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Debemos hacer caso de sus sentimientos: por ejemplo, si él se cae y llora
debemos evitar decirle “no llores, no grites, no pasó nada”.
Debemos
ser sensibles y respetuosos con las emociones del niño. Evitemos
criticarlo, burlarnos y prohibirle que expresa sus sentimientos.
No
debemos aceptar ni permitir que, al mostrar sus sentimientos, el niño
lastime o falte el respeto a las personas. Si esto sucede es necesario
corregirlo, sin regañarlo e insultarlo debemos poner límites y enseñarle
a ser sensible ante el dolor de otro.