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La condición de los sexos y el desarrollo humano
En la vida de las mujeres hay una constante presente a nivel mundial: están logrando grandes adelantos, en materia de educación y salud, pero al mismo tiempo quedan seriamente rezagadas respecto de los hombres en cuanto a condiciones económicas y políticas. Es así como, mientras entre 1970 y 1990 la discrepancia entre los sexos en materia de educación se redujo a menos de la mitad en los países en desarrollo, las mujeres siguen representando un 70% de los 1,300 millones de personas que actualmente viven en la pobreza, según un Informe reciente sobre Desarrollo Humano . En todo el mundo, las mujeres ocupan en promedio solo el 15% de los escaños parlamentarios (legislativos) y el 9% de los puestos de gabinete en los gobiernos nacionales.
En los últimos 20 años, las puertas de la oportunidad en materia de educación y salud se han abierto rápidamente para las mujeres, pero las puertas conducentes al poder económico y político están apenas entornadas.
El análisis se centra decididamente en la condición de la mujer, utilizando dos nuevas mediciones del desarrollo humano. La primera el Indice de Desarrollo Relacionado con la Mujer refleja los desequilibrios en la condición de los sexos en lo relativo a los servicios básicos de salud y educación y al ingreso, mientras el segundo - el Indice de Potenciación de la Mujer evalúa el adelanto de un país en cuanto a promover la condición de la mujer en los planos políticos y económico.
Los índices principales
Hay un grave cuestionamiento de la continua discriminación contra la mujer en la mayoría de las sociedades. Invertir en la capacidad de la mujer y potenciarla para que ejerza sus opiniones son medidas que no solo revisten valor en sí mismas, sino que son también la manera más segura de contribuir al crecimiento económico y al desarrollo en general.
Una característica especial a mencionar es el trabajo remunerado y no remunerado de mujeres y hombres. Se comprueba que si se valorara correctamente el trabajo femenino no remunerado, en la mayoría de las sociedades muy posiblemente se pondría de manifiesto que las mujeres son el principal sostén del hogar o al menos, sostén en iguales condiciones dado que trabajan mayor cantidad de horas que los hombres. En el informe de Desarrollo Humano 1998 se llega a la conclusión de que el trabajo de la mujer sigue seriamente sin remunerar, sin reconocer y sin valorar, por un importe del orden de 11 billones de dólares EE.UU por año.
Los países que dejan estar y no abordan las disparidades entre hombre y mujeres en su sociedad, corren graves riesgos en negar a las mujeres la plena participación en la población activa y su proporción en el ingreso nacional.
El Indice de Potenciación de la Mujer refleja la representación de la mujer en los parlamentos, su grado de presencia en puestos clasificados como ejecutivos o profesionales, su participación en la población activa y su proporción en el ingreso nacional.
Existe un considerable adelanto de los países en desarrollo en cuanto al fomento de la capacidad básica de la mujer y a la reducción de la discrepancia entre los sexos en materia de educación y salud. Por ejemplo, en lo concerniente a la alfabetización de adultos y matriculación combinada primaria y secundaria, entre 1970 y 1990 la discrepancia se redujo a la mitad. Los Estados Arabes estuvieron al frente de ese adelanto, pues duplicaron con creces las tasas de alfabetización femenina.
En materia de salud, la esperanza de vida de la mujer ha aumentado en los últimos dos decenios con una velocidad superior a la del hombre. Las altas tasas de fecundidad, que restringen gravemente la libertad de opción de la mujer, se han reducido en un tercio. Las tasas de mortalidad relacionadas con la maternidad se han reducido casi a la mitad.
Las limitaciones de las oportunidades de la mujer
Pese a los adelantos logrados, las oportunidades económicas y políticas de la mujer siguen estando gravemente limitadas. Las mujeres aun constituyen menos de la séptima parte de los altos funcionarios administrativos y ejecutivos en los países en desarrollo y lo propio ocurre en Francia, Japón, Luxemburgo y España. En promedio, el salario femenino equivale a las tres cuartas partes del salario masculino, y esto también ocurre en los Estados Unidos de América. En 55 países, la representación de la mujer en el parlamento es inferior al 5% o inexistente.
Por otro lado:
En ningún país se ofrecen a las mujeres las mismas oportunidades que los hombres. El que más se aproxima a ello es Suecia, con un valor del Indice de Potenciación de la Mujer de 0,92 (de un máximo posible de 1). Pero hay 45 países en que el Indice es inferior a 0,5, lo cual indica a la vez altas disparidades en la condición de los sexos y bajas tasas de adelanto en materia de salud, educación e ingreso (PNUD 1998)
Eliminar la desigualdad en la condición de los sexos no depende en absoluto del ingreso nacional. En la clasificación según el Indice de Potenciación de la Mujer, China ocupa unos diez lugares por encima de Arabia Saudita, aun cuando el ingreso real per capita sea un quinto de la de este último país. Tailandia tiene una categoría según el Indice superior a la de España, aun cuando el ingreso per capita de Tailandia es la mitad del de España.
Las mujeres reciben una parte desproporcionadamente pequeña del crédito de las instituciones bancarias comerciales. En muchos países africanos, por ejemplo, corresponde a las mujeres mas del 60% de la mano de obra agrícola y un 80% del total de la producción alimentaria; sin embargo, las mujeres reciben menos del 10% del crédito a los pequeños agricultores y el 1% del total del crédito a la agricultura. En 1990, los bancos multilaterales asignaron 5.800 millones de dólares en créditos rurales a países en desarrollo; no obstante, de ese importe solo un 5% llegó a las campesinas.
La violencia contra las mujeres.
Un tercio de las mujeres de Barbados, el Canadá, los Estados Unidos, los Países Bajos, Noruega y Nueva Zelandia manifiestan que han sido víctimas de malos tratos sexuales en la infancia o en la adolescencia. Se estima que en Asia, cada año se ven forzados a prostituirse un millón de niños, en su mayoría niñas. Se estima que 100 millones de niñas sufren mutilaciones genitales. Se estima que en Alemania hasta cuatro millones de mujeres padecen cada año episodios de violencia doméstica. Y varios estudios realizados en el Canadá, los Estados Unidos, Nueva Zelandia y el Reino Unido indican que una de cada seis mujeres es víctima de violación durante su vida.(PNUD 1999)
El reflejo mas sobrio de la baja condición de la mujer es la discriminación contra ella en la legislación. En muchos países, aun no se trata a las mujeres como iguales a los hombres, trátese de los derechos a ser propietarios de bienes o recibir herencias, de las leyes relativas al matrimonio y al divorcio o de los derechos a adquirir la nacionalidad, comprar bienes o buscar empleo. En muchas partes del mundo en desarrollo, las mujeres carecen de control legal sobre las tierras que cultivan.
La mujer y la seguridad alimentaria
Las mujeres producen entre el 60 y el 80 por ciento de los alimentos de los países en desarrollo y la mitad de los de todo el mundo. No obstante, solo recientemente se empezó a reconocer su papel clave como productoras y suministradoras de alimentos y su decisiva contribución a la seguridad alimentaria del hogar.
Los estudios de la FAO confirman que la mujer, pilar de la agricultura de pequeña escala, del trabajo campesino y de la cotidiana subsistencia familiar, tiene mayores dificultades que el hombre a la hora de acceder a recursos como la tierra y el crédito y los insumos y servicios que aumentan la productividad.
De hecho, la seguridad alimentaria se define no solo en función del acceso a los alimentos y la disponibilidad de éstos, sino también de la distribución de recursos para producirlos así como de la generación de poder adquisitivo para comprarlos ahí donde no se producen. Dado el papel fundamental de la mujer en la producción y suministro de alimentos, toda estrategia para lograr la seguridad alimentaria sostenible debe necesariamente abordar el problema su limitado acceso a los recursos productivos.
El limitado acceso de la mujer a los recursos y su insuficiente poder adquisitivo derivan de factores sociales, económicos y culturales, todos interrelacionados, que le relegan a un papel subordinado, en detrimento de su propio desarrollo y el de la sociedad en su totalidad.
Los esfuerzos e iniciativas internacionales, realizados sobre todo desde la Conferencia Mundial sobre la Mujer, México, 1975, potenciaron el reconocimiento de la participación decisiva de la mujer en el desarrollo rural y de otros sectores. Sin embargo, aún queda mucho por hacer.
Género y división de trabajo
El principal obstáculo hacia un efectivo reconocimiento de los papeles y responsabilidades reales de la mujer en la agricultura, es la escasez de datos desglosados por género de los que disponen los técnicos, planificadores e instancias de decisión.
El primer paso para facultar a la mujer y facilitar su plena participación en las estrategias de desarrollo rural y seguridad alimentaria, es la compilación y análisis de datos desglosados sobre género para entender las diferencias de papeles en la producción de alimentos y cosechas comerciales, en la gestión y control financieros de la producción, almacenaje y comercialización de los productos agrícolas.
En África, por ejemplo, los estudios de micro-nivel revelaron que las mujeres juegan un papel decisivo en muchos de los aspectos relativos a la producción de cosechas comerciales. Mientras que, en general, los hombres se encargan de las labores de remoción, quema y arado de la tierra, las mujeres se especializan en desyerbar y en las labores post-cosecha así como, en algunas áreas, también en la preparación de la tierra; unos y otras toman parte en la siembra y recolección.
Por añadidura, las mujeres desempeñan un papel fundamental en las empresas hogareñas de producción animal, pero también en los sistemas de producción animal a gran escala, pastoreo, suministro de agua, limpieza de establos y ordeño. En todos los tipos de producción animal, la mujer ejerce un papel predominante en la elaboración, sobre todo de productos lácteos, y suele encargarse también de su comercialización.
En muchos países, las mujeres son asimismo responsables de la pesca en aguas bajas y lagunas costeras, de la producción de cosechas secundarias, de la recogida de alimentos y leña, de la elaboración, almacenaje y preparación de alimentos familiares así como del acarreo de agua para sus familias.
Hogares encabezados por mujeres
El número de hogares encabezados por mujeres registra un aumento considerable en las áreas rurales de muchos países en desarrollo, al emigrar los hombres rurales por falta de oportunidades de empleo y generación de ingresos. En África, las mujeres encabezan el 31 por ciento de los hogares rurales, mientras que en América Latina y el Caribe y en Asia, los porcentajes son del 17 y del 14, respectivamente. Aún cuando existen distintos tipos de hogares encabezados por mujeres, en casi todos los países éstos se concentran en las franjas más pobres de la sociedad y a menudo disponen de menores ingresos que los encabezados por hombres.
Los problemas de los hogares encabezados por mujeres en las áreas rurales varían en función de su grado de acceso a los recursos productivos. Por ejemplo, la FAO ha identificado las potenciales consecuencias de la ausencia del trabajo masculino, sea en materia de baja de rendimiento y producción, de cambio hacia productos menos nutritivos y que requieren menos trabajo, sea en relación al aumento de la dependencia sobre el trabajo infantil que, a su vez, tiene mayores implicaciones para la familia y el capital humano del país. Por lo tanto, el acceso de la mujer a la tecnología ahorradora del trabajo y el esfuerzo adquiere, en estos casos, una importancia especial.
Acceso a los recursos
A pesar de ser la columna vertebral de la producción y suministro de alimentos de consumo familiar en los países en desarrollo, las restricciones para el acceso de las mujeres a los recursos y servicios esenciales persisten aún. Mientras que en la mayoría de los países en desarrollo, tanto campesinas como campesinos carecen de acceso a los recursos adecuados, las mujeres enfrentan limitaciones aún mayores, debido a una serie de factores culturales, tradicionales y sociológicos. Para el desarrollo de estrategias de seguridad alimentaria resulta, pues, de vital importancia disponer de una información perfeccionada sobre los respectivos accesos de hombres y mujeres a los recursos y al control de los mismos.
Las mujeres no poseen siquiera el 2 por ciento de la tierra, aún cuando el porcentaje de hogares que encabezan está en constante aumento. Los programas de reforma agraria, junto con la desintegración de las explotaciones comunales, desembocaron en la transferencia de los derechos exclusivos de la tierra a los hombres como cabezas de familia, lo que implica ignorar la existencia de hogares encabezados por mujeres y los derechos de las mujeres casadas a co-participar en estos derechos.
En los países que disponen de información al respecto, solo el 10 por ciento de las facilidades crediticias se aplican a la mujer, sobre todo porque las leyes y usos nacionales no le permiten compartir los derechos de propiedad con su marido o porque los esquemas de titularidad excluyen a la mujer cabeza de familia, con lo que no puede reunir los requisitos exigidas por las instituciones de préstamo.
El acceso de las mujeres a insumos tecnológicos tales como semillas mejoradas, fertilizantes y pesticidas, es igualmente limitado debido a que no suelen ser cubiertas por los servicios de extensión y a que rara vez son miembros de cooperativas, que a menudo son las que distribuyen los insumos subsidiados por los gobiernos a favor de los pequeños campesinos. En general, las mujeres carecen, además, de ingresos en contante para adquirir los insumos aún cuando son subsidiados.
Las dos terceras partes de los mil millones de analfabetos en el mundo son mujeres adultas y jóvenes. Las cifras disponibles revelan que solo el 5 por ciento de los servicios de extensión es dirigido a las mujeres rurales, aún si más del 15 por ciento de los agentes de extensión son mujeres. Además, la mayor parte de estos servicios se centran en las cosechas comerciales más que en las de alimento y subsistencia que, en cambio, constituyen la principal preocupación de la mujer rural y la clave de la seguridad alimentaria.
En la mayoría de las culturas, y dado el papel tradicionalmente limitado de las mujeres en el proceso de toma de decisiones a nivel de hogar, aldea y nación, sus necesidades, intereses y restricciones no suelen ser reflejados en los procesos de toma de decisión ni en las leyes que persiguen reducir la pobreza y alcanzar la seguridad alimentaria y la sosteniblidad medioambiental. Las causas de la exclusión de la mujer de los procesos de toma de decisiones están en estrecha relación con su papel reproductivo y carga de trabajo del hogar, que representan una parte importante de su tiempo.
La mujer recibe pocos beneficios de las investigaciones en materia de innovaciones en general y en materia de producción de alimentos en particular. Al respecto, la labor de investigación orientada a mejorar las cosechas concede baja prioridad a la producción de alimentos, no obstante su función determinante para garantizar la seguridad alimentaria del hogar y la comunidad. Además, a menudo se ignora el papel y las necesidades las campesinas a la hora de concebir tecnologías que pueden causarles pérdidas de empleo o aumentar su carga de trabajo.
La necesidad de ingresos para la mujer
Estudios realizados en América Latina, revelaron que las mejoras en materia de seguridad alimentaria y nutrición de la familia están asociadas al acceso de las mujeres al ingreso y el papel que desempeñan en las decisiones que se toman en el seno del hogar sobre el reparto de los gastos, ya que, más que el hombre, la mujer tiende a destinar un porcentaje mucho más elevado de sus ingresos a alimentar a la familia.
Los ingresos de la mujer por sus labores campesinas y no campesinas y otras oportunidades, cobran especial importancia para aquellos hogares rurales sin tierra o con demasiado poca.
El poder adquisitivo de la mujer puede ser utilizado no sólo para comprar alimentos y otros bienes básicos para sí misma y su familia, sino también para pagar los insumos empleados en la producción alimentaria. Al consumirse las cosechas alimentarias, sus insumos deben ser comprados con el ingreso obtenido en otras explotaciones agrícolas u otras actividades. Por tanto, y para mejorar la producción alimentaria de los hogares, hay que potenciar la participación de la mujer en la producción comercial y actividades generadoras de ingreso.
Seguridad alimentaria sostenible
La comprensión de la seguridad alimentaria evolucionó a lo largo del tiempo gracias a la creciente atención integrada hacia las dimensiones sociales, las relativas al género, las ambientales, las técnicas así como las económicas, del problema. El reto del futuro será el concreto logro de la igualdad de acceso de la mujer a los recursos para producir alimentos así como de su poder adquisitivo para comprarlos ahí donde no se producen y, por consiguiente, contribuir a aumentar su capacidad de generar la seguridad alimentaria.
Para abordar las limitaciones y obstáculos que enfrentan las mujeres rurales, se requieren medidas específicas de políticas al tiempo que una especial consideración hacia las necesidades hacia las mujeres cabeza de familia. La FAO recomendó que tales medidas apunten a: asegurar que la mujer tenga iguales oportunidades que el hombre a su propia tierra; facilitar el acceso de la mujer a los servicios agrícolas y adaptarlos a sus necesidades; fomentar la producción de cosechas alimentarias mediante el empleo de incentivos; promover la adopción de insumos y tecnologías apropiados para liberar el tiempo de la mujer de modo que pueda realizar actividades generadoras de ingreso; mejorar el estado nutricional de mujeres y niños; proporcionar mejores oportunidades de empleo y generación de ingreso; promover las organizaciones de mujeres; y revisar y reorientar las políticas gubernamentales para asegurar el tratamiento de los problemas que limitan el papel de la mujer en la seguridad alimentaria.
El mensaje básico
Ninguna sociedad puede desarrollarse si está liberada o esclavizada a medias. Cualquier otra alternativa es intolerable. El Desarrollo Humano está en peligro cuando no se incorpora en él la condición de la mujer. Se afirma, con una lógica irrefutable, que el desarrollo humano es de TODOS los seres humanos.
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