Troyanos
Son programas que permanecen en el sistema,
no ocasionando acciones destructivas sino todo lo
contrario suele capturar datos generalmente password
enviándolos a otro sitio, o dejar indefenso el
ordenador donde se ejecuta, abriendo agujeros en la
seguridad del sistema, con la siguiente profanación de
nuestros datos.
El caballo de troya incluye el código maligno en el
programa benigno, mientras que los camaleones crean
uno nuevo programa y se añade el código maligno.
¿Qué es un
troyano?
Hay mucha controversia sobre lo que es un
troyano. Mucha gente confunde virus con troyanos, y ni
mucho menos se parecen. En realidad no tienen nada en
común. El virus es per se destructivo (salvo raras
excepciones), actúa de forma premeditada y su acción es
siempre la misma en todos los ordenadores que infecta.
En cambio el troyano no se comporta así.
Podemos afirmar que un troyano no es ni
benigno ni maligno. Sencillamente no está programado
para destruir nada en el ordenador infectado. No podemos
hablar entonces de una amenaza en el propio software. En
el caso del troyano la malevolencia viene de la persona
que lo utiliza.
Quiero dejar esto muy diáfano porque un
troyano simplemente es una herramienta que conecta dos
ordenadores a través de la internet. Se basa en la
conocida arquitectura Cliente-Servidor. Todo el mundo
debe perderle el miedo a estos programas porque nosotros
usamos programas cotidianos muy parecidos. Nosotros por
ejemplo usamos un navegador de Internet para acceder a
la red de redes: pues bien, nuestro navegador (el
Internet Explorer, por ejemplo) es un cliente que se
conecta con un servidor de Internet (la web que
visitamos) a través de varios puertos (el más común de
todos es el puerto 80).
Lo que hoy día llamamos troyanos no es
otra cosa que una conexión normal entre un cliente que
está instalado en un ordenador y un servidor que está
instalado en otro ordenador. Si yo tengo un ordenador en
la oficina y quiero manejarlo desde el ordenador de mi
casa, puedo instalar el cliente en mi casa y el servidor
en la oficina. Cuando yo quiera conectaré con el
ordenador de la oficina y haré las operaciones que
necesite sin moverme en absoluto. ¿No es esto
fantástico?.
¿Por qué entonces tanto miedo a los
troyanos?. Bien, el problema no radica en el programa en
sí, sino en el uso que de él se haga. Sabemos que un
cuchillo puede ser muy útil para cortar alimentos, pero
también se puede usar para asesinar a alguien: ¿se deben
de dejar de vender los cuchillos por eso?. Creemos que
no y por ello opino modestamente que los troyanos no
deben nunca ser herramientas ilegales de hacking.
Alguien puede usarlos para fines
perfectamente lícitos. Aquí quizás sea conveniente
analizar las funciones y el comportamiento del troyano
para poder anticipar su uso malévolo. Esto lo tienen muy
en cuenta las compañías antivirus. Por ejemplo, una
herramienta de administración remota (el nombre que se
le da a los troyanos cuando son "legales") como "Cain"
no es detectada por los antivirus como una amenaza
vírica: ¿por qué?. En teoría hace cosas tan "peligrosas"
como crackear contraseñas, pero no es considerada
peligrosa: ¿A qué se debe?. La respuesta es evidente:
todo depende del comportamiento del servidor. En el caso
de Cain, el servidor advierte de su ejecución en el
ordenador. Nos pregunta si queremos instalarlo o no.
Claro, esto puede interpretarse como algo positivo,
puesto que si quisiéramos infectar a una víctima, ésta
siempre sabría que el programa se ha instalado.
Esto hace suponer que los creadores de
este programa no han pensado en un uso malévolo, sino
más bien como una ayuda en aquellas redes LAN cuyas
contraseñas hayan extraviado u olvidado.
Con los Keyloggers pasa igual: si su
ejecución es "silenciosa", entonces son identificados
por los antivirus. Parece a priori una buena política
para desentrañar intenciones, aunque a veces sea un poco
discutible.
Se denomina troyano (o caballo de Troya, traducción más
fiel del inglés Trojan horse aunque no tan utilizada) a
un programa malicioso capaz de alojarse en computadoras
y permitir el acceso a usuarios externos, a través de
una red local o de Internet, con el fin de recabar
información y/o controlar remotamente la máquina "huesped".
Un troyano no es de por sí, un virus, aún
cuando teóricamente pueda ser distribuido y funcionar
como tal. La diferencia fundamental entre un troyano y
un virus consiste en su finalidad. Para que un programa
sea un "troyano" solo tiene que acceder y/o controlar la
máquina "huesped" sin ser advertido, normalmente bajo
una apariencia inocua.