un amor a prueba
Capítulo 3
Chloe fue al metro con Lucy por la mañana y compró un boleto según su amiga le aconsejó. Metió el boleto por la ranura y pasó.
“Muy bien.” Dijo Lucy desde el otro lado de la barrera. “Serás una auténtica neoyorquina en menos de lo que canta un gallo” Vaciló al ver la afluencia de gente. “¿Quieres que te acompañe?”
Chloe sacudió la cabeza y esbozó una radiante sonrisa.
“No te preocupes. Estaré bien.”
Se sentía feliz, expansiva y ansiosa, igual que se había sentido en su primer día de colegio.
Así que de aquello se trataba, pensó mientras se agarraba de la barra del tren. Vivir en Manhattan, recorrer con rapidez Broadway en el metro sumergida entre cientos de personas más de camino a su trabajo como ella.
Y trabajar para Mark Feehily.
Aquella iba a ser la mayor aventura de todas.
Hubiera deseado que Sally le hubiera contado más cosas de su hermano, pero en aquel momento sólo había podido pensar en Nueva York. Apenas lo recordaba de sus días de colegio, pero recordaba a sus hermanas mayores, Kate y Julie riéndose atontadas cada vez que hablaban de chicos guapos. Y uno de ellos era Mark Feehily.
De hecho, cuando Kate se había enterado que iba a trabajar con él, le había dicho:
“¡Tienes más suerte que un tonto! Siempre ha estado como le da la gana. Y lo mejor es que no lo sabía”
Bueno, pensó Chloe. Pues ya sí lo sabía.
Y no es que Mark fuera arrogante, o al menos no mucho. Pero desde luego sabía que atraía a las mujeres.
¿Y cómo no iba a saberlo cuando las mayores bellezas del planeta caían rendidas a sus pies?
Pero él sabía como tratarlas. Chloe lo había observado el día anterior. Hacía que se relajaran las tensas y que se pusieran serias las más alegres.
Tenía una forma natural de tratarlas sin tomarlas muy en serio. A veces parecía hasta indiferente, pero ellas parecían adorarlo porque revoloteaban alrededor de él como abejas alrededor de un panal.
¿Sería una de aquellas con la que había quedado? ¿Cuál?
Debería haberles preguntado a Kate y a Julie qué tipo de chicas le gustaban en el colegio.
Y no es que le importara, se dijo con dureza. La vida amorosa de Mark Feehily no era de su incumbencia.
Ensimismada como estaba, casi perdió la salida en la dieciocho.
“¡Lo siento! ¡Perdone! ¡Necesito salir!” Tuvo prácticamente que gritar para poder escabullirse del tren.
“¡Así que una auténtica neoyorquina en menos de lo que canta un gallo! ¡Ja!”
Pero nadie la miró aunque había hablado sola.
Sí, estaba en Nueva York.
***
A Mark le parecía que había tres Chloe Madsen.
Por una parte, la profesora de jardín de infancia.
Ésa era la que miraba con los ojos muy abiertos los rascacielos y tropezaba con las cosas porque estaba muy distraída observándolo todo; la que le había acompañado esa misma tarde por ejemplo y la que tenía miedo a perderse en la gran ciudad.
Pero también estaba la Chloe profesional.
Ésta era la primera asistente que había tenido él que realmente parecía asistirlo. En cuanto se le decía lo que tenía que hacer, lo hacía y se anticipaba después a sus necesidades.
Y había aparecido puntual al trabajo todos los días de la semana y era, como le había prometido Sally, una joya para el estudio.
Y por fin estaba la Chloe desnuda.
Y esa Chloe, la sensual y femenina que no había vuelto a ver desde la primera tarde, era la que no podía borrar de su mente.
Y debería ser capaz de hacerlo.
Porque llegaba a trabajar cada día con la mayor discreción con pantalones de tela y camisas lisas.
Pero él la recordaba.
¡Oh, Dios, cómo la recordaba!
Tanto que a veces él se levantaba cuando ella estaba agachada esperando a ver lo que escondía su escote. Y cuando un día ella lo sorprendió, Mark frunció el ceño y le dijo que se abrochara más si no quería incitar a la gente a que la mirara.
¡Y maldición, lo había cumplido!
¡Y aquella noche había soñado con ella desnuda otra vez!
Por suerte, el día siguiente iba a ser su último día de estudio porque Edith ya terminaba. Chloe había pasado cada hora libre que había tenido para el almuerzo aprendiendo con la directora todo su trabajo.
Y aprendía con rapidez, había asegurado Edith.
“Hará un trabajo estupendo si estás seguro que no la necesitas en el estudio.”
Lo último que necesitaba Mark en su estudio era a Chloe.
Después del sueño de la noche anterior, hasta la hubiera mandado de vuelta a Irlanda si no hubiera sido por las explicaciones que tendría que darle a Sally.
No, era mejor que estuviera en la oficina de fuera.
Al menos lo hubiera sido si esa tarde, al llegar, no la hubiera encontrado hablando con Sierra de Bryan.
“Lucy me lo presentó la última vez que estuvo en la casa.” Estaba diciendo Sierra. “Me quedé con la boca abierta. ¿No está como le da la gana?”
Chloe sonrió feliz y dijo:
“Lo está. Y es realmente agradable. Subió anoche y me ayudó a mover unos muebles para que los albañiles pudieran hacer hoy la habitación de atrás.”
“Lo de agradable está bien, pero es mejor guapo.”
“Las dos cosas aún mejor.” Se rió Chloe.
“Pensé que estabas comprometida.” Masculló Mark. Las dos mujeres levantaron la vista sorprendidas. “¿No le importa a tu novio que te dediques a admirar a otros hombres?”
Pero ella sólo se rió y dijo:
“Estoy comprometida, pero no estoy muerta, Mark. Todavía sé apreciar a un hombre atractivo. Después de todo, te aprecio a ti.”
En el momento en que las palabras salieron de su boca, se puso color escarlata, pero que lo ahorcaran si Mark no había sentido ardor en la cara. Y no podía recordar la última vez que una mujer lo había hecho sonrojarse, suponiendo que le hubiera pasado alguna vez.
“Bueno, me refiero profesionalmente.” Murmuró Chloe desviando la mirada, Mark sonrió y guiñó un ojo.
“Como yo te aprecio profesionalmente también.”
Sierra lanzó una carcajada y Chloe se sonrojó aún más
“Vete.” Dijo agitando la mano. “Tengo que hacer unas llamadas.”
“Pero si estás hablando con Sierra.”
“De trabajo.”
“¡De un hombre!”
Ella le dirigió una mirada helada y apretó los labios. Entonces dirigió la vista al frente y empezó a tamborilear en la mesa con los dedos. No lo volvió a mirar. Parecía como si la camisa abrochada hasta arriba le comprimiera.
Mark se inclinó y le rozó el cuello levemente.
“Desabróchate el botón, Chloe.” Dijo con suavidad.
Ella alzó la cabeza y lo miró interrogante.
Mark se encogió de hombros con negligencia.
“No tapa nada que no haya visto antes.”
***
A pesar de los ocasionales comentarios burlones de Mark, Chloe estaba satisfecha de su primera semana de trabajo.
Ya dominaba los autobuses, metros y taxis con facilidad. Y no tenía ningún problema con su trabajo.
De hecho, el trabajo había resultado ser más divertido de lo que ella había supuesto. Mark hasta le había dejado tomar unas instantáneas antes de cada sesión y le explicaba en extensión todo lo que ella le preguntaba.
Y una vez que vio que ella estaba realmente interesada, comentaba lo que estaba buscando y lo que quería ver como si creyera que debía enseñarle a una persona tan ansiosa por aprender.
Y ella lo estaba.
En una ocasión, cuando la explicación había sido exhaustiva, sonrió y dijo:
“Si te estoy aburriendo, dímelo.”
Y Chloe, que le hubiera escuchado encantada durante horas, replicó al instante:
“No, no me aburres en absoluto.”
De hecho le encantaba escuchar todo lo que tuviera que enseñarle. A Chloe siempre le había gustado fotografiar a la gente más que nada en el mundo y tenía la oportunidad de aprender de un maestro. Y aunque el mundo sofisticado de él era lo contrario a los caracteres que a Chloe le gustaban, un día que se lo comentó, Mark respondió:
“La gente es siempre la misma.”
Y cuanto más trabajaba con él, más le daba la razón.
Se encontró tomando prestadas carpetas de antiguos trabajos de Mark y se pasaba la tarde estudiándolas e intentando aprender de ellas, de ver el mundo bajo la óptica de él.
Mark tenía un talento natural para reducir lo esencial a cero. La mayoría de sus fotos evitaban todo detalle superfluo.
Pero no siempre había sido así. Al ir estudiando su carrera, comprendió que aquel enfoque singular y fuerte contraste eran de desarrollo reciente. Las primeras habían sido más personales y más recargadas.
“Más sucias.” Había dicho Mark cuando se lo había comentado.
Chloe no estaba del todo de acuerdo, pero, ¿podía discutir su éxito? Reconocía una foto del Mark Feehily actual al instante. Te atrapaban la mirada, te indicaban adónde tenías que mirar y lo que tenías que pensar cuando las veías.
Era un poco como ir a un museo.
Y Chloe lo podía asegurar porque cuando no pasaba el tiempo estudiando el trabajo de Mark, lo había dedicado a ver el Museo de Arte Contemporáneo. Sabía que la ciudad estaba plagada de maravillosos museos, pero empezó con el más importante.
Cuando volvió a casa del trabajo el viernes por la tarde, se sentó delante de la guía que había comprado y empezó a hacer planes para el fin de semana, decidida a ver tantas cosas como pudiera.
Entonces apareció Bryan con una bolsa de comida y se sentó a su lado para hacerle algunas sugerencias. Hasta se ofreció a hacer algo de turismo con ella.
“¿De verdad?”
Él sonrió.
“Claro. Así apreciaré de nuevo la ciudad a través de tus ojos. ¿Dónde quieres ir?”
“¿Qué te parece Ellis Island?”
“Me parece bien. ¿El domingo?”
Chloe asintió con ansiedad.
“Y es sábado iré al Metropolitano por la mañana y al Frick por la tarde.”
“Será mejor que vayas con más calma. Puede que sea demasiado.”
Al final, Chloe decidió que tenía razón, así que el sábado por la mañana se dedicó a hacer la limpieza. Y mientras esperaba en la lavandería a que terminara, echó un vistazo a las revistas en busca de fotografías de Mark. Era sorprendente cuántas encontró y lo fácil que le resultaba reconocerlas.
Por la tarde se fue al Metropolitano y se limitó a ver el arte egipcio, romano y griego. Al fin y al cabo, una de las ventajas de vivir en la ciudad era la posibilidad de volver cuando quisiera. No tenía por qué ver todo el museo en un solo día.
Cuando se sintió lo bastante culturizada, cruzó el parque paseando y se paró a cenar en un pequeño restaurante tailandés a pocas manzanas de su apartamento. Mark había mencionado un día lo mucho que le gustaba la cocina tailandesa y Chloe nunca la había probado. Después de comer, decidió que a ella también le gustaba.
¿Le gustaría a Kian? Quizá debería comprar un libro de aquella cocina y esa noche podría decirle que le cocinaría algo.
Había una librería no lejos de Lincoln Center. Estaba en dirección contraria, pero la tarde estaba cálida y no le importaba pasear.
Buscó en la sección de cocina y encontró media docena de libros de cocina tailandesa. Se decidió por el más pequeño con fotos muy buenas y cuando se dirigía al ascensor, le llamó la atención la sección de fotografía.
Había cientos de libros, de todos los temas imaginables y se preguntó si habría alguno de Mark Feehily.
Con curiosidad empezó a buscar. Había más libros de moda que de cocina tailandesa. Chloe estaba sorprendida. Caminó por el pasillo buscando entre los brillantes libros de moda el que llevara el apellido Feehily. Comenzó a buscar en las estanterías.
Se arrodilló y agachó la cabeza para mirar hasta encontrar el nombre en el lomo y se estiró para sacarlo.
Entonces alguien le pisó la otra mano.
“¡Oh, lo siento!”
Chloe apartó la mano, agarró el libro, lo apretó contra ella y alzó la vista para encontrarse a Mark mirándola asombrada.
“¿Chloe?” Devolvió el libro que tenía en la mano a la estantería y la ayudó a levantarse. “¿Qué diablos estás haciendo ahí agachada?”
“Hum… buscando libros. Me preguntaba si habrías publicado alguno, así que me puse a buscar.”
Le enseñó el que había encontrado suponiendo que se pondría contento.
Pero Mark frunció el ceño al verlo.
“¿Qué diablos estás haciendo con eso?”
“Ya te lo dije. He estado estudiando tu trabajo. Intentando aprender.”
“De ahí no puedes aprender nada.” Murmuró irritado.
Intentó quitárselo de las manos, pero Chloe no lo dejó y lo miró con más atención abriendo mucho los ojos al leer el título.
“¿Catherine Neale? ¡Wow! ¿Le hiciste un libro?”
Catherine Neale era una de las jóvenes estrellas de Hollywood más famosas, pero Chloe recordó que antes de ser actriz había sido modelo.
“¿Conocías a Catherine Neale?”
“Eso pensaba.” Murmuró Mark. “Hace mucho tiempo. Me sorprende que haya quedado alguno de esos malditos libros.”
Mark la soltó entonces como si ya no le importara que lo mirara y Chloe se sintió dividida entre hacerlo y seguir hablando con Mark.
“¿Es el único libro que has hecho?”
“Sí.” Entonces miró con desdén hacia la estantería. “Aunque no es el único que se ha publicado sobre ella.”
Chloe siguió su mirada y comprobó que era el libro que él había estado ojeando. ¿Examinando la competencia, quizá? Pero no lo preguntó.
“Es muy fotogénica.” Comentó sólo.
“Y bien lo sabía ella.” Entonces examinó el otro libro que Chloe tenía en la mano. “¿Qué has comprado?”
Ella se sonrojó.
“Es que acabo de comer algo delicioso y compré el libro para intentar hacerla en casa. Para Kian.”
Mark apretó la mandíbula.
“Ya. Kian. Y también podrás probarla con el guapo bombero de tu vecino antes de volver a casa.”
Lo dijo con tal dureza que Chloe parpadeó.
“¿Qué?”
“Nada.” Le devolvió el libro y echó un vistazo a su reloj. “Tengo que irme. Tengo una cita.”
“¿Con la misma chica?” Preguntó ella antes de poder contenerse.
“¿Qué?” Fue él el que pareció asombrado. “¡Oh, no! Nunca con la misma” Esbozó una sonrisa irónica. “Que te diviertas con tu libro de cocina. Vuelve a dejar el otro en la estantería.” Le aconsejó. “No merece la pena que pierdas el tiempo.”
Entonces se dio la vuelta y salió sin mirar atrás. Cuando desapareció por las escaleras, Chloe bajó la vista hacia el libro de Catherine Neale.
Quizá fuera antiguo y él ya no se sintiera orgulloso de aquella obra. Pero ella sentía mucha curiosidad.
Se llevó el libro hasta un cómodo sillón y empezó a pasar las páginas.
No estaba segura de lo que había esperado encontrar, pero desde luego mucho menos de lo que encontró.
La actriz estaba fotografiada de la forma más sencilla, como el resto de su trabajo, pero había algo más personal y cálido que había abandonado en su trabajo posterior.
Los retratos de Catherine la mostraban joven, fresca y vibrante. La actriz jugaba con la cámara como si fuera un gatito. Vestida con trajes artísticos y extravagantes, acampando, recostada contra la ventana de un apartamento mirando a la ciudad y la luna. Y había tal anhelo en su expresión, tal desesperación. ¿En que habría estado pensando? En la página siguiente Chloe entendió la causa porque Mark la había fotografiado con el mismo semblante mirando al cartel de un teatro.
“Su nombre en candilejas.” Murmuró Chloe.
Aquello era lo que ansiaba.
Había otras fotos de la actriz desnuda, envuelta sólo en sombras o suaves sábanas de una cama deshecha. Y allí su expresión había cambiado. En algunas parecía distante, remota casi. Y en otras jugueteaba de nuevo, sugerente… prometedora.
En conjunto, Mark había descubierto su potencial en los comienzos de su carrera.
Chloe pensó que se debían haber conocido cuando empezaban las carreras que algún día les harían famosos. Y en aquellos retratos se notaba el incipiente talento de ambos.
Catherine emanaba un atractivo sexual sin hacer más nada que comer una manzana o relajada en un baño de espuma. La forma que miraba a la cámara recordaba a Eva la tentadora.
¿Habría tentado aquella mujer a Mark?
Desde luego, en la actualidad se mantenía impasible ante las mujeres a las que fotografiaba y a pesar de eso conseguía captar su esencia interior.
A ella le maravillaba. Hubiera deseado conseguirlo ella misma. Sus fotos de la hermana Carmela contemplando la abadía y riéndose al contar una historia divertida estaban cerca. Pero no eran de ninguna manera tan buenas como las de Mark.
“Por eso él es un famoso fotógrafo de Nueva York.” Se dijo a sí misma. “Y tú no.”
Pero podría aprender de él y de su libro.
Lo cerró y se quedó pensando en cómo habría conseguido un estudio tan profundo de la actriz.
Desde luego debía haber tenido acceso a detalles íntimos de la vida de Catherine. Ella debía haber confiado bastante en él para darle tanta libertad.
Chloe se imaginó haciendo lo mismo que Mark había hecho, sacar cronológicamente los estados de humor de una persona, sus esperanzas, miedos y deseos. ¿Cómo sería, por ejemplo, conocer a Mark tan bien?
Lo retrataría detrás de la cámara moviéndose como lo hacía siempre, estudiando los contactos, su perenne fruncimiento de ceño y después su sonrisa de satisfacción cuando por fin encontraba una imagen que le agradaba en particular.
Y por fin lo retrataría dándole la espalda y alejándose de ella como lo había hecho aquella noche.
Y lo seguiría y lo fotografiaría en otros lugares.
¿Cómo sería Mark cuando no estaba en su estudio? La había llevado aquella tarde a casa de Lucy, pero no sabía que lugares le gustaba frecuentar ni tampoco había visto nunca su apartamento. ¿Cómo sería? ¿Lujoso o sencillo? ¿Grande o pequeño? ¿Qué ropa tendría en los armarios aparte de los jeans y las camisas que se ponía para trabajar? ¿Se pondría calzoncillos ajustados o bóxers?
¿Cómo estaría desnudo?
¿Desnudo?
Abrió los ojos de par en par y miró su reloj.
¡Dios santo! Eran casi las diez y se había olvidado de llamar a Kian.
***
Mark pensaba que habían quemado todos aquellos libros.
Descubrir a Chloe con uno en las manos no le había gustado nada e imaginar que luego lo había estado ojeando aún menos.
Y lo peor de todo fue cuando al día siguiente se acercó a comprarlo para descubrir que ya no estaba allí.
¿Lo habría comprado ella?
No, por supuesto que no. A Chloe no le sobraba el dinero como para desperdiciarlo en estúpidas cosas como ésa.
Sólo un admirador impertinente de Catherine lo compraría y Chloe no estaba entre ellos, estaba seguro.
Ella solo quería aprender a hacer buenas fotografías.
Todos los días cumplía lo que él le mandaba en el estudio, pero nunca dejaba de observarlo.
“Es para lo que estoy aquí” Dijo simplemente un día en que Mark se lo comentó. “Estoy aquí para ayudar, por supuesto, pero también para aprender”
Y estaba seguro que para Chloe, aprender podía significar haber comprado aquel maldito libro.
¡Oh, Dios!
Pero cuando llegó el lunes al trabajo, no lo mencionó, sólo se sentó tras la mesa de Edith y se puso a trabajar.
Bien, pensó Mark. No necesitaba que lo acosara con preguntas todas la mañana. Y se alegró que estuviera en la otra habitación.
Pero apenas había pasado una hora cuando ya deseaba tenerla a su lado. A Misty no dejaban de caérsele las cosas. Se le olvidaba todo y vacilaba.
Mark le dijo que saliera a contestar el teléfono y que enviara a Chloe, que sabía lo que hacía. Misty lo miró como si la hubiera pateado.
Un momento más tarde entró Chloe sacudiendo la cabeza con desaprobación.
“Has herido los sentimientos de Misty.”
Mark lanzó un gruñido y una maldición que hizo que Chloe se sonrojara.
“Tu hermana debería haberte lavado la boca más a menudo.” Murmuró recogiendo un reflector que se le había caído a Misty para examinar los daños.
Mark sonrió.
“No se hubiera atrevido.”
“Pues yo sí me hubiera atrevido”
Los ojos azules de Chloe despedían chispas.
Mark lanzó una carcajada contento de repente.
“Me gustaría haberte visto intentándolo.”
La tensión entre ellos casi se podía masticar. Los dos quedaron allí de pie con la respiración agitada. El pecho de Chloe se agitó y Mark tuvo que inhalar con fuerza.
“¿No estás listo todavía?” Preguntó la modelo.
Mark apartó la mirada y subió la cámara.
“Sí, ya estamos. Vamos, Chloe. No te quedes ahí de pie. Instala esos reflectores. ¡Deprisa!”
Ella le dirigió una rápida mirada y parpadeó como si saliera de un trance antes de ponerse con rapidez a trabajar.
Apenas se dijeron una palabra el uno al otro en el resto de la tarde.
***
¡Nunca debería haber pensado en él desnudo!
Desde entonces apenas se había atrevido a mirarlo.
Y el día anterior hasta le había amenazado con lavarle la boca con jabón. ¡Era ella la que necesitaba que se la lavaran! O a su imaginación.
¿Qué le estaba pasando?
Era Kian. Estaba echando de menos a Kian. Ése era el problema.
Ella estaba acostumbrada a tener un hombre en quien confiar. Y cómo no tenía a Kian a su lado, instintivamente se apoyaba en el que tenía más cerca.
Y daba la casualidad que ése era Mark.
Ya que lo sabía, estaba decidida a hacer un esfuerzo para mantenerse distante, remota e indiferente.
¡Sí, claro! Sacudió la cabeza con disgusto, se sentó tras el escritorio y puso la cara entre sus manos. ¡Para permanecer indiferente ante Mark Feehily tendría que estar muerta!
Bueno, bien. Pues no indiferente, pero al menos alerta.
“Tienes que pensar en Kian.” Se enderezó en la silla y miró el anillo en su dedo. El pequeño diamante destelló dándole confianza. “Kian.” Murmuró. “Kian.”
Menos mal que estaba haciendo el trabajo de Edith. Eso la mantenía apartada del camino de Mark excepto en los días como el anterior en que Misty lo hacía todo mal y tenía que recurrir a ella.
Por suerte, eso no pasaría ese día. Mark y Misty tenían una sesión en Central Park y se habían ido a las ocho. Estarían fuera todo el día.
Chloe pudo respirar con tranquilidad, ordenar los archivos, enviar las facturas, confirmar a las modelos del día siguiente y responder al teléfono, como hizo en ese momento.
“¡Vete al infierno!” Tronó la voz de Mark a su oído.
“¿Qué?”
“Toma un taxi hasta la setenta y dos. Ahora. Te necesito.”
“Yo no...” Empezó a protestar con desesperación.
“No balbucees. Sólo hazlo. Acabo de despedir a Misty. ¡Tú eres mi nueva chica!”
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