México de cara al nuevo milenio

 

"Los hombres han nacido los unos para los otros. Edúcalos o padécelos"
Marco Aurelio.

Ciertamente en la segunda mitad del siglo pasado el mundo ha logrado un avance material, científico y tecnológico mayor que en los últimos 50 siglos, pero como bien da cuenta el más reciente Informe sobre Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el número de personas en condiciones de marginalidad ha venido creciendo de manera acelerada, sobre todo en países de América Latina, Asia, África, Oceanía y algunos países de Europa Oriental, ello hace del combate contra la pobreza una prioridad en los programas de desarrollo de todas las naciones de la tierra como el propósito de bien concluir el siglo XX e iniciar el nuevo milenio. Esto nos lleva a preguntarnos ¿qué es el progreso? Y también nos plantea la necesidad de medirlo a través de contrastarlo con las carencias y las ausencias de mínimos de bienestar de los individuos.

A continuación veremos una crónica contemporánea del sufrimiento humano global: de los casi 6 mil millones de seres humanos que habitamos la tierra: 570 millones de personas no sobrevivirán hasta los 40 años de edad; mil 300 millones carecen de acceso a agua potable; 892 millones de adultos son analfabetas; 178 millones de niños menores de 5 años están mal nutridos; mil 300 millones de personas están por debajo de la línea de pobreza de ingreso, es decir, perciben menos de uno o dos dólares diarios, dependiendo de la zona geográfica.

El Informe plantea un índice de desarrollo humano para cada país que para su calculo considera variables como seguridad personal y tres dimensiones básicas:

  1. Esperanza de vida.

  2. Logro educacional.

  3. Ingreso personal.

Este es un nuevo concepto de medición del BIENESTAR SOCIAL ya que a diferencia del anterior, que consideraba el ingreso monetario hoy incluye la esperanza de vida de las personas y toma en cuenta la oportunidad de acceso a la educación En esas condiciones los países más avanzados en materia de desarrollo humano resultan ser: Canadá, Francia, Noruega, Estados Unidos e Islandia. A México se le ubica alrededor del lugar 50 de una clasificación de 175 países.

En nuestro país, según el Informe, el 8.3 por ciento de la población no sobrevivirá más allá de los 40 años, aunque la esperanza de vida promedio en el país es actualmente de 70 años; el 7% carece de acceso a cualquier servicio de salud; el 17 por ciento no tiene agua potable; el 10.4 por ciento de la población adulta es analfabeta y el 16% de los niños no llega al 5° grado de escolaridad.

El 34 por ciento de la población vive en pobreza, basando este último indicador en variables de tipo alimentario. La zona de clasificación del índice del desarrollo humano en la que se ubica México abarca países tan disímbolos como Fidji, Venezuela, Hungría o Colombia.

Existe un compromiso mundial para la erradicación de la pobreza desde la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, pero ciertamente sus metas no se están cumpliendo. De acuerdo con algunos expertos, una concertación adecuada de políticas nacionales podría erradicar la pobreza en una generación, es decir, en alrededor de 20 años, pero este proceso no se está dando, ni a nivel mundial, ni a nivel de nación.

¿Cómo se compara México con los países más avanzados en materia de desarrollo humano? Y hago esta comparación porque tenemos el derecho y la obligación de fijarnos metas concretas.

Por ejemplo, en Canadá la población que no sobrevivirá más de 40 años es el 3 por ciento. En los cinco países con mayor desarrollo humano no se registra analfabetismo entre la población adulta. En los mismos cinco países no hay registro de población que viva al nivel de la pobreza del 34 por ciento de los mexicanos.

Es importante observar que en Canadá la diferencia entre el 20 por ciento de la población más pobre frente al 20 por ciento más rica es de alrededor de 8 veces, mientras que en México la diferencia es de 16 veces.

Por ello, el combate a la pobreza debe abarcar una decidida política de creación de oportunidades de empleo y de capital. No basta con denunciar la pobreza, el verdadero reto progresista de fin de milenio es crear riqueza y oportunidades de bienestar, acompañando este esfuerzo de medidas de mejor distribución del ingreso a nivel regional y social y de una política de desarrollo social que sea el centro, el eje de la voluntad nacional.

A primera vista, pareciera que en el caso mexicano hemos perdido la batalla del reto demográfico. Esto quiere decir que no hemos podido avanzar en el combate a la pobreza porque antes de atender el rezago histórico ya tenemos la presión de nueva población que demanda atención.

Por otro lado, una gran fortaleza de nuestro país es que, a pesar del lugar 50 que ocupa en la categoría del índice del desarrollo humano, se le considera como un país de alto desarrollo.

Esto no nos debe llevar ni remotamente a la complacencia, sino al reconocimiento de logros (Fortalezas y Debilidades) para saber qué es lo que nos falta y para reafirmar las capacidades con que contamos como nación para salir adelante.

Es claro que en México la pobreza se agudiza en grupos humanos bien diferenciados: campesinos, indígenas, mujeres, discapacitados, niños y viejos.

Con referencia a las comunidades indígenas, según señala el Informe, en los municipios en los que menos del 10 por ciento de la población son indígenas, sólo el 18 por ciento está por debajo de la línea de pobreza; en cambio, donde el 70 por ciento de la población es autóctona, la tasa de pobreza se eleva al 80 por ciento.

Esos datos, además de mostrar el problema de la pobreza extrema, apuntan a un grave fenómeno cultural de discriminación racial que si no reconocemos no vamos a resolver nunca.

¿Qué propuestas se propone para encarar esta problemática que de no ser atendida a la brevedad posible, habrá de generar un estallido social que pondrá en riesgo la estabilidad social y el crecimiento económico?. Para ello planteamos seis medidas:

  1. Potenciar a los individuos, los hogares y las comunidades; esto es, disminuir su vulnerabilidad económica y alimentaria, con acceso a activos como educación, asistencia técnica, paquetes tecnológicos, crédito y tierra.

  2. Reforzar la igualdad de género.

  3. Acelerar el crecimiento en beneficio de los pobres, fijando una meta mínima de crecimiento anual per. capita del 5 por ciento.

  4. Mejorar la gestión de la globalización; es decir, que los procesos de integración social se den en un marco de mayor equidad en el intercambio.

  5. Asegurar la actividad del Estado empeñada en erradicar la pobreza; esto es, participación, responsabilidad, honestidad, transparencia, legitimidad y movilización de la sociedad para estos fines.

  6. Y finalmente, adoptar medidas especiales, para aquellos casos de excepción, como en el caso de los grupos, regiones o países más atrasados del planeta o en graves conflictos sociales.

En realidad, los conceptos anteriormente mencionados no son novedosos, ya que se han constituido en elementos importantes de programas de desarrollo previos, que desafortunadamente no han logrado éxito. Probablemente su importancia ahora radica en el énfasis que hace al hecho de que los gobiernos, los políticos y la sociedad en su conjunto, tienen que volver una y otra vez, sobre la revisión del estado de cosas actual, sobre la reflexión de los rezagos y sobre la adopción, con carácter urgente, y prioritario, de medidas que lleven a la supresión de las graves diferencias sociales dentro de las naciones y entre las naciones.

Humanizar la economía

En la actualidad ya no es suficiente globalizar la interacción económica. Hay que enriquecer el concepto de desarrollo económico agregándole el de DESARROLLO HUMANO, en síntesis la economía es solamente un medio, no un fin. Hay que aspirar y luchar por exótico que suene, a la globalización y mundialización de una norma de calidad de vida compartida.

Amartya Sen, catedrático de Harvard, prominente figura de las ciencias económicas de nuestro tiempo, se interroga sobre la concepción circulante en economía de que los hombres sólo buscan maximizar sus intereses personales y que estimular ello conducirá a que la economía funcione mejor. Pone en duda su validez. Plantea "se supone que la economía está preocupada por la gente real". Esta gente tiene motivaciones más amplias que el simple lucro: Simpatías, compromiso con causas, lealtades. Destaca "los fríos tipos racionales llenan nuestros libros de texto pero el mundo es más rico". Por otra parte, los hechos no indican que la incentivación del egoísmo personal conduzca a los mejores resultados colectivos. Entre otros, indica, el caso del Japón va en otra dirección. La sociedad evolucionó de un comportamiento de auto interés a uno basado en ciertas reglas como el deber, la lealtad, la buena voluntad, y ello mejoró la eficiencia de la economía y los logros personales.

El nuevo siglo comienza apenas comienza, es tiempo de iniciar en México un cambio que aporte a la globalización, normas morales, innovaciones científicas, productivas y sociales que se conviertan en transformaciones humanistas y de esta manera sea una aportación de México a los mexicanos y a la humanidad.

 

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