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La mujer en el mundo del trabajo: ¿Y el compromiso social?
(Segunda parte)
Trabajo «de mujeres»
Aunque cada vez más mujeres son remuneradas por su trabajo, siguen realizando gran parte del trabajo no remunerado que, sin embargo, es fundamental para la sociedad. Esta labor incluye desde el cuidado de los hijos y la agricultura hasta "ayudar" en el negocio familiar. Puede ocupar todo el tiempo de la mujer, o puede ser algo que ella haga en su tiempo "libre" el segundo turno que comienza cuando vuelve a casa de su trabajo remunerado al trabajo no remunerado del hogar. La Organización Internacional del Trabajo señala que las mujeres de los países en desarrollo pasan entre 31 y 40 horas por semana realizando labores sin remunerar, comparado con sólo entre 5 y 15 horas de los hombres. El trabajo no remunerado de las mujeres proviene tanto de los papeles de género como de las necesidades de la sociedad. Por ejemplo, en un país sin cuidado universal para los niños, alguien debe quedarse en casa con los niños pequeños; o donde no se aplican las leyes de salario mínimo, alguien debe cultivar hortalizas para reducir el gasto de los alimentos. En la mayoría de los casos, ese «alguien» es una mujer, y debe ser compensada si cubre las necesidades de la sociedad. Las consecuencias de pagar a las mujeres por esta labor repercutirían en toda la sociedad y el beneficio obtenido por el crecimiento económico superaría por lejos los costos iniciales.
En "Genero y empleos: Segregación Laboral en el Mundo", una publicación de la Organización Internacional del Trabajo por Richard Anker, señala algunas tendencias generales. Las mujeres están sobrerepresentadas en la categoría profesional y técnica (habitualmente confinada a la enseñanza y la enfermería), en el sector de trabajo de oficina y en los puestos de servicio en todas las regiones (más frecuentemente como empleadas domésticas, peluqueras y camareras). Las mujeres están subrepresentadas en los puestos productivos (que representan el mayor porcentaje de empleos en el sector no agrícola) y tienen la menor tasa de participación en el sector administrativo/gerencial (por lo general cargos prestigiosos, bien remunerados). Las mujeres están sobrerepresentadas en la categoría de ventas en la mayoría de los países desarrollados, África y América Latina y el Caribe; en Asia, la situación es variada, y en la mayor parte del Medio Oriente y África septentrional, hay muy pocas mujeres en es te sector.
El estudio de Anker señala que las trabajadoras siguen concentradas en empleos menos prestigiosos, con menores ingresos y determinados por el género que reflejan estereotipos persistentes sobre la capacidad natural y características femeninas. En el sector administrativo/gerencial, donde los trabajadores deben ser respetados y percibidos como dirigentes con conocimientos, hay muy pocas mujeres. En el sector de servicios, donde los trabajadores hacen para los demás, con frecuencia las mujeres tienen una larga historia por bajos salarios.
Esta información es relevante porque demuestra que seis años después de las conferencias de Copenhague y Beijing las mujeres aún padecen segregación y estereotipos sexuales en el ámbito de trabajo. Una política de género progresista ofrecería entrenamiento y/o programas de acción afirmativa para combatir la segregación laboral. El gobierno de Luxemburgo es uno de los primeros en intentar políticas de empleo de acción inmediata, pero a pesar del incremento del gasto en programas para la mujer, la acción inmediata ha sido difícil de implementar.
Aunque el trabajo no agrícola de las mujeres se incrementó en los últimos años, una gran cantidad de mujeres (y hombres) sigue trabajando en el sector agrícola. En gran parte de África y Asia, la mayor parte de las mujeres trabajadoras se encuentra en el sector agrícola. En once países africanos, más del 90% de la mano de obra femenina corresponde a la agricultura. Aunque la agricultura varía según las regiones, es más probable que las mujeres trabajen en la producción de cultivos de subsistencia y no en los comerciales, a menudo como parte de la economía informal de las granjas rurales. El Reporte del Banco Mundial 1999 indicó que, de las mujeres que trabajaban en la agricultura, el 76% pertenecía al sector de menores ingresos, presumiblemente en situación de pobreza.
Ajustes estructurales y libre comercio
Los principales obstáculos para implementar los compromisos asumidos en las conferencias de Copenhague y Beijing son las políticas macroeconómicas de los ajustes estructurales y el libre comercio. Aunque algunos países adoptan programas de ajuste estructural por su cuenta, en la mayoría de los casos se aplican por recomendación de las instituciones multilaterales de crédito, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), como condición para recibir ayuda financiera. La fórmula recomendada, supuestamente para corregir la situación que hizo necesaria la ayuda, es coherente con los objetivos del capitalismo: libre mercado, gobiernos más pequeños y puertas abiertas a la inversión extranjera.
Las políticas de ajuste estructural y libre comercio suponen que, aunque los gobiernos quieran o no implementar los compromisos asumidos en las cumbres de Copenhague y Beijing, no operan como entes autónomos con libertad para elegir por su cuenta. En la práctica, los ajustes estructurales y el libre comercio obstaculizan la realización de los compromisos y crean problemas nuevos. El «progreso» se mide por la posición de los países en los mercados mundiales y no por las tasas de pobreza o la desigualdad en el ingreso (que casi siempre aumentan con los ajustes estructurales). A medida que se alienta a los gobiernos a abrir sus puertas a los inversores extranjeros, los países sacrifican sus estándares laborales y retiran su protección y apoyo a las industrias nacionales, como ocurrió con India.
Cuando se reduce el tamaño del Estado, también se reducen los servicios sociales que más necesitan las mujeres y disminuye la cantidad de empleos públicos, en donde hay concentración de mujeres, como ocurrió en Egipto.
La realidad sugiere que las estrategias de ajuste estructural no funcionan y con frecuencia empeoran la situación de los países. El Banco Mundial y el FMI operaron en Tailandia, Indonesia y la República de Corea desde el comienzo de la crisis financiera en Asia, y a pesar de sus esfuerzos coordinados con los gobiernos, la crisis se profundizó y tuvo graves consecuencias de contagio en el exterior. Hasta que reconozcamos plenamente los fracasos de las organizaciones multilaterales y de las políticas de libre comercio y desarrollemos un sistema de responsabilidades, deberemos seguir enfrentándonos a las consecuencias reales que los ajustes estructurales tienen en la vida de la gente.
Una definición superficial de lo que en definitiva ocurre dentro del marco de los ajustes estructurales se traduce en el deterioro de la vida de las mujeres y los pobres. Las mujeres, como mayoría entre los pobres, se encuentran en una posición doblemente peligrosa. «Debido a que la preocupación prevaleciente de la reforma económica es equilibrar los presupuestos y liberalizar los mercados para fomentar el crecimiento, los responsables de la política no están seriamente preocupados por los desequilibrios de género con respecto al acceso y al control de los recursos».
Aunque estas cuestiones son difíciles de medir, las evidencias sugieren que estas políticas macroeconómicas son especialmente nocivas para las trabajadoras. Por ejemplo, los AJUSTES ESTRUCTURALES y EL LIBRE COMERCIO generan: mayor número de mujeres que buscan trabajo remunerado; el aumento de la diferencia salarial entre hombres y mujeres; más mujeres desempleadas que hombres; más mujeres trabajando en el sector informal (mientras disminuyen las oportunidades de trabajo en el sector formal); peores condiciones de trabajo el incremento del trabajo no remunerado de las mujeres (se necesita más tiempo para compensar los precios más altos de las necesidades básicas).
En síntesis cada día es mas evidente el progresivo deterioro de las condiciones generales de vida de un alto porcentaje de la población a nivel mundial, sin embargo los grupos vulnerables se han llevado la peor parte de este deterioro en los niveles de bienestar, particularmente la concentración de la pobreza es más frecuente en los grupos de mujeres.
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