El cuerpo humano puede, en nuestros días,
ser observado e interpretado desde tantas
disciplinas y desde tan múltiples
perspectivas que se ha constituido como
un campo complejo en que se manifiestan
múltiples interacciones. La visión
tradicional de su observación solía
ser propiedad de la biología y
correspondía a diversas interrogantes
sobre su estructuración y funcionamiento.
La psicología y especialmente el
psicoanálisis aportaron posteriormente
una mirada en la cual éste se convertía
en fuente y repositorio de energías
psíquicas y, más recientemente,
las ciencias humanas y las sociales están
reevaluando sus procesos de configuración
y la estructuración de su sentidos
y significados en tanto resultados de
factores sociales diversos.
Esta última mirada está
transformando de manera importante la
noción del cuerpo. Conceptualmente
está dejando de ser una expresión
esencial de la naturaleza para empezar
a ser percibido como el resultado de acciones
múltiples y diversas ejercidas
sobre una materia prima biológica,
proceso en el cual intervienen tanto la
voluntad de las personas, como un conjunto
complejo de factores contingentes. El
cuerpo, o más propiamente la corporalidad,
estaría de este modo constitudo
por un conjunto de factores: físicos,
psíquicos y sociales, y cubriría
un amplio espectro de acciones: sistemas,
deseos, placeres, pulsiones, interacciones,
y diversos procesos de intercambio cultural
y social.
El desarrollo último de diversos
procesos biotecnológicos ha contribuido
a colocar sobre el tapete las diversas
posibilidades de gestión sobre
el cuerpo. Esto significa que la cultura
actual permite, e incluso, requiere de
las personas una intervención voluntaria
sobre su corporalidad. Intervención
de carácter diverso que puede ir
de la acción biomédica a
la construcción de la imagen corporal.
Estas innovaciones del discurso trasgreden
el pensamiento tradicional que relaciona
la configuración del cuerpo exclusivamente
con la naturaleza, para tener en consideración
la intervención de los factores
culturales y/o sociales en su proceso
de estructuración. De esta manera
podemos hablar de una Apropiación
corporal como la conciencia de la posibilidad
de acción sobre el conjunto de
elementos que constituyen la corporalidad:
sobre su estructura, imagen e interacciones
diversas con su medio. Su proceso de configuración
es parte importante de la identidad de
los seres humanos y algunas de las múltiples
formas de su práctica forman parte
de sus derechos fundamentales. A medio
camino se alzan un conjunto de discursos
tradicionalistas, en muchos casos relacionados
con diversos fundamentalismos de índole
religiosa, los cuales formulan la inevitabilidad
e invariabilidad de ciertos procesos como
el de la reproducción o la configuración
física y conceptual del género.
El concurso Brassai de este año
se propone indagar sobre las actitudes
y conceptos de frente al proceso que hemos
denominado Apropiación corporal
en tanto sistema de decisión sobre
la corporalidad que implica derechos y
también obligaciones y deberes.
Se pide, entonces, proponer imágenes
en las que el cuerpo sea la base para
una acción expresiva física
o conceptual, relacionada con la autonomía
de las personas a decidir sobre sí
mismas: el cuerpo como materia prima o
la apropiación autónoma
del mismo.
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