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(Viene de la página 22)
natural hasta sus ultimas consecuencias. Leemos en Montejano, comentando a San Agustín, que la ley temporal y sus mutaciones serán justas en cuanto estén fundadas en la ley eterna y por lo tanto en ese aspecto de la ley eterna que conocemos por lex intima o ley natural. Es decir, que la finalidad de la ley temporal no puede ser otra que la obtención de la paz por medio de la justicia y reforzando este principio sostiene que solo así sería una ley auténtica ya que como bien afirma el Obispo de Hipona "no es ley la que no es justa".(Recuérdese también que por esta época Francisco de Vitoria sentaba la base de la escuela española de derecho natural).
El sistema de firma compulsiva de Enrique VIII, no fue solo un desatino legal; sino el adelanto político del quiebre de la moral objetiva que Hobbes definiría en estos términos: "la regla del bien y el mal, de lo justo y de lo injusto, de lo honesto y deshonesto, son las leyes civiles y, por tanto, debe estimarse como bueno aquello que el legislador ha ordenado." Y donde dice legislador léase voluntad del soberano.
La tolerancia religiosa
"Es cosa noble estar predispuesto a comprender a todo hombre, a analizar todo sistema, a dar razón a todo lo que es justo; esto no significa absolutamente perder la certeza de la propia fe" Juan Pablo II, Redemptor Hominis
Mucha gente considera que la sola prédica del Evangelio es un rasgo de intolerancia otros agudizan sus lupas para hallar contradicciones entre la Quanta Cura y el Concilio Vaticano II entre unos y otros, la Iglesia (como el sol) siempre está.
Digamos sí, en aras de aclarar ideas, que la Fe cristiana no puede comunicarse en la dinámica de la intolerancia. La Fe es un don, Cristo se revela al corazón y a la razón; no se impone por decreto. Cuando Jesús y sus discípulos fueron rechazados en una aldea samaritana Santiago y Juan dirigiéndose al Maestro reclamaron: "Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que los consuma? Volviéndose Jesús los reprendió y se fueron a otra aldea"(Lc 9, 51-56). Aún no había descendido sobre los apóstoles el fuego del Espíritu Santo. San Agustín, tan admirado por Thomas practicaba la tolerancia: "Nosotros seguimos esta regla apostólica recibida de los Padres: si hallamos algo verdadero, también en los hombres malos, corregimos la maldad sin violar lo que en ellos hay de justo. Así en la misma persona enmendamos los errores a partir de las verdades que él mismo admite, evitando destruir las cosas verdaderas con la crítica de las falsas" La intolerancia es pues la renovada tentación de Eusebio a reducir el cristianismo a una especie de "teología política".
(Continúa en la página 24)
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