Posibilidades que brinda la globalización: apertura de fronteras


La GLOBALIZACIÓN es un proceso que todos reconocen como el más determinante a partir de la década de los noventas, pero que suscita opiniones muy encontradas. Si bien no es un proceso nuevo ha sido retomado con mayor énfasis en los países en desarrollo como premisa específica para lograr un crecimiento económico y erradicar la pobreza.

Los orígenes del fenómeno se remontan a las dos décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, en el cual los países industrializados de Norteamérica, Europa y Asia alcanzan tasas de crecimiento del Producto Interno Bruto tres veces superiores a las de los 130 años precedentes, lo que a su vez provoca una expansión a nivel mundial de las transacciones comerciales de estos países.

Con el fin de regular las crecientes relaciones comerciales, los países en cuestión generaron una estrategia económica y política de liberar todas las barreras al LIBRE COMERCIO, implantadas por la estrategia de sustitución de importaciones. Producto de ello son las negociaciones del Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GAAT), la creación del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, las áreas de libre comercio regionales y por ultimo la Organización Mundial de Comercio etc.

La GLOBALIZACIÓN es multidimensional, aunque hay razones para pensar que es ante todo un proceso económico hecho posible como consecuencia de cambios provenientes de la ciencia y la tecnología. La digitalización de las comunicaciones humanas ha revolucionado la producción, el almacenamiento y el acceso a la información. Si la revolución industrial multiplicó la fuerza del hombre, la evolución informática multiplica la capacidad del cerebro humano. Hoy la información se ha democratizado, y está al alcance de quien posea una computadora y un módem para acceder a Internet. Podemos ver la tierra desde fuera del planeta y desde lejos gracias al avión y a las fotos que envían los satélites. Las nuevas tecnologías están creando un mundo donde los valores y las economías repercuten de en un lado a otro; la cultura y los valores humanos están siendo modelados y modulados por un medio electrónico.

Nunca antes las sociedades habían quedado completamente supeditadas al mercado comercial para determinar sus valores y sus modelos. Del mismo modo que la globalización económica tiende a crear mercados sin fronteras, la revolución informática hace posible la destrucción de barreras idiomáticas y el aislamiento recíproco, ya no existen las fronteras nacionales para la información. La TV ha creado una fuerza cultural penetrante como nunca antes se había visto, tanto en su intensidad como en su alcance. ¿Debe verse a la globalización como un proceso autónomo que impacta en culturas que pasivamente reciben sus consecuencias? Aunque no se lo reconozca, a veces se piensa que la globalización es el nuevo nombre del colonialismo y del imperialismo. Paralelamente a la globalización se han revigorizado los nacionalismos étnicos, han regresado sentimientos religiosos, además de fundamentalismos de diversa índole.

Estos procesos de resistencia se dan generalmente en los países que dependen más en lo económico, lo político y lo cultural; estos mismos han activado su potencialidad étnica, es decir, han reafirmado su propia identidad, cargando simbólicamente aspectos diferenciados de su cultura que han sido convertidos en referentes de identidad.

Los llamados procesos globalizadores redundan en la redistribución de privilegios y abusos, riqueza y pobreza, recursos y carencias, poder e impotencia, libertad y restricción. Las divisiones territoriales y segregaciones de identidad que imponen y promueve la globalización de los mercados e información, no reflejan la diversidad de socios en pie de igualdad. Apenas el 22% de la riqueza global pertenece a los llamados países en vías de desarrollo, que abarcan al 80% de la población mundial. Los beneficios de la globalización están siendo desigualmente repartidos entre las diversas regiones, entre los diferentes países y en el interior de los mismos, lo cual conlleva severos procesos de fragmentación y polarización.

La globalización es una paradoja: beneficia mucho a muy pocos a la vez que excluye o margina a dos tercio de la población mundial. Estas transformaciones se apoyan en una aceleración sin precedentes en los procesos tecnológicos, tanto en lo que atañe al ritmo mismo de las innovaciones como en lo que se refiere al lapso que transcurre entre la innovación y su incorporación en la producción.

Tal proceso se inició en los años 70 y ha llegado a ser tildado como la "TERCERA REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA E INDUSTRIAL". Se ha asentado en la electrónica, la informática, la robótica, los nuevos materiales, la genética y la biotecnología.

Lo que para algunos constituye un proceso de integración, para otros puede significar un cambio en la estructuración y desintegración de sus identidades, fragmentación y exclusión, mutación de la identidad, transfiguración de los principios originales. El proceso de integración, tal como se esta dando en la realidad no genera una sola dinámica sino dos dinámicas complementarias y opuestas; por un lado la globalización y por otro la reafirmación de identidades.

Existe una creciente trasnacionalización del mercado de capitales, del mercado de nuevas tecnologías y del mercado de los productos. Todo ello, unido a una desconcentración de la producción, tiene como consecuencia que los MERCADOS estén cada vez más integrados. Pero no todo el mercado esta globalizado, un elemento central del mismo, la fuerza de trabajo, queda afuera de este proceso. Basta considerar las crecientes trabas que la Unión Europea y Estados Unidos, por ejemplo, ponen ante los inmigrantes de los países latinoamericanos que van en busca de trabajo.

El fenómeno de globalización no se está expresando sólo en la economía y en las tendencias referidas, ciertamente contradictorias, acerca del Estado-Nación, sino también en el plano sociocultural. Si bien McLuhan había hablado ya en los años sesenta de una "aldea global", los adelantos en estos últimos años han impulsado todavía más las comunicaciones entre distintos puntos del globo. El proceso es avasallador, irreversible y de una contundencia absoluta, mejor nos preparáremos para obtener lo mejor de el.

En lugar que todos estos efectos apunten en la dirección de una única "cultura mundial" y una única "identidad planetaria", lo que está sucediendo es que, crecientemente, aumenta la conciencia de las identidades culturales diferenciadas, la descentralización del sujeto racional moderno, la irrupción del multiculturalismo y de la diferencia impide, por un lado, afirmar identidades cerradas, fuertes, y absolutas, pero, por el otro, no se sabe aún cómo evitar que la diferencia sea transformada en "indiferencia" sociopolítica.

Las grandes migraciones actuales y la extensión del turismo en masa no han producido homogeneidad ni globalización cultural, sino que han puesto de manifiesto el pluralismo cultural realmente existente.

En todos las dimensiones se puede encontrar elementos que están sujetos a una dinámica de globalización y otros que responden a la dinámica de reafirmación de identidades colectivas (localización).

La crisis contemporánea constituye el crisol donde se combinan y recrean creencias, actitudes y estilos que darán lugar a una nueva cultura que, como sostiene Alain Touraine en su obra ¿Podremos vivir todos juntos? esto será posible pero que no por ello será uniforme, abstracto, a través de la historia o impuesto, sino que, podrá ser, por primera vez en la historia de la humanidad, global. Construcción común de todas las naciones y pueblos.

En cualquier caso, las tendencias futuras de la globalización dependerán de los modos de recombinar lo nuevo y lo viejo, lo propio y lo ajeno, lo económico, lo político, lo social, lo estético, lo igual y lo diferente. El mundo globalizado dependerá entonces de los modos concretos y específicos en que los individuos y los grupos interactúen, es decir de los modos en que toleren y promuevan la presencia y acción del otro en la configuración de sus propias identidades. Se habrá terminado la pesadilla de la homogeneidad, el aniquilamiento de la diferencia. Pero también, renacerá el deseo de acercarse al otro, el deseo de comunidad. Son estos tiempos de apertura, de tolerancia, de creatividad, pero por sobre todas las cosas de sentido común.

 

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