Ojeras del alma
Larghetto

                              ...y ve aqu� este peque�o �rgano, capaz de excelentes voces y armon�a,
                               que t� no puedes hacer sonar. �Y juzgas que se me ta�e a m� con m�s
                               facilidad que a una flauta?.
William Shakespeare.

                              
�Qu� est�pido si no sabe que la infelicidad de los dem�s es de ellos...!
                               
Alberto Caeiro.    

Esta noche quiero, saciado hasta la n�usea,
arrancarme las venas de un tir�n asesino.
Besar el vac�o de angustia infinita.
Viuda retorcida en la hierba del cementerio,
gritarme las entra�as de miedo y dolor.

Esta noche quiero, calladamente l�cido,
destrozar a dentelladas un reloj de p�ndulo.
Sufrirme como nunca, amarme hasta el v�rtigo,
yacer sobre la tierra riendo y salvaje.

�Oh ciudad en movimiento!,
�oh calles atareadas!,
�yo os abarco, luto general y terrible!.
Se agita un esqueleto elocuentemente rid�culo
y danzan tres dedos en un circo miniatura.

Yo soy, �oh suciedades!, el buf�n suicida,
el rumiante que olfatea huesos extraviados,
el ave que trina burlas laber�nticas
y la sangre cansada de dos ojos disecados.

Y mi tristeza prostituta se joroba, anciana,
mostrando en una vitrina mi alma manoseada.
�Ay mi coraz�n clavado en una estaca,
latiendo, asm�tico, de fr�o y desamor!.

Un vuelo implacable de lenguas hirientes
es un perfume de hielo detenido.
Pero llevo mi nombre cosido en el pecho,
flor atravesada de lanzas fugaces.

�Oh voces de la luz,
oh manos del Mal,
escalando hasta la frente,
enredadera atroz!.

�D�nde est� la flauta que Hamlet se�alara?.
�Quiero hacer un salto interminable hasta la muerte!.
�Qui�n es el hijo de mi coraz�n apagado,
cuyos �mpetus redimen las m�s �ntimas flaquezas?.

�Ay, estoy cerca de un larghetto melanc�lico!,
y mis pies por s� solos se revuelcan en la brisa.
Es la hora estrepitosa del filo oxidado
y de cortinas a�reas y gavetas alteradas.

No es la danza del roc�o
descansando en mis hombros.
No es el ojo enjaulado,
loco discrepante.

Esta noche quiero vomitar mi alma toda,
lanzarla hasta el nunca m�s o al traspatio del vecino.
Mercerme en un columpio, espl�ndido autista,
y tragarme mis rodillas hasta quedar dormido.
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