danzando
en opulentos salones.

�Oh t� sempiterna noche,
prohibida hasta la carne!.
Ah ven, mi amor,
rapi�a que consuela.

Tendr�s, �oh m�a!,
el sue�o de las sienes,
y hasta tus manos obscuras
sabr�n luces de fuego.

�Dejad volar todos los cuervos, todos1.
Recoge, recoge como a libros estos besos ca�dos.
Ya voy callando, voy callando, querida,
y la puerta entreabierta agitada es por el viento.

�Oh dioses falsos,
deidades grotescas
que sobre las ruinas del hombre
juegan y beben!.

Sentid hasta el fondo, all� lejos,
gansos perfectamente blancos.

Languidez de esta muerte,
de un lago de aquellos,
la mentira.

Con fuerza viene la palabra
temida hasta los labios,
venida de la niebla.
Y el hombre se reconoce
largando la vista hasta el poniente.
All� muere el sol riendo y tramando.

�Yo detenido entre todas estas cosas!,
�yo queriendo correr hasta el abismo
sin poder moverme!. Se acerca la casa que gime,
que ofende, donde mi cuerpo temblaba de s�bito
entra alcobas negras.

�Pero all� he crecido!,
�pero all� he descrecido!.
�Y ah� mam� no sabe
de mis salidas secretas!.

Las vajillas de la vocaci�n
ten�an extra�as miradas.

Me almar� en la vida,
tomar� de manos una calle.
Y como yo no tengo dinero,
voluntad o talento,
ser� en las esquinas
como una luz oculta.







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