La universidad del siglo XXi: perspectivas para la educación


""Cuán insensato es el hombre que deja transcurrir el tiempo estérilmente".
Goethe

En el futuro previsible todos los ámbitos de la actividad humana estarán más interrelacionados, de manera tal que ningún país podrá apartarse de lo que ocurre en otras regiones del mundo. Los países más desarrollados están agrupándose en unidades políticas o económicas para participar con mayores ventajas en la competencia internacional. Esta integración ocurre al mismo tiempo que se presenta un descenso en el ritmo de crecimiento de su población, que aumentan las expectativas de vida, que se dan cambios en las estructuras sociales y económicas, y que se genera un creciente desempleo, producto del esfuerzo de racionalización que en el entorno mundial han emprendido las grandes empresas, seguido de una reducción simultánea de las estructuras de gobierno.

Los sectores de la sociedad menos preparados se sienten ya amenazados por una creciente migración, que agudizan las tensiones políticas y sociales ya existentes. Una de las primeras consecuencias ha sido el establecimiento de políticas de migración más restrictivas, con lo que se limitará esta válvula de alivio de los países menos desarrollados y se agudizarán dentro de ellos los problemas económicos y sociales.

Por otra parte, la humanidad se encuentra inmersa en una profunda transformación, cuya duración y alcance apenas se vislumbran, y que se deriva de un crecimiento apresurado del conocimiento científico y tecnológico -el cual se duplica cada veinte años- además del desarrollo de nuevas tecnologías aplicables al manejo de la información y de las comunicaciones. Esta nueva etapa, que se ha denominado "la era de la información", se caracteriza por el gran incremento de la información disponible y por su fácil acceso a través de medios electrónicos de comunicación, así como por el alto grado de especialización que requiere el mercado de trabajo y los cambios que se producen en su estructura. Desde el punto de vista etimológico, la palabra "comunicación" proviene de la raíz latina communicare, es decir, "hacer común" algo. Por otra parte, "información" tiene su origen en las palabras in y formare, es decir, "instruir hacia adentro". A partir de estas dos palabras, y debido a la importancia que en épocas recientes han cobrado, se ha generado una enorme cantidad de variantes, cada una con un significado muy preciso, aplicable a determinadas situaciones.

Todo ello está conformando un nuevo orden económico y social, en el que las sociedades que logren destacar serán aquellas que tengan una gran capacidad para utilizar oportuna e inteligentemente la vasta información universalmente disponible, y adaptarse rápida y productivamente a las cambiantes condiciones que se darán con un ritmo cada vez más acelerado.

En este nuevo orden, los grupos laborales altamente capacitados, las organizaciones sociales, los sectores académicos y los medios jugarán un papel decisivo. También es cierto que nunca había existido tanta gente en pobreza extrema, tan aislada de los grandes avances que se están dando en otras partes del mundo.

Por lo que corresponde a Chiapas, éste es un estado promisorio, rico en recursos naturales y en una sociedad pluriétnica y multicultural; también es un estado afectado por las más hondas disparidades y asimetrías nacionales. Nuestra entidad no debe quedarse rezagada, como simple testigo del progreso y de los avances del conocimiento en un mundo globalizado que se torna cada vez más competitivo, pero tampoco puede desconocer las tensiones que la pobreza y la ignorancia generan. Los chiapanecos debemos tener la inteligencia y la generosidad para construir, en circunstancias ciertamente adversas, un estado con un futuro digno y humanista para todos.

En este proceso de transformación las universidades tienen un papel determinante, ya que deben formar los recursos humanos que la sociedad necesita, contribuir al desarrollo de nuevas habilidades en la práctica profesional -tales como la selección y análisis de información, el trabajo en equipo, la disposición al aprendizaje continuo, el manejo de idiomas, la asertividad, la creatividad e innovación para la solución de problemas, generar los conocimientos y la información necesarios para tomar decisiones y, sin duda, contribuir a preservar y enriquecer los valores sociales y culturales.

Los modelos educativos y los planes de estudio habrán de experimentar profundas transformaciones ante esta dinámica, con el consecuente cambio en el perfil del egresado, a su vez, los modelos de organización de las instituciones de educación superior habrán de reformarse. Las nuevas condiciones requieren de planes de estudio mucho más flexibles, que permitan adaptarse a la rápida emergencia de innovaciones y nuevos conocimientos, en los que, a partir de una base profesional bien definida, los alumnos tengan la posibilidad de complementar su formación en otros espacios de la universidad, estableciendo así puentes naturales de comunicación con otras disciplinas.

La labor educativa de las universidades es ya objeto de profundos cambios, al menos en lo que se refiere a la función tradicional de transmisión del conocimiento. El estudiante tiene ya acceso desde su casa, a través de modernas redes de comunicación, a cursos y conferencias impartidos por los mejores profesores, así como a documentos y materiales gráficos, animados e interactivos, de muy alta calidad.

La educación del futuro será, en diversas maneras de Educación Continua y a Distancia, aunque cada vez más activa, sin embargo el estudiante recibirá un menor número de lecciones presénciales tradicionales. La nueva pedagogía permitirá orientar a los jóvenes al desarrollo de capacidades y destrezas creativas, a la selección apropiada de la información y a la habilidad para formular preguntas más pertinentes y encontrar respuestas más apropiadas.

La labor del docente universitario se debe de orientar hacia la formación de habilidades de razonamiento y formación de valores, dejando a un lado la enseñanza rígidamente memorística. La enseñanza tutorial es cada vez más relevante. Asimismo, necesitamos cambiar los hábitos de evaluación del aprendizaje; al docente deberá valorar más a fondo los aspectos formativos que los meramente informativos.

Si queremos que la universidad sea una instancia transformadora de la sociedad y no sólo transmisora de conocimientos, métodos y procedimientos que pronto podrán ser rebasados por los avances científicos, tecnológicos y culturales, la investigación debe de constituirse en una actividad central del proceso educativo.

Por último, la transmisión de saberes y haceres profesionales para formar hombres y mujeres críticos e innovadores, capaces de transformar el entorno en el que viven, sólo será posible mediante la promoción y fortalecimiento de proyectos de docencia, investigación y Extensión con enfoques multidisciplinarios, interinstitucionales y con una amplia incorporación social. Diríamos que se habla de una universidad con una gran movilidad horizontal en la que puedan interactuar libremente sus académicos y sus estudiantes, independientemente del departamento o disciplina de adscripción. Esto solo podrá lograrse cuando aquellos responsables de conducir las universidades tengan conciencia de esta responsabilidad y sensibilidad al cambio, de lo contrario, en lugar de que las instituciones sean medios de cambio, se convertirán en grandes obstáculos al cambio, quedando registradas en los anales de la historia como las grandes impertinencias sociales.

Las nuevas generaciones universitarias tienen frente a sí un serio desafío. Por un lado deben ser capaces de adaptarse, no ya a cambios pequeños y limitados, en una práctica profesional que evoluciona lentamente, como ocurría hasta hace apenas un par de décadas, sino a un proceso de transformación continua y acelerada, en todos los ámbitos del quehacer humano, del que ningún individuo ni sociedad alguna pueden sustraerse.

Las nuevas generaciones universitarias deben ser capaces de aprender, no sólo durante los años en que asisten a la escuela, sino a lo largo de toda su vida activa.

Deben trascender las barreras artificiales de sus respectivas disciplinas para alcanzar enfoques multidisciplinarios y comprensivos que permitan conocer y manejar integral y creativamente los difíciles y complejos problemas a los que se enfrenta la sociedad.

Las nuevas generaciones universitarias deben estar preparadas para competir en un mercado laboral que al mismo tiempo que aumenta su productividad disminuye su oferta de empleo, fenómeno que se suscita en prácticamente todas las economías del mundo.

Por otro lado, las nuevas generaciones deben desarrollar una conciencia de su condición privilegiada de universitarios que se traduzca en una actitud de compromiso con los menos favorecidos, que no han contado con la oportunidad para acceder al mundo del conocimiento que significa la educación superior.

En resumidas cuentas, las nuevas generaciones de universitarios deben comprender que si la sociedad no es capaz de ofrecer un futuro promisorio para todos, se pueden romper los delicados equilibrios que se requieren para avanzar hacia un progreso sustentable, cancelándose inevitablemente las expectativas para todos, en cuyo caso los que más tienen serán los que más pierdan. Debemos estar preparados para proponer soluciones que permitan la inserción del país en un mundo que avanza a grandes pasos hacia revolución del conocimiento, y, al mismo tiempo, que reduzcan la pobreza y mejoren la distribución del ingreso.

 

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