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2008

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RELATOS DE TERROR DE LUCÍA GLEZ. LAVADO                           

Cada semana publicaremos un relato *              

 Selecciona relato: La mirada del gato Muertos del pasado

 

 

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Muerte a las doce treinta

© Lucía González Lavado



El reloj digital de Jessica marcó las doce treinta de la noche y un gemido alarmante escapó de sus labios. Se encontraba aterrada; sus músculos no respondían a sus movimientos. Estaba de cuclillas tras un coche, en un oscuro aparcamiento, sola, aunque recordó que llevaba el móvil. Gimió de frustración al saber que no tenía saldo suficiente y por ello escribió un mensaje a Maggie y fue en ese momento cuando escuchó una carcajada, después otra. Decidió levantarse y bajo la luz de los fluorescentes, vio varias personas moverse entre los automóviles, todos ocultos con capas sin que en ningún momento dejaran de reírse.
Jessica echó a correr. Sus pasos resonaban con ímpetu, se escurría entre los coches pero ellos eran demasiados. No tenía salida, pero siguió corriendo. Ante ella se detuvo una persona. Sin dudarlo lo embistió haciéndole caer. Seguía rodeada, a su izquierda quedaba la rampa que daba a la segunda planta y bajó a trompicones. Los demás la siguieron.

Cuando con el amanecer las luces inundaban la habitación de Maggie se despedazó enérgicamente. Como cada mañana se marchaba a clase cuando deparó en que su móvil tenía un mensaje. Era de Jessica, algo insólito. Hacía semanas que no hablaban debido a su nueva y odiosa actitud. Aun así lo leyó.

Lo siento mucho, Maggie. No sabes cuanto lamento lo que pasó. Busca las 00:30 y me vengarás.

No comprendía a que se refería, mas no le dio importancia. Encendió el motor de su Volkswagen beetle y emprendió el camino a la facultad. Maggie era una chica aplicada, delgada y amable con los demás. Su cabello era negro como el azabache y caía en melena alrededor de su rostro ovalado donde especialmente resaltaban sus bonitos ojos grises.
Maggie esperaba ante un semáforo en rojo cuando le llegó otro mensaje. Al leerlo el teléfono cayó al suelo. Le adjuntaban una foto de Jessica. Estaba tan pálida, con los ojos muy abiertos, carentes de vida y un pequeño hilillo rojo surcando de sus labios. El mensaje decía así:

Ella no supo jugar. Te aviso. Mantente alejada. Te estaré vigilando.

Cuando Maggie llegó a la facultad fue derecha al despacho del decano, sorprendiéndose por encontrarse con un hombre uniformado. Un joven detective; Logan Mars. Era un joven alto, de fuertes hombros, pelo castaño ligeramente ondulado que caía unos centímetros por debajo de su nuca, bonita sonrisa y unos ojos azules que se entristecieron al mirarla. Fue Logan quien le dio la noticia sobre la muerte de su amiga. Entonces las brumas se hicieron con ella precipitándole en una terrible sensación de oscuridad.
Cuando despertó estaba en la enfermería, acompañada por Logan, que no dejaba de indagar en su móvil.
—Maggie, siento mucho lo de tu amiga. Soy Logan, ayudante del detective. Esta mañana nos llamó la compañera de habitación de Jessica asustada por su desaparición, quien lamentablemente ahora se encuentra desaparecida. A pesar de eso nosotros ya la habíamos encontrado aunque nos vimos incapaces de identificarla. La encontraron en un parking.
—¿Qué le ha pasado?, ¿quién la ha matado?
—Esperábamos que pudieras ayudarnos. En realidad te estábamos esperando. Según tus compañeros de clase hasta hace semanas erais grandes amigas pero al parecer eso acabó. Casualmente fuiste la última persona con la que se puso en contacto. Estos mensajes, son...
—¿Desconcertantes? ¿Está insinuando algo, detective? Porque puedo asegurarle que yo he sido la primera en sorprenderme por sus mensajes.
—¿Qué es eso de las 00:30?, ¿qué es lo que sabes?
—Creo que su trabajo consiste en averiguar determinadas cosas, quizá como la muerte de mi amiga, quién me ha escrito esos mensajes o qué es eso de 00:30. Lo único que puedo decirle es que mi amiga frecuentaba compañías que no me gustaban y decidí volver con mis padres. Le dije que estaba cambiando pero me ignoró.
—Señorita Sullivan, lo mejor es que no abandone la ciudad.
Maggie no dijo nada, le mantuvo la mirada, hasta que al fin se fue. Quería llorar pero decidió que no haría nada lamentándose, además estaba la circunstancia de que ahora era sospechosa por lo que se apresuró. Fue al campus, rodeó toda la parte oeste dando a las ventanas y se detuvo bajo una de ellas. Se asomó descubriendo a Logan. Aguardó un instante. Como pensó se llevó su pc pero no sabía que su amiga normalmente utilizaba un portátil. Lo encontró en uno de los cajones del armario y tras encenderlo deparó en que la contraseña no había sido cambiada a pesar de que ya no eran amigas. Buscó entre sus archivos, todo parecía normal hasta que dio con una carpeta que ponía 00:30. Al abrirla encontró varios documentos. Parecían indicaciones, juegos, pruebas, algo llamado Muerte a las 00:30 y supo que su amiga se había metido en algo gordo. La compañera de habitación de Maggie no volvió, algo que la inquietó, quizá ella también estuviera metida en ese juego, pero siguió investigando. Indagando encontró mucha información, incluso un diario.
Al parecer Muerte a las 00:30 no era más que un inofensivo juego, con diferentes grupos que algunas semanas se reunían a jugar; hacían infinidades de cosas, ya fueran videojuegos, rol, o incluso algo tan dispar como vestirse con monos, armarse con armas de pinturas y enfrentarse con ellas. En ese documento había infinidades de nombres con las partidas perdidas de cada uno de ellos. Para su disgusto su amiga y algunas chicas más que habían desaparecido semanas atrás lideraban la lista.
Por lo que había leído su amiga pensaba que ciertos alumnos llevaban más allá el juego porque una fase final era la persecución, donde los victoriosos seguían a los perdedores hasta que aparentemente algunos desaparecían, otros sufrían desgraciados accidentes y unos como su amiga eran asesinados. Misteriosamente nunca encontraron pruebas suficientes. De repente Maggie escuchó una carcajada. Al mirar por la ventana le pareció ver alguien que pasaba pero ya era casi medianoche. Lo habría imaginado aunque al instante un sobre se deslizó bajo la rendija de la puerta. Al tomarla sus dedos temblaron. Y cuando la abrió vio fotos de ella misma, de hacía un instante, recién imprimidas. De repente otra sombra apareció corriendo ante la puerta. La cerró bruscamente, tomó su móvil, llamó a la seguridad del campus pero no tenía cobertura. Lanzó el móvil al suelo, maldiciéndose al instante por su estupidez, ya que se hizo pedazos, y con el portátil en su regazo se escapó por la ventana. Corrió pidiendo auxilio. Las sombras se movían más aprisa a su alrededor, una de ellas se cruzó en su camino y lo golpeó con el ordenador. Del impacto se partió en dos, algunas teclas se desprendieron y lo tiró al suelo. Se adentró en el parque optando por no gritar más. Estaba a oscuras pero a lo lejos divisaba una cabina con una luz azul que la iluminaba. Un teléfono de emergencias. Pronto llegaría a ella pero ellos eran más rápidos, la seguían de cerca debido a lo leído en el portátil de su amiga, la gran lista de nombres, de todos los jugadores. De pronto alguien tiró de su muñeca con tanto ímpetu que cayó al suelo. Ella y su acechador rodaron por un terraplén hasta que quedó aprisionada bajo su cuerpo. Forcejeó pero unas palabras la obligaron a guardar silencio.
—¡Tranquila, señorita Sullivan, soy el agente Logan!
Ella abrió los ojos sorprendida. Pensó que estaba involucrado en todo eso. Quiso gritar, golpearle pero él se lo impidió cubriendo su boca con su mano e inmovilizando sus muñecas.
—Tranquila Maggie, te hemos utilizado de cebo. Es una redada.
Entonces escuchó las sirenas, las voces. Más tarde Logan le explicó lo sucedido. Para su desgracia él perdió a su hermano menor en ese juego hacía meses. Fue entonces cuando comenzó a interesarse por eso de «Muerte a las 00:30» investigando descubrió varios jóvenes que habían muerto a esa misma hora y si además le sumaba las desapariciones y que todos tenían en común ese extraño juego, indagó con más interés. Al ver los mensajes de Maggie, supo que estaba en peligro, por ello la vigiló todo el día, sabiendo que pronto la perseguirán, esa misma noche, a las 00:30. Según uno de los arrestados, Jessica, poco antes de morir les amenazó con delatar sus nombres. Por esa razón la compañera de habitación había estado secuestrada en el mismo campus pero en realidad Jessica se puso en contacto con Maggie.
Maggie estaba ofendida porque la hubieran utilizado pero Logan siguió con su explicación. Muerte a las 00:30 era un grupo de amigos que llevaba años reuniéndose para hacer determinadas cosas pero con el tiempo decidieron llevar el juego a límites más reales. Nadie sabía en que se metían cuando aceptaban entrar en ese grupo de amigos y Jessica estaba decidida a desenmascararlos. Desgraciadamente le dieron caza la noche anterior. Según Logan su persecución duró horas; los muy canallas la persiguieron hasta que llegó la macabra hora.

Días mas tarde, Maggie estaba arrodillada frente a la tumba de su amiga. Dejó un ramo de flores y se sobresaltó cuando escuchó pasos a su espalda; era Logan.
—Maggie, debes pensar que ahora descansan en paz. Hemos desenmascarado a esa panda de lunáticos. Ven—dijo ofreciéndole la mano—, te invito a lo que quieras.
Maggie sonrió y tomó su mano, pensando en cómo la muerte de dos personas habían unido la de otras dos.

 

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