El lado oscuro de Negroponte


""El problema no es que nos mientan, el problema es que les creamos".

 

John Dimitri Negroponte, postulado por el presidente George W. Bush como coordinador de los organismos de espionaje de Estados Unidos, prometió recientemente que reformar los servicios de inteligencia será la prioridad de su nuevo cargo.

Negroponte acudió a una audiencia del Comité de Inteligencia del Senado sobre su designación por parte del presidente George W. Bush como primer Director Nacional de Inteligencia, desde donde controlará a las quince agencias de espionaje de EEUU. Veterano miembro de la comunidad de inteligencia, experto en trucos sucios y operaciones encubiertas, John Dimitri Negroponte, nacido en Londres en 1931 ha sido representante estadounidense ante la ONU y embajador de Estados Unidos en Irak. Negroponte es lo que los estadounidenses llaman un troubleshooter (generador de problemas), alguien para misiones difíciles en adscripciones donde hay tensiones serias. Desde que se incorporó al servicio exterior de Estados Unidos, en 1960, su hoja de servicios presenta algunos puntos clave que definen su quehacer: labores de inteligencia, planificación de acciones militares encubiertas, guerras secretas desestabilizadoras.

Negroponte, cuya confirmación del comité y el pleno del Senado no generan duda alguna, rechazó las sugerencias demócratas de que no podría ser un director de inteligencia imparcial. Los demócratas recurrieron con este fin a su actuación como embajador en Honduras en la década de 1980. El diario “Washington Post” ha obtenido numerosos documentos de la carrera de Negroponte, quien fuera embajador en Honduras desde 1981 a 1985. Como tal, fue responsable de la política de violaciones a los derechos humanos del gobierno norteamericano. Entre otras cosas, supervisó la creación de la base aérea El Aguacate, donde EEUU entrenó a los contrarrevolucionarios nicaragüenses durante los años 80. La base fue utilizada como un centro clandestino de detención y tortura. En Agosto del 2001 comenzaron excavaciones en la base que ya han descubierto algunos de los cadáveres de las 185 personas que se creen fueron asesinadas y enterradas en la base.

Las violaciones a los derechos humanos en Centroamérica crecieron sistemáticamente durante el servicio de Negroponte. La CIA y el batallón argentino 601, entrenaron en Honduras al infame Batallón 316, responsable por secuestrar, torturar y asesinar a cientos de personas. Negroponte sabía de todas estas violaciones a los derechos humanos y sin embargo continuó colaborando con el batallón, al mismo tiempo que le mentía al congreso de EEUU sobre las violaciones en Honduras.

Para conocer un poco más a John Dimitri Negroponte diremos que el generalmente describe su trabajo en términos ambiguos e indefinidos, no obstante su suavidad y a veces excesiva cortesía, se muestra como alguien falso, diríamos que siniestro y siempre ha sido un hombre de dobleces. Ese ámbito es el del espionaje y contraespionaje, que resulta ser un en factor interno central de la política exterior del gobierno de EU. Hasta hace pocos meses, John Dimitri se desempeñaba como embajador ante la ONU. Inclusive, este personaje hizo circular rumores corrosivos acerca del embajador de México en la ONU, Adolfo Aguilar Zínser, a quien, descalificó y ofendió públicamente. Esa acción del señor Negroponte nos describe la soberbia y su obsesión por castigar a quienes se resisten a sus propósitos. Aguilar Zínser votó contra la guerra en Irak. John Dimitri, concluida su gestión en la ONU, fue designado embajador en Irak, operando detrás de tramoyas, oculto por los telones de fondo de la investidura diplomática. Operó, así, el proceso electoral iraquí, el cual, como bien es sabido, arrojó un abstencionismo tan alto que los elegidos carecen de representatividad. Por añadidura, la resistencia iraquí a la ocupación militar de EEUU y a la debilidad del gobierno títere instalado por Washington, se ha extendido.

Mas para el Presidente George W. Bush, el desempeño de aquél fue meritorio y, por ello, lo designó coordinador de las 15 agencias de inteligencia del gobierno norteamericano. Esa designación convierte a Negroponte en un hombre muy poderoso, aplicando estrictamente el sentir del Presidente Bush de intervenir en los asuntos de todos los países del mundo. Ese poder se traducirá pronto en acciones que, a nuestro ver, afectarán negativamente los verdaderos intereses estratégicos de México, en el contexto de la lucha política por la presidencia de la República.

En efecto, sostenemos la tesis de que la accesión de John Dimitri Negroponte como jefe de inteligencia de Estados Unidos tendría implicaciones decisivas en México. Y esas implicaciones, que calificaríamos de consecuencias, incidirían en el proceso de la sucesión presidencial por las siguientes razones:

Negroponte es promotor de un flujo de opinión que preconiza prevenir aquello potencialmente desfavorable a los intereses estratégicos de EEUU. Esa corriente, que en los hechos es una doctrina de la política exterior del gobierno de George W. Bush, se traduce en ciertas acciones ilegales en las relaciones bilaterales. Esas acciones ilegales, que trasponen los tenues límites entre lo legal y lo moral, consisten en modificar la realidad político-electoral de ciertos países. Los abanderados de esa doctrina, como el propio Negroponte arguyen en los conspiraciones en Washington que ya es hora de prevenir que lleguen al poder hombres como Hugo Chávez, Lula (Brasil), Kirchner (Argentina), Tabaré Vázquez (Uruguay). Preconiza también esa corriente de opinión que se debe prevenir el acceso incluso de líderes de izquierda atenuada en el espectro ideológico como Ricardo Lagos (Chile). La tesis central de esta vertiente de opinión de EEUU es la de que no deben llegar al poder luchadores sociales, sino políticos afines a EU. Esa corriente de opinión sostiene que esos mandatarios aplican políticas de inspiración socialdemócrata, contrarias y amenazantes a los intereses norteamericanos.

Pero también reconoce esa corriente una vieja y muy arraigada convicción estadounidense: la de modificar la realidad para adecuarla a los fines estratégicos de EEUU. Y uno de esos fines estratégicos es el de la seguridad nacional norteamericana y su lucha contra el terrorismo, lo cual define a México como su zona de influencia. Además, el señor Negroponte ha dicho, en la ONU, que México es el patio trasero de EEUU. Esa percepción es un imperativo para el silogismo del intervencionismo. Ello nos llevaría a concluir que EEUU actuaría embozadamente en nuestro país para prevenir que Andrés Manuel López Obrador llegue a Los Pinos.

La sucesión presidencial en México es objeto de escrutinio en vestíbulos políticos y cenáculos financieros del poder en Estados Unidos. Dicho de otra forma, en esos círculos se advierte una inquietud por un desenlace electoral de 2006 desfavorable a los intereses estratégicos norteamericanos. Al decir de John Womack, investigador en Harvard del acontecer político mexicano, y autor de Zapata, libro prohibido en México durante el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, esos intereses son los de la seguridad nacional de EEUU por la guerra que libra contra Al Qaeda y la ocupación militar de Irak, así como los prospectos de una guerra contra Irán. También cuentan los intereses en la economía de México por los grandes consorcios trasnacionales norteamericanos de industria y comercio, bancarias y financieras, etcétera. Dentro del último grupo de intereses están los que conforman el papel político que México representa en la doctrina de política estadounidense hacia América Latina.
A ello se agrega otro hecho: México es fuente políticamente segura y barata de abasto del petróleo crudo. Y no sólo eso: México es una fuente riquísima, casi inagotable, de mano de obra explotada cuyo aprovechamiento por parte de EEUU es de dilapidación monstruosa de ese recurso. Más: México es un mercado cautivo de los bienes y servicios producidos por Estados Unidos, cuya economía absorbe exportaciones de capital mexicano por varios conceptos. Algunos de esos conceptos son: pagos por uso de tecnología, patentes, franquicias, por amortización de deuda, por consumo de bienes y servicios, etcétera. Ese largo etcétera comprende, asimismo, la transformación de nuestro petróleo crudo en gasolinas y aceites en las refinerías de EEUU y la importación de gas natural. Esa dependencia es histórica, desde luego, pues sus inicios se remontan al sexenio de Manuel Ávila Camacho, ampliándose en el periodo presidencial de Miguel Alemán.

Pero fue en los sexenios del neoliberalismo, desde el de Miguel de la Madrid hasta el de Vicente Fox, donde esa dependencia se acentuó acusadamente. Se agudizó. Esa dependencia es, pues, resultado por omisión o por comisión de los gobiernos neoliberales de una estrategia de claudicación de México a EU. Desde una perspectiva histórica, la dependencia actual es más que una definición semántica. Es una gran subordinación que exhibe peculiaridades de un neocolonialismo. La realidad nos ofrece cada día indicios muy elocuentes de que esa subordinación tiene mecanismos de vigencia: el Tratado de Libre Comercio, la propiedad extranjera, de EU y España, del sistema bancario y financiero y la especulación bursátil. Así, para el poder en EEUU quien sea el próximo presidente de México deberá ser alguien comprometido con los intereses del dominio estadounidense de nuestro país. Estos son los intereses por los que ya vela John Dimitri Negroponte.

 

<<anterior

unach
ir al índice
Imprimir
ir arriba

 

Hosted by www.Geocities.ws

1