Muerte a las doce treinta
© Lucía González Lavado
El reloj digital de Jessica marcó las doce treinta de la
noche y un gemido alarmante escapó de sus labios. Se
encontraba aterrada; sus músculos no respondían a sus
movimientos. Estaba de cuclillas tras un coche, en un oscuro
aparcamiento, sola, aunque recordó que llevaba el móvil.
Gimió de frustración al saber que no tenía saldo suficiente
y por ello escribió un mensaje a Maggie y fue en ese momento
cuando escuchó una carcajada, después otra. Decidió
levantarse y bajo la luz de los fluorescentes, vio varias
personas moverse entre los automóviles, todos ocultos con
capas sin que en ningún momento dejaran de reírse.
Jessica echó a correr. Sus pasos resonaban con ímpetu, se
escurría entre los coches pero ellos eran demasiados. No
tenía salida, pero siguió corriendo. Ante ella se detuvo una
persona. Sin dudarlo lo embistió haciéndole caer. Seguía
rodeada, a su izquierda quedaba la rampa que daba a la
segunda planta y bajó a trompicones. Los demás la siguieron.
Cuando con el amanecer las luces inundaban la habitación de
Maggie se despedazó enérgicamente. Como cada mañana se
marchaba a clase cuando deparó en que su móvil tenía un
mensaje. Era de Jessica, algo insólito. Hacía semanas que no
hablaban debido a su nueva y odiosa actitud. Aun así lo
leyó.
Lo siento mucho, Maggie. No sabes cuanto lamento lo que
pasó. Busca las 00:30 y me vengarás.
No comprendía a que se refería, mas no le dio importancia.
Encendió el motor de su Volkswagen beetle y emprendió el
camino a la facultad. Maggie era una chica aplicada, delgada
y amable con los demás. Su cabello era negro como el
azabache y caía en melena alrededor de su rostro ovalado
donde especialmente resaltaban sus bonitos ojos grises.
Maggie esperaba ante un semáforo en rojo cuando le llegó
otro mensaje. Al leerlo el teléfono cayó al suelo. Le
adjuntaban una foto de Jessica. Estaba tan pálida, con los
ojos muy abiertos, carentes de vida y un pequeño hilillo
rojo surcando de sus labios. El mensaje decía así:
Ella no supo jugar. Te aviso. Mantente alejada. Te estaré
vigilando.
Cuando Maggie llegó a la facultad fue derecha al despacho
del decano, sorprendiéndose por encontrarse con un hombre
uniformado. Un joven detective; Logan Mars. Era un joven
alto, de fuertes hombros, pelo castaño ligeramente ondulado
que caía unos centímetros por debajo de su nuca, bonita
sonrisa y unos ojos azules que se entristecieron al mirarla.
Fue Logan quien le dio la noticia sobre la muerte de su
amiga. Entonces las brumas se hicieron con ella
precipitándole en una terrible sensación de oscuridad.
Cuando despertó estaba en la enfermería, acompañada por
Logan, que no dejaba de indagar en su móvil.
—Maggie, siento mucho lo de tu amiga. Soy Logan, ayudante
del detective. Esta mañana nos llamó la compañera de
habitación de Jessica asustada por su desaparición, quien
lamentablemente ahora se encuentra desaparecida. A pesar de
eso nosotros ya la habíamos encontrado aunque nos vimos
incapaces de identificarla. La encontraron en un parking.
—¿Qué le ha pasado?, ¿quién la ha matado?
—Esperábamos que pudieras ayudarnos. En realidad te
estábamos esperando. Según tus compañeros de clase hasta
hace semanas erais grandes amigas pero al parecer eso acabó.
Casualmente fuiste la última persona con la que se puso en
contacto. Estos mensajes, son...
—¿Desconcertantes? ¿Está insinuando algo, detective? Porque
puedo asegurarle que yo he sido la primera en sorprenderme
por sus mensajes.
—¿Qué es eso de las 00:30?, ¿qué es lo que sabes?
—Creo que su trabajo consiste en averiguar determinadas
cosas, quizá como la muerte de mi amiga, quién me ha escrito
esos mensajes o qué es eso de 00:30. Lo único que puedo
decirle es que mi amiga frecuentaba compañías que no me
gustaban y decidí volver con mis padres. Le dije que estaba
cambiando pero me ignoró.
—Señorita Sullivan, lo mejor es que no abandone la ciudad.
Maggie no dijo nada, le mantuvo la mirada, hasta que al fin
se fue. Quería llorar pero decidió que no haría nada
lamentándose, además estaba la circunstancia de que ahora
era sospechosa por lo que se apresuró. Fue al campus, rodeó
toda la parte oeste dando a las ventanas y se detuvo bajo
una de ellas. Se asomó descubriendo a Logan. Aguardó un
instante. Como pensó se llevó su pc pero no sabía que su
amiga normalmente utilizaba un portátil. Lo encontró en uno
de los cajones del armario y tras encenderlo deparó en que
la contraseña no había sido cambiada a pesar de que ya no
eran amigas. Buscó entre sus archivos, todo parecía normal
hasta que dio con una carpeta que ponía 00:30. Al abrirla
encontró varios documentos. Parecían indicaciones, juegos,
pruebas, algo llamado Muerte a las 00:30 y supo que su amiga
se había metido en algo gordo. La compañera de habitación de
Maggie no volvió, algo que la inquietó, quizá ella también
estuviera metida en ese juego, pero siguió investigando.
Indagando encontró mucha información, incluso un diario.
Al parecer Muerte a las 00:30 no era más que un inofensivo
juego, con diferentes grupos que algunas semanas se reunían
a jugar; hacían infinidades de cosas, ya fueran videojuegos,
rol, o incluso algo tan dispar como vestirse con monos,
armarse con armas de pinturas y enfrentarse con ellas. En
ese documento había infinidades de nombres con las partidas
perdidas de cada uno de ellos. Para su disgusto su amiga y
algunas chicas más que habían desaparecido semanas atrás
lideraban la lista.
Por lo que había leído su amiga pensaba que ciertos alumnos
llevaban más allá el juego porque una fase final era la
persecución, donde los victoriosos seguían a los perdedores
hasta que aparentemente algunos desaparecían, otros sufrían
desgraciados accidentes y unos como su amiga eran
asesinados. Misteriosamente nunca encontraron pruebas
suficientes. De repente Maggie escuchó una carcajada. Al
mirar por la ventana le pareció ver alguien que pasaba pero
ya era casi medianoche. Lo habría imaginado aunque al
instante un sobre se deslizó bajo la rendija de la puerta.
Al tomarla sus dedos temblaron. Y cuando la abrió vio fotos
de ella misma, de hacía un instante, recién imprimidas. De
repente otra sombra apareció corriendo ante la puerta. La
cerró bruscamente, tomó su móvil, llamó a la seguridad del
campus pero no tenía cobertura. Lanzó el móvil al suelo,
maldiciéndose al instante por su estupidez, ya que se hizo
pedazos, y con el portátil en su regazo se escapó por la
ventana. Corrió pidiendo auxilio. Las sombras se movían más
aprisa a su alrededor, una de ellas se cruzó en su camino y
lo golpeó con el ordenador. Del impacto se partió en dos,
algunas teclas se desprendieron y lo tiró al suelo. Se
adentró en el parque optando por no gritar más. Estaba a
oscuras pero a lo lejos divisaba una cabina con una luz azul
que la iluminaba. Un teléfono de emergencias. Pronto
llegaría a ella pero ellos eran más rápidos, la seguían de
cerca debido a lo leído en el portátil de su amiga, la gran
lista de nombres, de todos los jugadores. De pronto alguien
tiró de su muñeca con tanto ímpetu que cayó al suelo. Ella y
su acechador rodaron por un terraplén hasta que quedó
aprisionada bajo su cuerpo. Forcejeó pero unas palabras la
obligaron a guardar silencio.
—¡Tranquila, señorita Sullivan, soy el agente Logan!
Ella abrió los ojos sorprendida. Pensó que estaba
involucrado en todo eso. Quiso gritar, golpearle pero él se
lo impidió cubriendo su boca con su mano e inmovilizando sus
muñecas.
—Tranquila Maggie, te hemos utilizado de cebo. Es una
redada.
Entonces escuchó las sirenas, las voces. Más tarde Logan le
explicó lo sucedido. Para su desgracia él perdió a su
hermano menor en ese juego hacía meses. Fue entonces cuando
comenzó a interesarse por eso de «Muerte a las 00:30»
investigando descubrió varios jóvenes que habían muerto a
esa misma hora y si además le sumaba las desapariciones y
que todos tenían en común ese extraño juego, indagó con más
interés. Al ver los mensajes de Maggie, supo que estaba en
peligro, por ello la vigiló todo el día, sabiendo que pronto
la perseguirán, esa misma noche, a las 00:30. Según uno de
los arrestados, Jessica, poco antes de morir les amenazó con
delatar sus nombres. Por esa razón la compañera de
habitación había estado secuestrada en el mismo campus pero
en realidad Jessica se puso en contacto con Maggie.
Maggie estaba ofendida porque la hubieran utilizado pero
Logan siguió con su explicación. Muerte a las 00:30 era un
grupo de amigos que llevaba años reuniéndose para hacer
determinadas cosas pero con el tiempo decidieron llevar el
juego a límites más reales. Nadie sabía en que se metían
cuando aceptaban entrar en ese grupo de amigos y Jessica
estaba decidida a desenmascararlos. Desgraciadamente le
dieron caza la noche anterior. Según Logan su persecución
duró horas; los muy canallas la persiguieron hasta que llegó
la macabra hora.
Días mas tarde, Maggie estaba arrodillada frente a la tumba
de su amiga. Dejó un ramo de flores y se sobresaltó cuando
escuchó pasos a su espalda; era Logan.
—Maggie, debes pensar que ahora descansan en paz. Hemos
desenmascarado a esa panda de lunáticos. Ven—dijo
ofreciéndole la mano—, te invito a lo que quieras.
Maggie sonrió y tomó su mano, pensando en cómo la muerte de
dos personas habían unido la de otras dos.