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Hoy: la oportunidad para el crecimiento
Durante buena parte de los últimos doscientos años, los mexicanos no hemos capitalizado ni consolidado la oportunidad de crecer satisfactoriamente. La brecha con los países avanzados se sigue ampliando. Mientras que en 1800 los mexicanos tenían un ingreso equivalente al 75% del de los estadounidenses y del 80% del de los franceses, para 1910 el ingreso promedio de los mexicanos había caído hasta el 27 % del que obtenían los estadounidenses, semejante al de España e Italia en esas fechas, y hoy solo es el 7.5% del que gozan los habitantes de los Estados Unidos, 12.5% del de los italianos y 20% del de los españoles.
El crecimiento económico de México ha sido tradicionalmente interrumpido por severas crisis económicas de origen político. Entre 1810 y 1821 la guerra de independencia destruyó una tercera parte del capital acumulado y diezmó alrededor de un 10% a la población mexicana. La inestabilidad política durante la Reforma entre 1821 y 1880 impidió que el país progresara y de hecho lo encamino al atraso. Divisiones internas entre las facciones, rebeliones y guerras intestinas y extranjeras provocaron el empobrecimiento de los gobiernos, la pérdida de la mitad del país y de gran parte de la infraestructura existente así como el deterioro general de las condiciones de vida de la población.
Los treinta años de estabilidad relativa durante el Porfiriato (1880-1910) permitieron que el país comenzara a recuperarse. La población creció. El gobierno logró sanear sus finanzas. La inversión extranjera comenzó a entrar. Se construyeron obras de infraestructura. México comenzó a modernizarse. La incapacidad y falta de voluntad política del gobierno Porfirista de construir un mecanismo institucional para resolver el problema de la sucesión presidencial llevó a México a la crisis revolucionaria de 1910-1920.
La revolución provocó la disminución de la población (un millón de muertos), la destrucción de capital, infraestructura y tendencias de crecimiento que significó en términos de costo de oportunidad unos 10,000 dólares por habitante, por año. Si la tendencia de crecimiento del período 1880-1910 se hubiera mantenido sin la interrupción de la revolución, el Producto Interno Bruto por habitante sería hoy de unos 15,000 dólares.
El país volvió a crecer a partir de 1940. El período 1940-70 logró tasas elevadas de crecimiento (6.7 porciento promedio anual) mediante políticas públicas que favorecieron la inversión en infraestructura, la estabilidad cambiaria y la urbanización e industrialización. El costo de este esquema fue el creciente atraso del campo mexicano y la polarización de la sociedad mexicana lo que provoco para mediados de los años sesenta la aparición de focos rojos en todo el país. La crisis estudiantil de 1968 fue quizás el mas grave de estos focos rojos.
En 1970 el gobierno cambió la orientación de la política económica. Entre 1970 y 1982 México llegó a crecer a tasas del 7%. Para resolver los problemas políticos generados en el período anterior, los gobiernos intentaron utilizar soluciones económicas de tipo populista. Se incrementó el endeudamiento del gobierno, se favoreció la intervención directa en las empresas en vez de inversión en infraestructura, esto permitió que creciera la corrupción y se centralizaron las decisiones en la Presidencia, lo que acabó por hacer imposible la continuación del crecimiento con estabilidad.
La inflación hizo su aparición en 1973. Así se presentaron las crisis de 1976 y 1982. El país perdió valiosas oportunidades para modernizar la economía cuando el resto del mundo experimentaba un cambio en su manera de producir. Estas crisis están claramente relacionadas con el ciclo político.
A partir de 1982, tanto por el elevadísimo endeudamiento contraído entre 1970 y 1982 como por la problemática estructural de la economía, el país ya no pudo recuperar las tasas elevadas de crecimiento que había logrado en el período 1940-1982. El crecimiento de la economía nacional en el período 1983-2000 no alcanza el 3 porciento en promedio. El costo de oportunidad pagado por los mexicanos por las crisis sufridas entre 1976 y 1995 es de unos 5,000 dólares por habitante por año.
Dos estrategias para crecer
El insuficiente crecimiento económico secular de México tiene dos causas principales:
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Las crisis económicas recurrentes derivadas de instituciones políticas y económicas inadecuadas, y
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Los obstáculos institucionales que impiden el desarrollo, esto generado por:
a) altos costos de transacción,
b) marco legal inadecuado,
c) excesiva regulación económica,
d) insuficiente claridad de los derechos de propiedad,
e) excesivo formalismo burocrático,
f) corrupción e inseguridad pública,
g) excesiva intervención gubernamental en la actividad económica y
h) recursos humanos deficientes en educación y salud.
Por ello para que México pueda crecer acelerada y sostenidamente se requiere reformar el sistema político mexicano para que con ello se:
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Democratice y permita la alternancia en el poder como un mecanismo de control y transparencia políticaSe descentralicen los mecanismos de toma de decisión
Se fortalezcan los otros poderes constitucionales, y
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Se logren nuevos consensos para aceptar mecanismos efectivos para resolver las controversias políticas entre los grupos e intereses políticos.
Profundizar y proseguir con las reformas económicas iniciadas en 1988 para:
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Asegurar los derechos de propiedad privada, a ) de la tierra, b) intelectual, c) de los medios electrónicos de comunicación;Desregular la actividad económica;Simplificar la administración pública;Atacar la corrupción;Realizar una reforma fiscal de fondo cuyo objetivo sea simplificar el régimen tributario y hacerlo mas equitativo,Sanear el sistema financiero;
Estabilizar la economía mediante la rápida disminución de la inflación y la estabilidad cambiaria;
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Concebir al gobierno como promotor de las condiciones generales que propician el desarrollo individual de los mexicanos.
De esta manera se podrán sentar las bases para un crecimiento sostenido que conduzca a estadios superiores de desarrollo con formas de equidad mas claras. Hoy ratifico mi convicción de que los programas contra la pobreza deben basarse firmemente en la movilización social respaldada por oportunidades económicas viables. La potenciación social debe ir de la mano de la potenciación económica.
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