|
|||||||||||||||||||
| El señor me dió Hermanos Parte I |
|||||||||||||||||||
| Francisco deja el
mundo, el dinero, a Pietro Bernardone y a su madre, la
amable Madonna Pica. Ahora, se queda solo con su libertad
y un camino nuevo comienza. Son los años más felices de Francisco... |
|||||||||||||||||||
| _____________________________________________________________________ | |||||||||||||||||||
| Llega
la Paz y la Alegría A estas alturas, el hermano pensaba hacer vida de ermitaño, instalándose en la ermita restaurada de Santa María de los Angeles. El hermano de Asís nunca fue una mente ordenadora, nunca hizo análisis ni síntes, nunca hizo reflexiones teológicos. Era el polo opuesto al hombre teórico e intelectual: vivía su fe momento a momento sin importarle el futuro. Fue el hombre de la improvisación, o en el mejor sentido de la palabra, de la imprevisión. Durante esta época sorprende saber la soledad completa en que Francisco hizo este recorrido espiritual. El Señor mismo fue personalmente su compañero y guía. No consultó a nadie. No buscó conductor de su espíritu. No entró en ningún esquema: ni monje ni sacerdote. El camino recorrido había durado tres años, y había resultado hermoso y liberador. Había sido, también, sumamente doloroso, mucho más de lo que parecía.
Un día, el hermano llegó hasta el monasterio benedictino del Subasio. Dijo a los monjes que la ermita estaba ya restaurada y que sería conveniente hacer una celebración eucarística. Convinieron que al día siguiente iría un sacerdote. A la mañana siguiente, comenzó la misa y el hermano ayudaba con gran piedad. Cada oración, cada lectura las acogía cuidadosamente. Llegó el momento del Evangelio y todos se pusieron de pie: -Id y predicad por todo el mundo, no llevéis dinero alguno en los bolsillos, tampoco llevés bolsa con provisiones, os basta una sola camisa. No necesitáis zapatos ni bastón. Vivid del trbajo de vuestras manos. Al llegar a un poblado preguntad por una familia honorable y alojáos ahí. Siempre que entreis en una casa decid "Paz en esta casa." Sed ingenuos como palomas y perspicaces como serpientes. Si en alguna partes sois rechazados id a otra parte sin protestar. Hay muchos lobos por ahí entre ellos, vosotros no sois sino corderitos recentales. Posiblemente os arrastrarán a los tribunales civiles. El Padre colocará en vuestra boca preciso argumentos de defensa. No tengais miedo, yo estaré entre vosotgros hasta e fin del mundo Un relámpago ante sus ojos no hubiera producido tanto efecto como estas palabras. Tuvo la sensación de que se le paralizaba la sangre. Parecía como si las palabras muertas oídas tantas veces de improviso recuperaran vida y resucitaran muetos. Parecía que durante tres años llevaba ante sus ojos una cortina obscura. De repente el Evangelio descorrió la cortina y aparecía frente a sus ojos un horizonte inteminable, lleno de claridad. Terminada la misa, se sentía en éxtasis. Tomó el bordón del caminante y lo arrojó lejos. Se quitó los zapatos, se soltó la hebilla del cinturón. Se quitó la túnica de ermitaño. Tomó un rudo saco, lo cortó y lo confeccionó en forma de cruz con capuchón, a semejanza de la vestimenta de los pastores del Subasio. Se ciñó una vulgar cuerda, y santiguándose salió al mundo. Al caminar hacia la ciudad tenía una viva impresión de haber sido armado caballero de Cristo. Radiante siguió por el camino, y al primer campesino que encontró le dijo "El señor te de Su paz". En adelante, así saludaría a toda persona. Se fue a la plaza del municipo en Asís. Comenzó a improvisar. Muy pronto se juntaron los curiosos. Se encaramó a una piedra y subió de tono. Sus palabras eran simples, no grande oratoria, sino palabras breves. Diariamente regresaba a la ciudad. Ahí donde había un grupo se hacía presente el embajador de la paz. Este mensajero no atacaba a nadie: ni al podestá, ni al clero ni a los magistrados. No se presentaba con aires de reformador. El primer hermano Bernardo era un hombre importante. Un hombre rico, un gentilhombre que un día comenzó a pensar: -"Francisco ha acertado: lo tenía todo y lo dejó todo. Se le ve más feliz que a todos nosotros." Un día, Bernardo convidó al Hermano a cenar y lo invitó a quedarse en su habitación. Francisco fingió dormir, y Bernardo extrañamente hizo lo mismo. Sigilosamente, Francisco se levantó y se arrodilló frente a un crucifijo y en voz muy baja dijo "¡Señor, Señor! " Toda la noche, Francisco repitió esas dos palabras con todos los tonos imaginables: de alegría, de arrepentimiento, de tristeza, de dicha. A Bernardo se le hacía un nudo en la garganta. Así estuvo Francisco hasta el amanecer. Fue una noche memorable. A la mañana siguiente, Bernardo dijo a Francisco: -Hermano Francisco, el Señor me dio riquezas y he visto que las riquezas me separan de mi Señor, y yo quiero que El sea mi riqueza. ¿Cómo hacerlo? -Iremos a la Iglesia y el Señor mismo nos manifestará su voluntad. Salieron de casa y pasaron por la casa Episcopal para recoger a Pedro Catani, canónigo de San Rufino y que también quería hacer lo que Francisco. Fueron a la iglesia de San Nicolás y escucharon misa. Una vez terminada, se acercaron al altar. Francisco tomó el misal y lo abrió al azar. Su mirada se fijó en las primeras palabras: "Si quieres ser perfecto, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres, después ven y sígueme." Abrió por segunda vez el misal y leyó "No lleves nada para el camino, ni bolsa, ni dinero ni bastón ni doble ropa." Abriendo el libro por tercera vez se encontró con estas palabras: "Si alguien quiere seguirme, niéguese a si mismo, cargue con su cruz y sígame." -Amigos, el Señor ha hablado. Sobran comentarios. Mas aún, un comentario sería una audacia, quizá una profanación. El señor mismo lo ha decidido: el Evangelio será nuestra única inspiración y legislación, no solo para nosotros, sino también para quienes quieran incorporársenos. ¡En marcha hermanos! Que el evangelio recupere bajo vuestros pies toda su frescura y novedad. ¡Gloria al Gran Dios y altísimo Señor Jesucristo!
Los tres regresaron a casa de Bernardo. Entregaron todas las pertenencias del gentilhombre a los pobres. Sin techo, sin una moneda en el bolsillo, sin familia, los tres peregrinos partieron a la Porciúncula. Al día siguiente levantaron tres pequeñas chozas y una cabañita. Los dos nuevos amigos se vistieron igual que Francisco. Esto levantó en Asís gran revuelo: la partida del clérigo más docto del lugar y del gentilhombre más rico de la región dejaron vivamente impresionado a un joven campesino llamado Egidio, quien se dirigió a la Porciúncula. Ahí se encontró a Francisco y le dijo: -Hermano Francisco, gran amigo de Dios, también yo quiero ser amigo del Señor. Tómame de la mano y llévame hasta el corazón de Dios. Francisco emocionado le dijo cariñosamente: -Hermano mío, querídisimo ¿SAbes lo que ha sucedido esta mañana en la ciudad? Ha llegado el emperador y entre todos los ciudadanos ha escogido a un caballero para camarero secreto de la casa imperial. El tal caballero eres tú. Que la mano del señor te cubra y cada mañana te envíe el angel de la Paz. ¿Cómo te llamas? -Egidio, hermano. -¡Cómo me gustaría tener un bosque de Egidios! Con alegría desbordante, Francisco le dijo a los hermanos que había un nuevo miembro en la familia. Hicieron gran alboroto y hubo mucha felicidad. -Desde hoy Egidio, no tienes padres ni hermanos. Seremos para tí madre, padre y hermano. -concluyó emocionado el festejo el pobre de Asís.- Vida y Actividad Los cuatro hermanos comenzaron a vivir. No se preocuparon de hacer un horario, menos todavía un estatuto. A pesar de la categoría intelectual de Pedro y organizativa de Bernardo, fue el hermano el que imprimió su sello a aquel grupo y la vida fue brotando espontáneamente. Los hermanos trabajaban como campesinos e iban a la leprosería a atender a los enferemos. Cada día Francisco les decía las actitudes de Jesús, y lo hacía con tanto amor que la distribución del trabajo no parecía una orden. Les daba un cálido abrazo, y con una bendición efusiva se marchaban. Y los hermanos se sentían capaces de ir hasta el fin del mundo y al marchar se sentían ansiosos por volver a la ermita, allí estaban esperándolos con los brazos abiertos y la sonrisa en los labios Franciso y Egidio. Se reuían en la cabaña y cada uno contaba las andanzas del día. El hermano los alentaba y bendecía. Les recordaba las actitudes de Jesús. Así Francisco fue infundiendo un alma a aquel grupito. Primera Gran Aventura Un día Francisco les dijo: -Vámonos bajo los estandartes del señor de dos en dos a donde nos lleve el espíritu. En el nombre del evangelio repartid al mundo estas cuatro monedas: el amor, la paz, la alegría y la libertad. Bernardo y Pedro irán al norte. Ellos son fuertes. Yo iré en compañía de la plantita más tierna. Mañana, al amanecer comenzaremos nuestro camino y nuestro cariño mutuo se robustecerá con la ausencia. Al otro día se despidió de ellos. Nunca pensó que aquello le iba a resultar tan duro. No sabía que los amaba tanto. Francisco y Egidio caminaro por los valles y a todos con quien se cruzaban les decían "El señor les de Su paz". Mucho se burlaban de ellos, ante tal saludo les insultaban. Egidio se aproximó a Francisco y le dijo: -Hermano, no entienden este saludo. Creen que estoy burlándome de ellos. ¿Por qué no me permites saludar como todo el mundo? Y Franciso le contestó: -No tengas miedo, corderito, hasta el fin del mundo se va a hacer famosa esta salutación. Tranquilo hijo mío, llegará el día en que hasta los príncipes más encumbrados de la tierra doblarán sus rodillas ante ti por esta salutación. Egidio no parecía ya con tanto júbilo, pero el hermano le hablaba durante leguas y leguas de Jesús. Todos los días, antes de dormir, Francisco se sumía en profunda adoración. Egidio se dormía yel hermano pensaba y suplicaba al señor a el y a sus seguidores el supremo Don de la humildad. Los siguientes días estuvieron llenos de peripecias. Caminaban de aldea en aldea y en las plazas siempre comenzaba Francisco a hablar con una o dos personas. Poco a poco se acercaban más y más curiosos. Muchos les tildaron de locos, otros de peligrosos, los más más senstaos decían: "No hay que juzgar precicipadamente. esto no hablan contra la iglesia ni contra la nobleza ni contra nada, solo hablan de Dios y la paz." Cuando iban de regreso a Asís, en algunos lugares que ya habían recorrido no pudieron entrar. Les echaban encima perros bravos y los apedreaban. Pasaron hambre de día y frío en la noche. Frnacisco vivía en la contradicción: por un lado la alegría de la experiencia de Jesu´s, por el otro la preocupación de su querido neófito. En su preocupación le dijo a Egidio una vez: -Hijo mío, Egidio, voy a abrirte el corazón: cuando pienso en la humildad de mi señor redentor que cuando era calumniado callaba, o cuando era golpeado no amenazaba, cuando era insultado no protestaba. Cuando pienso en la paciencia infinita de mi señor Jesucristo siento ganas de llorar, y unas ganas locas de que me echen encima barro, piedras, polvo, perros y blasfemias. Sería el hombre más feliz del mundo. Y cuando pienso que todo esto lo hizo por nuestro amor Jsús, siento volverme loco y me nacen alas para gritar "¡El amor no es Amado! ¡ El amor no es amado!" Egidio entonces se conmovía y dormía feliz y amanecía animoso. En dos semanas, Egidio había crecido mucho en madurez. En términos de productividad, aquella primera salida apostólico fue un completo fracaso. Ninguna conversión, ningún prosélito y al parecer ninguna conmonción popular. Reencuentro y Fiesta Francisco y Eigidio regresaron a la Porciúncula, allá los esperaban Bernardo y Pedro: era el primer reencuentro. Es difícil narrar cómo se abrazaban, lloraban y se arrodillaban frente a Santa María orando y dando gracias. Todo fue una gran fiesta. Celebraron las peripecias, glorificaron al Señor. Fue un momento de gran amor entre los hermanos. A los pocos días se les sumaron otros tres ciudadanos de Asís quienes se despojaron de sus bienes y se incorporaron a la fraternidad de la Porciúncula. La familia aumentaba. No por eso se inquietaba el hermano, al contrario. Frncisco ni llamaba ni escogía a nadie, simplemente recibía hermanos de las manos del Señor.
Continuar con el siguiente capítulo: El Señor me dio hermanos II TEMAS RELACIONADOS: Cronograma aSan Francisco y su Tiempo aEl legado Histórico aAsís: Tour Virtual TEMA SINTETIZADO de Ignacio Larrañaga, El Hermano de Asis y de Eliécer Sálesman,San Francisco de Asís Nueva Biografía por Oscar Colorado |
|||||||||||||||||||
| _____________________________________________________________________ | |||||||||||||||||||
![]() |
|||||||||||||||||||
| Copyright 2000 by Oscar
Colorado Hosted by Geocities |
|||||||||||||||||||
| E-MAIL INFO | |||||||||||||||||||