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A caballo entre 2 siglos, en una época turbulenta en lo político y de profundos cambios en lo social y artístico,
va a vivir uno de los artistas más grandes de la historia: Francisco de Goya y Lucientes, un genio que abre las puertas de la modernidad. Nace el 30 de marzo de 1746 en Fuendetodos, un pueblo cercano a Zaragoza, y al día siguientes es bautizado con el nombre de Francisco José Goya y Lucientes. Entre 1755 y 1758 realiza sus estudios en las Escuelas Pías de Zaragoza, donde conoce a Martín
Zapater.
En 1759 entra como aprendiz en el taller de José Martínez Luzán, pintor de cámara de Felipe Bayeu y hermano de doradores, compañeros de oficio del padre de Goya. Un año después, realiza el desaparecido
Relicario de Fuendetodos y en 1762, la primera obra que se conserva: Tobías y el Ángel.
Su primer viaje a Madrid lo realiza en 1763 presentándose al concurso de pensiones que organiza la Academia de Bellas Artes donde no obtiene ningún voto. En 1765 entra a formar parte de la cofradía de pintores y doradores de San Lucas en Zaragoza y al año siguiente se presentas, sin éxito, al concurso
trienal de premios de la Academia. Estos fracasos le impulsan a ingresar en la academia de Francisco Bayeu y a frecuentar la de Antonio Rafael Mengs. Este año realiza los cuatro Padres de la
iglesias para las pechinas de la iglesia de San Juan de Calatayud.
En 1770 emprende un viaje a Italia que dura apenas un año y que él mismo se costea. Durante su estancia envía a la Academia de Parma un cuadro titulado El vencedor Anibal contempla por primera vez Italia desde los Alpes, para el concurso que ésta había convocado. Obtiene algunos votos pero no el premio. Influido por el ambiente romano realiza pequeños cuadros con tema mitológico.
A su regreso a Zaragoza recibe un encargo de la junta de fábrica del Pilar para realizar los frescos de la
bóveda del coreto. Terminados en 1772, le dieron gran prestigio y le facilitaron algunos encargos en iglesias de Zaragoza y unas pintuiras para el oratorio del
palacio de Sobradiel, de la misma ciudad. Al año siguiente, contrae matrimonio con Josefa Bayeu, hermana de su maestro, y regresa a Zaragoza. De estas fechas se conserva su
primer autorretrato.