| En una carta
dirigida al crítico de arte Aves Berman,
en 1983, Brassaï declaraba: "Pensarán,
que si devine fotógrafo fue para ilustrar
mis propios artículos, pero no es para
nada el caso. Solo encontrarán cuatro
artículos ilustrados por mis fotografías.
Esta colaboración tan sin importancia
con las revistas alemanas, yo la realicé
solamente para ganar mi vida, deseándola
abandonar lo antes posible".
En 1932 Brassaï publica París
de nuit (París de noche), obra que
muestra sus constantes recorridos nocturnos
por París. En París de nuit,
uno puede observar que la principal preocupación
del autor consistía en mostrar toda
la dinámica nocturna parisina de
los estratos sociales más bajos y
los mundo subyacentes. La obra está
llena de borrachos, prostitutas, vagabundos,
pervertidos, excéntricos y locos.
Sin embargo, a pesar de captar momentos
de un mundo con jerarquías y códigos
secretos, sus imágenes no están
excentas de pasión, vibra, fuerza
y candor.
Dentro de estos submundos urbanos, uno
que nos interesa especialmente es aquél
que muestra las reuniones, bailes y maneras
de los gays del París de la época.
Estas fotografías representan, posiblemente,
la primera visión vívida de
una casta social que a partir de los 30's
empieza a ser más autoconciente e
identificable. Nadie más entró
a los bares de homosexuales, donde los hombres,
con vestidos coloridos y sombreros, bailaban
con sus compañeros de negocios y
donde, incluso los malencarados carniceros,
caminaban de un lado a otro con sus rostros
maquillados y sus efebos. Brassaï captó
a diferentes tipos de homosexuales compartiendo
el mismo espacio, danzando sobre la misma
pista de baile. Como él mismo dijo
"la crema y nata de los parisinos invertidos...
sin distinción de clase, raza o edad."
(ver Galería)
Brassaï capta a París en pleno,
a sus noches y a sus personajes, a su neblina
circulante y a sus estatuas olvidadas. Se
aproxima sin prejuicios, objetivo, siempre
apolítico, sin enjuiciar o satirizar
la altura, el poder o la caída. Él
registra. Describe. Acepta. Un sentido casi
imperceptible de ternura flota en las fronteras
de muchas de sus fotografías que
uno podría decir que es compasivo,
con una compasión que extiende a
los límites de su visión.
Hasta la migaja más pequeña
del mundo tiene valor y es digna de solicitar
atención; una piedra es tan preciosa
como una farola de la calle, una rama sin
hojas merece tanto respeto como una mujer
desnuda.
Brassaï, el ojo de París, nunca
buscó una vida bonita; fue en pos
de la gran vida. Esa vida repleta de carencias
económicas y riquezas intelectuales
que tan bien distinguió a la bohemia
ilustrada del París de los treinta.
Miembro de una generación de souvenirs
humanos, Brassaï no ha sido el mejor
en su arte, fue el único. Él
fue… y no ha habido otro.
Murió en 1984, luego de haber viajado
a través de parajes del arte tan
variados como la fotografía, la literatura,
la pintura y la escultura. Este concurso
es un reconocimiento a su peculiar visión
de un mundo y su interés sin límites
en todos los espacios, seres y maneras.
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